¿PUEDE EL PAPA COMO DOCTOR PARTICULAR CAER EN LA HEREJIA?. (2 DE 3)
CRISTO Y EL PAPA, CONSTITUYEN UNA SOLA CABEZA
En su Encíclica de marzo de 1246, el Papa Inocencio IV (HISTOIRE DES CONCILES, V. 2, Pág. 1638, Helefe-Leclercq) dice: «Al agredir Federico II a Pedro y a sus sucesores, ha agredido a Cristo».
Es muy interesante la forma en que Inocencio IV liga a la persona de
Cristo, con San Pedro, primer papa, y a sus sucesores. Una agresión a
los papas evidente y ciertamente es una agresión a Cristo mismo. Esta
doctrina se extiende todavía más. Una agresión a los obispos y a los
sacerdotes que son representantes de Cristo, es una agresión al mismo
Cristo. Guárdense muy bien de esto los fieles laicos, porque agredir,
despreciar, menospreciar, ignorar a los sacerdotes y sobre todo a los
obispos que también son «la Voz de Dios» como enseña Santo Tomás de Aquino: «En la Iglesia, el prelado hace las veces de Dios», dice(Sum. Theo. 2-2, q. 88, a. 12), es un grave pecado que no puede quedar sin castigo.
El Papa Pío XII (1939-1958) en su Encíclica MYSTICI CORPORIS Núm. 35, enseña:«Cristo y Su Vicario, constituyen una sola Cabeza». San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia en CONTROVERSIARUM DE SUMMO PONTIFICE, escribe: «Sólo
con Pedro comunica Cristo Su nombre, el nombre que lo significa a El
mismo para indicar que a Pedro lo hace fundamento y cabeza de la
Iglesia, con El». El Papa San León (Epístola 89, ad Vienn. prov.)enseña: «Esto lo dijo (Cristo), expresando una asociación de indivisible unidad, lo que era El mismo, quiso significarlo diciendo:
Tu eres piedra…». En su sermón para conmemorar el tercer aniversario de su elevación al Sumo Pontificado, dijo: «Así
como el Padre te reveló mi divinidad, así también yo te hago notar tu
excelencia, porque tu eres Pedro; esto es, de la misma manera que yo soy
piedra, invulnerable, yo la piedra angular, que de una y otra hago una
sola, yo el fundamento en lugar del cual ninguno puede ponerse, con
todo, tu también eres piedra, y para que afirmado con mi virtud, las
cosas que son propias de mi poder, sean también tuyas, en participación
conmigo».
Igualmente, ratificando y aclarando esta doctrina, el Papa Bonifacio VIII en su Bula UNAM SANCTAM del 18 de noviembre de 1302, decía: «La
Iglesia, pues, que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola
cabeza y no dos como un monstruo, es decir, Cristo y el Vicario de
Cristo, Pedro y su sucesor». Y es que, como dice San Juan Crisóstomo, citado por Santo Tomás de Aquino en su CATENA AUREA, «le promete (Cristo a Pedro), lo que es propio de sólo Dios».
Esto es lo que no quieren aceptar los enemigos de la Iglesia y los
herejes. Ni muchos católicos, pues he oído de un obispo tradicionalista,
que se supone defiende la integridad de la Doctrina y de la Tradición,
que «el dogma de la infalibilidad no lo ha entendido ni aceptado nunca, porque es darle a un hombre lo que sólo pertenece a Dios». Y así, evita hablar y predicar sobre el tema. Por este motivo, San Hilario, citado por San Roberto Belarmino (OPERA OMNIA, Controversiarum de Summo Pontífice, Cap. X, Pág. 492) dice: Pedro,«posee las llaves del reino de los Cielos, desde entonces, sus juicios sobre la Tierra, son celestiales» .
LOS PAPAS NO SE EQUIVOCAN.
Si
fuera posible que el papa cayera en el error, la roca sólida sobre la
que Cristo edificó su Iglesia, sería inexistente. No podría hablarse de
un fundamento firme e inexpugnable. La Providencia de Dios podría
ponerse en duda. La divinidad de la Iglesia quedaría cuestionada. Se
podría pensar lícitamente que la Iglesia ha enseñado verdades, pero
también errores. La Iglesia sería una secta como una de las tantas que
enseñan verdades y errores. ¿Existiría entonces la verdadera Iglesia de
Cristo?.
