jueves, 18 de abril de 2013

LA DEUDA ETERNA: SUS RESPONSABLES Y SU SOLUCIÓN

Las peripecias de nuestra fragata Libertad en un puerto de Ghana, y los sofocones que nos obsequió últimamente el juez norteamericano Thomas Griesa han reavivado la cuestión de la deuda externa y eterna. Hoy, pocos  son los argentinos, incluidos los políticos “oficiales“ (los que juegan en el equipo del gobierno, o más precisamente, de Cristina,  y los que hablan desde la oposición de su majestad), que no se percaten que la deuda externa-eterna es uno de los principales problemas a resolver.
Hasta que supimos del tropezón de la fragata y del hartazgo del juez Griesa con las picardías y bravuconadas del cristikirchnernismo, sólo un puñadito de “locos” profetizábamos que la deuda “resucitaría”  o, mejor dicho, que seguía vivita y coleando.
Ahora hay muchos “parvenu”, que juegan de “especialistas”. No nos interesan.
Sí, en cambio, nos interesan los argentinos de buena voluntad (un poco más que un puñadito sistemáticamente ignorado por la prensa “seria”) que invariablemente se jugaron contra el endeudamiento irresponsable y hoy buscan una salida a este atolladero.
Desde la fatídica dupla Videla-Martínez de Hoz hasta la última dupla, la patagónica que construye relatos desde 2003, todos son  responsables de la deuda, sin  olvidar a Raúl Ricardo Alfonsín que legitimó una deuda manifiestamente odiosa, a la segunda dupla, Menem-Cavallo, que reinó en los ’90, a la Alianza centro-izquierdista-progre que no dejó barrabasada por hacer entre1999 y 2001, y el interregno apenas distinto del dúo Duhalde-Lavagna.
Hoy, la deuda vuelve a  angustiarnos, en algún sentido casi tanto como en 2001.
La preocupación central para nosotros es saber si algún día podremos sacarnos este peso de encima para que, recordando la profecía de Mons. Aguer (¡ésa, sí, que fue una profecía!), no vivamos pagando para morir debiendo.
La clave de bóveda de esa preocupación  es, hoy como ayer, la llamada prórroga de jurisdicción (o competencia), es decir, la renuncia de nuestro país a que sólo los jueces argentinos entiendan en los conflictos surgidos con una contraparte extranjera: en este caso, por el pago de la deuda externa.
La verdad es que hemos regalado nuestra “soberanía judicial”…como diría la presidente adicta a la cadena nacional y al relato. Y lo peor de esa pesadilla es que, desde Videla-Martínez de Hoz, hasta Cristina la del relato, todos nuestros presidentes han ratificado expresamente que mantienen ese generoso e irresponsable regalo a favor de los “odiados” jueces de Nueva York. Esos jueces que, según Cristina en su  relato cada día más parecido al “verso”, practican  el “imperialismo judicial”, del cual ella recién parece enterarse… cuando ya es medio grandecita para descubrir que los Reyes Magos son los padres.
 Un poco de historia reciente
Desde que tenemos un Código Procesal Civil y Comercial de la Nación-CPCCN, y hasta que llegó el Proceso de Desorganización y Entrega Nacional, su artículo primero siempre estableció:
La competencia atribuida a los tribunales nacionales es improrrogable.
Pero en 1976 cambió la historia: los militares y civiles golpistas, amigos (y alguno de ellos, socio) de los banqueros extranjeros, derrocaron al gobierno constitucional de Isabel Perón e, inmediatamente después, crearon el cáncer de la deuda externa-eterna, para que viviéramos pagando y muriéramos debiendo.
Al asumir el gobierno peronista de 1973 debíamos 8.500 millones de dólares en números redondos. Cuando los golpistas nos derrocaron,  la deuda era menor: 7.300 millones de dólares. En escasos tres años, la habíamos reducido en 1.200 millones, el 14%.
Antes de que cantara el gallo (sólo un mes después) el gobierno de facto comenzó a engordarla, hasta hacerla llegar en 1983 a 45.000 millones, siempre  en dólares y en números redondos.
Pero, para que viviéramos pagando y muriéramos debiendo, hacía falta una vuelta de tuerca más: derogar el artículo primero del CPCCN, el que custodiaba nuestra “soberanía judicial”. Y el Proceso lo derogó.
Todo quedaba atado y bien atado, realmente, no como supuso Francisco Franco que dejaba a España luego de sus casi 40 años de reinado.
En diciembre de 1983, huyó el gobierno de facto y volvió la “democracia” (de alguna manera hay que llamarla…), con la cual, suponían algunos ingenuos, necesariamente se podría comer, vestirse, curarse, educarse… y repudiar la deuda odiosa, es decir, tramposa por haber sido contraída a espaldas del pueblo por un gobierno dictatorial cívico-militar.
