jueves, 4 de julio de 2019

EL 30 DE NOVIEMBRE EN SANTIAGO DE CUBA

Arde el edificio central de Policía en Santiago de Cuba, producto de las bombas molotov

Mientras el “Granma” navegaba hacia la provincia de Oriente, el 30 de noviembre de 1956 se produjo en Santiago de Cuba un alzamiento popular, encabezado y organizado por la dirigencia de la Acción Nacional Revolucionaria (ANR) que lideraba Frank Pais1.
La revuelta debía coincidir con el desembarco de los combatientes castristas pero como la travesía se había demorado, los rebeldes, de acuerdo a los planes, decidieron iniciar la insurrección, apoyada por acciones simultáneas en otros puntos de la región.
Como se recordará, Frank País había viajado a México en dos oportunidades, la primera en agosto y la segunda en octubre, con el objeto de coordinar con Fidel Castro las medidas a adoptar.
Después de un profundo análisis de la situación, ambos dirigentes llegaron a la conclusión de que era imperioso desencadenar la revuelta en Santiago, para atraer hacia allí a las fuerzas armadas de Batista y mantenerlas aferradas en combate, mientras los combatientes desembarcaban. Eso les daría la posibilidad de establecer una cabeza de puente y dese allí comenzar las acciones.
 
Cuando el día 28 Castro le ordenó al ingeniero Fufú Gutiérrez que enviase desde México el telegrama en clave anunciando la partida del grupo expedicionario, Arturo Duque de Estrada, que fue quien lo recibió, se comunicó con País para leerle su contenido: Obra pedida agotada, Editorial Divulgación”. Era la señal convenida2.
Sin perder un minuto, el máximo dirigente del ANR convocó a la mesa directiva del movimiento y una vez frente a ella le expuso la situación. Cuando terminó de hablar impartió las primeras disposiciones e inmediatamente después se preparó para coordinar los pasos a seguir.
En la mañana del 29 de noviembre, País tomó contacto con Vilma Espin Guillois (futura esposa de Raúl Castro) y después de transmitirle la novedad, le ordenó que notificar a los enlaces que diesen aviso a los diferentes grupos para que iniciasen el alistamiento. Inmediatamente después, abordó un automóvil rojo y se dirigió a la librería “El Renacimiento”, sita en la popular calle Enramadas, donde debía recoger a Oscar Ascencio Duque de Estrada para seguir hasta la casa de Haydée Santamaría y Armando Hart Dávalos. Una vez allí, les enseñó a ambos el telegrama y les dijo que era imperioso que ese mismo día, se pasase por radio el llamamiento al pueblo grabado la noche anterior.
El so, ya se había ocultado cuando Vilma llegó a la casa-refugio de la calle Santa Lucía, para reunirse con País y el resto de la dirigencia3 y esperar el inicio de las acciones. Un disparo de mortero sobre el Cuartel Moncada, a las 07.00 del día siguiente, sería la señal.


Aquella calurosa madrugada de noviembre, varios golpes y timbrazos despertaron al millonario Santiago Rouseau, cuando dormía junto a su esposa Sussette Bueno en sus habitaciones del piso superior. El hombre se incorporó sobresaltado y después de colocarse la bata, descendió las escaleras, para abrir la puerta.

- ¡Abra paso, la casa está tomada por el levantamiento armado! –oyó al otro lado de la puerta. Era Frank País.

-¡¿Y yo que tengo que ver con eso?! – preguntó el millonario sorprendido. Pero no pudo agregar nada más.

