Randazzo, la nueva tragedia de Once y la corrupción periodística
Desde que al Ministerio del Interior le sumaron la Secretaría de
Transporte, a Florencio Randazzo se le abrió una ventana para su viejo
deseo de alcanzar la gobernación de Buenos Aires. Es que la cartera de
Interior, al perder el control de las fuerzas de seguridad, se había
debilitado y con Transporte pasó a recuperar estructura y presupuesto.
Sin embargo, los sucesivos accidentes de trenes en vías ferroviarias que
no dan más, al igual que los vagones obsoletos, no sólo lo alejan a
Randazzo de la gobernación sino que lo exponen a quedar en la misma
situación judicial que Ricardo Jaime. El ex Secretario de Transporte
diseñó este sistema corrupto avalado por Néstor y Cristina Kirchner y
contando como socio al empresario polirrubro Claudio Cirigliano, ex
concesionario de la línea Sarmiento durante nueve años. Cirigliano cobró
centenares de millones de pesos en subsidios en connivencia con
Kirchner, Julio de Vido y Ricardo Jaime, que se beneficiaron con los
retornos.
De mal en peor
El resultado de este proceso es un presente griego del cual sólo se
saldrá con cuantiosas inversiones de largo plazo para lograr que la
línea Sarmiento esté en condiciones normales de operatividad. El caso es
que Randazzo, contando con un enorme presupuesto en subsidios, continúa
con la política de los Cirigliano de sobrefacturación en construcciones
y compra de vagones. La diferencia con la etapa anterior no es
precisamente positiva. El ministro comprendió que era imprescindible un
lavado mediático de un tema tan espinoso como el Sarmiento. Así es que
utiliza un presupuesto gigantesco para incentivar a periodistas y medios
de comunicación a que exalten su gestión como una “revolución
ferroviaria”. La realidad es que los cambios son meramente cosméticos y
marketineros y no mejoran en lo más mínimo la línea Sarmiento. Así es
que los vagones viejos están recién pintados y muchos de los nuevos
vagones no entran en uso. A todo esto, la infraestructura más
importante, las vías férreas, están en pésimas condiciones y los
paragolpes de las estaciones no se arreglan nunca. Se producen entonces
los sucesivos choques y tragedias como la de ayer. En tanto, el boleto
de tren sigue a 1,10 pesos y la mayoría ni siquiera lo paga. En este
sistema distorsivo, los subsidios sirven para aumentar los sueldos de
trabajadores, que demuestran día a día que no son competitivos, aunque
ganan sueldos mucho más altos que en la actividad privada. Sin embargo,
el gobierno creería que tiene contenta a la gente que viaja gratis. Un
mapa del voto en las recientes primarias indica que en las cercanías del
ferrocarril Sarmiento el cristinismo perdió por altos márgenes. La
resistencia a crear las bases de un nuevo ferrocarril es muy fuerte,
porque no sólo los sindicatos sino también los funcionarios y
periodistas viven de este viejo sistema que sólo hace cambios
cosméticos. Y ahora el gobierno puso de moda que los culpables son los
conductores de trenes. En algunos casos tendría razón, porque algunos de
ellos viajan semidormidos por el consumo de ansiolíticos y alcohol.
Pero el riesgo y las consecuencias de los accidentes se reducirían si
los vagones y los paragolpes de las estaciones estuvieran en
condiciones. Como no lo están, lo único que hay es una falsa “revolución
ferroviaria”, marcada por la corrupción, el marketing y la cosmética
