sábado, 31 de agosto de 2019

SAN ERNESTO DE LA HIGUERA



En el epílogo de su libro, Jon Lee Anderson nos explica de manera sucinta, que les sucedió a los demás protagonistas de esta historia.
Siguiendo su relato, Harry Villegas (“Pombo”), se desempeñó como comandante de las fuerzas militares de Cuba en Angola, fue ascendido a general de brigada, recibió la condecoración de “Héroe de la Revolución” y hoy vive en un modesto departamento de La Habana, próximo a la casa del Che. “Urbano” alcanzó el grado de coronel y también sirvió en las Fuerzas Armadas de su país. A poco de llegar, luego de la odisea boliviana, sufrió una crisis nerviosa pero se recuperó. “Benigno” ingresó en el sistema penitenciario y se dedicó a instruir guerrillas latinoamericanas pero en 1996, desertó de la Revolución y se fue a vivir a París, desencantado con los hermanos Castro y el régimen totalitario que impera en la isla. Desde el exilio publicó un libro defenestrando al máximo líder cubano, a quien acusa de haber abandonado al Che a su suerte y terminó de sacar a la luz el secreto a vivas voces, sobre la muerte de Salvador Allende, asesinado por la guardia de korps cubana que capitaneaba Patricio de la Guardia, cuando se quería rendir a los militares1