San Roberto Belarmino (OPERA OMNIA, T. II, Pág. 90), escribe: «…por su naturaleza (humana) (se refiere al papa), podría
incurrir en herejía, mas tal cosa no puede ser si aceptamos la singular
asistencia de Dios que Cristo impetro con su oración para Pedro: oro
Cristo porque no fallara la Fe de él y no porque no incurriera en otros
pecados». Por esto, con toda razón el Papa Benedicto XV (1914-1922), le dijo a un obispo que lo acusó de modernista: «Espero que ahora estéis seguro de nuestra ortodoxia: Nos somos infalible» (UN COMBAT POUR DIEU, Pág. 101. Daniel Rops. Fayard, París).
El Papa León X en su Bula EXSURGE DOMINE del 15 de junio de 1520 que escribe contra los errores de Martín Lutero: «…los pontífices, nuestros predecesores, que él (Lutero)ataca con tanta violencia por sus cánones y sus constituciones, jamás han errado».
San Roberto Belarmino cita un texto de San Agustín (Lib. de corr. et grat. Cap. 8) que dice:«Cuando
rogó que no desfalleciera su Fe, rogó que tuviera en la Fe una voluntad
libérrima, fortísima, invictísima, perseverantísima».
San Alberto Magno (OPERA OMNIA, Ed. Augusto Borgnet, París, 1893/ T. XXII, Pág. 685) escribe: «Que
no desfallezca tu Fe. Esta es finalmente una prueba eficaz de que la Fe
de la Sede de Pedro y de su sucesor, no desfallecerá».
También, San Francisco de Sales (LES DOCTEURS DE L’EGLISE, R. Sineux, Pág. 394-395) escribía que «La Iglesia no puede estar siempre reunida en un Concilio General, y ni
uno solo hubo durante las tres primeras centurias. En las dificultades
que sobrevienen diariamente, ¿a quién sería mejor recurrir, de quién
podría tenerse la ley más segura, la regla más cierta, que del jefe
general y Vicario de Jesucristo?. Ahora bien, todo esto no está
solamente en San Pedro, sino también en sus sucesores, porque
permaneciendo la causa, el efecto permanece. La Iglesia tiene siempre la
necesidad de un confirmador infalible al cual nos podamos dirigir, de
un fundamento que las puertas del Infierno y principalmente del error,
no puedan echar abajo, y que su pastor no pueda conducir a error a sus
hijos. Por lo tanto, los sucesores de San Pedro, tienen todos estos
mismos privilegios, que no corresponden a la persona, sino a la dignidad
y al cargo publico».
Por eso decía Santo Tomás de Aquino (CATENA AUREA, T. I, P. 274, la. Col.): «Ved cuán grande poder tiene esta piedra sobre la que se ha edificado la Iglesia; permanecen firmes sus juicios como si fuera el mismo Dios el que los diera por ella».
Jaime Balmes (OBRAS COMPLETAS, Bibliot. Perenne, Barcelona, 1948, T, II, Pag. 667), transcribe una carta de los obispos de Tarragona al Papa Hilario, en la que leemos: «Aun cuando no mediara necesidad alguna de la disciplina eclesiástica, debíamos nosotros acudir a aquel privilegio de vuestra Sede, con el que recibidas las llaves del reino, después de la resurrección del Salvador, la singular predicación de San Pedro proveyó a la iluminación de todos por todo el mundo, y al principado de quien hace sus veces, como que está sobre nosotros, todos debemos temerle y amarle. Por eso, nosotros, adoramos en vos al mismo Dios, a quien servís santamente y acudimos a la Fe alabada por boca apostólica, buscando instrucciones allí donde nada se manda con error, nada con presunción, sino con deliberación sacerdotal».
Por eso decía Santo Tomás de Aquino (CATENA AUREA, T. I, P. 274, la. Col.): «Ved cuán grande poder tiene esta piedra sobre la que se ha edificado la Iglesia; permanecen firmes sus juicios como si fuera el mismo Dios el que los diera por ella».
Jaime Balmes (OBRAS COMPLETAS, Bibliot. Perenne, Barcelona, 1948, T, II, Pag. 667), transcribe una carta de los obispos de Tarragona al Papa Hilario, en la que leemos: «Aun cuando no mediara necesidad alguna de la disciplina eclesiástica, debíamos nosotros acudir a aquel privilegio de vuestra Sede, con el que recibidas las llaves del reino, después de la resurrección del Salvador, la singular predicación de San Pedro proveyó a la iluminación de todos por todo el mundo, y al principado de quien hace sus veces, como que está sobre nosotros, todos debemos temerle y amarle. Por eso, nosotros, adoramos en vos al mismo Dios, a quien servís santamente y acudimos a la Fe alabada por boca apostólica, buscando instrucciones allí donde nada se manda con error, nada con presunción, sino con deliberación sacerdotal».
