martes, 2 de julio de 2019

La princesa está triste

domingo, 30 de junio de 2019

La princesa está triste - Antonio Caponnetto


  
E.S.I: Educación Sexual Integral. Aportes políticamente incorrectos.

La princesa está triste

“La princesa está triste[...]; ha perdido la risa, ha perdido el color.
 El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.Y vestido de rojo piruetea el bufón”.
                                                                                                            Rubén Darío
                                                                

                                                                      A Pilar Careaga Basabe de Lequerica

Por Antonio Caponnetto



Intranquilizantes informaciones de variopinta índole recorren el planeta y lo estrujan de inquietudes. Como las reales y las ficticias ya no tienen demarcaciones, ni tampoco las serias de las jocosas, terminamos por reír y llorar a la par. Gesto que, al parecer, acaba de ser autorizado por el Ministerio de Androginia, teniendo en cuenta que la risa y el llanto serían “un femenino y un masculino”, según la jeringoza policial.

¿Será cierto –pregunta un lector- que la Cámara Nacional de la Construcción ha elaborado una taxonomía de los piropos emitidos por los albañiles, quedándoles exigido ahora a los robustos alarifes del altiplano, trocar los encendidos susurros a las ninfas del barrio por los requiebros al   laborioso capataz ? ¿Es ficto o es veraz que el shoteador aquel de mostacho tupido, bozo irreductible y coprolalia fiera, no es otro que la señorita Juana García, discípula del Conde de Chikoff? ¿Qué hay de onírico y qué de crudelísima vigilia, sobre las prisiones por acoso ocular que se impondría a todo grandulón que no baje la vista cuando sube la escalera que lo saca del subte? ¿Incurre en penalizado sexismo el atrevido plomero que adquirió un tubo macho, o la verdulera gentil que exhibe sus citrones, suscitando similitudes abusivas?

Y el más temido dilema:¿el calor, el alma y el agua, son víctimas del patriarcado del pronombre demostrativo latino, o la a tónica ha cedido nomás sus derechos a cambio de que un texto Anónimo sea en lo sucesivo considerado de Anónima, como quería Virginia Woolf?

Con pródigo sentido de la oportunidad, según fuentes habitualmente insidiosas, nos hemos enterado de que quedan terminantemente vedadas por la Real Academia, las referencias lunares o selenitas utilizadas como tributo u ofrenda a las mozas en edad de merecer; ya que como bien ha dicho Frida Kahlo: "Soy el tipo de mujer que si quiero la luna, me la bajo yo solita". Enterado de lo cual y contrito, cierto vate irreductible se despidió de su amada con un discreto pasacalles que cubría todo el ancho de la Avenida 9 de Julio, diciendo: “Manola/bajate la luna sola”.

Preventivamente -nos aseguran las mejores fuentes- el Vaticano estaría dispuesto a hacer su propio aporte a la paz genérica, emitiendo una Exhortación Apostólica, la Quod mandam, por la que quedaría reformada la perícopa paulina de Efesios 5, 23. En adelante, donde se dice que el varón es cabeza de la mujer deberá sustituirse el discriminatorio “caput” por el equivalente griego “kephale”, fácilmente analogable con un síndrome neuropatológico.

Jaranas al margen, téngase por veramente sucedido el encuentro feminista bajo el lema “No queremos ser princesas sino alcadesas”, organizado en varios círculos académicos ibéricos; el uso de chiquillas como portadoras publicitarias de la tal leyenda, y hasta la puesta en marcha de “Talleres de desprincesamiento para niñas”, con el apoyo de no pocas instituciones educativas supuestamente prestigiosas. Los Estudios Disney, se sabe, se han sumado a esta campaña y ofrecen productos nuevos, en los cuales, verbigracia, ningún beso viril puede quebrar el hechizo que tenga cautiva a una dama; mientras las protagonistas más audaces completan su propuesta desprincesadora diciendo que, en rigor, quieren ser dragonas.

 Todo esto, nos libre Dios, está ocurriendo más allá de cualquier chanza.

