martes, 2 de julio de 2019

EL REGRESO DEFINITIVO DE PERÓN

20 de junio de 1973, Perón vuela hacia la Argentina. Cámpora
y sus esposas sonríen. En pocas horas se desatará la locura

Es cosa común que al abordarse el segundo regreso de Perón al país, se hable directamente de la masacre de Ezeiza y se dejen a un lado los sucesos que tuvieron lugar los días previos.
A mediados del mes de junio, Cámpora anunció el retorno definitivo del líder, con lo cual, según sus palabras, se cumplía un anhelo del pueblo y la ciudadanía toda. El mundo y en especial, las potencias occidentales, seguían los hechos con interés dada la actitud dual del ex mandatario en cuanto a su postura. No debemos olvidar que en el mes de mayo, había enviado a su esposa “Isabel” y su secretario particular, José López Rega, a China y Corea del Norte en tanto recibía en su residencia de Puerta de Hierro al presiente de México, Luis Echeverría Álvarez y a delegados de Vietnam del Norte. ¿Se volcaba Perón a la izquierda? De ninguna manera. Mostrando una vez más esa astucia maquiavélica que lo caracterizó desde el primer momento, el ex presidente dejaba en claro ante las potencias y sus aliados que la política de su movimiento la digitaba él. Ni en Washington y el Pentágono, como tampoco en Londres y Moscú, se preocupaban demasiado por lo que podría suceder. Si bien la Argentina era todavía una nación de peso en la región, que contaba con industria propia y unas Fuerzas Armadas considerables, no era el poder que había puesto en jaque a Occidente tras la Segunda Guerra Mundial. La violencia y la anarquía se habían adueñado de ella y su economía marchaba inconteniblemente hacia el desastre.


Desde el año anterior Perón venía hablando con frecuencia de su Tercera Posición, cosa que tranquilizaba a la Casa Blanca, pues era claro que el viejo estadista lejos estaba de sentir inclinación por el bloque socialista. Y así lo dejaría entrever cuando establecido definitivamente en el país, pronunció aquel magnífico discurso en la CGT, ante los delegados sindicales.

