jueves, 4 de julio de 2019

MÉXICO

En 1954 México era gobernado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI)


Jon Lee Anderson comienza el capítulo mexicano de la vida del Che haciendo una descripción somera de la situación política del país, incluyendo referencias a artistas de la talla de Diego Rivera, Frida Kahlo, Cantinflas y Dolores del Río, sin olvidar a María Félix y Sequeiros. Incluso menciona la inspiración que buscaban en ese medio, escritores de la talla de Antonin Artaud, André Bretón, Jack Keruac y William S. Burroughs.
Desde 1929 gobernaba en tierras aztecas el PRI (Partido Revolucionario Institucional), fundado por el presidente Plutarco Elías Calles, responsable de la cobarde masacre de católicos durante la denominada guerra cristera1.
Ni bien pisó suelo mexicano, Ernesto se puso a buscar trabajo pues el dinero que llevaba, apenas le alcanzaba para dos meses. La visita al domicilio de Ulises Petit de Murat no fue tan fructífera como esperaba y por esa razón, después de un par de encuentros en los que llegaron a chocar por cuestiones ideológicas, su peregrina y fugaz idea de trabajar como extra de cine se esfumó. Aún así, el anfitrión, individuo amable, devoto católico y buen padre de familia (las segunda cualidad chocó bastante al recién llegado), lo llevó a conocer la pirámide de Teotihuacán, de la que Ernesto poco y nada sabía2.

El eterno viajero se alojó junto al Patojo en una pensión de mala muerte y con sus escasos fondos adquirió una cámara fotográfica Zeiss 1 Kon 1:35 mm y con ella se dispuso a trabajar en parques y paseos públicos.
En los días que siguieron a su llegada, se dedicaron ambos a obtener imágenes sin el correspondiente permiso municipal y de esa manera obtuvieron algo de dinero para sobrevivir.
Las primeras cartas que Ernesto envió desde el nuevo país estaban dirigidas a su amiga Tita Infante, a su tía Beatriz y a su padre. En las tres daba cuenta de su situación y del incierto porvenir que tenía por delante.

México, 29 de setiembre de 1954

Querida Tita.
Hoy, a la distancia material y espiritual, que me separa de Guatemala, releí su carta para contestarle y me pareció extraña. La encontraba con un calor especial, en su desesperación por no poder hacer nada, que realmente emociona. Me gustaría creer que mucho de eso era por mí pero me imagino que lo más era provocado por Guatemala. Afuera y adentro sentíamos lo mismo; igual que la República española, traicionados por dentro y por fuera. No caímos (permítame arar un poco) con la misma nobleza. El momento era otro y todo lo que le habrán explicado los compañeros que me permití mandarle, pero faltó algo de todas maneras. Desde aquí miro las cosas con una perspectiva totalmente diferente y me empiezo a dar cuenta de que México jugó en esta comedia el triste papel de Francia en aquella otra. El clima que se respira es completamente diferente al de Guatemala. Aquí también e puede decir lo que se quiere, pero a condición de poder pagarlo en algún lado; es decir, se respira la democracia del dólar. Francamente prefiero meterme en las ruinas y no oír decir a uno de los mejores poetas de México que fue una locura de Guatemala “coquetear con Rusia”. El enemigo de Guatemala fueron los comunistas; ya se olvidaron de quien pagó los aviones y quien puso al pelele que está ahora y todos los demás. El 30 de septiembre visita a Ulises Petit de Murat, amigo de su padre, quien le invita, cuando desee, a visitarlo. Sobre la ciudad dirá: Aquí también se puede decir lo que se quiere, pero a condición de poder pagarlo en algún lado; es decir, se respira la democracia del dólar. Proyecta nuevos viajes, las metas: no han cambiado, y siempre mi norte inmediato es Europa y el mediato, Asia; cómo, es otro cantar. De México, fuera de esta impresión general no le puedo contar nada definitivo, de mí, tampoco.
Espero que Ud. Haya terminad0 o esté por la carrera de mierda en que se metió y, esté aprontando las alas para volar a algún lado si es que aquél u otro se las corta con la prosaica tijera del matrimonio.
Tita, el siempre listo abrazo y las gracias por escribirme una carta tan linda como aquella de Guatemala.