También, el Papa Pelagio II (575-590) en una carta del año 585 a los obispos cismáticos de Istria les dice: «Considerad, carísimos, que la Verdad no pudo mentir, ni la Fe de Pedro podrá eternamente conmoverse o mudarse» (Denz. 246).
ERRARON EN LA FE EL PAPA LIBERIO
Y EL PAPA HONORIO?.
Algunos han dicho que tanto el Papa Liberio, como el Papa Honorio, fueron herejes, pero esto es completamente falso.
En su carta DAT MIHI PLURINUM a Venerio, obispo de Milán, del año 400, el Papa San Anastasio le dice: «Me
da muchísima alegría el hecho cumplido por el amor de Cristo, por el
que encendida en el culto y fervor de la divinidad, Italia, vencedora de
todo el orbe, mantenía íntegra la Fe enseñada de los Apóstoles y
recibida de los mayores, puesto que por este tiempo en que Constancio,
de divina memoria, obtenía victorioso el orbe, no pudo esparcir sus
manchas por subrepción alguna la herética facción arriana, disposición,
según creemos, de la providencia de nuestro Dios, a fin de que aquella
santa e inmaculada Fe no se contaminara con algún vicio de blasfemia de
hombres maldicientes; aquella Fe, decimos, que había sido tratada o
definida en la reunión del Concilio de Nicea, por los santos obispos,
puestos ya en el descanso de los Santos. Por ella sufrieron de buena
gana el destierro los que entonces se mostraron como santos obispos,
esto es, Dionisio de ahí, siervo de Dios, dispuesto por las divinas
enseñanzas, y, tal vez siguiendo su ejemplo, Liberio, obispo de Roma, de
santa memoria, Eusebio de Verceli e Hilario de las Galias, por no citar
a muchos otros que hubieran preferido ser clavados en la Cruz, antes
que blasfemar de Cristo Dios, a lo que quería forzarlos la herejía
arriana, o sea, llamar a Cristo Dios, Hijo de Dios, una creatura del
Señor».
Sobre el Papa Honorio, el Papa Juan IV (640-642) escribió
la carta DOMINUS QUI DIXIT al Emperador Constantino en 641, en la que
le explica el verdadero sentido de las palabras del Papa Honorio. En
ella leemos: «Uno sólo es sin pecado, el mediador de Dios y de los
hombres, el hombre Cristo Jesús, que fue concebido y nació libre entre
los muertos. Así en la economía de su santa encarnación, nunca tuvo dos
voluntades contrarias, ni se opuso la voluntad de su mente la voluntad
de su carne… De ahí que, sabiendo que ni al nacer ni al vivir hubo en él
absolutamente ningún pecado, convenientemente decimos y con toda verdad
confesamos una sola voluntad en la humanidad de su santa dispensación, y
no predicamos dos contrarias, de la mente y de la carne, como se sabe
que deliran algunos herejes, como si fuera puro hombre. En este sentido,
pues, se ve que el ya dicho predecesor nuestro Honorio escribió al
antes nombrado Patriarca Sergio que le consultó, que no se dan en el
Salvador, es decir, en sus miembros, dos voluntades contrarias, pues
ningún vicio contrajo de la prevaricación del primer hombre… Y es que
suele suceder, que donde está la herida, allí se aplica el remedio de la
medicina. Y, en efecto, también el bienaventurado Apóstol se ve que
hizo esto muchas veces, adaptándose a la situación de sus oyentes; y así
a veces, enseñando de la suprema naturaleza, se calla totalmente sobre
la humana; otras, ampero, disputandode la dispensación humana no toca el
misterio de la divinidad…Así, pues, el predicho predecesor mío decía
del misterio de la encarnación de Cristo que no había en El, como en
nosotros pecadores, dos voluntades contrarias de la mente y de la carne.
Algunos acomodando esta doctrina a su propio sentido, han sospechado
que Honorio enseñó que la divinidad y la humanidad de Aquél no tienen
más que una sola voluntad, interpretación que es de todo punto contraria
a la verdad».
SI EL PAPA PUDIERA ERRAR,
CAERIA EN EL ERROR TODA LA IGLESIA.