“Inti” Peredo y “Darío” viajaron a Cuba y allí residieron hasta 1969, cuando regresaron  para retomar la lucha y perecer en sendos enfrentamientos, el primero luego de ser herido y conducido a prisión.
Mario Monje se exilió en Moscú y allí vive desde entonces, retirado y alejado del mundo. Durante años lo mantuvo el Instituto América Latina del PC ruso pero tras la caída de la Unión Soviética quedó abandonado a su suerte.
Régis Debray y Ciro Bustos fueron indultados por el general Juan José Torres, el primero regresó a Francia para seguir teorizando y el segundo, se radicó en Chile hasta la caída de Allende. De ahí regresó a su país natal y con la llegada del Proceso de Reorganización Nacional, se autoexilio en Suecia, donde vivió del arte hasta su fallecimiento, acaecido el 1 de enero de 2017.
Loyola Guzmán también fue liberada en 1970, durante un intercambio de prisioneros. Se radicó en Cuba bajo la tutela de Aleida March, quien la tomó a su cargo ante la indiferencia (y aún presiones) del gobierno de Castro. En 1971 regresó a su país para seguir la lucha; en 1972 volvió a ser detenida durante una redada en la casa clandestina donde vivía con su esposo y otros militantes. Casi todos sus compañeros cayeron pero ella, que estaba embarazada, fue a dar a prisión. Allí dio a luz un hijo, al que bautizó Ernesto y en 1974 salió libre para convertirse, a partir de ese momento, en una comprometida militante de los derechos humanos.
Fidel Castro siguió al frente de Cuba hasta que en el 2008 decidió entregarle el poder a su hermano Raúl y retirarse. Falleció el 25 de noviembre de 2016; sus funerales fueron apoteósicos.
El 11 de marzo de 1998, Manuel “Barbarroja” Piñeiro perdió la vida en un accidente automovilístico, cuando volvía de un agasajo en la embajada de México. Alberto Granado vivió apaciblemente en la isla, siempre ejerciendo su profesión y falleció anciano, el 5 de marzo de 2011.
Aleida March se volvió a casar y hoy preside el Centro de Estudios Che Guevara, que funciona en la casa de la Calle 47 Nº 772, la misma que compartió con su célebre esposo hasta su salida salía hacia el Congo. Su hija mayor, Aleida, es médica pediatra del Hospital para Niños “William Soler”, de La Habana. Militante del PC, es la más conocida de sus retoños, la que más se muestra y viaja por el mundo. Celia, su hermana, médica veterinaria, es una castrista convencida; cinco meses después de que Fidel cediera el poder, se hizo ciudadana argentina aunque sigue residiendo en la isla. Madre de dos hijos, es directora del Departamento de Salud Animal del Acuario Nacional, especializada en mamíferos marinos. Camilo, se dedica a rescatar la figura de su padre y Ernesto al turismo.
En cuanto a Hilda Gadea, se radicó en La Habana, trabajó en una dependencia estatal y falleció en 1974; su hija Hilda Beatriz, estudió psicología y representó a la juventud cubana en numerosos congresos internacionales. Falleció en 1995, luego de una larga enfermedad, dejando un hijo, Caneck Sánchez, diseñador, escritor y crítico del régimen cubano, que también murió joven. El hijo extramatrimonial del Che, Omar Pérez López, es un reconocido poeta que en el año 2010 obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Nicolás Guillén”.
En cuanto a lo que sucedió inmediatamente después de aquellos sucesos en La Higuera y Vallegrande, no es de extrañar que en torno a la figura del polémico y legendario revolucionario terminase por surgir un culto.
Tras los hechos macabros que envolvieron a quienes estuvieron implicados en su muerte, luego de aquella profética sequía que afectó a la región y habiendo asegurado más de un poblador de la zona, haberlo visto después de muerto deambulando por la selva y los cerros, era lógico pensar que la superstición popular iba a elevar a su mítica figura a la gloria de los altares.
La religiosidad popular es la fe del pueblo sin formación, manifestada en signos y ofrendas de ahí que muchas veces, personajes ficticios o reales que no han sido reconocidos por la Iglesia Católica, sean venerados a la par de los santos. 
El impresionante parecido del jefe guerrillero con Nuestro Señor Jesucristo, las curaciones que hizo durante la campaña, su sacrificio, entrega e incuestionable valentía, sumados a sus convicciones y actitud espartana hicieron mella en la población y pronto, las viviendas campesinas vieron surgir pequeños altares y una suerte de estampita con su rostro (el de la fotografía de René Cadima) comenzó a circular para que los humildes e iletrados comenzasen a rezarle. La devoción fue creciendo y se extendió a otras aldeas hasta llegar a Vallegrande donde, al día de hoy, cada 9 de octubre se llevan a cabo peregrinaciones con velas encendidas, sirios y ofrendas florales para visitar la lavandería del hospital, el lugar donde su cuerpo fue sepultado y acudir a la iglesia a hacerle votos y orar.
Y no pasó mucho tiempo para que a aquel hombre que llegó desde lejos se le atribuyeran milagros. Y cuando los milagros comienzan a correr de boca en boca, ya no hay quien los detenga.
En la Argentina se venera a la Difunta Correa y el Gauchito Gil; ambos personajes existieron en el siglo XIX y tras su muerte, llevaron a cabo prodigios que los ubicaron en sitiales de privilegio en la creencia popular, la primera al seguir amamantando a su hijo después de su deceso, en el desierto sanjuanino y el segundo, Antonio Mamerto Gil Núñez, oriundo de Pay Ubre, provincia de Corrientes, al escuchar las plegarias y conceder peticiones. Peón rural, veterano de la guerra del Paraguay, alistado en las filas del Partido Autonomista durante la contienda civil que ensangrentó a su provincia, desertó de las filas para terminar colgado por los pies de un árbol y ser degollado. Se dice que se hizo cuatrero y que el fruto del botín lo repartía entre los pobres, de ahí que, hallándose enterrado en el cementerio de la ciudad de Corrientes, miles de fieles peregrinen hasta allí, incluyendo gente del Uruguay.
A poco de su ajusticiamiento, la gente de la zona comenzó a ver su alma deambular y después se animó a pedirle favores. Y al parecer, los mismos no se hicieron esperar.
En el Oriente boliviano ocurre algo similar. Centenares, por no decir miles de personas le rezan al “almita milagrosa” del Che y le piden favores. No les interesa si su proceder fue violento, pocos saben de sus métodos brutales tras el triunfo de la revolución en Cuba y parecen ignorar el dolor de los hogares enlutados por sus campañas; para ellos el “santo” concede milagros y eso es lo que vale.
Como dice Susana Osinaga, una de las enfermeras que ayudó a lavar su cuerpo en la lavandería del hospital vallegrandino, “Era como Cristo”. Y así lo siente desde aquel trágico día, cuando se convirtió en una de sus más fervientes devotas. “Hoy se le ofrecen misas, se le reza y se le depositan ofrendas en tanto él concede milagros”, explica a quienes visitan el pequeño altar que ha construido en su casa de Vallegrande, detrás del kiosco que explota para su sustentación.
Como bien dice Andrés Schipiani en su nota “San Ernesto: la última leyenda del Che Guevara”, aparecida en “La Nación” de Buenos Aires, el 7 de octubre de 2007, “Desde aquel día, el de la muerte, muchos de los lugareños, como Osinaga, han ‘beatificado’ sin necesidad de trámites a este personaje que aquí se ha vuelto sempiterno. Para los pobladores está siempre presente, pero presente de un modo distinto al que se observa en el resto del mundo, en donde ha permanecido o bien como inspiración política, o bien como ícono de consumo en la industria del entretenimiento”.
Eusebio Tapia, quien afirma orgulloso haber combatido con el Che pese a los términos descalificativos que aquel volcó en su diario sobre su desempeño, dice al respecto: "Sí, mucha gente en Bolivia tiene al Che como inspiración, se ha convertido en un ícono, un mito". Y agrega: "Pero existe otro mito, mucho más fuerte: el que ha construido la fe de la gente que lo tiene como si fuese un Cristo, como un santo".
Ligia Morón, vecina de la región, recuerda cuando una noche, una amiga suya, extraviada en los caminos, le pidió al alma del Che que la ayudase a llegar a Pucará y de manera repentina, un perro grande surgió de la obscuridad para guiarla. La visión del Che en la lavandería, aquel 9 de octubre de 1967, la dejó profundamente impactada y desde entonces, cuelga una fotografía suya en el pequeño comedor de su humilde vivienda.
Andrés Schiapani percibió esa devoción durante el trayecto de Vallegrande a La Higuera; Jesús y el Che, los dos unidos y muy identificados.

