LA EXTRAÑA MUERTE DE CAMILO CIENFUEGOS
Después
de esperar varias horas en la antesala del Estado Mayor del Ejército, Huber
Matos fue conducido a una habitación de la Dirección General de Operaciones, muy
cerca del despacho de Camilo y ahí permaneció a solas, al cuidado de un hombre
armado con una pistola 45. Una hora después, apareció William Gálvez, por
entonces inspector general de las Fuerzas Armadas y protegido de Cienfuegos
quien, pese a no haber tenido un destacado historial durante las acciones
armadas, había trepado hasta el grado de comandante, siempre a la sombra de su
bienhechor.
Entre
las muchas cosas que el alto oficial, le echó en cara al detenido, las
principales -y ajenas a la realidad- fueron haber incentivado a Díaz Lanz a
realizar el “bombardeo” sobre la capital y conspirar con elementos ajenos a la
revolución, para derrocar al gobierno.
-¡Semejante
traidor! –dijo refiriéndose al piloto- Si algo faltaba para que enseñara las
uñas, esto le dio una buena oprtunidad1.
Los
días siguientes fueron un desfile de uniformados, algunos provistos de armas,
otros trayendo carpetas bajo el brazo, todos mostrando la firme intención de sacarle información.
El
23 de octubre Camilo habló en la televisión de Camagüey. Lo hizo durante una
entrevista a cargo del periodista Adalberto Arnaldo Cebrián de Quesada del
Canal 11 local, para informar sobre la detención de quien hasta el día 19 fuera
el comandante militar de la región. El comandante revolucionario reiteró lo que
Fidel y Raúl querían que dijera, señalando que Huber Matos había traicionado a
la revolución, conspirado con Trujillo y los exiliados cubanos y que acababa de
ser trasladado a La Habana junto a varios de sus secuaces, para ser sometido a
juicio. También defendió a los elementos comunistas cuestionados por el
detenido y justificó los fusilamientos que se estaban llevando a cabo en
diferentes puntos del país.
Matos
y sus hombres fueron alojados en la prisión del Castillo de El Morro y ahí
permanecieron incomunicados hasta el 11 de diciembre, cuando se los sometió a
una parodia de juicio que terminó con el primero condenado a veinte años de
prisión y los restantes a diversas penas.
“No quise convertirlo
en mártir”
manifestó Fidel Castro a su círculo de íntimos ni bien se dio a conocerel
fallo. El valeroso ex comandante cumpliría la pena completa, casi toda en la
prisión de la Isla de Pinos y pasaría a convertirse en el emblema de la lucha
contra la tiranía castrista2.
Pero
en el interín ocurrían muchas cosas.
El
25 de octubre, Camilo Cienfuegos le hizo llegar a Matos un mensaje, diciéndole
que estaba obligado a comparecer en su contra y agregaba que, según los rumores
que circulaban, iba a ser fusilado. Por esa razón le proponía un plan para evadirse,
pero el prisionero se negó, reiterando su deseo de ser sometido a un proceso
abierto para que el mundo supiese lo que estaba sucediendo en Cuba3.
El
día 26, Cienfuegos regresó a La Habana para hablar en el acto masivo que el
gobierno organizó en la Plaza de la República, frente al palacio presidencial,
en defensa de la revolución. Los blancos de ese día fueron Matos, Díaz Lanz, a
quienes se volvió a acusar de traidores y conspiradores y el gobierno
norteamericano, al que se culpaba de dar refugio a los conjurados. Las palabras
de Camilo parecen decirlo todo:
Tan altos y firmes como la Sierra Maestra son hoy la vergüenza, la dignidad y el valor del pueblo de Cuba en esta monstruosa concentración frente a este Palacio, hoy revolucionario, del pueblo de Cuba.
Se demuestra esta tarde que no importan las traiciones arteras y cobardes que puedan hacer a este pueblo y a esta Revolución, que no importa que vengan aviones mercenarios tripulados por criminales de guerra y amparados por intereses poderosos del Gobierno norteamericano, porque aquí hay un pueblo que no se deja confundir por los traidores.
