Los amigos que casi a diario me envían algunos informes, ni imaginan el significado que pueden contener esos remitos. Se da en este caso revivir el pasado recurriendo a un viejo adagio "TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR" . Por un discurso a casi cuarenta años de pronunciado por el General Juan D. Perón debo agradecer al señor Carlos Diaz Busti. Aclarando que en mi existencia jamás he tenido participación en ninguna actividad partidaria. El objetivo que persigo, es nada mas que resaltar la trasformación "demencial" a que llevaron lo que pudo haber sido bueno, en algo hoy íntegramente deformado y tendenciosamente perverso. El general Perón, sabido es, fue desplazado autoritariamente en 1955 como máxima autoridad del país y debió permanecer exhilado durante 18 años. En ese tiempo la labor por su regreso fue acompañada por distintos grupos posicionados errónemente a lo que el Justicialismo decía combatir, los extremos de "izquierda" o "derecha". Obtenido su retorno, esos grupos convirtieron Ezeiza en un "campo de batalla". Dirigiendose al pueblo argentino el General Perón, cargado de experiencia y sentido común parecía presagiar tiempos actuales. Toda prevención que efectuara ese día, por el contrario pasó a ser simplemente una expresión de deseo y lo que fuera el Movimiento Nacional Justicialista, plagado de "cipayos", fue transformándose abruptamente en simple caja de "intereses materiales" tanto para el "Menemismo", "Kirchnerismo", "Cristinismo" o "Camporismo", y en consecuencia enemigos del mismo Perón.
Le agradezco al amigo Alberto,
un ciudadano argentino y compañero, que nos haya hecho llegar este
mensaje que adjuntamos, que fuera dirigido al País por el Tte. General
Juan Domingo Perón hace casi 40 años, pero lo asombroso que podemos advertir al leerlo, es la vigencia de sus palabras, incluso con motivo de lo que estamos soportando en estos días, con la desgracia, tragedia y luto por la que está pasando nuestra Sociedad, producto de la INCAPACIDAD e INOPERANCIA de nuestros dirigentes
que conducen el Gobierno Nacional, los Provinciales y Municipales.
Si no dijéramos que el mensaje lo expreso el día 21 de junio de 1973, podríamos llegar a pensar que se adelantó en el tiempo, lo escribió y guardo para que alguien o nosotros mismos las podamos dar a conocer ahora.
La advertencia y claridad de conceptos que nos transmite, para que nos demos cuenta de los peligros que nos acechan constantemente y ponen en riesgo la continuidad del Territorio, el pueblo y la
Nación Argentina, solo un visionario, estratega y analista geopolítico
con los conocimientos que el tenia, pudo anticiparse para decirnos, que
debemos conseguir la UNIDAD NACIONAL para lograr la INDEPENDENCIA que todavía no tenemos, ya que, si no, podemos llegar a desaparecer como Nación.
Motivo
por lo cual, hoy más que nunca sus proféticas palabras las tenemos que
valorar y darle la importancia que las circunstancias requieren, es hora
que esta CORPORACION MAFIOSA DE POLITICOS CORRUPTOS sepan darse cuenta, que el mejor servicio que le pueden hacer a la PATRIA, es dar un paso al costado y renunciar, ya que la gran mayoría de la sociedad en general, sabe perfectamente, que la única salida que tenemos es FUNDAR UNA NUEVA NACION ARGENTINA, con la DEMOCRACIA MAS AVANZADA DEL MUNDO.
Que Dios fuente de toda razón y justicia, nos permita lograr el cambio que nuestro País necesita.
Mensaje de Juan Domingo Perón al país por
la cadena nacional de radiodifusión el día 21 de Junio de 1973
Deseo
comenzar estas palabras con un saludo muy afectuoso al Pueblo Argentino.
Llego
del otro extremo del mundo con el corazón abierto a una sensibilidad patriótica
que solo la larga ausencia y la distancia pueden avivar hasta su punto más
alto. Por eso, al hablar a los argentinos lo hago con el alma a flor de labio
y deseo que me escuchen también con el mismo estado de ánimo.
La
situación del país es de tal gravedad que nadie puede pensar en una
reconstrucción en la que no debe participar y colaborar.
Este problema como ya lo he dicho muchas veces, o lo arreglamos entre todos
los argentinos o no lo arregla nadie. Por eso, deseo hacer un llamado a todos,
al fin y al cabo hermanos, para que comencemos a ponernos de acuerdo.
Una
deuda externa que sobrepasa los 6.000 millones de dólares y un déficit
cercano a los tres billones de pesos, acumulados en estos años, no han de
cubrirse en meses sino en años. Nadie ha de ser unilateralmente perjudicado,
pero tampoco ninguno ha de pretender medrar con el perjuicio o la desgracia
ajena.
