martes, 2 de julio de 2019

LA SOMBRA DEL JUSTICIALISMO

Perón (derecha) junto al Gral Farrell tras el golpe de Estado de 1943


El 4 de junio de 1943, los temores de Acción Argentina, la agrupación para la cual trabajaba Ernesto Guevara Lynch, se hicieron realidad. Ese día, 8000 efectivos del Ejército, al mando de los generales Arturo Rawson y Elbio Anaya, salieron de Campo de Mayo, la gran guarnición militar al noreste del Gran Buenos Aires, para avanzar sobre la Capital y derrocar al gobierno constitucional del presidente conservador Ramón S. Castillo.
Las tropas se desplazaron sin oposición por el sector suburbano pero al llegar a los límites de del distrito federal, efectivos de la Escuela de Mecánica de la Armada leales al gobierno, abrieron fuego generando un intenso intercambio de disparos que se prolongó por más de una hora y dejó como saldo 30 soldados muertos y otros 100 con heridas de consideración.
Rendido el destacamento naval, los sublevados reanudaron la marcha por la elegante Av. Libertador y al llegar al centro de la ciudad, enfilaron directamente hacia la sede gubernamental mientras eran vitoreados por buena parte de la población. A sabiendas de ello, el Dr. Castillo abandonó la Casa Rosada y después de embarcar en el rastreador “Drummond”, se adentró en aguas del Río de la Plata, en espera de novedades.

 
Las tropas llegaron a Plaza de Mayo y se apoderaron del Palacio de Gobierno, donde aguardaban los generales rebeldes Juan Pistarini, Armando Verdagauer, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro J. Farrell junto a los almirantes Sabá H. Sueyro y José Guisasola, quienes hicieron entrega del Poder Ejecutivo al general Rawson, quien de esa manera, se hizo cargo de la presidencia de manera provisoria.
Así entró en escena el Grupo de Oficiales Unidos o Grupo Obra de Unificación (GOU), una logia ultranacionalista militar, fundada el 10 de marzo de 1943 con el fin de contrarrestar los avances del comunismo, el anarquismo y el socialismo y, sobre todo, evitar que el país le declarara la guerra a las naciones del Eje. 
Los máximos exponentes de aquella suerte de hermandad castrense eran, además del flamante mandatario, los mencionados generales Pedro Pablo Ramírez y Elbio Anaya, los coroneles, Miguel Ángel Montes y Urbano de la Vega y los tenientes coroneles Juan Carlos Montes, Urbano y Agustín de la Vega, Emilio Ramírez, Aristóbulo Mittelbach y Arturo Saavedra. Sin embargo, el verdadero cerebro detrás de la organización era el aún desconocido teniente coronel Juan Domingo Perón, individuo en extremo inteligente, astuto y sagaz, que cautivado por el régimen fascista que había estudiado con indisimulada fascinación durante una misión militar que el Estado Mayor del Ejército le había encomendado en Europa, planeaba escalar posiciones para instaurarlo en nuestro país.
Aunque historiadores subjetivos y partidarios han hecho lo imposible por despegar al futuro líder de aquellos acontecimientos, Perón fue, como se ha dicho, el verdadero cerebro de la logia y mentor de la asonada militar que con el apoyo encubierto de la Italia fascista y la Alemania nazi, que en esos momentos comenzaban a experimentar los primeros síntomas de la derrota1, derrocó al gobierno conservador y allanó el camino a un nuevo aliado, posible refugio en caso de colapso.
Militares del G.O.U. Perón fue el cerebro del movimiento
Tres días después, el general Rawson fue destituido y reemplazado por su par, el general Pedro Pablo Ramírez, que designó a Perón titular de la Dirección Nacional de Trabajo, una dependencia menor encargada de censos y estadísticas, a la que el recién llegado transformó en Secretaría de Trabajo y Previsión. A través del nuevo organismo, el futuro dirigente puso en marcha su ambicioso proyecto político, entablando alianzas con importantes sectores del sindicalismo y emprendiendo un vigoroso programa social con el que comenzó a captar progresivamente las simpatías del proletariado y el campesinado.
La figura de Perón fue creciendo y cobrando vigor y eso lo condujo primero al Ministerio de Guerra y luego a la Vicepresidencia de l Nación, cuando el general Farrell, sucesor de Ramírez, se hizo cargo del Ejecutivo2.
El aliciente de Perón sobre la clase trabajadora y el poder que reunió en torno a su persona, reteniendo al mismo tiempo los tres cargos mencionados (secretario de Trabajo y Previsión, ministro de Guerra y vicepresidente de la Nación), atemorizaron a sus compañeros del GOU, quienes creyendo que eran ellos quienes mandaban, decidieron destituirlo y enviarlo en calidad de detenido a la isla Martín García.
Tres días después se produjo la gran movilización del 17 de octubre de 1945, en la que interminables columnas de obreros marcharon sobre Buenos Aires para exigir la inmediata libertad de su líder y elecciones a breve plazo. Perón, liberado ese mismo día, se presentó frente a la gigantesca multitud que se había congregado en Plaza de Mayo y supo enseguida que había ganado la partida
El 2 de febrero de 1946 se impuso sobre la alianza orquestada y encabezada por el embajador de los Estados Unidos, Spruill Braden y el 4 de junio de ese mismo año asumió la presidencia, iniciando el período más intenso y controvertido de la historia argentina.
Lo que ocurrió después es harto conocido. El flamante mandatario instauró un régimen de neto corte fascista a través del cual, puso en marcha no solo un vigoroso programa social sino también un ambicioso plan hegemónico que contemplaba la absorción de las naciones vecinas y la constitución de un bloque geopolítico al que denominó Tercera Posición, con el que pretendía hacer frente a los poderes que dominaban entonces, las naciones occidentales, encabezadas por los Estados Unidos y el “imperio” soviético, liderado por Rusia. En ese sentido, su mano estuvo tras los regímenes castrenses y golpes de estado que se produjeron en Paraguay, Bolivia y Perú, en las intentonas militares del general Carlos Ibáñez del Campo en Chile, que estuvieron a punto de hacer realidad una suerte de “anschluss” sudamericano que hubiese fusionado a ese país con la Argentina justicialista; en la elección de Getulio Vargas en Brasil y Ademar de Barros como gobernador de San Pablo y en la infiltración de elementos desestabilizadores en Colombia, Venezuela y Ecuador a través de las agregadurías sindicales que las embajadas argentinas establecieron en esas naciones.
Paralelamente, surgieron los primeros indicios de que algo raro estaba sucediendo. 
17 de octubre de 1945. Largas columnas de trabajadores convergen sobre la Capital Federal