Craso error.
Alfonsín demostró que “su” democracia era inseparable de los banqueros buitres. Recuerdo que, en junio de 1984, a sólo seis meses de haber asumido la presidencia don Raúl Ricardo,  Isabel Perón viajó a nuestro país y, a su instancia, se firmó una  crucial Acta de Coincidencias Nacionales. Un instrumento de unidad y estrategia nacionales apreciablemente mejor y más completo que el trajinado Pacto de la Moncloa.
Quiso el destino, la voluntad de Dios y la generosidad de Isabel Perón que yo fuera designado como representante del peronismo para debatir y redactar ese documento,  junto con Antonio Troccoli, delegado por Alfonsín.
Lo recuerdo bien: la formulación de una política económica libre de las recetas tóxicas del FMI, que incluyera una revisión honesta y profunda de la deuda externa, fueron dos puntos liminares de ese acuerdo.
El Acta se firmó con toda solemnidad en el Salón Blanco de la Casa Rosada, y lo suscribieron 14 jefes de partidos políticos, además de Alfonsín e Isabel. Creo que fueron todos, menos el Partido Comunista y el de Alvaro Alsogaray. Dios los cría…
Debió ser un acuerdo histórico. Sólo fue una golondrina de verano.
Dos meses después, en agosto de ese mismo año, el gobierno radical envió al FMI una propuesta de acuerdo y refinanciación de la deuda que dejaba todo como antes, incluida la derogación del artículo primero del CPCCN. Dicha nefasta derogación dejó de ser “procesista”, para ser “progresista”.
En ese momento, y a manos del centro-izquierdista Alfonsín, perdimos la ocasión (la única ocasión segura, irrebatible) de repudiar la deuda externa-eterna por ser odiosa (contraída por un gobierno dictatorial a espaldas del pueblo argentino).
De ahí en más,  esa triste historia de Alfonsín se convirtió en rutina de sus sucesores. De todos, sin  excepción, con los del relato patagónico incluidos.
Varios de los presidentes “democráticos” quisieron dejarlo por escrito para mayor seguridad jurídica… de los bancos buitres.
Así:
Menem y Cavallo restituyeron el artículo primero del CPCCN, pero le agregaron un segundo párrafo, de modo que esa norma clave se transformó en la siguiente y actual  burla:
La competencia atribuida a los tribunales nacionales es improrrogable.
… exceptúase la competencia territorial en asuntos exclusivamente patrimoniales, que podrá ser prorrogada (con la) conformidad de (las) partes. Si estos asuntos son de índole internacional, la prórroga podrá admitirse aun a favor de jueces extranjeros o de árbitros que actúe fuera de la República…
Lo que se dice un traje a medida para el juez Thomas Griesa y para el temido CIADI, el organismo arbitral del Banco Mundial que ya nos ha condenado a pagar una fortuna en dólares que, por supuesto, Cristina no paga y le deja el felpudo de regalo al próximo gobierno.
Cuando De la Rúa y Cavallo (también Daniel Marx) encararon  el megacanje de 2001, dictaron un decreto en el que expresamente confirmaron lo escrito por Menem y Cavallo en el segundo párrafo del artículo primero del CPCCN. Ése fue uno de los motivos por los cuales propuse a un grupo de amigos denunciar judicialmente a los tres citados (más su “socio” norteamericano, David Mulford) por estafa agravada contra la Nación y otros graves delitos. En ese juicio y, con los años,  muchos años, se ha logrado procesar a Cavallo y Marx.
Digo, de paso, que esa denuncia penal fue firmada por Carlos Traboulsi (democracia cristiana),  Alberto Guerberof (inolvidable amigo de la izquierda nacional; fallecido), Héctor Valle (del desarrollismo, hoy miembro del Directorio de YPF), Jorge Eneas Spilimbergo (otro inolvidable amigo de la izquierda nacional; también fallecido) y por mí. Nos patrocinó como abogado un tercer e inolvidable amigo fallecido: el radical Juan Carlos Iglesias. Mi homenaje a los que se fueron.
 Las puntadas finales de la trampa
La dupla Duhalde-Lavagna, si bien manejó el tema de la deuda con cierta prudencia, dejó incólume la trampa del primer artículo del CPCCN fabricada por Menem-Cavallo.
Y los Kirchner hicieron algo peor: para que no quedara duda alguna y los banqueros buitres pudieran dormir totalmente tranquilos, “él”, el de la película inventada a muy buen precio por la señora Paula de Luque, dictó en 2004 el decreto Nº  319.