Esta manifestación de pueblo, estos campesinos, estos obreros, estos estudiantes que hoy vienen a este Palacio, nos dan las energías suficientes para seguir con la Revolución, para seguir con la Reforma Agraria, que hoy no se detendrá ante nadie ni ante nada. Porque hoy se demuestra que lo mismo que supieron morir veinte mil cubanos por lograr esta libertad y esta soberanía, hay un pueblo entero dispuesto a morir, si es necesario, por no vivir de rodillas.
Porque para detener esta revolución cubanísima tiene que morir un pueblo entero, y si eso llegara a pasar serían una realidad los versos de Bonifacio Byrne: Si deshecha en menudos pedazos/ llega a ser mi bandera algún día/ nuestros muertos, alzando los brazos/ la sabrán defender todavía.
¡Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en balde!4
Luego
siguió Fidel. El millón de personas allí congregadas bramó y vitoreó a su líder
ante cada exclamación y aplaudió con efusión cuando habló de proveerles armas e
iniciar su instrucción militar con el fin de defenderse de cualquier ataque del
exterior.
El
27, Camilo estaba de regreso en Camagüey pero antes de partir, le hizo llegar a
Matos un segundo mensaje, insistiendo en la necesidad de su fuga y el 28
desapareció misteriosamente, cuando viajaba en su avioneta Cessna hacia La
Habana.
El
gobierno tardaría 36 horas en dar la noticia. La misma, dejó consternada a la población;
los medios se hicieron eco, especialmente las radios y la televisión y no
pararon de emitir noticias a toda hora, refiriéndose a la búsqueda y a las
posibles causas de la desaparición.
¿Dónde
estaba Camilo? ¿Qué había sido del más carismático de los líderes
revolucionarios?
La
versión oficial sostiene que a las 17.40 del 28 de octubre, el comandante
abordó el Cessna 310 matrícula FAR-53 que tenía asignado como jefe del Estado
Mayor, acompañado por su experimentado piloto, teniente Luciano Fariñas
Rodríguez y el soldado Félix Rodríguez de su escolta personal. Veinte minutos
después, se encontraba en la cabecera de la pista, listo para despegar y a las
18.01, el avión inició su carreteo para elevarse lentamente en dirección oeste.
Pasados otros diez minutos, se comunicó con la torre de Cienfuegos porque Camilo
necesitaba darle ciertas instrucciones al capitán Agustín Méndez Sierra, quien
había quedado a cargo de la provincia de Camagüey y cuando se hallaba sobre
Florida, cortó la comunicación.
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| Fidel Castro informa sobre los avances de la búsqueda |
Javier Torres Ramírez, empleado de la cafetería del aeropuerto, vio a los tres pasajeros caminando hacia el avión y cincuenta años después recordaba su partida y a Jorge Enrique Mendoza observando el aparato hasta perderse en el horizonte.
A
las 19.40, el capitán Manuel Espinoza Díaz, asistente de Camilo, miró por
primera vez su reloj y se preguntó que podía haber demorado a su superior. Pero
continuó esperando, pues debía llevarlo hasta la jefatura, para tratar asuntos
urgentes. Cuando a las 20.10 vio que nada ocurría, comenzó a preocuparse y
veinte minutos después, se comunicó por teléfono con las autoridades, para alertar
que Camilo no había llegado.
Faltos
de noticias y cuando aún era de noche, Fidel Castro, Raúl y el Che organizaron
patrullas de búsqueda para dar con su paradero o, lo que era peor, con los
restos siniestrados de su avión.
Recién
el día 30, el gobierno dio cuenta de la desaparición en un comunicado oficial y
la atribuyó al mal estado del tiempo, pero ese día, salvo algunas turbulencias
en la alta atmósfera, el clima entre Camagüey y La Habana, había sido bueno.
Desde
diferentes puntos de la isla, partieron aviones para intentar dar con el Cessna
al tiempo que se despacharon patrullas por tierra y por mar, esperando dar con
algún indicio.
El
Che en persona participó de la búsqueda en un C-46. Incluso creyó distinguir los
restos de dos aeronaves en Cayo Anguila, frente a las costas de Cabairén, de
ahí su orden de radiar la novedad a la torre de Campo Columbia y dar cuenta del
hallazgo.