 Sucedió incluso, como rebote de la tal campaña, que la pequeña Ainsley Turner, de cinco años, en Carolina del Norte, fue premiada porque en su clase de danzas, no quiso vestirse con gasas, coronas y purpurinas sino disfrazarse de pancho o hotdog. El fundamento del encomio, claro, es que la indumentaria elegida libremente, para desprincesarse, tiene además una proverbial connotación fálica. Repetimos que tamaños delirios están en curso y que escapa al terreno de los sarcasmos con que principiamos este suelto. La consigna de desprincesarse, complementada con la de volverse dragonas y malas madres(sic),utilizando el verbo “perrear”, como ideal afrodisíaco de la neomujer liberada, ocupa hoy un lugar destacado en los programas internacionales de la ESI, y una amplísima bibliografía lo corrobora.

No es el caso demorarse ahora en los sesudos análisis de la cuentística infantil clásica. Bien sabemos que a sus muchos y merecidos elogios se le ha hecho también algunas objeciones atendibles. Tampoco es el caso de repetir aquí lo que tantos maestros nos enseñaron sobre el inmenso valor pedagógico de las historias y las leyendas, las fábulas y las crónicas, que entre lo veraz y lo imaginativo, han servido para forjar la personalidad sana de sucesivas generaciones. De todo esto nos hablaron Chesterton, Mircea Eliade, Russel Kirk, John Seniors o el mismo Tolkien. Y entre nosotros, el gigante Braulio y la olvidada Berta Elena Vidal de Battini.

Lo tremendo es lo que el programa “desprincesador” persigue y propone. No, claro, la ruptura de un estereotipo, sino el aniquilamiento de un arquetipo regio. No tampoco la liberación de un clisé, sino el odio a la aristocracia del espíritu. Menos aún el abandono de una función social, sino la despedida del orden natural. Ni siquiera el desaire ante ciertos tópicos cansinos, sino el rencor canallesco hacia los paradigmas literarios que remiten a la Cristiandad, o le sirven de propedéutica para su mejor comprensión.

El “desprincesamiento” es el odio al cetro y a la monarquía, al velo de la mujer eterna y al sable del guerrero ecuestre; al alcazábar del peñasco altivo y al grial que se esconde en un socavón milenario; a la lanza que desenmaraña caminos y abre paso a un llanero probo; a la capacidad de sacrificarlo todo, oblativamente, por un amor cautivo, y al vivir libremente aprisionado de un ideal, que tarda en aparecer como un jinete tártaro.

El “desprincesamiento” es el odio a la almena que sólo permite asomar esperanzas matutinas, al puente levadizo que se iza para que dentren únicamente nuestros más altos anhelos; al cruzado que queda exhausto tras batirse con el dragón, el filo sangrante, la sangre en el filo, y el tajo o el bisel incoagulados.

Y digámoslo todo: es el rechazo por la virginidad atesorada y la castidad en acto. Porque en la cosmovisión aprincesada de los relatos feéricos, la pureza es un don, el candor un obsequio, la blancura una meta a la que nadie llega si no ha borrado sus máculas en la ascesis o si ha tenido la fuerza para vivir sin ellas.

No quieren ser princesas ni madres. Ni siquiera hermanas, hijas, esposas o viudas. Lo gritan explícitamente con infernal orgullo: quieren ser perras y dragonas. Yermas, homicidas y sumideros de instintos. No está mal que haya bestiarios, y que en ellos los animales tengan su significado y su símbolo, y hasta su aplicabilidad a las personas. Los tuvo el Medioevo, por ejemplo, fecundo siempre en alegorías. Baste consultar, por ejemplo, los  lindos repertorios de Oxford y Eberdeen. Pero lo que nunca se había visto sino en esta época sombría, es que los hombres y las mujeres pudieran sentise reivindicados en las analogías con las salvajadas ferales.