                          Ernesto3


Al día siguiente le escribió a su padre:

Viejo.
Ya he andado en México lo suficiente para darme cuenta de que la cosa aquí no va a ser muy fácil, pero vengo con espíritu a prueba de balas. Petit me atendió muy bien, me sacó a conocer algunos sitios de México y me invitó permanentemente a su casa, pero he preferido mantener cierto grado de independencia, por lo menos mientras me duren los pesos que me mandaron. Petit habla de una beca, lo que solucionaría mi problema económico y me permitiría hacer lo que me diera la gana, además de estudiar algo, lo que no me vendría mal después de tanto tiempo […].
Después de un tiempo trataré de que me den visa para Estados Unidos y me tiraré a lo que salga de allí, pero eso será dentro de varios meses, no antes4.

En una palabra, no tenía la menor idea de que iba a ser de su vida y mucho menos de lo que el destino le deparaba.
Los días siguientes transcurrieron en un continuo vagar, interrumpido tan solo por su actividad fotográfica que, como ya dijimos, le generaba algunos ingresos, tanto a él como a su ocasional asistente, el Patojo.
Algo que lo sorprendió y lo indignó en extremo fue saber que sus compañeros comunistas guatemaltecos, con quienes compartiera su exilio en la embajada argentina, habían sido víctimas de una traición. El gobierno peronista los había deportado a Buenos Aires fingiendo darles refugio y los había arrojado en sus cárceles para someterlos a interrogatorios y en muchos casos, a tratos brutales y tormentos. Ernesto le reprochó duramente a su familia no haber puesto más empeño en ayudarlos y los acusó injustamente de burgueses, una recriminación absurda y totalmente fuera de lugar porque su familia nada podía hacer frente a un régimen tan poderoso. Lo que llama la atención es su asombro ya que después de todo, el peronismo era un régimen fascista y como tal iba a tratar a aquella gente.
Hilda Gadea
En la ciudad de México Ernesto se reencontró con Hilda. También se encontraban allí Helena Leiva de Holst y Edelberto Torres, padre e hijo, quienes llegaron algo más tarde. Al parecer, la peruana arribó acompañada por Myrna Torres y estaba ansiosa por dar con él o, al menos, tener noticias suyas.
Los días seguieron transcurriendo sin que el joven trotamundos pudiera encontrar un trabajo estable. Fue sereno en un local de la OEA, fotógrafo de Agencia Latina, a cuyo fundador conoció en la calle y algo más tarde médico alergista del Hospital General y el Hospital Infantil, aunque con sueldos realmente magros.
El capítulo Hilda se torna tedioso en este punto, tanto o más que el de Chichina. Sin embargo, podemos agregar que la relación comenzó a tomar impulso aunque los relatos de ambos parecen discrepar en todo. Mientras tanto, el muchacho continuaba bombardeando a familiares y conocidos con cartas llenas de reflexiones y expectativas y seguía volcando notas en su diario, quejándose de que los días se sucedían de manera monótona, con su rutinaria cadena de esperanzas y desengaños. Allí nos enteramos del abandono de la actividad fotográfica y de sus rebusques en Agencia Latina, la OEA y los hospitales, que les permitían reunir una suma más o menos discreta.

Mi trabajo en el hospital marcha bien a pesar de que continuamente me doy cuenta de que fuera de la alergia no sé un pito de medicina. Tengo dos enfermos en tratamiento en cada hospital; en el de niños estoy con las manos atadas y no puedo hacer nada, pero en el General me doy la gran hartada de libertad. Estoy por hacer un experimento de electroforesis pero nos é que resultado dará. Fui el domingo al aniversario de la Virgen de Guadalupe que estuvo no tan concurrido como de costumbre, según dicen; es como siempre, una mezcla de fiesta pagana con religión. Cantidad de indios bailan disfrazados de más indios todavía y al son de músicas de ritmo sencillo, parecidos a los de Bolivia y Perú5.