Esto es evidente si deducimos de las propias palabras de nuestro Señor Jesucristo. Si el papa debe «confirmar» en
la Fe a sus hermanos, evidentemente de él depende la firmeza doctrinal
de los demás y de toda la Iglesia. No puede entonces errar en la Fe.
«Manifiesto
es, aunque no se diga así, que ni contra Pedro ni contra la Iglesia
podrán prevalecer las puertas del Infierno; porque si prevalecieran
contra la piedra en la que está fundada la Iglesia, también contra la
Iglesia prevalecerían». Estas son palabras de Orígenesque San Roberto Belarmino transcribe (OPERA OMNIA, Controversiarum de Summo Pontífice, T. II, Lib. IV, Cap. III, Pag. 83).
En el T. II, Pag. 83, dice: «Porque
como lo demostramos en el libro II, Cap. 13 y 14, se puede apelar
respecto de la Iglesia entera al Pontífice; mas de él no se puede
apelar; de modo que necesariamente la Iglesia entera erraría, si el
Pontífice errara. Ahora responderán: Se puede recurrir al Concilio
general. Contesto: no, porque como lo demostramos en el tratado sobre
los Concilios, el Papa está sobre el Concilio; y consta que los
Concilios generales suelen errar cuando carecen de la aprobación del
Sumo Pontífice, como es patente con los Concilios de Efeso II, de Rímini
y otros».
«Jesucristo no dijo que fundaría una Iglesia en que los papas fueran buenos, escribeJaime Balmes, en
que todos cumplieran con sus deberes; lo que sí dijo es que no
permitiría que esa Iglesia errase y que estaría con ellos hasta la
consumación de los siglos. ¿Qué tiene, pues, que ver los vicios, ni la
de los eclesiásticos, ni de lo obispos, ni de los papas, con la Doctrina
que ellos enseñan?. Ellos están encargados de enseñarla; yo veo en
ellos a un enviado de Jesucristo: si son viciosos, lo sentiré, me
compadeceré de su flaqueza, pero esto no me autoriza a apartarme de su
Doctrina. Jesucristo me dice que oiga a Sus ministros, y no me advierte
que no los haya de oír cuando sean malos» (LA RELIGION DEMOSTRADA). Añade también (Pág. 924) «Me
parece a mí, que si Jesucristo no hubiera establecido sobre la Tierra
una autoridad viviente para enseñarnos la verdad, apartarnos del error y
aclarar nuestras dudas nos habría dejado en una confusión tal, que no
nos hubiera servido de mucho la luz de la verdad divina», y después: «…¿qué
sería, pues, de la verdad, si no tuviéramos a la mano una regla segura y
fija, por la cual pudiéramos distinguir la verdad del error?. Nosotros
los católicos decimos que esa autoridad infalible es la autoridad de la
Iglesia; lo decimos y lo podemos probar con las Sagradas Escrituras… y
además, aún mirada la cosa a la sola luz natural, se ve que es tan
conforme a la razón el que Jesucristo estableciera sobre la Tierra un
maestro que pudiera enseñarnos sin peligro de error, que si así no
fuera, podría decirse que nos dejó sin certeza en lo más necesario para
nuestra salud, y que no acertó a fundar Su Iglesia, lo cual serla una
blasfemia contra Su bondad y sabiduría».
San Gregorio I el Grande, dice en su Epístola 37 a Eulogio: «¿Quién ignora que la Santa Iglesia fue construida sobre la solidez del Príncipe de los Apóstoles, al cual le dijo(Cristo): Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia?». San Roberto Belarmino (OPERA OMNIA, T. II, Pag. 83), comentando este texto, dice: «Por lo tanto, menos puede errar Pedro, que la propia Iglesia».