No
son estos días para enriquecerse desaprensivamente, sino para reconstruir la
riqueza común, realizando a una comunidad en la que cada uno tenga la
posibilidad de realizarse.
El
Movimiento Justicialista, unido a todas las fuerzas políticas, sociales, económicas
y militares que quieran acompañarlo en su cruzada, de liberación y reconstrucción
del país, jugara su destino dentro de la escala de valores establecida primero
la Patria, después el Movimiento y luego los hombres en un gran
movimiento nacional y popular que pueda respaldarlo.
Tenemos
una revolución que realizar, pero para que ella sea valida ha de
ser de construcción pacífica y sin que cueste la vida de un solo
argentino. No estamos en condiciones de seguir destruyendo frente
a un destino preñado de acechanzas y peligros. Es preciso volver a lo que en su
hora fue el apotegma de nuestra creación: "de casa al trabajo y del
trabajo a casa". Solo el trabajo podrá redimirnos de los desatinos
pasados.
ORDENEMOS
PRIMERO NUESTRAS CABEZAS Y NUESTROS ESPIRITUS. Reorganicemos al país y
dentro de el al Estado que pre-concebidamente se ha pretendido destruir y que
debemos aspirar a que sea lo mejor que tengamos para corresponder a un pueblo
que ha demostrado ser maravilloso.
Para
ello elijamos los mejores hombres, provengan de donde provinieren, acopiemos
la mayor cantidad de materia gris, todo juzgado por sus genuinos
valores en plenitud y no por subalternos intereses politicos, influencias
personales o bastardas concupiscencias.
Cada
argentino ha de recibir una misión en este esfuerzo de conjunto. Esa misión será
sagrada para cada uno y su importancia estará más que nada en su cumplimiento.
En situaciones como la que vivimos, todo puede tener influencia decisiva y así
como los cargos honran al ciudadano, este tambien debe ennoblecer los cargos.
Si en
las Fuerzas Armadas de la Republica, cada ciudadano, de general a soldado, esta
dispuesto a morir tanto en defensa de la soberanía nacional como del orden
constitucional establecido, tarde o temprano han de integrarse al pueblo que ha
de esperarlas con los brazos abiertos como se espera a un hermano que retorna
al hogar solidario de los argentinos.
NECESITAMOS
UNA PAZ CONSTRUCTIVA SIN LA CUAL PODEMOS SUCUMBIR COMO NACION. Que
cada argentino sepa defender esa paz salvadora por todos los medios, y si
alguno pretendiera alterarla con cualquier pretexto, que se le opongan millones
de pechos y se alcen millones de brazos para sustentarla con los medios que sean.
Solo así podremos cumplir nuestro destino.
Hay
que volver al orden legal y constitucional como única garantía de libertad y
justicia. En la función pública no ha de haber cotos cerrados de ninguna
clase y el que acepte la responsabilidad ha de exigir la autoridad que necesita
para defenderla dignamente. Cuando el deber esta por medio, los hombres
no cuentan sino en la medida en que sirvan mejor a ese deber. La responsabilidad
no puede ser patrimonio de los amanuenses.
Cada
argentino, piense como piense y sienta como sienta, tiene el inalienable
derecho a vivir en seguridad y pacíficamente. El Gobierno tiene la
insoslayable obligación de asegurarlo. Quien altere este principio de la
convivencia, sea de un lado o de otro, será el enemigo común que debemos
combatir sin tregua, porque no ha de poderse hacer nada en la anarquía que la
debilidad provoca o en la lucha que la intolerancia desata.
Conozco
perfectamente lo que está ocurriendo el país. Los que crean lo contrario se
equivocan. Estamos viviendo las consecuencias de una
post-guerra civil que, aunque
desarrollada embozadamente no por eso ha dejado de existir. A ello se le suma las perversas intenciones de los factores
ocultos que, desde la sombra, trabajan sin cesar tras designios no por
inconfesables menos reales.
Nadie
puede pretender que todo esto cese de la noche a la mañana pero todos tenemos
el deber ineludible de enfrentar activamente a esos enemigos, si no querernos
perecer en el infortunio de nuestra desaprensión o incapacidad culposa.
Pero
el Movimiento Justicialista, que tiene una trayectoria y una tradición, no
permanecerá frente a tales intentos y nadie podrá cambiarlas a espaldas
del Pueblo que las ha afirmado en fecha muy reciente y ante la ciudadanía que
comprende también cual es el camino que mejor conviene a la Nación Argentina. CADA
UNO SERA LO QUE DEBA SER O NO SERA NADA.
Asi
como antes llamamos a nuestros compatriotas en "La Hora del Pueblo".