La sinceridad del futuro líder es algo digno de sdestacar. En sus escritos, reconoce lisa y llanamente que fuera de su especialidad, poco y nada sabía de medicina y que apenas dominaba algo de alergia. Se hubiera sorprendido, realmente, de haber sabido que medio siglo después, sus colegas argentinos estarían en peor situación que la suya y que la alta casa de estudios de la que había egresado, aprobaba a cualquiera y largaba a la calle a verdaderos carniceros.
En esos días Ernesto leyó las memorias de Pancho Villa y descubrió que el país que lo hospedaba tenía una historia de revoluciones que ignoraba olímpicamente. Conversó mucho de ello con Hilda y sus amigos pero en sus escritos y reflexiones no hace ningún comentario del fusilamiento del emperador Maximilano de Austria, el 19 de junio de 1867, ni de la guerra cristera de 1929. Lo que lo desanimaba profundamente era ver como los norteamericanos manejaban “a piacere” el país y la poca incidencia que el gobierno tenía en sus propios asuntos.
Al respecto, a principios de noviembre le escribió a su madre una carta sin fecha que decía:

Vieja la mi vieja
(te confundí con la fecha)
[…]

Hasta Beatriz ha resuelto aplicar sus represalias y ya no llegan más los telegramas esos que mandaba.
Contarles de mi vida es repetirme, pues no hago nada nuevo. La fotografía sigue dando para vivir y no hay esperanzas demasiado sólidas de que deje eso en poco tiempo, a pesar de que trabajo todas las mañanas en investigación en dos hospitales de aquí. Yo creo que lo mejor que me podría pasar sería que consiguiera una changuita de médico rural de contrabando muy cerca de la capital, lo que me permitiría dedicar con más holgura mi tiempo a la medicina durante algunos meses. Eso lo hago porque me di perfecta cuenta de todo lo que aprendí de alergia con Pisani recién ahora que me cotejo con gente que ha estudiado en Estados Unidos y no se chupa el dedo en cuanto al saber ortodoxo, y creo que el método de Pisani está muchas leguas por encima de todo esto y quiero ponerme práctico en todas las tretas de sus sistemas para caer parado en donde sea [...].
[...] estoy con un laburo de órdago pues tengo todas las mañanas ocupadas en el hospital, y por las tardes y el domingo me dedico a la fotografía, y por las noches a estudiar un poco. Creo que te conté que estoy en un buen departamento y me hago la comida y todo yo, además de bañarme todos los días gracias al agua caliente a discreción que hay. Como ves, estoy transformado en ese aspecto, en lo demás sigo igual porque la ropa la lavo poco y mal y no me alcanza todavía para pagar lavandera.
La beca es un sueño que abandoné ya, y me parece que en este país tan amplio no hay que pedir, se hace y listo el pollo. Vos sabés que siempre he sido partidario de las decisiones drásticas y aquí pagan macanudo, pues todo el mundo es fiaca pero no se opone a que otros hagan, de modo que tengo el campo libre, aquí o en la campiña donde tal vez vaya. Naturalmente que esto no me hace perder de vista mi norte que es Europa, y adonde pienso ir sea como sea. A EE.UU. no le he perdido ni medio gramo de bronca, pero quiero conocer bien Nueva York por lo menos. No tengo el menor miedo al resultado y sé que saldré exactamente tan antiyanqui como entre (si es que entro).
Me alegra que se despierte algo la gente, aunque no sé siguiendo qué directivas lo hacen, de todas maneras la verdad es que Argentina está de lo más insulsa, a pesar de que en términos generales el panorama que se ve desde aquí afuera parece indicar que progresan a pasos notables y que se va a poder defender perfectamente de la crisis que están por desatar los yanquis con el dooping de sus excedentes alimenticios [...].
Los comunistas no tienen el sentido que vos tenés de la amistad, pero entre ellos lo tienen igual o mejor que el que vos tenés. Lo vi bien claro a eso, y en la hecatombe que fue Guatemala después de la caída, donde cada uno atendía solo el sálvese quien pueda, los comunistas mantuvieron intacta su fe y su compañerismo y es el único grupo que siguió trabajando allí.
Creo que son dignos de respeto y que tarde o temprano entraré en el Partido, lo que me impide hacerlo más que todo, por ahora, es que tengo unas ganas bárbaras de viajar por Europa y no podría hacer eso sometido a una disciplina rígida.
Vieja hasta París6.

