lunes, 8 de abril de 2013

EE.UU VISTO DESDE NUEVA YORK

 POR ALFREDO DE BARTOLO
avatarEl 2 de noviembre del 2010, se llevaron a cabo las elecciones para renovar cargos legislativos en ambas cámaras del Congreso de los EE. UU., como así también algunas gobernaciones. En esta ocasión, el presidente Barak H. Obama recibió un voto castigo por no cumplir con sus promesas de cambios. Durante su campaña  presidencial, al final de cada frase decía: “Es tiempo de cambio” (“It’s time for the change”), y el pueblo respondió votando en forma abrumadora a favor del cambio.
Entre los temas prometidos, estaban la reforma migratoria para legalizar a 12 millones de indocumentados, la reforma de salud, la intensión de resolver la falta de trabajo y las ejecuciones hipotecarias como consecuencia de la crisis financiera que estalló al final del mandato de George W. Bush.
El presidente Barak Obama prometió que en su primer año trabajaría por la reforma migratoria. Lamentablemente no contó con los votos suficientes para concretarla.
Dedicó gran parte del tiempo a la reforma de salud hasta que se aprobó un plan para cubrir a todos los ciudadanos. Los republicanos criticaron fuertemente esta reforma, y ahora que son mayoría en la Cámara baja, prometieron volver a tratar este tema a fin de cambiar aspectos que ellos consideran lesivos para la economía en general.
En cuanto a este último tema, el presidente Obama tomó dinero en préstamo de la Reserva Federal, y lo entregó (bailout), a los bancos para que se creara más trabajo y se evitaran las ejecuciones hipotecarias. También impuso regulaciones al sistema bancario para proteger a los ahorristas, medida ésta muy resistida por los republicanos y el mismo sistema bancario.
Es importante recordar que durante la crisis de 1930, el presidente demócrata Franklin D. Roosevelt también hizo un bailout pero, a diferencia del presidente Obama, entregó el dinero a los campesinos para activar la industria agrícola ganadera, generando a partir de esta iniciativa más trabajo y precios competitivos. También impuso regulaciones al sistema bancario a través de la ley Glass-Steagall, mediante la cual los bancos no podían realizar todas las operaciones que consistían en otorgar créditos, vender seguros, cuentas corrientes, de ahorro, etc. Los banqueros quedaron limitados a funciones específicas: funcionar como bancos de ahorro que sólo debían ocuparse de ese rubro (oscuro), y hacer lo mismo con los seguros y bancos comerciales (oscuro). Prácticamente ató de manos a los banqueros para que no pudieran especular. Como contra partida, se creó el FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation), un organismo por medio del cual el Estado garantizaba a los ahorristas la permanencia de sus depósitos.  Fue lo que se llamó el New Deal, y permitió superar la crisis en pocos años.
Con el correr de los años, los banqueros lograron que la ley Glass-Steagall se anulara en forma paulatina, y volvieron a operar con absoluta libertad (léase impunidad). Los resultados están a la vista: una crisis mucho mayor y más profunda que la del 30.
Muchas voces reclamaron volver a la Ley Glass-Steagall, pero el presidente Obama hizo lo que hizo, el bailout, que fue como darle a una jauría de lobos el cuidado de un rebaño de ovejas. Sus regulaciones bancarias no pueden compararse con las del presidente Roosevelt.
Después de dos años de gestión, no hubo progreso que conlleve a un cambio y el voto castigo se hizo presente. Ahora los republicanos, que son mayoría en la Cámara de Diputados, pero no en el Senado, le restan votos al Partido Demócrata que, de ahora en más, para aprobar leyes, deberá contar con el apoyo republicano.
Recientemente Ben Bernanke (Chairman de la Reserva Federal) anunció que, con la compra de bonos del Tesoro de la Nación por la suma de $ 600 mil millones de dólares, se daría un impulso a la economía. La verdadera lectura de este anuncio es que es el Tesoro de la Nación quien se endeuda por la suma mencionada, entregando bonos sin respaldo alguno, y sin posibilidad de rescate, comprometiendo el bienestar de futuras generaciones. ¿Podrá advertirse alguna similitud entre esta situación y otras de nuestro país?
Así están las cosas en USA y habrá que esperar estos últimos dos años de gestión para ver hacia dónde se encamina el país más poderoso del mundo.