Inmediatamente después del viaje de Eva Perón a Europa, comenzaron a llegar a la Argentina los más buscados criminales de guerra del recientemente caído III Reich, así como también, los de la Italia fascista y la Croacia ustacha, quienes hallaron refugio, amparo, trabajo y ciudadanía al amparo del nuevo líder. Y detrás ellos hicieron lo propio técnicos y científicos con los que se puso en marcha un ambicioso programa tecnológico, militar e industrial que tenía por objetivo colocar a la Argentina al frente de América Latina, proyecto temerario que alcanzó su clímax cuando Perón anunció al mundo que había logrado la fusión nuclear en el centro atómico de la Isla Huemul. A la par que se levantaban colosales centros de salud (hospitales, cínicas, salas de primeros auxilios), se construían escuelas y universidades, se inauguraban grandes complejos de veraneo al mejor estilo "Dolo Lavoro" fascista y "Fuerza por la Alegría" nazi (hoteles, hosterías, balnearios, termas, rutas de acceso), se erigían hogares para la empleada, asilos para huérfanos y ancianos, ciudades universitarias, barrios obreros, polideportivos, hogares para mujeres desamparadas, escuelas técnicas y hasta una Ciudad Infantil o República de los Niños que habría de inspirar a Walt Disney, el régimen justicialista iniciaba su escalada armamentista y ponía en marcha colosales plantas fabriles destinadas a impulsar la industria pesada nacional.  Lo que preocupaba al Departamento de Estado norteamericano y a la las naciones vencedoras de la Segunda Guerra Mundial era, justamente, ese programa militar que tenía como principales artífices a capacitados técnicos y científicos nazis y fascistas, temores que se vieron confirmados cuando la Argentina se convirtió en el primer país latinoamericano en desarrollar aviones caza a reacción (los I.Ae. 27 Pulqui I e I.Ae. 33 Pulqui II), bombarderos como el I.Ae. 24 Calquin, el biplaza de entrenamiento y ataque I.Ae. 22 DL-22, el caza-bombardeo I.Ae. 30 Ñancú, el transporte aéreo I.Ae. 35 Huanquero (Primer Justicialista del Aire), el planeador I.Ae. 25 Buitre, el transporte I.Ae. 38 Naranjero, precursor de los Hércules C-130, los motores para aviones I.Ae. 16 El Gaucho e I. Ae. R-19 El Indio, las alas delta Horten, el motor cohete AM-1 y las bombas voladoras AM-1 Tábano y PAT 1 (Proyectil Argentino Teledirigido 1).
En aquella época, la Argentina poseía el ejército más poderoso y mejor equipado al sur del Río Bravo, cuyo gasto en equipamiento superaba al de toda Sudamérica; una escuadra de envergadura, la Fuerza Aérea más moderna y preparada de la región, una considerable flota mercante y una industria pesada que comenzaba a producir sus propios automotores, camiones rurales, tractores, locomotoras, vagones, motocicletas y electrodomésticos.
Esa era la Argentina en la que vivieron los Guevara Lynch y esa la situación que dominaba la escena cuando decidieron regresar a Buenos Aires, una nación que parecía prepararse para la guerra y representaba una amenaza para el hemisferio, que daba refugio a los peores criminales de guerra de la historia, que incidía en la política de sus vecinos, que se estaba armando amenazadoramente y que intentaba dar forma a un sólido bloque continental en abierto desafío a los Estados Unidos y las naciones occidentales, de ahí la decisión de Washington de enviar armamento a los países vecinos en un claro intento por contrarrestar aquella política que junto a Egipto y la Unión Soviética (y en menor medida España), constituían el “eje del mal” de la época.
Perón y Evita en el Teatro Colón
Nada dice de todo aquello el padre del Che, pese a que en su libro dedica un apartado a su actuación en Acción Argentina; tan solo que fue opositor al nuevo orden y que las discusiones políticas en su nueva casa se hicieron frecuentes.
A finas de 1946 Ernesto hijo había egresado del Colegio Dean Funes y desde hacía un tiempo trabajaba en la Dirección Provincial de Vialidad, dependencia estatal en la que se desempeñaba cuando sus padres y hermanos se mudaron en la Capital Federal.
Los Guevara se instalaron en el departamento que doña Ana Lynch, poseía en el elegante barrio de Recoleta, sobre las calles Uriburu y Arenales y ahí vivían cuando el gobierno anunció el viaje de Evita al viejo continente.
Algún tiempo antes, don Ernesto le había girado dinero a su hijo, para ayudarlo a costear los gastos que le generaba la casa de Villa María en la que estaba viviendo, sobre la calle Vélez Sarsfield, a aproximadamente diez cuadras del centro. Corría el mes de enero y los calores se tornaban sofocantes en la gran ciudad, elevando la temperatura del asfalto a niveles infernales.
La Dirección Provincial de Vialidad tenía a su cargo una serie de obras y por esa razón, el muchacho se hallaba atareado. Había ingresado a esa dependencia gracias a un ingeniero amigo de su padre y se desempeñaba como sobrestante, no muy a gusto porque las “maniobras” que veía a diario, con sus “pases” de sobres con dinero dentro por lo bajo, un mal enraizado en la idiosincrasia argentina, le disgustaban y lo rebelaban.
A raíz de aquel envío de dinero, Ernesto hijo escribií desde Villa María contando algunos pormenores: 