Hoy yo quisiera tratar un tema que es especialmente importante en el momento que vivimos, y es esa aparente controversia que parece haberse producido en algunos sectores del peronismo; la lucha que, aparentemente, ha sido planteada como acusación a una burocracia sindical, por un lado, y a los troskos, por el otro. Indudablemente, en movimientos como el peronista, de una amplitud tan grande y de un proceso cuantitativo tan numeroso, tiene que haber de todo en lo que a ideologías se refiere.
Yo siempre he manejado el movimiento peronista con la más grande tolerancia en ese sentido, porque creo que los que se afilian y viven dentro de un movimiento multitudinario como es el movimiento peronista, deben de tener la absoluta libertad para pensar, para sentir y para obrar en beneficio de ese propio movimiento.
Es indudable que en todos los movimientos revolucionarios existen tres clases de enfoques: el de los apresurados, que creen que todo anda despacio, que no se hace nada porque no se rompen cosas ni se mata gente.
El otro sector está formado por los retardatarios, esos que no quieren que se haga nada, y entonces hacen todo lo posible para que esa revolución no se realice. Entre estos dos extremos perniciosos existe un enfoque que es el del equilibrio y que conforma la acción de una política, que es el arte de hacer lo posible: no ir más allá ni  quedarse más acá, pero hacer lo posible en beneficio de las masas, que son las que más merecen y por las que debemos trabajar todos los argentinos.
Revolución, en su verdadera acepción, son los cambios estructurales necesarios que se practican para ponerse de acuerdo con la evolución de la humanidad, que es la que rige todos los cambios que han de realizarse. Los pueblos se han esclarecido y ya no quieren sacrificarse; y si se los somete a sacrificio, se rebelan. Aceptan un esfuerzo mancomunado, un esfuerzo realizado por todos en bien de la colectividad y de cada uno, dentro de un régimen de acuerdo y no de presiones.
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Las soluciones fueron siempre de dos naturalezas: en primer término, la supresión biológica, es decir, matar gente, de lo que se encargan las guerras, las pestes y el hambre, que es la enfermedad que más mata. En segundo lugar, el reordenamiento geopolítico, que permite una mejor distribución de los medios de subsistencia.
Si el hombre, en el lapso que resta hasta el año 2000 y comienzos del siglo XXI no ha resuelto el problema por la vía geopolítica, produciendo más y distribuyendo con mayor justicia lo que necesita para subsistir, no tendrá otro remedio que lanzar en masa la bomba atómica, que también puede ser una solución si la insensatez de los hombres no ha utilizado el camino constructivo y se ha decidido por el universalismo.
Compañeros: estas son cosas tan claras que no es necesario ser científicos ni estar muy informados para comprenderlas. Basta oírlas y conocerlas. Son cosas evidentes, como es evidente la verdad que habla sin artificios.
Si ese es el problema, la universalización de la tierra será el mejor camino para la solución geopolítica. Es decir, para resolver el problema con una mejor producción, mejor organizada y mejor distribuida, tanto de la comida como de la materia prima, que van a ser las dos necesidades prioritarias en ese futuro ya casi inmediato.
Si habrán de realizarse, no se harán solas, porque estas cosas solas no se pueden realizar. Tendrán que ser realizadas por las grandes fuerzas que orientan y manejan la trasformación de la humanidad.
En este momento, sería el imperialismo yanqui el imperialismo soviético o un tercer mundo. Si esa integración universal la realizaran cualesquiera de esos imperialismos, la harán en su provecho y no en el de los demás; solamente la conformación de un tercer mundo podría ser una garantía para que la humanidad pudiese disfrutar de un mundo mejor. Pero para eso, ese tercer mundo debe organizarse y fortalecerse.
Hace ya casi treinta años, nosotros, desde aquí, lanzamos la famosa tercera posición, que entonces cayó, aparentemente, en el vacío, porque había terminado la guerra mundial y no estaba el horno para bollos. Se rieron de nosotros. Pero han pasado veintisiete años desde entonces, y hoy las tres cuartas partes del mundo pujan por estar en ese tercer mundo.
Estos son, compañeros, los grandes problemas. Los pequeños problemas políticos en los cuales hemos estado empeñados hasta ahora entre los argentinos, frente a estas acechanzas del futuro inmediato, ¿qué importancia pueden tener? Son cosas pequeñas y gallináceas, diríamos así. Es necesario pensar en las grandes cosas del mundo, dentro de las cuales nosotros realizaremos nuestro destino o sucumbiremos en la misma adversidad
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Hoy es necesario pensar de otra manera. Ya no se puede pensar con la pequeñez de los tiempos en que cuando tenían dificultades ninguno quería comprometer su destino ni su felicidad futura para asociarse a los demás. Hoy esto es indispensable, porque en un mundo que no se realice no habrá paz que pueda hacerlo y, dentro de esos países que no se realicen, no habrá individuos que puedan lograrlo.
Trabajar hoy por la felicidad del hermano vecino, es también trabajar por la felicidad de todos los demás.
Pienso yo que éste es el camino de nuestra revolución. Si nosotros entendemos eso, no habrá otra revolución que pueda estar sobre los objetivos que nosotros defendamos, integrándonos en el continente latinoamericano, que es el último que va quedando por integrarse. Todos los demás lo han hecho. Europa ya casi se ha integrado en asociaciones federativas políticas para defenderse de las acechanzas; se está integrando Asia y también África, y nosotros vamos resultando el último orejón del tarro.
Ese es el empeño que debemos poner y en el que nosotros estamos. En 1948 realizamos un tratado de complementación económica con Chile, buscando crear la comunidad económica latinoamericana, que pusiera el paralelo entre nuestro país y el anhelo de esos países. Inicialmente tuvimos mucho éxito; casi todos los países latinoamericanos, excepto los cipayos conocidos, se unieron y adhirieron a ese tratado de complementación económica.
Fíjense que lo hicimos en 1948, y en esto fuimos nosotros los apresurados, porque Europa lo hace después, en 1958, en el Tratado de Roma, vale decir, diez años después que nosotros. Ahora nosotros estamos veinte años más atrás que ellos.
Es evidente que nosotros caímos en manos y bajo la férula del imperialismo yanqui, que no le ha permitido unirse a estos países, y que ha estado luchando siempre por separarlos y enfrentarlos entre sí, a fin de que esa unidad no se produzca.
¿Por qué lo han hecho? Simplemente, porque ellos se están quedando sin materias primas y quieren conservar como países satélites a aquéllos que tengan las grandes reservas de comida y materias primas para esa superpoblación que está ya a 25 ó 30 años de producirse. Ellos quieren que nosotros después trabajemos para darles de comer y también nuestra materia prima. ¿Por qué? Porque los países superdesarrollados son los países pobres del futuro, y los países infradesarrollados serán los ricos del futuro, porque tendrán materia prima y comida suficiente.
Esta es nuestra esperanza y también nuestro peligro, porque la historia prueba que cuando los grandes y fuertes han necesitado ambas cosas, han salido a tomarlas donde estén, por las buenas o por las malas.
Por eso dije hace veinticinco años, que el año 2000 nos encontrará unidos o dominados, y cada día que pasa se comprueba más esto que estoy diciendo.
