martes, 2 de julio de 2019

1. LA GUERRA MODERNA

1. LA GUERRA MODERNA 

(cnel. Roger Trinquier)



"Nuestro defecto consiste, empero, en que persistimos en estudiar un tipo de guerra que no existe ya y según el cual, posiblemente, jamás volveremos a pelear..." (cnel. Roger Trinquier)






Empezaremos a compartir desde nuestra sección CONTRATERRORISMO NCNGNP el conocido libro del cnel. Roger Trinquier sobre la guerra irregular librada en Argelia entre 1954 y 1962. Con el solo objeto de estudiar una parte de la dura historia de este tipo de conflictos.



 


“LA GUERRA MODERNA” del Cnel. Roger Trinquier (1)



Primera parte
PREPARACIÓN PARA LA GUERRA

1. La necesidad de adaptar nuestro aparato militar a la guerra moderna

La defensa del territorio nacional es la raison d’etre de un ejército que siempre debe estar en disposición de alcanzar su objetivo.
Desde la liberación de Francia, en 1945, si embargo, el ejército francés no ha podido detener el colapso de nuestro imperio, pese a que los esfuerzos que se han realizado en ese sentido han sido realmente incalculables. Ahora bien, ningún militar francés debe descansar hasta haber creado un ejército lo suficientemente apto para asumir responsablemente, asegurándola, la defensa de nuestro territorio nacional.
Nuestro defecto consiste, empero, en que persistimos en estudiar un tipo de guerra que no existe ya y según el cual, posiblemente, jamás volveremos a pelear, mientras ponemos muy poca atención a las razones que motivaron nuestra derrota de Indochina y en la que vamos a experimentar en Argelia. Y la pérdida de Indochina o Argelia debe ser para Francia tan importante como pudiera ser la pérdida de una provincia metropolitana.
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El resultado de esta poca visión es que el ejército no está preparado para hacer frente a un adversario que utiliza armas y métodos que el propio ejército desconoce, no teniendo, por tanto, la menor probabilidad de victoria.
Es un hecho cierto que Indochina, a pesar de contar con marcada superioridad en material y tropas, fuimos derrotados. De una campaña a otra, nuestros generales trataron de llevar a Vietminh el único tipo de guerra que conocían, en la esperanza de que la superioridad en material les proporcionaría la oportunidad de alcanzar la victoria. Pero los del Vietminh siempre supieron eludir esas maniobras, y cuando finalmente aceptaron la batalla convencional que durante tantos años buscaron nuestros jefes, fue únicamente cuando ya tenían ventaja de fuerzas para derrotarnos. Eso fue lo que ocurrió en Dien Bien Fu en mayo de 1954.
En África del Norte está ocurriendo lo mismo. A pesar de lo que digan las estadísticas, nuestro ejército está empleando, salvo alguna que otra excepción la misma táctica. Es decir, trata de obligar a combatir a nuestro modo a un ejército que constantemente nos elude. Por eso, a pesar de los resultados obtenidos, no podemos reclamar la victoria porque, en definitiva, no destruimos al enemigo, sino que más bien lo dispersamos.
La inhabilidad del ejército de adaptarse a los cambios que requieren las circunstancias, ha traído duras consecuencias. En primer término, brindamos la impresión de que nuestros adversarios, que representan tan sólo una fuerza débil, son invencibles y, por tanto, que tarde o temprano tendremos que aceptar sus condiciones de paz. Y esto, lógicamente, alienta la difusión de ideas muy peligrosas que, a la larga, son generalmente aceptadas.
Francia es acusada de celebrar elecciones demasiado rígidas  en Argelia. Y, en cambio, se hace creer que las organizadas por el Frente de Liberación Nacional de Argelia (F.L.N.) son puras en todos los sentidos. Al mismo tiempo, se hace ver que los electores son, en cierta forma, presionados por el gobierno francés. Esto, al menos, es lo que una parte de nuestra prensa trata de decir a sus lectores. Sin embargo, no es así. Además es bien sabido que no se necesitan las simpatías de la mayoría de un pueblo para gobernarlo bien. Basta que se realice una buena administración para que se alcance la meta pretendida.
Esto es justamente lo que nuestros adversarios están logrando en Argelia. Gracias a una “organización perfectamente adaptada” y al apropiado método de guerra moderna que utilizan, están triunfando en su intención de imponerse sobre toda la población, a pesar de los deseos de ésta de opinar en otro sentido, y la están empleando en contra nuestra. En otras palabras, nuestros enemigos nos están situando donde quieren para extorsionarnos después. Y al final tendremos que aceptar lo que nos digan, si antes no aprendemos a destruir el sistema de guerra que están utilizando contra nosotros. Ese es nuestro problema. Y habremos olvidado nuestra obligación si por dejadez permitimos que ellos alcancen la victoria. Eso significaría sacrificar nuestra indefensa población a la inescrupulosidad del enemigo.