Tiene motivos la princesa de Rubén Darío para estar triste. No sólo le han borrado la risa, el color y las alas, le han dicho que su misión virginal y maternal ofende; que su caballero puede ser sustituido por un androide asexuado o una meretriz de lata. Le han dicho, al fin, que la prole fructuosa es un estorbo y que el mismo vientre adornado de alunadas curvas es un atentado a la silueta impuesta como canon por la estética mundialista. Le han dicho con la soez Helen Gurley que son preferibles “las chicas malas que van a todas partes, que las buenas que se van al cielo”. Y ella se crió en el arte de contemplar las estrellerías y los soles desde las cimbras, los arbotantes y las cúpulas.

Una esperanza queda, según el mismo Darío:
"-Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo con alas, hacia aquí se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor."

Pero nos resta algo pendiente, y no vamos a callarlo. Porque resulta ser que en el programa “desprincesador” que se oferta, la alternativa innovadora y revolucionaria que se le plantea a la mujer, es la de convertirse en alcaldesa. No, por supuesto, como imitación femenina del modelo que trazó Lope de Vega; sino como emulación de ciertas albadesas contemporáneas, caracterizadas por vivir y pensar contranatura.  Repugnantemente.

Y es curioso que desde España –donde encuentra todo este proyecto “desprincesador” un caudal importante de propulsores y de activistas- se omita la figura de la primera alcaldesa del siglo XX, la señora Pilar Careaga Basabe de Lequerica. Fue ingeniera industrial, recibida en la Escuela de Madrid con sólo veintiún años. Fue Alcaldesa de Bilbao desde el 7 de julio de 1969 hasta el 7 de julio de 1975. Y fue además la dueña de un sinfín de emprendimientos políticos, sociales, culturales, materiales y espirituales, que jalonaron una trayectoria pública fecundísima.

¿En dónde estará la extraña razón por la que la Alcaldesa Pilar, adelantada y pionera en semejante puesto, no sea mencionada ni reivindicada jamás por las que les proponen a las niñas “emponderarase” en un municipio antes que “someterse” en un hogar?

Es sencillo. Pilar adhirió a la prédica de Don Ramiro de Maeztu. Identificada con la Cruzada del Caudillo, fue detenida en 1936 por los rojos en la prisión de Larrinaga. De allí pasó a otra cárcel hasta que pudo recuperar su libertad, y se alistó en la Sección Femenina de Falange, sirviendo a la patria de diversos modos, aún como enfermera en los campos de batalla. Por Orden de 10 de julio de 1939, el Generalísimo le concedió la Cruz Roja al Mérito Militar, por su elevado espíritu, entusiasmo y desprecio de todo riesgo y fatiga demostrados en el transcurso de la Campaña, habiendo sufrido fuego de cañón y fusilería enemiga, en Hospitales de Campaña.  

 Estaba en posesión de numerosas condecoraciones, entre ellas: Cruz del Mérito Militar Roja, Medalla de la Campaña 1936-1939, Medalla de Sufrimientos por la Patria, Gran Cruz de Sanidad, Gran Cruz de Beneficencia de 1ª Clase, Gran Cruz de la Orden de Cisneros, Cruz Pro Ecclesia et Pontífice, Medalla de Plata de la Diputación de Vizcaya, Medalla de Plata de la Juventud y Banda de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio.

Pilar estuvo en la primera fila fundacional de Fuerza Nueva, y en los valiosísimos tomazos de sus Memorias, el entrañable Blas Piñar habla de ella, laudatoriamente, en no pocas ocasiones. En especial, cuando una feminista miserable, Marta Ruíz, desde las páginas de “Sábado Gráfico”, el 26 de julio de 1969, la atacó de un modo grosero y obsceno. Entonces, como cuadra, salió Blas en su defensa con un artículo brioso y cálido, caballeresco y señorial, tal como fue siempre su talante. “Siendo mujer –le dice Blas- ha sido otra mujer la que ha pretendido ofenderte. [A ti], que nunca has perdido un átomo de feminidad entregada a lides que suelen acaparar los hombres[...]. Pero tú seguirás siendo Alcalde de Bilbao, con una ejecutoria limpia, y con esta mordedura, que lucirás como se muestran las condecoraciones, o como Cristo enseñó sus estigmas después de resucitado”.