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Las potencias occidentales, nada había que temer de momento. Perón había utilizado a la izquierda de manera magistral, para vengarse de sus enemigos y desalojarlos del poder, pero seguía siendo el líder fascista de la posguerra y comenzaba a dar señales de que estaba dispuesto a retomar esa posición. Pero nos estamos adelantando. Debemos retroceder dos meses en el tiempo, cuando el fundador del justicialismo anunció a través de su presidente-marioneta, que se disponía a regresar definitivamente. Conocida la noticia, el Partido Justicialista y la Juventud Peronista se abocaron de lleno a la organización del mega-acto de recepción. Y desde un principio se convino que el mismo debería llevarse a cabo en un sitio espacioso y abierto pues era cantado que una verdadera multitud se iba a dar cita para ver a su adalid. En tanto Cámpora se aprestaba a viajar a España, acompañado por una nutrida comitiva, la Secretaría de Prensa y Difusión de la Nación dio a conocer los decretos Nº 210 y 211, por medio de los cuales, se disponía la constitución de varias comisiones destinadas a coordinar los trabajos con el Movimiento Nacional Justicialista, destinados a la preparar la recepción del ex mandatario. Las mismas estarían encabezadas por el vicepresidente Solano Lima, ministros, secretarios y legisladores. La comitiva que debía acompañar al líder en su viaje de regreso, estaría constituida por Raúl Lastiri, el Dr. Miguel Bercaitz, de la Suprema Corte de Justicia; el canciller Juan Carlos Puig, José López Rega, el secretario de Prensa y Difusión José María Castiñeira de Dios, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales Leopoldo Tettamanti, el embajador Benito Llambí, el subsecretario de Comercio Exterior Gabriel Martínez, el general de brigada Alberto Numa Laplane, el contraalmirante Justo G. Padilla, el intendente municipal de San Andrés de Giles Pedro Gallo y el embajador argentino en España José Campano Martínez, todos acompañados por sus respectivas esposas.
El contraalmirante Alemán abandona el
Hospital Naval en compañía de su esposa
(Fotografía: "La Razón")
A todo esto, en el Ministerio de Bienestar Social su coordinador, Jorge A. Llampart trabajaba aceleradamente junto con las áreas de Salud, Movilidad y Prensa, para tener todo listo el día de la llegada. Todo el personal fue movilizado, a efectos de instalar en la Autopista Ricchieri los 117 puestos fijos y móviles necesarios para la atención de la gente, 7 hospitales de campaña y numerosas postas sanitarias, coordinando sus movimientos con los principales nosocomios de la región metropolitana. Servicios de emergencia especialmente organizados tendrían a su cargo la atención del general Perón y su comitiva; la sección Movilidad ya tenía preparadas flotas de vehículos para transportar manifestantes desde los barrios periféricos hasta el lugar del acto e incluso, logró la sesión de unidades por parte de las empresas de transporte, para llevar a los simpatizantes desde el interior del país. Al mismo tiempo, se organizaban números artísticos y se coordinaba la participación de músicos y artistas -que por entonces se ofrecían de a miles-, al tiempo que se redactaban volantes con instrucciones y se preparaban frazadas, capotes, lonas y ponchos a modo de abrigo y reparo contra posibles chaparrones. En un primer momento se pensó organizar el acto en el Autódromo Municipal pero finalmente se lo descartó para montar el gran escenario sobre el predio contiguo al puente “El Trébol”, en la intersección de la Autopista Ricchieri con la Ruta 205, un punto distante a tres kilómetros del aeropuerto, cuyo terreno contiguo comenzó a ser acondicionado para el aterrizaje de helicópteros y el estacionamiento de ambulancias y todo tipo de vehículos. En colaboración con la Municipalidad de Buenos Aires, se instalaron decenas de altavoces y parlantes a través de los cuales, los organizadores se dirigirían a la multitud y, lo más importante, se escucharía la palabra de Perón. La idea era que una vez finalizado el acto, el líder justicialista se trasladara a la Casa de Gobierno para recibir el saludo del gabinete en pleno y de allí continuase hasta la residencia de Gaspar Campos, en Vicente López, su destino final. También el Movimiento Justicialista organizó sus comisiones partidarias, las cuales estarían integradas, entre otros muchos, por el vicepresidente primero del Senado, Juan Jorge Royo, quien viajó expresamente desde la provincia de Salta para ese fin; el diputado sanjuanino Aldo Hermes Cantoni1 y el presidente provisional de la Cámara de Representantes, Miguel Díaz. Para entonces, la filial correntina organizaba el traslado de simpatizantes a la Capital Federal, así como una concentración popular en la capital provincial, para seguir los acontecimientos por radio y televisión. Y del mismo modo se trabajaba en todo el país, en especial desde la gobernación bonaerense, cuyo titular Oscar R. Bidegain, supervisaba personalmente la marcha de las acciones. “Todos con Perón” era el lema de la movilización y mientras la noche del 12 de junio, Norma Kennedy viajaba por su cuenta con destino a Madrid, el jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, coronel (RE) Ademar Bidegain, primo del titular del Poder Ejecutivo, recorría personalmente la zona del mega-acto, para proceder en consecuencia.  El 13 de junio la Cámara de Diputados comenzó a tratar la restitución del grado de teniente general a Perón, proyecto del diputado Rodolfo Arce que contó con el total apoyo del bloque Justicialista, encabezado por los representantes de la llamada “línea dura”, José Luis Fernández Valoni, Diego Muñiz Barreto y Julio Bárbaro. Perón había sido despojado de su grado por la Revolución Libertadora a través del decreto firmado el 31 de octubre de 1955 y los peronistas consideraban una obligación devolvérselo. Durante la sesión, celebrada ese mismo día, el FREJULI realizó un homenaje a la memoria del general Juan José Valle, con un discurso a cargo de Fernández Valoni que causó malestar en la oposición. Con Cámpora recorriendo las librerías del centro de Buenos Aires en conmemoración del Día del Escritor y el general Lanusse visitaba la guarnición de Tandil, el país se preparaba para la magna recepción. Incluso el vigoroso movimiento rockero intentaba convocar a sus máximos representantes para tocar en Ezeiza durante la espera, tal como lo había hecho en el estadio de Argentino Juniors el 31 de marzo, durante el Festival del Triunfo Peronista, organizado por la Brigada JP, en el cual participaron Aquelarre, Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll, Pappo’s Blues, Pescado Rabioso, Dulces 16, La Banda del Oeste, Vivencia, Miguel y Eugenio, Gabriela, León Gieco, Raúl Porcheto, Escarcha, Color Humano, Lito Nebbia, Pajarito Zaguri y un tal Juan Domingo. Al día siguiente, partió hacia Madrid la comitiva encabezada por el presidente de la Nación.  Mientras tanto, los delegados de las 62 Organizaciones se dirigían a la sede central, Pringles 30, para retirar los folletos con las instrucciones a seguir, entre ellas, el envío de representantes a una concentración previa que debía realizarse en cercanías en la intersección del Puente 12 con el Camino de Cintura, para escuchar directivas y desde allí avanzar encolumnados hacia el lugar del acto. Cada uno de ellos debía estar identificado con brazaletes de sus respectivas agrupaciones y preparar a su gente pues a decir de uno de sus cabecillas, Néstor Carrasco, “…el general Perón quiere que los trabajadores, a través de sus dirigentes de los gremios confederados, estén en la primera fila para demostrar el potencial del peronismo”. Por su parte, Herminio Iglesias, intendente municipal de Avellaneda, instaba junto a los diputados del FREJULI, a acudir en masa para recibir al jefe del movimiento, y representantes de los gremios preparaban una marcha que debería partir de la Casa del Deporte en representación de esa actividad. Por su parte, en el Ministerio de Bienestar Social, las comisiones organizativas deliberaban con los representantes de la Municipalidad porteña, Jorge Llampart y Alberto de Morra, repartiéndose tareas que incluían la movilización de alimentos, agua, medicamentos e insumos de primeros auxilios. Una cartilla a ser distribuida ese día decía:

El general Perón ha pedido a todos los compañeros dar el mejor ejemplo de cordura y madurez política, manteniéndonos dentro del orden y la tranquilidad.  El pueblo peronista debe mostrarse ordenado, organizado, prudente y tranquilo, ejerciendo su derecho soberano, en este glorioso 20 de junio.

A muchos desconcertó el hecho de que Perón no trajera consigo el cuerpo embalsamado de Evita. Se venía especulando con eso desde hacía tiempo, y se esperaba un pronunciamiento en ese sentido. Según trascendidos, el mismo sería repatriado en una fecha no determinada, versión que corroboró oportunamente el flamante embajador argentino en España, José Campano Martínez luego de referir la buena impresión que le causó el generalísimo Franco, al presentar sus credenciales. En esos días, el Boletín Oficial del Estado Español publicó el decreto expedido por el Ministerio de Relaciones Exteriores, que designaba al séquito oficial de honor que recibiría y atendería al presidente argentino y su delegación. El mismo estaba integrado por el subsecretario de Relaciones Exteriores Gabriel Fernández de Valderrama, el segundo introductor de embajadores Eduardo Laiglesia González, el general de brigada de aviación Natalio Ferrán Gómez, el director general de Asuntos Iberoamericanos Carlos Robles Piquer, el ayudante de campo del jefe de estado español Agustín Morales Vara del Rey y el secretario de la embajada José Luis Crespo Vega. El 14 por la mañana, cuando los relojes en España daban las 10:57 a. m. y en la Argentina las 6:57, tocó pista el avión de Aerolíneas Argentinas con Héctor J. Cámpora y su comitiva a bordo.
Franco recibe a Cámpora en Barajas
(Fotografía: "La Razón")

Después de poner sus turbinas en reversa, el aparato se desplazó lentamente hacia la plataforma contigua al edificio principal, en cuyas terrazas simpatizantes peronistas entonaban consignas partidarias; ocho minutos después se detuvo frente a sus puertas.  Cuando Cámpora se asomó por la portezuela, 21 salvas de cañón atronaron la atmósfera al tiempo que los presentes prorrumpían en aplausos. Franco en persona, luciendo su uniforme de gala, le dio la bienvenida en tanto su esposa, doña Carmen Polo, le entregaba un ramo de flores a su par, María Georgina Acevedo de Cámpora. Inmediatamente después, se escucharon los himnos y el mandatario argentino pasó revista a las tropas de aeronáutica que habían formado junto al avión, sosteniendo sus fusiles con ambas manos. El gabinete español en pleno, así como todo el cuerpo diplomático, esperaban en el interior, encabezados por el primer ministro Luis Carrero Blanco2. Los saludos protocolares duraron varios minutos aunque la aglomeración de gente y representantes de la prensa mundial impidieron cumplir con todas las formalidades. El personal de la aeronáutica española desfilaron frente a los mandatarios e inmediatamente después, los altos funcionarios abandonaron presurosamente el aeropuerto apresuradamente, de abandonar aquel caos que era Barajas. Una larga columna de automotores encabezada por tres Cadillacs Fleetwood, seguidos y dos Rolls Royce condujo a ambos mandatarios hasta la Plaza de las Cibeles por la Avenida de América, pasando previamente por la Plaza Gregorio Marañón, el Paseo de Las Castellanas y el de Recoletos. En los Cadillacs viajaban integrantes de la guardia personal de Franco, luciendo sus uniformes verde oliva y sus boinas rojas y en los Rolls Royce, los jefes de estado y sus esposas, saludando sonrientes a los transeúntes. Los escoltaba un nutrido cuerpo de motociclistas y varios custodios de civil atentos a que nadie se acercase a los rodados. En la Plaza de las Cibeles, Jesús Sueros, alcalde de Madrid, le entregó a Cámpora las llaves de la ciudad, declarándolo “ciudadano de honor” al tiempo, que centenares de personas aplaudían y vivaban a Franco y Perón. En su discurso, el teniente alcalde de la capital exaltó la figura del líder justicialista e hizo hincapié en la amistad que unía a ambos pueblos. Luego habló Cámpora y una vez finalizado su discurso, abordaron todos los vehículos para continuar viaje hacia el Palacio de la Moncloa, donde el mandatario argentino fijaría su residencia. Miles de madrileños saludaron su paso por las calles de Alcalá, la Gran Vía y las principales arterias del centro de la ciudad. Llegaron a destino cerca del mediodía, donde efectivos militares aguardaban perfectamente formados. La banda de música ejecutó varios acordes y se lanzaron salvas de fusilería en son de bienvenida. Finalizada la ceremonia, Franco y su señora se retiraron al Palacio de Oriente, lo mismo ministros y representantes del cuerpo diplomático. Por la tarde, Cámpora se dirigió a la residencia de Franco donde esperaba encontrarse con Perón pero al no encontrarlo allí, se dirigió directamente a la Residencia “17 de Octubre”, pues le habían dicho que no se encontraba bien de salud. El ex mandatario había sido sometido a una intervención quirúrgica en el mes de mayo y hasta había padecido un pre-infarto que lo tuvo convaleciente varias semanas, razón por la cual, la novedad causó cierta preocupación entre los integrantes de la comitiva. Una vez en la residencia, Cámpora y Perón dialogaron por espacio de veinte minutos, comprobando el primero que el líder se encontraba en buen estado, animado y sonriente. Incluso saludó al periodismo desde el porche de la casa y a simpatizantes argentinos y españoles que se habían acercado hasta el lugar, entre ellos estudiantes secundarios que coreaban alborozados: “¡Perón, Perón!”. La prensa española le dio amplia cabida al tema, destacando los artículos aparecidos en el matutino “Ya”, que incluyó una entrevista al presidente rioplatense; el “Nuevo Diario”, “ABC”, el vespertino “Informaciones”, el gremialista “Pueblo” y “El Alcázar” que según el corresponsal de “La Razón”, trajo un perfil mítico y místico de Eva Perón.