A comienzos de 1955, le envió a su padre otra misiva en la que hacía una clara y pormenorizada relación del deprimente panorama mexicano.

México está totalmente entregado a los yanquis, hasta el punto que a la llegada de Nixon le metieron presos a todos los nacionalistas portorriqueños y otras yerbas, y los tienen secuestrados sin que se sepa dónde. La prensa no dice nada y está prohibido hablar a los diarios so pena de clausura Es mucho más peligroso que la policía mexicana el F.B.I. que aquí anda como Pedro por su casa y hace detenciones tranquilamente. Ese es el panorama político, el económico es terrible, las cosas suben de forma alarmante y la descomposición es tal que todos los líderes obreros están comprados y hacen contratos leoninos con diversas compañías yanquis hipotecando las huelgas por uno o dos años. En México prácticamente no hay industria independiente y menos comercio libre […] la única forma que podrías hacer algo de dinero sería haciendo directamente de alcahuete de los gringos, cosa que no te aconsejo por múltiples razones. Argentina es el oasis de América, hay que darle a Perón todo el apoyo posible para evitar entrar en la guerra que promete ser terrible; te guste o no, es así. Nixon ya está recorriendo todos estos países aparentemente para fijar las cuotas de hombres y materia prima barata (pagada con maquinarias viejas y carísimas), con que cada uno de los pobres estados de América contribuirá en las nuevas Coreas7.
Asombra realmente ver como un hombre que comenzaba a inclinarse por la izquierda creía lógico apoyar a un régimen fascista, que perseguía al comunismo, cercenaba la libertad de prensa e intentaba neutralizar todo vestigio de oposición.
Por aquellos días, Ernesto comenzó a redactar un modesto artículo en el que, según sus propias palabras, repetía en México las investigaciones del Dr. Pisani sobre alimentos predigeridos. Pensaba presentarlo en el Congreso Mexicano de Alergología, el 23 de abril de 1955, pero la iniciativa se vio entorpecida cuando al finalizar los Juegos Panamericanos que pretendía cubrir como corresponsal, Perón mandó cerrar Agencia Latina y lo dejó “en banda”, como se dice en la Argentina, sin poder cobrar la suma que se le adeudaba.
En el mes de abril llegó Ricardo Rojo desde Estados Unidos. Los tres juntos, Ernesto, Hilda y él, asistieron al desfile del Día del Trabajo, que se llevó a cabo en el Paseo de la Reforma de la capital azteca, que lo llevaría a apuntar en su diario: “…los  obreros no sentían las reivindicaciones de su clase, estaban allí solo por cumplir una rutina”8.
Por esos días, la peruana encontró trabajo en una dependencia de la Organización Mundial de la Salud, una de esas entidades de nombre rimbombante que sirven más para justificar sueldos que para alcanzar objetivos y eso alivió en parte su situación.


Tras un viaje a Cuernavaca, Ernesto e Hilda decidieron irse a vivir juntos y de esa manera, el 18 de mayo de 1955, el joven médico terminó por instalarse en el departamento que su pareja compartía con la poetisa venezolana Lucila Velázquez. Por entonces el muchacho soñaba con conocer París y en una carta a su madre, le propuso encontrarse ambos allí.
Fue en esos días que surgió la posibilidad de un viaje a China en compañía de Edelberto Torres (h), pagando el pasaje a mitad de precio, pero aunque el empedernido peregrino ardía en deseos de concretarlo, Kalfon nos dice que los pruritos que sintió, respecto a dejar sola a su compañera, lo frenaron.
Ernesto se hallaba compenetrado en sus asuntos cuando el 16 de junio lo sorprendió la infausta noticia del bombardeo aéreo a Buenos Aires por la Aviación Naval Argentina, primera fase del movimiento revolucionario que en el mes de septiembre, terminaría por derrocar a Perón.
Una carta a su madre que lleva por fecha el 17 de junio, nos ofrece una idea de cuál era su sentir con respecto a lo que estaba sucediendo en su país.