"El Frente Cívico de Liberación" y "El Frente Justicialista de
Liberación", para que mancomunando nuestros ideales y nuestros esfuerzos
pudiéramos pujar por una Argentina mejor, el Justicialismo, que no ha sido
nunca ni sectario ni excluyente, llama hoy a todos los argentinos, sin distinción
de banderías, para que todos solidariamente nos pongamos en la perentoria tarea
de la reconstrucción nacional, sin la cual estaremos todos perdidos. Es preciso
llegar así, y cuanto antes, a una sola clase de argentinos: los que
luchan por la salvación de la
Patria, gravemente comprometida en su destino por los enemigos de afuera y de
adentro.
Los
Peronistas tenemos que retornar a la conducción de nuestro Movimiento. Ponerlo
en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo o desde
arriba. NOSOTROS SOMOS JUSTICIALISTAS. Levantamos
una bandera tan distante de uno como de otro de los imperialismos dominantes. No
creo que haya un argentino que no sepa lo que ello significa. No hay nuevos rótulos
que califiquen a nuestra doctrina ni a nuestra ideología: SOMOS
LO OUE LAS VEINTE VERDADES PERONISTAS DICEN. No es
gritando la vida por Perón que se hace Patria, sino MANTENIENDO EL CREDO POR EL
CUAL LUCHAMOS.
Los
viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran nuestros muchachos que levantan nuestras
banderas revolucionarias. Los que pretextan lo inconfesable, aunque cubran sus
falsos designios con gritos engañosos, o se empeñen peleas descabelladas, no
pueden engañar a nadie. Los que no comparten nuestras
premisas, si se subordinan al veredicto de las urnas tienen un camino honesto
para seguir en la lucha que ha de ser para el bien y la grandeza de la Patria,
no para su desgracia.
Los que ingenuamente piensan que pueden copar a nuestro
Movimiento o tomar el poder que el Pueblo ha reconquistado se equivocan.
Ninguna
simulación o encubrimiento, por ingeniosos que sean, podrán engañar a un pueblo
que ha sufrido lo que el nuestro y que esta animado por una firme voluntad de
vencer. Por
eso, deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares
o estatales que por ese camino van mal.
Así,
aconsejo a todos ellos tomar el único camino genuinamente nacional: cumplir con
nuestro deber de argentinos sin dobleces ni designios inconfesables. Nadie
puede ya escapar a la tremenda experiencia que los años y el dolor y los
sacrificios han grabado a fuego en nuestras almas y para siempre.
Tenemos
un país que a pesar de todo no han podido destruir. Rico en hombres y
rico en bienes. Vamos a ordenar el Estado y todo lo que de el dependa que pueda
haber sufrido depredaciones y olvidos. Esa sera la principal tarea del
gobierno. El resto lo hará el Pueblo Argentino, que en los años que corren ha
demostrado una madurez y una capacidad superior a toda ponderación.
En el
final de este camino esta la Argentina potencia, plena
de prosperidad, con habitantes que puedan gozar del mas alto
"standard" de vida, que la tenemos en germen y que solo debemos
realizar. Yo quiero ofrecer mis últimos años de vida a un logro que
es toda mi ambición. Solo necesito que los argentinos nos crean y
nos ayuden a cumplirla.
La
inoperancia, en los momentos que tenemos que vivir, es un crimen de lesa
Patria. Los que estamos en el pais tenemos el deber de producir, por lo menos,
lo que consumimos. Esta no es hora de vagos ni de inoperantes. Los
científicos, los técnicos, los artesanos y los obreros que estén fuera del país
deben retornar a el a fin de ayudarnos en la reconstrucción que estamos
planificando y que hemos de poner en ejecución en el menor plazo.
Finalmente,
deseo exhortar a todos mis compañeros peronistas para que, obrando
con la mayor grandeza, echen a la espalda los malos recuerdos y se dediquen a
pensar en el futuro y en la grandeza de la Patria, que
bien puede estar desde ahora en nuestras propias manos y en nuestro
propio esfuerzo.
A los
que fueron nuestros adversarios, que acepten la soberanía de pueblo, que
es la verdadera soberanía, cuando se quiere alejar el fantasma de los
vasallajes foráneos, siempre mas indignos y costosos.
A los
enemigos, embozados, encubiertos o disimulados, les aconsejo que cesen, en sus
intentos, porque cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el
escarmiento.
Dios nos ayude, si somos capaces de ayudar a Dios. La
oportunidad suele pasar muy quedo. ¡Guay de los que carecen de sensibilidad e imaginación
para no percibirla!
Un
grande y cariñoso abrazo para todos mis compañeros, y un saludo afectuoso y
lleno de respeto para el resto de los argentinos.