Entre las curvas sinuosas y el olor a zorrino, la veneración por Guevara se ve en las piedras pintadas con estrellas rojas, marcas de "La Ruta del Che" que parecen emular el Camino de Santiago, donde la ruta que va desde Santiago de Compostela a Roncesvalles está marcada con vieiras, símbolo del santo patrono de España.

Hoy La Higuera ha incorporado a su nombre “del Che”. La Higuera del Che, jalón importante en la Ruta que Bolivia ha diagramado para que turistas, partidarios y admiradores puedan seguir las huellas del líder revolucionario, suerte de Belén selvática y andina, donde su imagen está presente en cada esquina.
“San Ernesto nació en La Higuera”, le dice Manuel Cortés al periodista y recuerda el agobiante silencio que se abatió sobre la región los días que siguieron a su ejecución. “Yo lo llamo así, santo, porque él es milagroso y nos protege, desde aquel día nos protege”, sostiene convencido.
“Por esta puerta salió un Hombre hacia la Eternidad”, reza una leyenda en la puerta de la escuelita. Y es que todo ahí gira en torno a su figura.
El padre Felipe Meza, párroco de Vallegrande, ofrece otra explicación. Para él, hay algo interesante en la creciente devoción a Guevara y es la gente sencilla que lo ha incorporado a su vida transformándolo, casi, en una devoción, aunque aclara que no se trata de una devoción sino de una muestra muy interesante de religiosidad en todo el área de Vallegrande, no como “San Che” sino como prueba de afecto hacia un alma que también necesita de la ayuda de Dios para alcanzar el Reino.Para que la Iglesia lo considere santo, sin duda, una de las primeras cosas que se deben tomar en cuenta son los sentimientos del pueblo, pues la gente influye muchísimo en eso. Otro factor es el de su propia vida y entrega. Aquel a quien se desea convertir en santo debe haber respetado la vida y eso el Che no lo hizo. Ahí es donde chocan las concepciones de la Iglesia con las del Che. Al Che no le importaba matar para lograr el objetivo. Ni la Iglesia ni Cristo se encuentran en sintonía con eso. Cristo predica el amor y por consiguiente, no mata para conseguir lo que quiere. Sí está dispuesto a entregar su vida, pero nunca a matar. El Che en cambio, estaba preparado para morir pero si tenía que matar, lo hacía.Carlos Salazar, pintor del “Chesucristo” y otras telas que representan a Jesús y a Guevara, ve en el Che una similitud con Nuestro Señor pues ambos hicieron una revolución. Los dos fueron perseguidos por ejércitos, fueron torturados y posteriormente ejecutados. El Che fue un hombre de muchos ideales. Por eso, para el artista, los revolucionarios no mueren y en ese sentido, el Che vive y eso los fortalece, les hace sentir algo. Es lo que les da esperanza.Ligia Morón también ve similitudes. El Che dejó todo por el prójimo, su familia, su tierra, su profesión, su buena posición. A él y a Jesús los mataron; de una forma u otra les ocurrió lo mismo. Uno vino a predicar la paz, el amor y el otro la revolución por métodos violentos, pero tuvieron el mismo fin.Marcelina López, de La Higuera, asegura haberle rezado al Che cuando su marido estaba gravemente enfermo y que éste le respondió y así mucha más
gente ofrece su testimonio.El documental cubano-boliviano San Ernesto nace en la Higuera, dirigido por la actriz Isabel Santos y el fotógrafo Rafael Solís, aborda esa faceta de la leyenda. Reproduce lo que la gente del pequeño caserío recuerda, inventos la mayoría, pero logra reflejar lo que su culto significa para la región.Con “Tania” ha sucedido algo similar. Si bien no existe una devoción en torno a su persona, desde el día de su entierro, manos anónimas suelen dejar ofrendas florales en su tumba y en el cercano mural que rememora la última marcha de la columna de “Joaquín”En agosto de 2013, algunos de sus objetos personales fueron, llevados a La Habana por Hans Modrow, ex presidente de la RDA y representante de la Organización Germana de Solidaridad con Cuba, para su exposición permanente en el museo del mausoleo. En el emotivo acto estuvieron presentes conocidas personalidades del quehacer local, entre ellas Aleida Guevara March y la argentina Carolina Aguilar, amiga personal de Tamara.
También las fosas comunes donde fueron enterrados los demás guerrilleros han sido motivo de peregrinaciones y homenajes.
Hoy la Ruta del Che es un hecho, lo mismo su culto y la pasión que despierta su persona, otra prueba de su creciente influjo, el mismo que ha cautivado tanto a partidarios como enemigos y detractores.      

Notas
1 Ver Alain Ammar, Cuba nostra. Los secretos de estado de Fidel Castro, Plon, 2005.

Fuentes
-Andrés Schipani, “San Ernesto: la última leyenda del Che Guevara”, diario “La Nación”, 7 de octubre de 2007, sección Enfoques, Bs. As.
-José Luis Ortiz, San Ernesto de La Higuera (Así están las cosas), documental realizado por alumnos de Comunicación Audiovisual Diakonía, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. -Isabel Santos y el fotógrafo Rafael Solís, San Ernesto nace en la Higuera. Cuba, Bolivia.

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