El peronismo, Cámpora, los muchachos, el Buenos Aires del 20 de junio Pero todo eso será ininteligible y hasta imposible sin recordar en esos momentos históricos de la Argentina a Eva Perón y a Perón, y España escribió el periodista Ernesto Giménez Caballero en El Alcázar- Y pongo por delante a Eva Perón porque murió y es mito []. Yo vi a aquella admirable mujer, pálida, traslúcida de desvelos, sin comer ni dormir horas y horas, siempre bella, enhiesta, sonriente, coqueta, atendiendo, por ejemplo, en las horas de una tarde y hasta bien entrada la noche, primero a industriales, en una habitación como de batalla, entre máquinas, cajones, secretarios y secretarias; luego pasar a un salón más vasto para recibir sindicatos. Solucionar huelgas, imponer consignas, preparar planes laborales.

Y Luego de detallar los pormenores del paso de Evita por España en 1947, continúa:

Pero sobre todo la recuerdo contemplada por nuestro pueblo, identificándola con el pan que le había traído [el autor se refiere a su país] cuando todos se lo negaban. Aquel pan que un día llevara España al Plata  y ahora retornaba en gratitud []. Yo creo recordar que cuando Eva Perón estuvo en España, Pilar [Franco] pudo conducirla al castillo de la Mota y evocar a nuestra Isabel y su testamento, exigiendo libertad y dignidad para todo ciervo y cautivo en América3.
[] Eva y Perón, ¿adiós? España no puede deciros adiós, sobre todo si Eva quedará aún con nosotros hasta el momento que Perón le prepare una repatriación absoluta. Lo cual significaría que el pueblo argentino seguiría vuelto su corazón a la Madre Patria. Y Eva, un puente de luz y de banderas entre argentina y España.

Pese a que el viaje de Cámpora a España coincidió con la visita de Leonid Brezhnev a los Estados Unidos, ocupó sitiales de preferencia en la prensa mundial, la cual se mantenía expectante sobre el retorno del líder a su patria. A todo esto, en Buenos Aires, el ministro de Cultura y Educación, Jorge Taiana, exhortó a los estudiantes de todo el país, primarios, secundarios, terciarios y universitarios, a concurrir al gran acto.

El ministro de Cultura y Educación se dirige a los estudiantes de todo el país, por intermedio de las autoridades de los establecimientos de su dependencia, para invitarlos a participar el próximo 20 de junio, día de la llegada del general Perón, del júbilo popular que embarga a la ciudadanía en este momento de feliz reencuentro de todos los argentinos.

Lo mismo se hizo en los centros culturales, artísticos y deportivos de la Nación y en paralelo, la empresa Aguas y Energía organizó un acto masivo en su sede de Lavalle al 1500, al que acudieron 2500 personas, en adhesión al retorno del líder. El 16 de junio, fecha crítica en la historia del peronismo, se llevó a cabo una misa en la capilla de la Residencia “17 de Octubre” y luego un almuerzo, en el que estuvieron presentes Perón, Cámpora, López Rega y sus esposas. Esa misma noche, el primero asistió a la recepción que el Generalísimo les ofreció en el Palacio de Oriente. El visitante llegó luciendo un frac, entrando al gran salón del brazo de doña Carmen Polo.  Fueron muchos los funcionarios del gobierno español que manifestaron su sorpresa y disgusto ante la ausencia del líder justicialista, tal como había sucedido también a poco de la llegada de Cámpora a la Moncloa. Los hombres de gobierno se sorprendían por lo que entendían era una falta de cortesía pero olvidaban que en los doce años que Perón residió en Madrid, el jefe de Estado nunca encontró el momento de recibirlo o al menos, hacerle llegar un mensaje de apoyo. Durante la recepción, Franco recordó la ayuda económica que su país recibió de la Argentina justicialista al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo se había encolumnado detrás de los vencedores para boicotear a su régimen, lo mismo las buenas relaciones que se establecieron a partir de 1947.