«…como ya hemos visto, dice San Roberto, literalmente
roca y fundamento de la Iglesia se dice que es Pedro como supremo jefe
de la Iglesia, y por lo tanto, cualquier sucesor suyo es roca y
fundamento de la Iglesia… ¿por qué al Pontífice se le llama roca, sino
por razón de la duración y de la solidez?. Ciertamente por ser roca, no
se romperá ni será llevada y traída por cualquier viento de doctrina, o
sea, no errará en la Fe… el fundamento que sustenta el edificio que de
ningún modo puede desplomarse, pues si el edificio es tal que no puede
derrumbarse, ciertamente tampoco su fundamento podrá derrumbarse: en
efecto, no puede entenderse cómo no se caería el edificio si se
destruyera el cimiento, pues los cimientos no reciben su firmeza de la
casa, sino que la casa la recibe de los cimientos, y de esta manera lo
explican todos los Padres y de ahí dedujeron que Pedro y
consecuentemente los demás Pontífices no pueden errar» (OPERA OMNIA, Vives, T. II, Pág. 82-83). Y más adelante:«…no
siempre fue posible tener un Concilio general, como no lo fue en los
primeros trescientos años por la persecución de los paganos, y sin duda
esto podía haber continuado hasta el fin del mundo en la Iglesia; luego,
debe haber en la Iglesia, un juez que no puede fallar». También dice: «…sin
Concilio general, el Romano Pontífice ha condenado muchas herejías,
como las de Pelagio, Prisciliano, Joviniano, Vigilancio y otros muchos, y
toda la Iglesia de Cristo, los tuvo por verdaderos herejes… lo cual es
señal de que la Iglesia entera ha pensado que el Romano Pontífice, no
puede errar en casos semejantes».
El Padre redentorista Gerardo Ma. Duque,
escribió un libro sobre San Alfonso Ma. de Ligorio. Transcribe algunos
pensamientos del santo. Los siguientes son interesantes: «…si se
quita la autoridad suprema del Papa, se aniquila la autoridad de la
Iglesia». «Después de Dios, tenemos al Papa; sin él, ¡en qué grande
confusión nos hallaríamos!. El Papa es quien nos da a conocer la
Voluntad de Dios y quien lleva la paz a nuestras conciencias».
Juan de Maldonado,
S. J. (1533-1582) considerado uno de los grandes exégetas modernos, en
su COMENTARIO A LOS CUATRO EVANGELIOS (Evangelio de San Mateo, Pág. 593,
B.A.C., 1966), escribe: «¿Quién será tan necio que piense que Cristo
había de fundar la Iglesia inmortal sobre un hombre mortal que, en
muriendo, habría necesariamente que dejar desplomarse el edificio?.
Luego, no la fundó sobre sólo Pedro, sino sobre él y sobre todos sus
sucesores, que como nunca habrán de faltar, nunca harán caer a la
Iglesia».
El Cardenal Cayetano escribe (DE COMPARATIONES AUCTORITATIS PAPAE ET CONCILII, XI, 78):«Como todas las causas principales que conciernen a la Fe deben serle presentadas (al Papa),esto
es la prueba de que el Papa no puede errar en estas materias, pues si
pudiera equivocarse, esta sería señal de que la Iglesia misma puede
equivocarse en materia de Fe».
En el T. XVI de Mansi, Col. 125, leemos la alocución de Mons. Paulo Cullen, Arzobispo de Dublín, que pronuncio durante el Concilio Vaticano I, Cita este al Padre Moloni del siglo XVII que afirma: «…
los Pontífices están puestos sobre Cristo o sobre Pedro, el cual está
puesto por Cristo, de modo que si faltara la Fe del Pontífice, debería
decirse que había fallado la Fe en la Iglesia».
Y
por último, copiamos lo que Mons. de Colongue escribe en DE SUPREMA
ROMANI PONTIFICIS AUCTORITATE (T. I, Pág. 190, Soardi): «Esta prerrogativa (el ser Sumo Pontífice, centro de la unidad), es
una prueba auténtica de las dos precedentes, a saber: ser el juez y el
árbitro de todas las cuestiones doctrinales que se suscitan en el mundo
cristiano, y ser siempre puro en la Fe. Todas las iglesias cristianas
tienen el deber de llevar a la Santa Sede todas las novedades en materia
de dogma que nazcan en su seno; y si el Trono de Pedro, que es el
centro de la unidad, viniese a ser infectado con algún error, no hay
duda de que su error se comunicaría a las otras iglesias que de ella
derivan y que en ella fluyen. Quizá se osará adelantar aquí que estos
novadores ponen una gran diferencia entre la Santa Sede y el que la
ocupa; que protesten en todas sus obras, tener un gran respeto y una
gran sumisión por las decisiones de ese augusto tribunal, al que ellos
reconocen infalible, mientras condenan de error al que allí está
sentado. Distinción abstracta e inventada por los herejes para eludir su
condenación, distinción que jamás conoció San Cipriano, puesto que él
sostiene que cada iglesia está en su obispo… distinción condenada
también por San Pedro Damiánque le decía al Papa: Vos sois mismo
la Silla apostólica, vos sois la Iglesia Romana; no es a la mole
de piedra de la que está formada a la que yo recurro, sino solamente a
el en quien reside toda la autoridad de esa misma Iglesia».