Querida vieja:
Te escribo esta carta de felicitación en medio de la incertidumbre provocada por la serie de hechos y noticias contradictorias que llegan desde desde allí                    
Espero que la cosa no sea tan brava como la pintan y no haya nadie nuestro metido en un lío donde no hay nada que hacer.
Según noticias que llegan aquí la cifra de muertos es alta, casi pavorosa para la argentina. Y la impresión de que la mayoría de los muertos son civiles que la ligaron sin comerla ni beberla agrava una sensación de molestia y desconcierto que me da la lectura de las noticias; a pesar de que no creo nada de lo que se dice, pues todo está censurado, tergiversado o simplemente inventado para publicar algo, pues la gente lee con avidez las noticias de Buenos Aires9.

Un mes después iba a ser mucho más amplio y analítico a la hora de emitir juicio, tal como se ve en esta nueva misiva fechada en la capital mexicana el 20 de julio del mismo año:

Querida vieja.
Otro si, digo, para quienes no hay escapatoria posible ante la historia es para los mierdas de los aviadores que después de asesinar gente a mansalva se van a Montevideo a decir que cumplieron con su fe en Dios; es impresionante que la gente llore porque le quemaron su iglesia dominguera, pero le parece la cosa mas natural del mundo que revienten la cantidad de "negros" que reventaron. No te olvides que muchos de ellos fueron a morir por un ideal, pues eso de la compulsión no puede ser cierta sino en parte, en todo caso, y que cada "negro" tenía su familia que mantener, y que los tipos que dejan en la calle a la familia del "negro" son los mismos que se van al Uruguay a darse golpes de pecho por la hazaña de machos. Otra cosa importante es la cantidad de "gente bien" que murió fuera de los casos fortuitos, eso mismo indica el carácter de la gente que iba a derrocar a Perón y el futuro que esperaría a una Argentina gobernada por un Olivieri o por un Pastor, que para el caso es lo mismo. .....
Olivieri o Pastor, o el que fuera, tirarían o tirarán - que todavía no se aclaró todo,- contra el pueblo o la primera huelga seria y entonces no habrá chicos de Inchauspi que mueran, pero matarán a cientos de "negros" por delito de defender sus conquistas sociales y La Prensa dirá muy dignamente que es ciertamente muy peligroso el que trabajadores de una sección vital del país de se declaren en huelga. La forma en que la prensa de México trató el asunto no deja lugar a dudas, fuera de que algún comentarista muy ligado a la Casa Blanca insinuaba que lo que había de disolvente en Perón (disolvente para la compactación del mundo libre) era la tendencia neutralista de éste y su propensión a comerciar con los países detrás de la cortina10.

Pero había algo más; una cuestión mucho más personal que lo llenaba de preocupación: su hermano Roberto se hallaba bajo bandera, sirviendo en la Infantería de Marina, precisamente el arma que había iniciado las hostilidades contra el régimen gobernante11 y se temía que pudiese entrar en acción.
Los días de aquel primer período mexicano siguieron pasando y nada estable se vislumbraba en el horizonte. Sin embargo, un encuentro ocasional que tendría lugar en breve, iba a cambiar el curso de la historia en el continente.

Notas
1 Se trata del conflicto bélico que enfrentó al régimen de Plutarco Elías Calles contra la Iglesia Católica, a la que persiguió de manera implacable. La crisis estalló en 1926 y se prolongó hasta 1929, finalizando con un baño de sangre quw tuvo al ejército nacional como máximo responsable. El conflicto se cobró la vida de 90.000 muertos.
2 Durante aquellas recorridas por la capital mexicana, los acompañó la hija de su anfitrión, Marta Petit de Murat, muchacha agradable y sumamente educada.
3 Ernesto Guevara Lynch, op. Cit, pp. 75-76.
4 Ídem, p. 77.
5 Ernesto Che Guevara, op. Cit., p. 69.
6 Ídem, pp. 79-80.
7 Ídem, pp. 88-89.
8 Hilda Gadea, Años decisivos, Editorial Aguilar, México, 1972, p. 116.
9 Ernesto Guevara Lynch, op. Cit, pp. 98-99.
10 Ídem, pp. 103-104. Inchauspi fue un joven militante antiperonista muerto por las fuerzas del régimen en los días previos a la revolución.
11 Ernesto Che Guevara, op. Cit., p. 73.

Publicado por