El general Perón nos extendió su generosa mano de amigo. Nunca olvidaremos al amigo que nos ayudó con espíritu fraterno en una hora difícil de nuestra patria.

Franco también rememoró a Evita, evocando su paso en 1947 y poniendo especial énfasis en el profundo amor que le profesaba el pueblo español.
Perón recibe a Cámpora y su esposa en Puerta de Hierro
Entre ellos, José López Rega
(Fotografía: "La Razón")

Al día siguiente, la prensa reflejó su optimismo por las futuras relaciones bilaterales entre ambos pueblos; el 18 de junio la comitiva argentina, siempre encabezada por su presidente, rindió tributo a la reina Isabel la Católica, luego recorrió la capital y visitó el Instituto Nacional de la Industria, donde almorzó. Al llegar la noche, recibió en la Moncloa al Generalísimo y demás autoridades, notándose, una vez más, la ausencia de Perón. Mientras tanto, una intensa ola de frío se abatía sobre la Argentina, el empresario inglés Charles Lockwood continuaba secuestrado y desde Chile llegaba una extraña noticia según la cual, un delincuente argentino de nombre Oscar Olegario Ochoa, líder de una banda de malvivientes, había ultimado a tiros a un detective de la Sección Investigaciones luego de una persecución de dos horas que finalizó en Quillota, camino a Valparaíso, donde fue abatido tras dura resistencia. El martes 19 Cámpora volvió a ver a Perón y luego cumplió con diversas formalidades. Mientras eso ocurría, el líder justicialista y su esposa comenzaron a preparar el equipaje mientras en Barajas, se acondicionaban los dos Boeing de Aerolíneas Argentinas en los que se disponía a regresar al país. Para entonces, el diario “Pueblo” lo había definido como “una colosal figura histórica”.

El 20 de junio fue el gran día. Cámaras de todos los canales de televisión del mundo así como medios gráficos y radiales, tenían instalados sus móviles en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, frente al gran palco montado en el Puente “El Trébol” y a lo largo del trayecto, en tanto la multitud, procedentes de todos los rincones del país, en especial la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, continuaba llegando y se sumaba a quienes se habían concentrado desde la noche anterior, cubriendo el predio hasta donde alcanzaba la vista. También se instalaron móviles en Plaza de Mayo para cubrir los sucesos que allí se registrasen, lo mismo en puntos claves de la ciudad. Las autoridades habían desplegado un dispositivo de seguridad sin precedentes que incluía efectivos de las policías Federal y bonaerense, Gendarmería Nacional, bomberos y Prefectura Naval, tanto en la estación aérea como en la Autopista Ricchieri, el Camino de Cintura y la Ruta 205. La noche anterior, el general (RE) Miguel Ángel Iñíguez, el leal militar que había comandado las tropas peronistas durante las acciones del 16 al 21 de septiembre de 1955 y que posteriormente tomó parte en la frustrada rebelión del general Juan José Valle, dictó una conferencia en el Sindicato del Seguro, titulada “Bases de la reconstrucción nacional a la luz de la doctrina justicialista y el pensamiento del general Perón”, a la que asistieron numerosas personas. El 20 por la mañana, antes de que saliera el sol, Perón recibió a su médico personal, el Dr. José Francisco Florez Tascón, quien le efectuó un último examen de rutina; lo recibió López Rega en mangas de camisa y corbata, para hacerlo pasar rápidamente, perdiéndose ambos en el interior. En la residencia tenía lugar un movimiento inusitado, todo a la vista de periodistas nacionales y extranjeros que montaban guardia en la entrada. Los sirvientes iban y venían y la custodia permanecía atenta en sus puestos, evitando que los periodistas y los curiosos se acercasen a los accesos y la verja. Ya de día, se vio aparecer a Perón, mostrando un aspecto rozagante. Lucía un traje gris obscuro, corbata del mismo color y camisa blanca; su esposa, María Estela, hacía lo propio con una elegante combinación de saco y vestido marrón claro, una blusa verde y zapatos de charol haciendo juego con la indumentaria. Se subieron ambos a uno de los automóviles que esperaban en el jardín, en tanto López Rega impartía directivas y la custodia distribuía el equipaje. Afuera, en la calle, destacaba un gran cartel que decía “Juventud Sindicalista Peronista”. Cuando todo estuvo listo, el sedán negro se puso en marcha, con su banderín argentino flameando en la parte delantera del capot, escoltado por media docena de motociclistas. Perón iba en el asiento trasero, junto a su esposa y López Rega en el delantero, al lado del chofer. Eran las 07:25 a.m. cuando atravesaron el portón y enfilaron hacia el aeropuerto, Perón saludando sonriente a la gente que se circulaba por las aceras y la calle. En el Palacio de la Moncloa sucedía otro tanto salvo que en esta ocasión, Cámpora y la primera dama debieron recibir una vez más al Generalísimo Franco para firmar la Declaración de Madrid. La llegada de Perón fue cubierta por la prensa de diferentes países. Ambos líderes se estrecharon en un abrazo y procedieron a firmar el acta para dirigirse luego a Barajas. Una extensa hilera de automóviles salió de los jardines de la Moncloa y tomó hacia el este, tratando de desplazarse entre la multitud que hacía dificultoso su desplazamiento.
-¡España y Perón, un solo corazón! – se escuchaba corear.
En el primer vehículo las esposas de Franco y Cámpora dialogaban animadamente; en el segundo el Generalísimo y el mandatario argentino saludaban sonrientes y en el tercero el general Perón dialogaba con su esposa, los tres escoltados por una veintena de motocicletas y automóviles de la custodia, que a medida que avanzaban, hacían sonar sus sirenas.
Cámpora y su comitiva pasean por las calles de Madrid
(Fotografía: "La Razón")