LA IGLESIA CATOLICA SIEMPRE FUE FIRME EN LA FE.
La
Fe invariable de Pedro, que es la roca firme sobre la que Cristo ha
edificado a Su Iglesia, inexpugnable, extiende consecuentemente su
firmeza y su ortodoxia a toda la Iglesia, pero particularmente a la
iglesia de Roma, que es la Sede de San Pedro.
Desde
la más remota antigüedad los Doctores de la Iglesia, los Padres, los
Santos, los Concilios y los Papas han enseñado con San Pablo, que la
Iglesia no tiene mancha ni arruga.
Veamos algunas citas: Santo Tomás de Aquino (IN SYMBOLORUM APOSTOLORUM SCILICET«CREDO IN DEUM» ESPOSITIO) dice: «…la
Iglesia de Pedro,…siempre fue firme en la Fe, y mientras en otras
partes o es nula la Fe o está mezclada con muchos errores, la Iglesia de
Pedro en cambio, se robustece en la Fe y limpia está de errores…». Melchor Cano (DE ECCLESIAE ROMANAE AUCTORITATE) dice: «Si no somos demasiado necios, debemos reconocer que en la Sede Romana se encuentra la autoridad y firmeza de Pedro». San Roberto Belarmino (OPERA OMNIA, T. II, Pág. 83) escribe: «La
antigua Roma desde los tiempos antiguos tiene la recta Fe, y siempre la
conserva, como le corresponde el tener siempre de Dios la Fe íntegra a
la ciudad que preside al orbe entero».
El Papa Gregorio XI (1227-1241) en su carta del 26 de julio de 1232 al Patriarca de Constantinopia, le dice: «…la
Iglesia Romana, cabeza y señora de todas las iglesias, puede mirarse en
los espejos de la Sagrada Escritura y de los Padres, sin hallar en si,
nada que no sea conforme a la unidad de la Fe y del espíritu…».
Después del Papa Liberio, sube a la Sede de San Pedro San Dámaso I
durante cuyo pontificado se efectúa un Concilio en Roma. En este se
dice: «…la primera Sede, es la de la Iglesia Romana del Apóstol Pedro, la cual no tiene mancha ni arruga ni cosa alguna semejante».
Este Concilio se efectuó en el año 382. El Papa
Hormisdas (514-523), envía a los obispos de España el 2 de abril de 517,
una fórmula de Fe, que entre otras cosas dice: «…en la Sede Apostólica, se conservó siempre la Religión Católica».
En la carta del Papa Bonifacio II a Eulalio de Cartago (citada por Melchor Cano en DE ECCLESIAE ROMANAE AUCTORITATE, Cap. II, Pag. 415), este le dice: «En
la Sede Apostólica, se ha guardado siempre sin mancha la religión
católica; anatematizamos a todos aquellos que levanten la cerviz contra
la Santa Iglesia Romana apostólica; y en todo seguimos a la Sede
Apostólica, en la cual está la íntegra, verdadera y perfecta firmeza de
la religión cristiana».
El Papa Bonifacio VIII,
envió a los obispos franceses en el mes de junio de 1302 una carta con
motivo de la embestida galicana dirigida por Felipe el Hermoso. En esa
carta les dice: «…todas las personas piadosas han sido contristadas
por las palabras que so pretexto de consolidaciones han sido escritas en
nombre de nuestra querida hija la iglesia galicana y que son una
injuria para la madre sin mancha de esa iglesia…».
El Concilio de Letrán (1518), declara que «la Santa Sede, está inmune de error» (Denz. 740 b).También el Denz. 1837, que es un texto del Concilio Vaticano I, dice: «Así,
pues, este carisma de la verdad y de la Fe nunca deficiente, fue
divinamente conferido a Pedro y a sus sucesores en esta Cátedra para que
desempeñaran su excelso cargo para la salvación de todos; para que toda
la grey de Cristo, apartada por ellos del pasto venenoso del error se
alimentara con él de la doctrina celeste…». Este Concilio, al
definir el dogma de la infalibilidad pontificia, que no hizo más que
afirmar lo que ya se creía en todos lados, recuerda las enseñanzas del
IV Concilio de Constantinopia que dice que la Sede romana «se guardó siempre sin mácula la religión católica»,
y también recordando las enseñanzas del Concilio de Lyon al que
asistieron los griegos y del Concilio de Florencia, añade por propia
cuenta, entre otras cosas: «Y ciertamente, la apostólica Doctrina de ellos (de los Apóstoles), todos
los venerables Padres la han abrazado y los santos Doctores ortodoxos
venerado y seguido, sabiendo plenísimamente que esta Sede de San Pedro
permanece siempre intacta de todo error, según la promesa de nuestro
divino Salvador hecha al príncipe de los discípulos…».
