jueves, 11 de julio de 2013

LESA HUMANIDAD UTILIZADA COMO PATENTE DE CORSO

Gravísimas acusaciones pesan sobre el juez Carlos Rozanski, quien emplearía las causas sobre derechos humanos para conservar su puesto
El Consejo de la Magistratura es una institución que se incorporó a la Constitución con la reforma de 1994, a fin de independizar de la vida política los nombramientos y remociones de los magistrados. Lamentablemente, este propósito no se logró aún y en la actualidad el Consejo, manejado por una mayoría kirchnerista, es una herramienta de presión oficial sobre los jueces. La reglamentación de su funcionamiento debía mantener el equilibrio entre los representantes de los órganos que surgían de la elección popular, los magistrados, los abogados y los académicos. El Congreso, con su actual composición, no respetó este espíritu y la situación se agravó con la sanción de una ley redactada por la entonces senadora Cristina Kirchner, que rompió el equilibrio de estamentos establecido por la Constitución, al otorgarle una mayor representación al sector político. Así, una proporción predominante del oficialismo permite orientar la selección de los magistrados según las conveniencias político-partidiarias y amenazar con procesos de remoción a los que evidencian una independencia de criterio desde sus funciones, al tiempo que se protege a quienes son funcionales al Gobierno.
Un escandaloso ejemplo de esta última situación lo constituye el desempeño de Carlos Rozanski, integrante del Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata. Conocido por su actuación en algunas causas por delitos de lesa humanidad, no han trascendido como debieran las gravísimas acusaciones que existen en su contra y que desnudarían la temible cara oculta del magistrado junto con un manejo interesado del tema de los derechos humanos, según se refleja en los expedientes a su cargo. Estas irregularidades fueron denunciadas por otro juez del mismo tribunal y por sus propios empleados. Las acusaciones, radicadas en el Consejo de la Magistratura y referidas, por un lado, a crueles maltratos y amenazas en las que habría incurrido el juez y, por el otro, a un caos organizativo que derivó en la prescripción de sumarios muy importantes, no han prosperado debido, precisamente, al manejo que habría realizado Rozanski de su imagen como juez en causas por violaciones a los derechos humanos.
El de Rozanski es un abuso más de los muchos que se cometen en nombre de los derechos humanos. Deberían ser las organizaciones serias abocadas a ese tema -las que no se han corrompido ni han perdido su independencia- las primeras en intentar separar la paja del trigo.
Las graves sospechas parecen tener asidero. En 2009, cuando Pablo Bertuzzi fue nombrado tercer integrante del tribunal oral que desde 2006 había presidido Rozanski, descubrió una vieja causa que había prescripto por falta de trámite y gracias a la cual la banda acusada de robar el dinero del secuestro del padre del actor Pablo Echarri había quedado en libertad. Bertuzzi se presentó ante el Consejo de la Magistratura y solicitó la urgente realización de una auditoría que determinara el estado de situación del tribunal. En su presentación, el denunciante describió también el grave estado de abandono total en que se habían dejado caer todas aquellas causas que no tenían vinculación con delitos de lesa humanidad. Estimó en un millar la cantidad de expedientes librados a su suerte al punto de que, en La Plata, se referían al Tribunal Oral Federal N° 1 como "Prescribilandia".
Tras la presentación de Bertuzzi, dos auditores enviados por el Consejo de la Magistratura comprobaron que en 2008 prácticamente no se habían llevado adelante juicios "comunes" y que existían unas cuatrocientas causas sin radicar. Pero agregaron que el atraso estaba justificado por la magnitud de los juicios que había tramitado el tribunal, en referencia a los de violaciones de los derechos humanos.
Bertuzzi y Horacio Alfredo Insaurralde, el tercer juez del Tribunal, intentaron en vano poner orden, razón por la cual fueron denunciados por Rozanski aduciendo que intentaban sabotear una causa. La Justicia rechazó en el acto la denuncia presentada, Insaurralde se jubiló y Bertuzzi pasó a otro tribunal.
Como puede advertirse, las acusaciones contra el juez revisten una gravedad tal que claramente justifican el inmediato inicio de una rápida y esclarecedora investigación. Una conducta violenta e intimidatoria para con sus empleados, un constante afán de revancha y una personalidad proclive a la arbitrariedad y al desorden permanente constituyen rasgos imposibles de conciliar con los esperados de un juez de la Nación.
Si además sumamos su dudoso manejo de las causas por violaciones a los derechos humanos a su cargo, tendiente a obtener una publicidad que contrapese las acusaciones en su contra, el cuadro resulta aún más turbio y lleva a preguntarnos si en su conducta prima el afán de búsqueda de la verdad y la Justicia o si, por el contrario, en sus sentencias se refleja una posición personal definida de antemano y al margen de las pruebas recolectadas.
La defensa de los derechos humanos y la sustanciación de los juicios por sus violaciones han sido banderas de las que el kirchnerismo se apoderó al llegar a la Presidencia en 2003, luego de haberlas ignorado rotundamente mientras fue gobierno en la provincia de Santa Cruz. Es sabido que esas banderas también le sirvieron de pantalla para montar un régimen que se ha caracterizado por la ininterrumpida sucesión de escándalos de corrupción, muchos de los cuales hoy se difunden en distintos medios periodísticos.
Casos como el mencionado muestran la intención del oficialismo de coartar la independencia del Poder Judicial, al proteger a quienes son magistrados afines a sus intereses, para impedir que se los investigue como dispone la ley. Además, sientan un preocupante precedente que genera una razonable desconfianza en la ciudadanía, al poner claramente en evidencia la falta de transparencia y ecuanimidad reinante en el sistema de remoción de los magistrados.
Las sospechas de manifiesta parcialidad cuando se quiere investigar a un juez cercano al gobierno de turno son absolutamente incompatibles con el régimen republicano que promueve la sana división de poderes. Los ejemplos abundan. La independencia de la Justicia está también en jaque en este punto..