“Jesucristo, hijo de David”(Mt 1,1), “nacido de Mujer” (Gal 4, 5),«reinará eternamente en la casa de Jacob»(Lc 1, 32) y será «Príncipe de la Paz»(Is 9, 6), «Rey de los reyes y Señor de los señores»(Ap 9, 16).
Cristo Jesús es el Rey de la Iglesia.
Y
Cristo pone en su Iglesia terrena una Cabeza, un Vértice, con el cual
Él se comunica y guía a la Iglesia hacia donde Él quiere.
Reinar y Gobernar son dos cosas distintas para Dios.
Dios reina en todo el Universo. Dios reina en el Cielo, en la Tierra, en los Abismos, en el Purgatorio, en el Infierno. Dios, al crear todas las cosas de la nada, tiene dominio sobre todas las cosas. Es decir, todo está bajo los pies de Dios. Todo está sometido
a Dios. Cualquier cosa, incluso el demonio. Satanás no puede hacer nada
sin permiso de Dios. Tiene que pedir permiso a Dios para obrar algo. Y
Dios le da un poder al demonio para obrar. El demonio gobierna con ese poder, pero no reina.
Dios da un poder al Papa para gobernar Su Iglesia. El Papa gobierna la Iglesia, pero no puede reinar en Ella. Es decir, la Iglesia no está sometida al Papa, sino a Dios en Su Amor y en Su Justicia. Igualmente, el infierno no está sometido al demonio, sino a Dios en Su Justicia. El demonio gobierna
el Infierno, pero no somete a las almas y a los demás demonios a su
voluntad, sino que todos, están sometidos a la Justicia Divina.
En
la Iglesia terrena todos estamos sometidos al Amor de Dios y a la
Justicia Divina, no al Papa. El Papa sólo gobierna la Iglesia según lo
que oye de Jesús, según la Mente de Cristo, según la Voluntad de Dios en
Cristo Jesús.
En
Dios, reinar y gobernar son dos cosas totalmente diferentes. Y por no
discernir esto, entonces se da lo que está ocurriendo, desde siempre, en
la Iglesia: la ambición de poder. Querer reinar en la Iglesia sin la
ayuda de Dios.
La
Cabeza que pone el Rey, que es Jesucristo, es un Vértice en Su Iglesia.
Esto significa que esa Cabeza, el Papa, está arriba en la Iglesia y los
demás abajo. No hay con el Papa otros hombres que estén en el Vértice
de la Iglesia. Y a esto se llama gobierno vertical en la Iglesia. Es una pirámide que inicia en el Papa y se desparrama hacia abajo, hacia toda la Iglesia.
Por
tanto, no puede darse nunca el gobierno horizontal. El gobierno
horizontal significa poner en el Vértice de la Iglesia más de una
cabeza. Y, cuando se hace esto, se anula el Vértice en su raíz. No vale
decir que esas cabezas son una ayuda para el Vértice. Esas son sólo
palabras de los hombres que no quieren atender a la Revelación de Dios
sobre Su Iglesia.
Jesús
pone su Iglesia sobre Pedro, no sobre Sus Apóstoles, no sobre sus
Cardenales y Obispos. Y Jesús señala en Pedro la forma de gobernar toda
la Iglesia, que es la de tener Pedro todo el Poder, atar y desatar en la
tierra.
Y
cuando se pone el gobierno horizontal en la Iglesia, no sólo se quita
el Vértice, el Papado, sino el Poder que tiene el Papado. Y, por tanto,
el gobierno horizontal rige la Iglesia sin Poder Divino, sólo con el
poder que unos y otros se otorgan. Un poder humano que no sirve para
hacer Iglesia, para regir la Iglesia, para mandar en la Iglesia. Y
cualquier cosa que ese gobierno imponga a la Iglesia, no es de Dios, no
viene de Dios, no hay que seguirlo.
Esta
Verdad es la verdad de siempre en la Iglesia. Sin Papa, lo que se
enseña, lo que se manda, lo que se obra no vale para nada. Los Obispos
que no están unidos al Papa, por más que enseñen la verdad del Evangelio
no hacen Iglesia. Por más que se obre en la Iglesia sin unirse al Papa,
esas obras no hacen Iglesia, no forman la Iglesia. Por más que se
manden cosas sin estar unidos al Papa, lo que se mande no forma la
Iglesia, no construye la Iglesia.
El
Papa es lo que da la unidad a la Iglesia. y, al quitar el Papado, lo
que queda es un desorden en toda la Iglesia, una división en toda la
Iglesia, un marasmo de cosas que no sirven para nada.
Francisco,
con su gobierno horizontal, anuló el Papado y el Poder Divino. Y
entonces queda una nueva iglesia, que no es la Cristo Jesús.
Francisco,
al hacer esto, se separó del Rey de la Iglesia y del Cuerpo Místico de
Cristo, que es la Iglesia, y reina su nueva iglesia, con su poder
humano, atendiendo a todas las cosas de su nueva iglesia sólo con un fin
humano en su reinado, no con un fin divino. El gobierno vertical da el
fin divino a la Iglesia. El gobierno horizontal sólo se fija en los
fines de los hombres en sus vidas humanas. Sólo hace obras humanas, no
puede hacer obras divinas en la Iglesia. Sólo se vive de forma humana,
de cara a lo humano, no se vive para lo divino, para lo espiritual.
El
gran pecado de Francisco es que se ha puesto como Rey de la Iglesia al
colocar ese gobierno horizontal. Tiene su consejo real y tiene su corona
real. Y el Rey de la Iglesia es Cristo Jesús, no Francisco. Francisco
reina su iglesia nueva, pero no gobierna la Iglesia de Jesús.
Quien
gobierna, en este momento, la Iglesia es Benedicto XVI, por ser el
verdadero Papa, porque todavía sigue vivo. Y Jesús sólo habla por el
Papa verdadero, no por Francisco, que ya ha dejado, -incluso-, de ser
Anti-Papa, para convertirse en rey de una nueva iglesia. El problema es
que eso lo ha hecho dentro de la Iglesia.
Por eso, la Iglesia no es lo que parece. La Iglesia es de Cristo Jesús, no de los hombres.
Y
los hombres, por más que quiera gobernar, y por más que quieran decidir
en un Cónclave a quién van a poner, siempre se va a realizar en la
Iglesia lo que Jesús quiere, nunca lo que los hombres piensan.
Por
eso, hay que verlo todo como lo ve Dios, no como los hombres se lo
inventan. Porque estamos en un tiempo en que a los hombres les gusta
inventarse las cosas y, por eso, hacen un nuevo invento de iglesia para
ir al cielo de otra manera, como los hombres quieren. Y no es como el
hombre lo piensa, es como lo obra Dios.
Jesús
es el que Reina en la Iglesia y sólo a Él hay que someterse. Y
cualquiera que predique un Evangelio distinto al que predicó y enseñó el
Rey, sencillamente, se le excomulga de la Iglesia, porque la Verdad es
la Verdad. Y ningún hombre tiene derecho a inventarse la Verdad