Recibí tu giro el otro día y por cierto que me vino muy bien. No te contestaba porque mi situación estaba en el aire […] tendré que actuar como sobrestante y voy a poder aprovechar el tiempo para tratar de ascender. Por ahora voy a tener un trabajo enorme porque el laboratorista que estaba antes era un vago de primera y tengo que hacer ensayos atrasados correspondientes a diez kilómetros de camino, pero después  de unos diez días de trabajo espero mejorar un poco y tener tiempo para  estudiar3.
Por entonces, el futuro Che noviaba con una bella jovencita de la aristocracia provincial, María del Carmen “Chichina” Ferreyra y hacía planes para estudiar ingeniería. Al respecto, comenta en la misma misiva, fechada el 21:

Estoy esperando noticias de Osvaldo Payer, que fue al Uruguay para pedir los programas. Si se puede rendir libre me voy a quedar todo el invierno, pues calculo que ahorraría entre ochenta y cien pesos mensuales. Tengo doscientos de sueldo y casa, de modo que mis gastos son en comer y comprar unos libros con que distraerme4.

Salta a la vista que el muchacho tenía expectativas, entre ellas, quedarse en Córdoba para pagarse sus estudios y estar lo más cerca posible de Chichina. De todo mantenía informada a su familia al tiempo que le contaba detalles de su vida y su trabajo, entre otras cosas, que su superior era un corrupto, como la mayoría de los integrantes de la Dirección, que se disponían a arar considerables extensiones de tierra para recompactar los caminos deteriorados, que se le mezquinaban la camioneta y los peones que necesitaba para desempeñar sus funciones y cosas por el estilo.
Pero si el futuro líder revolucionario tenía planes de quedarse en Córdoba, los mismos se vieron truncados por la enfermedad de su abuela, que lo llevó a tomar la determinación de renunciar a su trabajo y regresar urgentemente a Buenos Aires.
Doña Ana había sufrido un derrame cerebral y cuando su nieto llegó a la capital, agonizaba. Ernesto se instaló en su casa y no pasó uno solo de aquellos diecisiete días de angustia sin dejar de prodigarle cariño y cuidados a su querida abuela. La noble anciana falleció el 18 de junio de 1947 y fue tal el golpe que le provocó la pérdida, que a los pocos días anunció su inscripción en la Facultad de Medicina y Fisiología de la Universidad de Buenos Aires, para dedicar su vida a la atención de los enfermos. Fue una determinación drástica, sin duda, influenciada, pura y exclusivamente, por el amor a sus seres queridos ya que, además de la pérdida de doña Ana, en 1945 su madre había sido operada de un tumor en su seno derecho y eso también lo afectó profundamente.
A través de las influencias de su familia, consiguió un nuevo trabajo en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y al año siguiente se inscribió en la mencionada alta casa de estudios, que por entonces funcionaba en el edificio clásico de Av. Córdoba 2122, actual sede de Ciencias Económicas.
Cuando Ernesto llegó a Buenos Aires, Eva Perón iniciaba su célebre “Gira del Arco Iris” por el continente europeo, buscando tres cosas fundamentales: abrir nuevos mercados para aquella Argentina bloqueada y boicoteada económicamente por las naciones de occidente (debido a su marcada postura fascista), recomponer la imagen del justicialismo a nivel mundial y acudir en rescate de la sancionada España franquista aplicando con ella una suerte de antecedente criollo del Plan Marshall.
Eva Perón en España. A su lado, el Generalísimo Franco