El 25 de marzo de 1979, en el poblado costeño de Guecho,Vizcaya, tras un intento frustro de secuestro, la ETA le disparó arteramente, hiriéndola de extrema gravedad en un pulmón. “Al final –escribió Luis Villamea al respecto-, así es la vida. Después de una estela de generosidades, ha recibido por todo pago un tiro en el pulmón, y por la espalda, prueba de la cobardía y el rencor de sus enemigos, que lo son de España. Ella pudo con todo y con todos”.

Ni vale la pena formularse la pregunta retórica de rigor. ¿Qué hubiera pasado, qué estaría pasando aún hoy, si Pilar Careaga, primera alcaldesa de España, hubiese hecho y padecido cuanto hizo y sufrió, pero en vez de pertenecer a las filas de Dios, de la Hispanidad Eterna y del Orden Natural, hubiese sido una vulgar militante feminista? ¿Qué hubiera pasado si a Pilar, a quien no se le ocurrió jamás “desprincesarse” sino, por el contrario, entregar su pañuelo rojo y gualda a los caballeros de las mejores justas, hubiese sido una anarco libertaria de la peor ralea? ¿Qué hubiera pasado si en vez de ser la católica hija de un conde y la esposa fiel de un varón de antiguo abolengo, hubiese sido judía, negra, comunista y lesbiana? Pues ya lo sabemos. Hasta ahora, los homenajes a su persona no hubieran cesado. Ni tampoco los insultos al patriarcado femicida que, literalmente, quiso acabar con su vida. Por eso, para no ser ingratos ni amnésicos, le dedicamos nuestra sencilla nota a su memoria.

Se ha hecho larga esta reconquista del palacio, así que vamos concluyendo, con una confesión privada.

Soy un abuelo afortunado. Está viviendo temporariamente en casa una nieta de tres años, que lleva el nombre de Santa Isabel de Castilla. Todas las noches ella se ornamenta (no se disfraza) de princesa o de reina, y exigiendo el trato acorde a su augusto invento genealógico, remeda danzar, ante el menguado y aquiescente público doméstico, algunas piezas clásicas que son de su especial agrado. Entonces nuestro modesto y desvencijado comedor se puebla ante sus ojos y sus pies, de heraldos y de pajes, de alminares y cimborrios, de tizonas y coladas. Y aunque le he ofrecido ser albadesa del patio donde juega, insiste en ser princesa del imperio que forjó su alma.

Son todos de ella estos versos que le escribí y que les dejaré transcriptos, como estrambote. De ella y de cuantas niñas queden todavía en el mundo, para gloria del Altísimo, que quieran ser princesas; que una mano viril les baje la luna hasta sus plantas, y que no deseen ir a todas partes sino tomar el cielo por asalto:

Donde olvidó el zapato Cenicienta
y Blancanieves despertó en un beso,
donde puede un ratón, dentro de un queso
tener refugio, ropa y vestimenta.

Donde el gigante pierde su egoísmo
o Pinocho su hechura de madera,
el dragón su maléfica humareda
si un príncipe lo arroja en el abismo.

Donde las hadas salen de madrinas,
como vuelan las flechas de los elfos,
los caballos relinchan con sus belfos,
diestros jinetes lanzan jabalinas.

Donde el viento le grita: ¡te despeino!
persiguiendo a Preciosa, la gitana,
se asoma Galadriel a la ventana,
basta un ropero para entrar a un reino.

Donde hay duendes cantando junto a un pino
con tubas, chirimías y violines
haciendo rondas con los querubines
mientras frota la lámpara Aladino.
Donde las casas son de chocolate
¡pobres Hansel y Gretel tan golosos
en los bosques hay ciervos, zorros,osos
y un caballero de pendón granate.

Allí te quiero, con los ornamentos
de la niñez que imaginó el poeta.
Allí te quiero, mi pequeña nieta:
que vivas en la tierra de los cuentos.
 Nacionalismo Católico San Juan Bautista