San Bernardo de Claraval que
en su tiempo defendió contra el antipapa Anacleto al verdadero papa que
era Inocencio II, dice en su Epístola 190 AD INNOC.: «…en efecto, ¿a qué otra sede se le dijo alguna vez: Yo he rogado por ti para que no desfallezca tu Fe?». En su CATENA AUREA, Santo Tomás de Aquino cita un texto de San Cirilo de Jerusalén que entre otras cosas dice: «Según
la promesa de Cristo, la iglesia apostólica de Pedro, permanece
inmaculada de toda seducción y de todo engaño herético por encima de
todos los gobernantes y obispos, y por sobre todos los príncipes de la
Iglesia y de los pueblos, en sus Pontífices, y en la plenísima Fe y
autoridad de Pedro». Teodoreto, que era obispo de Siria, citado por San Roberto Belarmino (OPERA OMNIA, T. II, Pág. 83) dice: «Esta
Santa Sede tiene el gobernalle de los regímenes de las iglesias del
orbe, porque por una parte son siempre heréticas y por otra esta
permanece virgen de pestilencia».
También, el Papa Gelasio (492-496) ensena: «La primera, es la Sede del Apóstol Pedro, la de la iglesia romana, que no tiene mancha ni arruga ni cosa semejante» (Denz. 163).
El Papa Nicolás I (858-867) en sus 110 respuestas a los búlgaros, dice en la 106: «La iglesia romana ha estado constantemente sin mancha y siempre ha poseído el verdadero cristianismo» (HISTORIA DE LOS CONCILIOS). De esta misma obra de Hefele-Leclercq, T. IV, Pag. 561 tomamos las siguientes palabras del Papa Juan VIII (872-882) a los búlgaros: «La
iglesia de Roma, jamás ha estado manchada por el error; uniéndose a la
iglesia de Constantinopla, los búlgaros corren el peligro de caer pronto
o tarde en el error». «La iglesia de Roma, decía el Papa Gregorio VII, no ha errado jamás, y las Sagradas Escrituras atestiguan que no errará nunca» (HISTORIA DE LA IGLESIA; Daniel Rops, T. IV, Pág. 196).
El Papa Pascual II (1099-1118) dijo a los obispos reunidos en el Concilio de Letrán de 1116, un 8 de marzo: «Hermanos
y señores, escuchad: esta iglesia romana, jamás ha sido herética; al
contrario, ella ha vencido todas las herejías. Cristo oro por ella
cuando dijo: Yo he rogado por ti Pedro, a fin de que tu Fe no
desfallezca».
El Cardenal Estanislao Hosio (15C4-1579), Obispo de Ermeland, gran polemista, escribió:«Hay gente que prefiere someter sus escritos a la censura de no sé qué maestro de Wittenberg (se refiere a Martín Lutero) y
a una iglesia nacida ayer, más bien que al juicio de una Iglesia más
santa y la más antigua de todas, a la que los Apóstoles Pedro y Pablo
han dejado toda su Doctrina, derramado allí su sangre, y que de tal
manera ha sido mirada como católica y apostólica, que jamás ha sido
tachada de herejía». El Papa León IX (1049-1054), le escribe a
Miguel Cerulario una carta el 8 de septiembre de 1053, en vísperas del
cisma definitivo de Oriente, en la que le dice: «La Iglesia Romana,
jamás ha vacilado en la Fe; sin ser igual a San Pedro, en cuanto a
méritos personales, sin embargo, Nos, somos igual a él por las funciones
y tenemos el derecho de ser honrados a pesar de nuestra indignidad… Si
no estáis unido a la cabeza, no podéis pertenecer al cuerpo de la
Iglesia».