Efectivos militares perfectamente cuadrados montaban guardia a lo largo de los 16 kilómetros de recorrido hasta la estación aérea, donde una verdadera multitud aguardaba la llegada de la comitiva, tanto dentro del edificio como en sus terrazas y adyacencias.  Bandas militares ejecutaban sones marciales cuando la guardia formó un semicírculo en torno a las banderas de España y la Argentina, donde debían ubicarse Franco, Cámpora y Perón. Ya en el podio, se entonaron los himnos nacionales e inmediatamente después se dirigieron hacia el Boeing que esperaba en la plataforma, pasando previamente revista a las tropas con gran solemnidad. Aún en su uniforme de gala, el generalísimo lucía extremadamente pequeño junto a sus dos huéspedes, en especial frente a Perón, que acaparaba todas las miradas.

Había cierta incertidumbre entre los organizadores del acto en cuanto a posibles estallidos de violencia, pero nunca en la magnitud que finalmente ocurrieron. A principios de mes, FAR y Montoneros ofrecieron una conferencia de prensa en la que dieron a conocer una declaración conjunta según la cual, tras 18 años de lucha contra el imperialismo y la oligarquía cómplice, fracasados sus intentos de destruir al movimiento peronista, el pueblo había logrado acceder al gobierno bajo la consigna “liberación o dependencia”. Hablaron ese día Roberto Quieto y Mario Eduardo Firmenich ante una audiencia de cierta consideración entre la que destacaban mayoritariamente militantes de ambas agrupaciones. Fue una perorata que no aportó nada nuevo, una crónica de lo sucedido en nuestro país y el mundo en las últimas décadas, pero sirvió para mostrar la seguridad con la que se movían los guerrilleros al amparo del gobierno y que había ciertas desavenencias con el Ejército Revolucionario del Pueblo, el cual, a su entender, no había asumido la experiencia histórica que constituía el peronismo y por esa razón, podía quedar al margen de la realidad y de la verdadera revolución. Pero lo más importante fue que la dirigencia subversiva no parecía ver lo que se le venía, ni el cambio de postura que estaba mostrando su líder. Al margen de ello, los hechos ocurridos en José León Suárez, el 11 de ese mes, tenían inquietos al gobierno y a los organizadores del acto. Ese día, la Juventud Sindical Peronista llevó a cabo un acto en homenaje a los fusilados el 9 de junio de 1956, reuniendo en el mismo predio donde se produjeron los hechos a unas 3000 personas. Hablaron ese día, el gobernador Oscar Bidegain y el general Raúl Tanco, uno de los alzados durante la trágica asonada del general Valle. Antes de comenzar el acto, hubo conatos de agresión y hasta disparos de armas de fuego entre diversos grupos, pero lo peor ocurrió cuando facciones antagónicas comenzaron a entonar estribillos opositores y reanudaron los desmanes con golpes, objetos contundentes, escenas de pugilato y corridas. Se vivieron escenas de pánico cuando los bandos tomaron posiciones y abrieron fuego.  Aldo Rubén Romano, un sindicalista de 33 años, dirigente textil de San Martín fue alcanzado en la cabeza por un proyectil de grueso calibre, pereciendo de manera instantánea; a unos metros de distancia, Carlos Acosta (25), trabajador del mismo gremio, recibió dos impactos en el abdomen, Luis Parápoli (18) una bala en el muslo y Rosa Azame (40) otra al costado de su cuerpo, en tanto Jorge Gómez (29) y Luis Alberto Torres, sufrían diversos traumatismos como producto de golpes y caídas. Todo comenzó cuando representantes de las FAR, las FAP, Montoneros y el ERP, enarbolando banderas de esas agrupaciones, lanzaron estribillos provocadores que terminaron desencadenando la reacción de los grupos de derecha.
-¡¡Perón, Evita, la patria socialista!!
-¡¡Se va a acabar, esa va a acabar, la burocracia sindical!!
A eso, los sectores gremiales respondieron con sus propias consignas.
-¡¡Perón, Evita, la patria peronista!!
-¡Peronistas, ni yanquis ni marxista!
-¡Qué sepan los asesinos que enlutaron la Nación que con sus cabezas haremos pedestales a Perón!
El primer tiroteo se produjo a las 16:40, cuando comenzaba el acto. Pandillas de activistas atacaron con palos a un sector concurrencia y entonces se escucharon entre 4 y 5 tiros que generaron una violenta estampida. Un hombre cayó pesadamente al suelo en tanto el autor de los disparos se daba a la fuga por la Av. Márquez (Camino de Cintura), perseguido por elementos de la Juventud Sindical Peronista y militantes derechistas de unidades básicas.
-¡¡Fue ese, fue ese, denle leña!! ¡¡Leña a ese hijo de p…!!
El sujeto, un individuo alto, rubio, de rasgos nórdicos, vestido de gris, se metió entre el tránsito y cuando estaba a punto de ser alcanzado, subió a una camioneta que llevaba su patente embarrada, la cual se alejó a gran velocidad, guiada por otro hombre. En esos momentos llegó Bidegain y los organizadores decidieron comenzar el acto, con el general Tanco en primer lugar. Cuando Bidegain hacía uso de la palabra, se produjo el segundo tiroteo, con las consecuencias descriptas. Uno de los agresores, sujeto de elevada estatura, calvo y de anteojos obscuros, luciendo un impermeable negro, escapó del lugar sujetando un revolver 38 en sus manos y mientras era perseguido, también escapó por Márquez, en tanto uno de sus compañeros se refugió en un garaje de la zona, donde, al parecer, se perdió su pista.
Incidentes en José León Suárez. A la izquierda elementos de la Juventud Sindical
Peronista persiguien a un agresor. A la derecha, una persona que acaba de tirarle
a la multitud intenta escapar por Av. Márquez
(Fotografía: "La Razón")

