Las “cosas” de Francisco: Carta abierta a Fray Gerundio
Estimado Fray Gerundio:
Soy un sacerdote que lee sus escritos. En los últimos usted habla del
Papa actual. Como coincido con usted, le participo cosas que me han
sucedido al respecto y, quizá pueda usar usted para comunicarlas al
mundo en uno de sus jugosos escritos.
Sin ir más lejos, ayer, cuando venía a la parroquia, un caballero me
hizo autostop. Apenas se sentó me dijo: – “Padre, ¿qué opina usted del
grupo de cardenales que ha formado el papa, el G8 con el que va a
permitir que un casado por la Iglesia pueda gozar de una segunda
oportunidad?” Como el trayecto del autostop era muy corto, y porque he
decido ser prudente en torno al tema, le dije simplemente que teníamos
que rezar por el Papa. Pero para mis adentros me dije: “¡Vaya lío que
nos está armando a los curas párrocos el papa Francisco!” Lo grave es
que esta pregunta me la han hecho varias personas, fuera y dentro de mi
parroquia. Tengo el caso, incluso de una mujer que me consta que está
divorciada y vuelta a casar por civil, y le he visto acercarse
últimamente a comulgar y a la que discretamente la he llamado para
preguntarle – hay confianza entre ella y yo – y le he mostrado
delicadamente mi extrañeza y me ha respondido: “¿Es que el papa no me ha
permitido comulgar, según dice el periódico?”.
Al llegar a la parroquia he celebrado Misa y después he tenido mi
reunión semanal con el Consejo Parroquial, un grupo de laicos y laicas
con los cuales he venido reuniéndome pacíficamente durante los 8 años
que llevo de párroco. Apenas nos hemos sentado, tras rezar el avemaría
de rigor, lo primero que ha salido ha sido el tema de la entrevista del
papa con el ateo italiano. Ellos se han puesto a contar lo que el papa
ha dicho, haciendo comentarios. Cuando Lucía (todos los nombres son
supuestos) ha dicho que le parece fabuloso que el papa haya dicho que el
problema más importante de la iglesia de hoy es el de los jóvenes sin
trabajo y el de los ancianos sin atención, yo, sintiéndome con más
criterio, he intentado aclarar que me parecía que el problema más
importante de la Iglesia (por poco digo que es el mismo papa Francisco)
era el de un mundo que ha dado la espalda a Dios; pero ha sido inútil,
porque Lucía me ha dicho que, lo que el papa estaba haciendo es hablar
del tema Dios, pero con un lenguaje inteligible, sobre todo a los
jóvenes. Lo cual ha apoyado Juan Carlos, un abogado. Juan Carlos ha
dicho: – “Este papa habla tan claro que está cayendo muy bien a la
juventud. El problema es que la Iglesia siempre ha hablado para
nosotros, los mayores; por esto el papa nos choca, pero se está metiendo
en el bolsillo a la juventud. Yo sé que con este papa se va a armar
algo grande, no sé qué, pero va a suceder algo grande. Cuando yo leía a
Ratzinger, para entenderlo, tenía que leer dos veces el mismo párrafo;
en cambio a Francisco lo leo como una novela”.
Ana, periodista, dijo que les parecía muy de acuerdo con el mundo de
hoy el que cada uno pudiera definir lo que es bueno y lo que es malo,
que eso gustaba mucho a los chicos y chicas. Juan Manuel, un hombre
mayor, se opuso y respondió que eso a él le parecía lo mismo que lo del
pecado original. Claro, lo dijo en plan discusión acalorada. Luisa, una
mujer casada, con más de 50 años de edad, dijo que a ella le parecía que
el papa es un padre, un jefe de familia y que no le parecía correcto
que siendo lo que era, ventilara ante el mundo entero los problemas de
su hogar, la iglesia. Que si él veía que en la curia vaticana había
problemas, no debía haber dicho que la peor lepra del papa era la corte;
que a ella no le gustaría que los problemas hogareños, su esposo, los
dedicara a contar a todos sus vecinos; que “los tapaos sucios se lavan
en casa”; que ella pensaba – respetuosamente – que el papa estaba
sembrando mucho desconcierto al tocar tanto tema grave de modo tan
informal.
Los temas han ido saliendo y el ambiente se ha puesto feo, tenso; se
notaba la división… En todos los años que me reúno con mi Consejo, nunca
hemos salido tan distanciados. Yo he intentado sonreír a todos como
siempre cuando les doy mi apretón de manos, pero ha habido varios que
han bajado la mirada y – qué dolor me ha dado – no me han mirado a los
ojos y sonreído al marcharse…
En fin, querido Fray Gerundio, no le cuento más cosas de la reunión
para no alargarme. Termino diciendo mi sentimiento más hondo. En las
Revoluciones en las que ha estado en juego la Religión, mientras los
ideólogos discutían a nivel “académico” los temas doctrinales con cierto
respeto; al mismo tiempo, esas discusiones, en la calle, al nivel del
pueblo llano, se traducían en quema de iglesias, profanación de templos o
destrucción de centenarias obras de arte religioso…
Con Francisco y su modo de actuar, está sucediendo lo mismo: los
temas que él ventila en Roma, a nivel de parroquias, de familias, de
grupo laboral, de grupo de amigos… está generando abismos de división y
volcanes de tensión. Hay que ver lo fácil que es sembrar cizaña.
Gracias por leer mi escrito.
Un cura párroco cualquiera.