De un empujón, varios individuos ingresaron por la fuerza y tomaron ubicación en diferentes puntos de la lujosa vivienda, sobre todo en las seis ventanas del nivel superior que daban a la calle Santa Lucía, donde Frank apostó varios efectivos armados apuntando hacia el frente y la cercana calle Frías. Rouseau miró a su esposa y enseguida comprendió que era parte de la conspiración. La mujer, que había bajado detrás de él enfundada en su bata, había arreglado de antemano ceder su casa a los revolucionarios para que establecieran en ella su cuartel general4.
En ese preciso instante, milicianos del M-26 que respondían a Julio Camacho Olivera, bloquearon los accesos carreteros en Bayamo, Guantánamo, Holguín y Manzanillo, con el objeto de dificultar el desplazamiento de las tropas regulares y desde la última localidad, los grupos de apoyo organizados por Celia Sánchez Manduley, partieron hacia la costa con la misión de brindar apoyo a los expedicionarios que llegaban en el “Granma”.
La noche pasó rápido y la madrugada encontró a los diferentes pelotones listos para entrar en acción.
Frank País
A las 06.58 sonó el teléfono en el chalet de Santa Lucía y al levantar el audífono, Vilma escuchó a Pepito Tey, informándole que se lanzaba contra la Estación de Policía de la Loma del Intendente. Casi al mismo tiempo, llegó la noticia de la fuga de numerosos detenidos del M-26 de la cárcel de Boniato, entre ellos Orestes Álvarez Colunga, Carlos “Nicaragua” Iglesias Fonseca, Orlando Benítez Hernández, Braulio Coroneaux, Raúl Menéndez Tomassevich e Israel García Leblanch, además de dos presos comunes que simularon unirse al movimiento para escapar, El Mocho y Perro Chulo, quienes desaparecieron al ganar la calle5.
El disparo de mortero nunca se realizó, pero un centenar de combatientes vistiendo uniforme verde olivo y luciendo brazaletes rojo y negro con la leyenda “26 de Julio”, enfilaron a toda carrera hacia los objetivos, cruzando calles y plazoletas.
Tey dirigió resueltamente a los cuarenta y un hombres que debían tomar la estación de policía, rodeándola por delante y detrás. Veintiocho de ellos, encabezados por Otto Panella, treparon a las azoteas y una vez allí, abrieron fuego sobre los defensores.
Durante el enfrentamiento, cayó abatido Tony Alomá, pero un tercer grupo de hombres, encabezado por Paco Cruz, logró ubicarse a considerable distancia, batiendo uno de los flancos con tiros certeros. En ese mismo momento, Pepito Tey fue alcanzado en la pierna y cayó sobre el pavimento, perdiendo sangre en abundancia.
Al ser abatido Panella, su grupo se replegó arrojando varias bombas incendiarias que hicieron arder a la estación policial.
Casi al mismo tiempo, otra célula rebelde atacó el edificio de la Policía Marítima, sobre la avenida Lorraine, tomando armas y algunos prisioneros, aunque debió retirarse precipitadamente ante la llegada de refuerzos provenientes del cuartel Moncada.
El mismo Frank Pais dejó un relato de lo sucedido aquella mañana:

La ciudad amaneció bajo un tiroteo general. Armas de todos los calibres vomitaban fuego y metralla. Alarmas y sirenazos de los bomberos, del cuartel Moncada, de la Marina. Ruidos de aviones volando a baja altura. Incendios en toda la ciudad. El ejército revolucionario dominaba las calles y el ejército de Batista pretendiendo arrebatarle ese dominio. Los gritos de nuestros compañeros, secundados por el pueblo, y mil indescriptibles sucesos y emociones distintas6.