Mucho se ha hablado de aquel tour que además de la mal llamada “madre patria” incluyó Italia, el estado del Vaticano, Francia, Mónaco, Suiza y Portugal, sin embargo, poco se ha dicho de sus verdaderos fines.
Perón buscaba conquistar nuevos espacios para el comercio argentino, es verdad, pero también intentaba dar forma a un eje Buenos Aires-Madrid, estableciendo una alianza con aquel otro fascismo supérstite y al mismo tiempo organizar la fuga de criminales de guerra y cerebros nazis hacia nuestro país, con el fin de poner en marcha sus ambiciosos programas supremacistas, algo a lo que historiadores y analistas de diferentes partes del mundo han denominado, sin ambages, el “IV Reich”.
España recibió en triunfo a la primera dama argentina, que deslumbró a todos con su soltura, su belleza y su elegancia.
En el aeropuerto la esperaba una verdadera multitud; las calles y las plazas se hallaban colmadas de gente y una variedad de actos fueron organizados para agasajarla.
El 8 de junio de 1947, previas escalas en Palmas de Gran Canaria y Villa Cisneros (Sahara Español), donde pasó revista a tropas beduinas, llegó a Barajas escoltada por una escuadrilla de aviones militares.
Pese al agobiante calor y las incomodidades, más de 300.000 personas se hallaban apiñadas en la estación aérea quienes, al verla asomar por la escotilla, comenzó a lanzar exclamaciones y vivas como si se tratase de una verdadera reina. Las mismas se prolongaron mientras descendía por la escalerilla, a cuyo pie la esperaban el generalísimo Franco, su esposa, su hija y altos funcionarios civiles y militares. Inmediatamente después abordó el automóvil oficial que aguardaba estacionado cerca de la aeronave e inmediatamente después inició su recorrido por las calles, saludando a la muchedumbre. Los edificios estaban engalanados con banderas argentinas y españolas y desde balcones y ventanas, adornados con alfombras y tapices, caía una lluvia de flores.
Las apariciones públicas de Evita fueron impresionantes y los actos y ceremonias majestuosos, sobre todo aquel que se llevó a cabo en la Plaza de Oriente, después de que le fueran impuestas las insignias y la Gran Cruz de Isabel la Católica, lo mismo en Las Ventas de Madrid, donde asistió a una colorida corrida de toros.
La España a la que llegaba la denominada “Abanderada de los Humildes” era todavía una nación hambreada, que sentía profundamente los rigores de la guerra. Sus habitantes tenían derecho a una ración diaria de pan de entre cien y ciento cincuenta gramos y la carne y la leche eran artículos de lujo.
Su paso por Italia le generó algunos sinsabores, entre ellos, manifestaciones izquierdistas que se oponían a su presencia por representar a un gobierno fascista. En el Vaticano hizo esperar al Papa Pío XII cerca de una hora pero este la recibió solemnemente y mantuvo con ella una entrevista a puertas cerradas de la que poco y nada se sabe. En París alguien la comparó con la emperatriz María Eugenia de Montijo, en su paso por Mónaco el príncipe Rainiero le entregó la Medalla de Oro de la Nación y durante su estancia en Portugal le escribió a su marido para decirle que todo marchaba de acuerdo a lo planeado y que debía deshacerse de los inútiles, pusilánimes y obsecuentes que lo rodeaban en gran número.
Evita en el Vaticano
El 27 de agosto de 1947 regresó a Buenos Aires, después de hacer escala en Río de Janeiro para asistir a la Conferencia de Cancilleres por la Paz y Seguridad Continental, en la oportunidad conoció al general norteamericano George Marshall). En Montevideo abordó el ferry y después de travesar el Río de la Plata, llegó al puerto, donde una multitud enfervorizada la esperaba junto a su esposo y los principales funcionarios del gobierno.