Veamos cómo nos defendieron los K con ese decreto, ante el peligro de los buitres y caranchos:
* En el artículo primero, designaron como Bancos Organizadores Internacionales a  cuatro de nuestros más queridos amigos y benefactores: Barclays Capital Inc; Merril Lynch; Pierce, Fenner & Smith, y a la Unión de Bancos Suizos Limited.
** En el artículo cuarto les reconocieron a nuestros buitres y caranchos bancos “benefactores” una jugosa comisión del 0,625% que, para los 47.000 millones canjeados, significaron una utilidad de 293 millones 750 mil dólares. Además, se le abonó un “honorario fijo” de U$S 100.000 por mes durante un año a cada banco, más  todos los “honorarios razonables” de los abogados que debieran contratar esos bancos “organizadores”…
*** Y en el artículo octavo de ese decreto perverso, “él”, el héroe de la historieta de la señora Luque, dejó escrita la frase maldita que nos condena a vivir pagando para morir debiendo:
 Autorizase la prórroga de jurisdicción a favor de los tribunales estaduales y federales ubicados en la ciudad de NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS DE AMERICA, y la renuncia a oponer la defensa de inmunidad soberana incluida en la Carta de Contratación (“Engagement Letter”) y su enmienda aprobadas por el Artículo 7° del presente decreto…
Y que “ella” no venga a decirnos  ahora que recién descubre que los Reyes Magos son los padres. Cristina es muy grandecita para fingirlo, y nosotros para creerlo.
 Pisar tierra
Invito a aquéllos a quienes dediqué esta nota desde el principio (los argentinos de buena voluntad que invariablemente se jugaron contra el endeudamiento irresponsable y hoy buscan una salida a este atolladero) a considerar fríamente los datos de la realidad:
1.- La dictadura cívico-militar nos endeudó criminalmente y nos dejó en manos de los banqueros buitres al derogar el artículo primero del CPCCN.
2.- El subsiguiente gobierno constitucional, el del Dr. Alfonsín, cometió la necedad (y algo peor) de no rechazar esa deuda por ser odiosa, y mantuvo la derogación del protector artículo primero del CPCCN.
3.- El segundo gobierno constitucional, el del Dr. Menem, ratificó expresamente el zafarrancho armado por su antecesor, al redactar tramposamente ese artículo del CPCCN.
4.- El tercero, el del Dr. De la Rúa, volvió a ratificarlo con el decreto que reguló el megacanje.
5.- El cuarto,  el del Dr. Duhalde, dejó las cosas como estaban.
6.- Y el quinto (el de “él”) y el sexto (el de “ella”), nos regalaron un entierro de lujo: el decreto 319/2004.
Ante esa realidad, podemos estar seguros de dos cosas:
a)- La presidente Cristina seguirá hablando por cadena nacional contra los bonistas buitres y  caranchos y contra el “imperialismo judicial” del juez Griesa, pero, como es su costumbre (heredada de “él”),  pagará como un chabón todas las facturas que ellos le pasen, con los gastos del juicio incluidos, y mantendrá a rajatabla el decreto 319/2004 (otra herencia de “él”).
b)- Con el lastre de cinco gobiernos constitucionales libremente elegidos por el pueblo, que han reconocido la legitimidad de la deuda y la prórroga de la jurisdicción soberana, salir nosotros en este momento a pedir que la Argentina repudie ambas lacras (la deuda y la prórroga) es hacer el ridículo, justo lo que nuestros acreedores  están esperando.
Estimo que nuestra tarea inmediata es intensificar la campaña que venimos haciendo desde hace años, para esclarecer a nuestro pueblo sobre lo expuesto más arriba, y preparar el clima para que:
  • Ambas cuestiones (ilegitimidad de la deuda y prórroga de la jurisdicción) sean uno de los ejes fundamentales de las elecciones parlamentarias a efectuarse en 2013.
  • Apoyar a los candidatos que nos aseguren que, apenas se inicie el período parlamentario de 2014, será tema de máxima prioridad la investigación  real de la deuda, tal como lo pide el fallo que logró Alejandro Olmos. Ese fallo que duerme en el Congreso de la Nación debido al silencio cómplice de la gran mayoría de los senadores y diputados, tanto de los oficialistas como de los opositores.
Sólo es posible lograr esa investigación después de que hayamos hecho acabadamente nuestro trabajo en la campaña electoral que se aproxima. Ahora, ni pensarlo, aunque se puede y se debe comenzar la tarea ya mismo.
Con dicha investigación concluida, será fácil demostrar ante el mundo la necesidad y la exigencia moral de revisar todo lo concerniente a nuestra deuda externa.
Sin ella, será muy difícil, sino imposible encararlo con alguna posibilidad de ser escuchados sin una sonrisa irónica o acusadora.