En otro punto de la ciudad, siete combatientes al mando de Enzo Infante tomaron por asalto la ferretería “Dolores”, ubicada en la intersección de las calles Porfirio Valiente y Aguilera, y se apoderaron de buen número de armas.
Mientras se luchaba en diferentes puntos de la ciudad, los combatientes se preguntaban porque no se concretaba el ataque al Moncada, ignorando que la noche anterior, los encargados de llevarlo a cabo, Josué País (hermano de Frank) y Lester Rodríguez habían sido arrestados por las fuerzas de seguridad, junto a Orlando Regalado, Calet Quesada, Camilo Oliva Alonso y Héctor Delfín.
El grupo debía montar el mortero en el mismo lugar donde hoy se encuentra el Bosque de los Héroes, pero se vio obligado a replegarse al no presentarse los encargados de accionarlo. Lo formaban Enrique Ermus, Héctor Arriaza Fernández y Agustín Navarrete, quienes se retiraron hacia el Instituto de Segunda Enseñanza, trepando por sus azoteas, hasta parapetarse en ellas y comenzar a disparar contra los efectivos regulares que intentaban aproximarse por el noreste.
Se produjo entonces el suceso más extraordinario del alzamiento, cuando un avión PBY Catalina que se aproximaba a vuelo bajo haciendo fuego, recibió varios disparos de una ametralladora de 30, accionada por un combatiente apostado en la azotea. En esos momentos, la calle Padre Pico se hallaba bajo una lluvia de balas y la confusión era enorme.
En Ermita, mientras tanto, muy cerca de Guantánamo, los revolucionarios tomaron el cuartel de la Guardia Rural y en Puerto Padre, coparon un polvorín.
Pepito Tey
La población santiaguera contribuyó denodadamente con los rebeldes, retirando de las calles a los heridos, escondiendo a los milicianos, ocultando armas e incluso haciendo las veces de enlaces. Hasta los mismos bomberos ayudaron a huir a muchos de ellos, facilitándoles parte de su indumentaria.
Pese al ímpetu del ataque y al ardor de los insurgentes, las fuerzas regulares lograron controlar la situación, rechazando todos los asaltos y retomando los edificios ocupados. Quienes pudieron escapar (la mayoría), se mimetizaron entre la población e iniciaron acciones de sabotaje, en espera del desembarco7.lograron replegarse hacia sus bases, entre ellas el cuartel general de Santa Lucía y el puesto de El Cristo cumpliendo, de ese modo, con la orden impartida por Frank País. Seguir empeñados en el combate hubiera sido absurdo porque las fuerzas gubernamentales estaban recibiendo refuerzos y el desembarco guerrillero no se había concretado.
En las playas de Niquero, mientras tanto, Celia Sánchez esperaba en vano la llegada del yate con los revolucionarios y cuando al anochecer del primer día de diciembre vio que el mismo no aparecía, ordenó a sus hombres abordar nuevamente los vehículos y regresar a los puntos de partida.
Tanto ese día como el 1 de noviembre, hubo redadas y detenciones en Santiago de Cuba y en todas las ciudades que se habían visto envueltas en la asonada, e incluso fue ametrallado el frente de la funeraria donde se eran velados los restos de Pepito Tey. Aún así, el grueso de los sediciosos logró evadirse mimetizado entre la población, según se ha dicho logrando, de ese modo, preservarse para acciones futuras.
El alzamiento había fracasado. No se habían alcanzado los objetivos pero la llama de la insurrección se hallaba encendida y las condiciones para iniciar la rebelión estaban dadas.

Imágenes

Tropas regulares patrullan las calles tras los enfrentamientos

Vehículos utilizados durante el ataque

Otto Parellada

Celia Sánchez
Notas
1 Fundada por Frank País cuando Fidel y los suyos se hallaban detenidos en México, se llamó primeramente Acción Revolucionaria Oriental (ARO).
2 Jorge Luis Guibert y Francisco Hechavarría, Participantes en el Levantamiento del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba narran sus vivencias”, en “Juventud Rebelde”, diario de la Juventud Cubana, 30 de noviembre de 2006. Edición digital (http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2006-11-30/participantes-en-el-levantamiento-del-30-de-noviembre-de-1956-en-santiago-de-cuba-narran-sus-vivencias-/). Arturo, secretario personal de Frank Pais, encargado también de la correspondencia, se encontraba en esos momentos en la casa-base de la calle San Fermín 358.
3 Conformaban el Estado Mayor, además de País, Armando Hart Dávalos, Haydée Santamaría, Vilma Espin, Ramón Álvarez, Gloria Cuadras, Baudilio Castellanos y María Antonia Figueroa.
4 Jorge Luis Guibert y Francisco Hechavarría, op. cit.
Ángel Luis Beltrán Calunga, “El 30 de noviembre. El levantamiento estremeció a la tiranía”, periódico “Sierra Maestra”, Cuba, miércoles 23 de julio de 2008.
6 Periódico “Revolución”, órgano del movimiento insurreccional.
Orlando Guevara Núñez y Pedro García, “30 de noviembre de 1956: Santiago se vistió de verde olivo”, diario “Granma”, La Habana, 30 de noviembre de 2001.

Publicado por