Inmediatamente después, la Argentina comenzó a enviar carne, cereales y los primeros créditos que aquella exhausta España de la posguerra acogió como una bendición. Al mismo tiempo, hicieron su arribo los primeros técnicos y científicos nazis y fascistas, así como a antiguos colaboracionistas y a emigrados ustachas, los temibles croatas con los que Perón dio forma a una suerte de guardia pretoriana que incluyó a su médico personal. Detrás de ellos hicieron lo propio tenebrosos personajes, acusados de brutalidades y crímenes de lesa humanidad, muchos de los cuales, trabajarían para el régimen.
Por entonces, la labor desplegada por la Fundación Eva Perón estaba en su apogeo. Había iniciado su accionar en el elegante Palacio Unzué, la residencia presidencial que se alzaba en el barrio de Recoleta, para pasar luego al magnífico edificio del Correo Central, sede del Ministerio de Comunicaciones. Cuando Ernesto se inscribió en la Facultad de Medicina, la misma se mudó al colosal inmueble de estilo greco-romano que el gobierno había construido especialmente en el barrio de San Telmo, sobre la Av. Paseo Colón 850 (hoy asiento de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires) y al mismo tiempo, se terminaba el de la Facultad de Derecho en el mismo estilo, en Av. Figueroa Alcorta 2263 (barrio de Recoleta) y excavaba los cimientos del gran Edificio Atlas (luego Alas)5, base de operaciones de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalizados S.A. (ATLAS), el organismo del que Perón se valió para efectivizar la penetración ideológica en las naciones sudamericanas.
A mediados de 1947 el joven Ernesto se anotó en las primeras tres materias de la carrera: Anatomía Descriptiva, Anatomía Topográfica y Embriología e Histología. Como si de un aliciente se tratase, el país se hallaba conmocionado por el anuncio de la Academia Sueca, que acababa de otorgarle el Premio Nóbel de Medicina y Fisiología a un prestigioso representante de aquella alta casa de estudios, el Dr. Bernardo Alberto Houssay, eminente científico porteño, primer latinoamericano en recibir el galardón en una disciplina científica y segundo argentino en prestigiar a la nación con tan alta distinción6.
En aquellos días, el sabio era víctima de apremios y persecución por parte del gobierno, que lo había apartado de todos sus cargos por haber firmado una declaración en contra de las tendencias fascistas.
Nada de eso dice Ernesto Guevara Lynch en sus libros, como tampoco su hijo al evocar su vida años más tarde.
El futuro Che aprobó sus dos primeras materias como alumno libre (Anatomía Descriptiva y Embriología e Histología), entre abril y agosto de 1948 y quedó eximido de rendir la segunda, porque el 13 de mayo de ese año, el delegado interventor de la Facultad decidió retirarla del programa.
En el segundo semestre, se anotó como alumno regular en Parasitología, asignatura que aprobó en noviembre y en 1949 hizo lo propio con Fisiología Física y Química Biológica cuyos finales rindió satisfactoriamente en marzo. Microbiología la rindió libre en el mes de julio y en noviembre aprobó Anatomía y Fisiología Patológicas, finalizando el año con seis asignaturas en su haber. Su voluntad de hierro y su prodigiosa memoria habían jugado un papel fundamental en aquella primer acometida universitaria y eso le dio bríos para seguir adelante.