Por
fin, termino copiando un texto de Santo Tomás de Aquino. En su
comentario al Cap. 16, v. 18 de San Mateo (IN MATTHAEUM EVANGELISTAM
EXPOSITIO), dice: «Especialmente la casa de Pedro que fue fundada
sobre roca, no será derribada. Y así, puede ser combatida, pero no
expugnada. Y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella… Y
mientras las otras iglesias pueden ser censuradas por herejes, en cambio
la iglesia romana, no ha sido corrompida por los herejes por estar
fundada sobre roca. De ahí que en Constantinopia fueron herejes y se
perdió la labor de los Apóstoles: únicamente la iglesia de Pedro
permaneció inviolada, y esto no solamente es con relación a la iglesia
de Pedro, sino también, a la Fe de Pedro».
NUNCA NADIE CUESTIONO EL JUICIO DE ROMA.
El Papa Zózimo (417-418) en una carta del 21 de marzo de 418, dice que «nadie se atrevió a discutir» el juicio de la Sede Apostólica (Denz. 108), y el Papa San Bonifacio I (418-422) en su carta MANET BEATUM a Rufo y otros obispos de Macedonia, dice: «…nadie
osó jamás poner las manos sobre el que es cabeza de los Apóstoles, y a
cuyo juicio no es lícito poner resistencia; nadie jamás se levantó
contra él, sino quien quiso hacerse reo de juicio» (Denz. 109 b, 109 c).
ROMA Y EL PAPA SON LA MISMA COSA
Evidentemente
cuando decimos que Roma y el Papa son una sola cosa, no nos podemos
referir a la ciudad física, con sus monumentos sus calles y sus
habitantes. Pero como sede de la Iglesia Romana, como capital del
catolicismo que enseña la verdadera Doctrina de Jesucristo, como el
lugar en el que sienta Pedro para confirmar, juzgar, enseñar y edificar a
la Iglesia, deja de ser en lo absoluto, si el Papa no está en la
ciudad. Por este motivo, se entiende lo que dijo el Papa beato Benedicto
XI cuando abandonó la ciudad de Roma obligado por las revueltas
provocadas por partidos que se la disputaban: «Roma, no está ya en Roma: toda entera está, donde yo esté». Esta
misma situación se dará, cuando el verdadero Papa tenga que salir de
Roma, porque allá se habrá instalado el Anticristo con todos sus
partidarios.
En
esta forma lo entendía San Pedro Damián. Sus palabras que antes hemos
copiado las volvemos a encontrar en DICTIONNAIRE APOLOGETI QUE DE LA FOI
CATHOLIQUE, D’Ales, T. III, Col. 1487. Las repetimos: «Vos sois la
Iglesia Romana; no es la mole de piedra de que está formada a la que yo
recurro, sino solamente a aquel en quien reside toda la autoridad de esa
misma Iglesia». Y el Papa Pelagio (556-561), en una carta del año 560, escribe a un obispo: «¿Dónde creías que estaba la Iglesia, fuera de aquel en quien– y en él solo- están todas las sedes apostólicas?».
SE DEBE CREER AL MAGISTERIO ORDINARIO Y AL MAGISTERIO EXTRAORDINARIO DEL PAPA.
Las Encíclicas de los papas, no son definiciones «ex-cathedra»,
pero no por esto podemos decir que pueden contener errores contra la
Fe. Al contrario, el Papa Pío XII en su Encíclica HUMANI GENERIS, 10, y
el Papa Pío IX en su Encíclica QUANTA CURA, enseñan que los fieles
católicos deben obediencia y respeto a los documentos del magisterio
ordinario. Pero además, el Concilio Vaticano I declaró: «… debe
creerse con fe divina y católica todas aquellas cosas que se contienen
en la Palabra de Dios escrita o tradicional, y son propuestas por la
Iglesia para ser creídas como divinamente reveladas, ora por solemne
juicio, ora por su ordinario y universal magisterio». Ver Denz No.
1792. ¡Pero la infalibilidad de la Iglesia, depende de la infalibilidad
de Pedro!, entonces si el magisterio de la Iglesia debe creerse como
revelado por Dios, ya lo ejerza ordinaria, o ya extraordinariamente, no
hay lugar para decir entonces que el papa solamente cuando habla«ex-cathedra» es
infalible, pero fuera de eso, puede equivocarse Tendríamos que
considerar que hay ocasiones en las que la Iglesia de Dios, enseña el
error, o puede enseñar el error, y esta afirmación es blasfema.
Algunos
en la Iglesia han llegado a considerar que el papa como doctor privado,
pudiera caer en la herejía, ¿es esto posible sin que se comprometa la
inerrancia de la Iglesia?
