lunes, 21 de octubre de 2013

LA NUEVA TRAGEDIA DE ONCE

Randazzo, la nueva tragedia de Once y la corrupción periodística

octubre 20, 2013
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Desde que al Ministerio del Interior le sumaron la Secretaría de Transporte, a Florencio Randazzo se le abrió una ventana para su viejo deseo de alcanzar la gobernación de Buenos Aires. Es que la cartera de Interior, al perder el control de las fuerzas de seguridad, se había debilitado y con Transporte pasó a recuperar estructura y presupuesto. Sin embargo, los sucesivos accidentes de trenes en vías ferroviarias que no dan más, al igual que los vagones obsoletos, no sólo lo alejan a Randazzo de la gobernación sino que lo exponen a quedar en la misma situación judicial que Ricardo Jaime. El ex Secretario de Transporte diseñó este sistema corrupto avalado por Néstor y Cristina Kirchner y contando como socio al empresario polirrubro Claudio Cirigliano, ex concesionario de la línea Sarmiento durante nueve años. Cirigliano cobró centenares de millones de pesos en subsidios en connivencia con Kirchner, Julio de Vido y Ricardo Jaime, que se beneficiaron con los retornos.

De mal en peor

El resultado de este proceso es un presente griego del cual sólo se saldrá con cuantiosas inversiones de largo plazo para lograr que la línea Sarmiento esté en condiciones normales de operatividad. El caso es que Randazzo, contando con un enorme presupuesto en subsidios, continúa con la política de los Cirigliano de sobrefacturación en construcciones y compra de vagones. La diferencia con la etapa anterior no es precisamente positiva. El ministro comprendió que era imprescindible un lavado mediático de un tema tan espinoso como el Sarmiento. Así es que utiliza un presupuesto gigantesco para incentivar a periodistas y medios de comunicación a que exalten su gestión como una “revolución ferroviaria”. La realidad es que los cambios son meramente cosméticos y marketineros y no mejoran en lo más mínimo la línea Sarmiento. Así es que los vagones viejos están recién pintados y muchos de los nuevos vagones no entran en uso. A todo esto, la infraestructura más importante, las vías férreas, están en pésimas condiciones y los paragolpes de las estaciones no se arreglan nunca. Se producen entonces los sucesivos choques y tragedias como la de ayer. En tanto, el boleto de tren sigue a 1,10 pesos y la mayoría ni siquiera lo paga. En este sistema distorsivo, los subsidios sirven para aumentar los sueldos de trabajadores, que demuestran día a día que no son competitivos, aunque ganan sueldos mucho más altos que en la actividad privada. Sin embargo, el gobierno creería que tiene contenta a la gente que viaja gratis. Un mapa del voto en las recientes primarias indica que en las cercanías del ferrocarril Sarmiento el cristinismo perdió por altos márgenes. La resistencia a crear las bases de un nuevo ferrocarril es muy fuerte, porque no sólo los sindicatos sino también los funcionarios y periodistas viven de este viejo sistema que sólo hace cambios cosméticos. Y ahora el gobierno puso de moda que los culpables son los conductores de trenes. En algunos casos tendría razón, porque algunos de ellos viajan semidormidos por el consumo de ansiolíticos y alcohol. Pero el riesgo y las consecuencias de los accidentes se reducirían si los vagones y los paragolpes de las estaciones estuvieran en condiciones. Como no lo están, lo único que hay es una falsa “revolución ferroviaria”, marcada por la corrupción, el marketing y la cosmética