Desde la mañana del 18, circulaba una declaración conjunta de Montoneros y FAR, en la cual ambas organizaciones hacían referencia al retorno de Perón y las consecuencias que acarrearía. La misma encendió el “alerta naranja” en algunos sectores del gobierno, por entender que era una manera de apurar al gobierno, exigiéndole moverse con mayor premura y una velada amenaza a la paz social.
En ella, los extremistas hacían alusión a la situación imperante en el país, a los recientes aumentos salariales y la constante aparición de organizaciones de diversa tendencia. Bajo el título “Defender la victoria”, la nota comenzaba diciendo “Este histórico 20 de junio celebramos el retorno a la patria del conductor y líder de nuestro movimiento, el general Perón”, focalizándose en los temas arriba mencionados, para culminar con lo que parecía ser una amenaza directa al gobierno, al decir que sólo podría lograrse una efectiva redistribución de las riquezas mediante la puesta en marcha de medidas que afectasen a los intereses monopólicos y oligárquicos, comenzando en lo inmediato por sacarles la tajada que le robaban al pueblo a través de las políticas de nacionalizaciones que había anunciado oportunamente el “compañero” Cámpora. Se trataba de un abierto intento de presión no solo sobre los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) sino sobre el líder mismo, una puesta a prueba de su poder (el de las organizaciones guerrilleras) que molestó profundamente a aquel. Al día siguiente, en horas de la noche, Juan Manuel Abal Medina sufrió un atentado que estuvo a punto de costarle la vida. El suceso tuvo lugar en la intersección de Av. Las Heras y Sánchez de Bustamante, cuando el descender del automóvil en el que viajaba, un Ford Falcon que se desplazaba con las luces apagadas, trató de embestirlo a gran velocidad. Cuando el secretario del Movimiento Nacional Justicialista advirtió lo que sucedía, se encontraba en medio de la calle de ahí que el agresor tuviese suficiente espacio como para alcanzarlo. Abal Medina trató de retroceder, pero recibió un fuerte golpe en el costado, que le fracturó la pierna derecha. Sin percatarse de quien se trataba, varios transeúntes corrieron a ayudarlo, lo mismo el conductor del automóvil en el que viajaba, Horacio Maldonado, en tanto el Ford Falcon desaparecía a toda prisa en medio del tránsito. Conducido a una clínica cercana, el dirigente debió ser enyesado y quedó en observación unas cuantas horas. Ese mismo día, el ERP secuestró en Lomas de Zamora al ejecutivo norteamericano John R. Thompson, gerente general de Firestone Argentina y en Olivos a Hans Kurdt Gebhart, empresario alemán, director-gerente de la fábrica de medias “Silvana”, prueba incuestionable de que la organización no compartía las posturas del supuesto “gobierno popular” y que pensaba seguir adelante con su campaña de violencia. No había clima de fiesta en la Argentina sino de violencia y anarquía, estimulada por un régimen títere que en vano intentaba hacer creer que tenía las cosas bajo control. Por su parte, los movimientos de izquierda intentaban convencerse de que Perón realmente estaba cumpliendo los pactos establecidos en los años previos cuando en realidad, desde hacía tiempo venía preparando su aniquilamiento. Ezeiza le daría la excusa para poner en marcha ese plan. 
El contraalmirante Alemán abandona el Hospital Naval
donde estuvo internado unos días tras su largo cautiverio
(Fotografía: "La Razón")




Notas

1 Hijo y sobrino de los caudillos sanjuaninos Aldo y Federico Cantoni, fundadores del bloquismo regional, célebres por su enfrentamiento con Hipólito Yrigoyen. Era medio hermano del también gobernador Leopoldo Bravo.

2 Almirante español, nacido en Santoña, el 4 de marzo de 1904, combatió durante la Guerra Civil Española y a su término desempeñó las más altas funciones de Estado, a saberse, subsecretario de la Presidencia del Gobierno, vicepresidente y presidente del gobierno español de 1967 a 1973 y procurador de las Cortes entre 1943 y 1946. Fue asesinado por la organización separatista ETA, el 20 de diciembre de 1973.
3 A decir verdad, la mentada legislación isabelina sólo quedó en el papel. El trato brutal que España aplicó en sus dominios es un hecho. Y para más, jamás un soberano español como tampoco ninguno otro de Europa, se molestó en visitar y recorrer sus posesiones ultramarinas, como lo hacían habitualmente los emperadores romanos.
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