De
manera inmediata, partieron hacia el lugar destacamentos y partidas de
socorristas pero nada se encontró. Aún así, durante los veinte días
siguientes, el ejército, las fuerzas de seguridad y patrullas civiles rastrillaron
el territorio cubano de una punta a la otra, tal como asegura Pierre Kalfon,
pero Camilo no apareció.
No
pasó mucho tiempo para que empezasen a circular rumores, todos ellos en voz
baja, porque su sola mención podía acarrear la muerte.
La
búsqueda siguió en los días siguientes y cuando la desaparición física del
héroe comenzaba a tomar cuerpo, empezaron los homenajes, las marchas, los actos
conmemorativos y los escritos, destinados a honrar su memoria.
Pero
mientras “se cubrían el mar, los ríos, los lagos y las lagunas” con flores, en
memoria del mártir5, hechos extraños comenzaron a llamar la atención
de la gente. El aparato militar de Camilo fue dispersado, sus oficinas
desmanteladas y su gente redistribuida en diferentes unidades6.
Hoy
se duda que la muerte de quien ocupaba el cuarto lugar en la jerarquía
revolucionaria, haya sido accidental.
Las
versiones que circularon a partir de ese día, parecen multiplicarse como las
cabezas de la Hydra.
De
acuerdo a las mismas, Fidel Castro y Raúl sabían perfectamente que Camilo
Cienfuegos no compartía su posición con respecto a Huber Matos.
Como
se recordará, cuando el legendario héroe fue a detener al ex comandante de la
Columna 9, en lugar de hacerlo inmediatamente, se encerró con él en una habitación
del piso superior y estuvieron dialogando por espacio de una hora. Eso lo vieron
los veinte escoltas que lo habían acompañado hasta Camagüey, quienes a pedido
de su jefe, permanecieron fuera de la casa. Luego está aquella conversación
telefónica entre Camilo y Fidel, cuando Matos se hallaba detenido en la
comandancia del Regimiento Nº 2 y los supuestos mensajes que le hizo llegar a
la prisión del Castillo de El Morro. Eso bien pudo haber llegado a oídos de los
Castro y desatado alguno de los sucesos que se refieren a continuación.
Según
parece, ni bien Camilo llegó al “Ignacio Abramonte”, sede de la comandancia
militar de Camagüey, comenzaron a rondar en torno suyo, agentes del Servicio de
Seguridad del Estado, a cargo del tenebroso dirigente del PSP, Osvaldo Sánchez,
primer jefe del G-27. Según esta primera hipótesis, la agencia
habría llegado a la conclusión de que Cienfuegos estaba convencido de la
inocencia de Matos y por esa razón, decidieron eliminarlo.
De
acuerdo a los trascendidos, cuatro minutos después de la partida del Cessna,
decoló del mismo aeropuerto de Camagüey un caza Sea-Fury con sus cañones de 20
mm desenfundados, tripulado por el piloto personal de Raúl Castro. Poco
después, comenzaron a circular rumores de que en los cielos de Aguada de
Caballeros, provincia de Las Villas, se había producido un accidente aéreo, que
una avioneta había pasado sobre el central Aleida, haciendo señales luminosas y
que la misma se había internado en el mar. Incluso un periodista de apellido
Vázquez, aseguró haber visto a un avión disparando contra otro la noche del 28
de octubre, cuando transitaba por el sector costero entre Sancti Spiritus y Las
Villas y un pescador de Matanzas afirmó haber sido testigo de un hecho similar.
El
gobierno descartó esas versiones y continuó las investigaciones pero a partir
de ese momento, se sucedieron una serie de hechos que además de extrañeza, infundieron
temor a la ciudadanía.
El
piloto del Sea Fury desapareció misteriosamente, lo mismo el mecánico que revisó
su avión después del vuelo y reportó haber visto uno de los cañones de 20
vacíos, como si recién hubiera sido usado. El sujeto en cuestión, murió atropellado
por un automóvil ese mismo día y el pescador que dijo haber presenciado el combate
aéreo sobre Matanzas desapareció, después de ser conducido a La Habana para
ampliar su información.