Imágenes

Perón es nombrado secretario de Trabajo y Previsión por el Gral. Ramírez


Concentración del 17 de octubre de 1945 Los trabajadores comienzan a llegar a Plaza de Mayo


17 de octubre de 1945. Obreros avanzan hacia el centro de la ciudad
Elecciones del 24 de febrero de 1946. Perón emite su voto


4 de junio de 1946. Perón asume su primera presidencia


Evita por las calles de Madrid junto a la esposa de Franco


Evita llega a París
Notas
1 Las legaciones de ambos países destruyeron documentación confidencial el mismo día de la asonada. El golpe recibió el aplauso de diferentes sectores de la sociedad, uno de ellos la Unión Cívica Radical representada, entre otros, por el diputado Ernesto Sammartino.
2 Fuertemente presionado por el gobierno de los Estados Unidos, el 26 de enero de 1944 el presidente Ramírez rompió abruptamente relaciones con Alemania y Japón. Esa decisión, fuera del programa político del GOU, generó un profundo malestar en las Fuerzas Armadas que, siguiendo directivas de Perón, decidieron derrocarlo. El 24 de febrero fue forzado a delegar el mando en su par, el general Edelmiro J. Farrell y el 9 de marzo a presentar su renuncia. Según versiones que circularon en años posteriores, Perón lo habría obligado a firmar su dimisión a punta de pistola.
3 Ernesto Guevara Lynch, op. Cit, p. 221
4 Ídem.
5 Ubicado en Av. Leandro N. Alem 719, después de la caída de Perón fue expropiado por la Fuerza Aérea Argentina y pasó a denominarse “Alas”. Entre 1957 y 1978 funcionaron allí los estudios de televisión de Canal 7, Canal 11 y Canal 13. En su subsuelo Perón mandó construir un bunker antinuclear de concreto que debía servirle de refugio en caso de guerra o revolución.
6 El anterior había sido el mencionado Dr. Carlos Saavedra Lamas, por su intervención como mediador durante la Guerra del Gran Chaco, entre Paraguay y Bolivia, cuando se desempeñaba como ministro de Relaciones Exteriores de la Nación.

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