A
poco de que el comandante Cristino Naranjo -amigo personal de Cienfuegos-
iniciara su propia investigación, ansioso por dilucidar los hechos (había
integrado la comitiva de Camilo cuando la detención de Huber Matos), fue muerto
a tiros junto con su chofer, Luis Nieves Peña, cuando ingresaba por el sector
norte de Campo Columbia, la noche del 12 de noviembre, “por no haberse
identificado”. El crimen fue atribuido a Manuel Beatón, quien poco después se
internaría en las selvas de Sierra Maestra para iniciar la guerra
contrarrevolucionaria. Moriría fusilado siete meses después, en Santiago de
Cuba, previo juicio sumario.
Investigaciones
posteriores, permitieron determinar que uno de los integrantes del tribunal que
lo condenó, el teniente Agustín Onidio Rumbaut, se entrevistó personalmente con
él (con Beatón) y que éste sindicó como responsables de la muerte de Camilo a
Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto Guevara, el comandante Félix Torres y el
capitán Jorge Enrique Mendoza. Misteriosamente, una semana después, Orta
falleció en un "accidente de cacería'' cuando, a poco de finalizado el
juicio, preparaba un informe confidencial. Orta había descubierto también, que
el avión de Camilo había recibido una comunicación desde el control aéreo de
Camagüey, notificando que un segundo aparato, en el que viajaba el comandante
Félix Torres, se había extraviado en el mar y por esa razón, se le pedía
sumarse a la búsqueda8. Fue entonces que apareció el Sea Fury para
derribarlo.
![]() |
| Osmany Cienfuegos Nunca alcanzó la gloria de su hermano |
Para
Asencio, el avión de Cienfuegos fue derribado por el Sea Fury siguiendo órdenes
de Félix Torres, quien a su vez, las habría recibido de los hermanos Castro. Y
para corroborarlo, dijo que el oficial José Paz, quien supo del informe sobre
el avión atacante, murió en otro accidente sobre la Vía Blanca, cuatro días
después de la desaparición de Camilo.
Para
distraer la búsqueda, se hizo correr la versión de que un pescador de Casilda,
llamado Juan, encontró restos de la avioneta (más precisamente una almohadilla)
después de observar una gran mancha de aceite en el mar. Transmitida por radio
la información, se anunció que Camilo había sido encontrado con vida y eso
interrumpió las tareas de rescate por varias horas. Según Asencio, eso dio
tiempo a recoger todas las pruebas del siniestro, en la Punta del Mascio y
hacerlas desaparecer.
Existe
un segunda versión, mucho más sórdida, en la que los accidentes aéreos y los
cazas Sea Fury están ausentes, lo mismo los testigos ocasionales y las desapariciones
forzadas.
El
comandante Jaime Costa fue uno de los veteranos del ataque al cuartel Moncada y
expedicionario del “Granma”, que al decir de Pierre Kalfon, es el equivalente
revolucionario de lo que el “Mayflower” significa para los fundadores de los
Estados Unidos.
Según
sus palabras, Camilo fue ultimado en Ciénaga de Zapata por decisión de Fidel
Castro e instigación de Guevara, Raúl Castro y Osvaldo Dorticós. Costa se
encontraba en un avión junto a Juan Almeida, buscando a Cienfuegos, cuando desde
la torre de control de Varadero, se les indicó descender allí. Una vez en
tierra, fueron conducidos en automóvil hasta un punto cercano a Ciénaga de
Zapata donde los esperaba Castro en compañía de otros dirigentes.
Según
recordaría décadas después, sobre una pista de tierra había una avioneta idéntica
a la que todo el mundo buscaba y mucho les sorprendió comprobar que era la de
Camilo. Según parece, a Fariñas se le ordenó aterrizar allí porque Fidel los
esperaba en ese sitio.
De
acuerdo al relato de Costa, escucharon con Almeida una fuerte discusión entre
Fidel y Cienfuegos (no especifica donde) quien, al parecer, se defendía con
energía de acusaciones que le hacían sobre haber traicionado la Revolución.
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| Camilo habría mantenido una fuerte discución con los Castro |
La
versión de Costa no parece verosímil. Deja muchos cabos sueltos y hay puntos en
extremo confusos como la participación de Dorticós en la toma de decisiones y la
orden que se les dio, de aterrizar en el lugar de los hechos, cuando lo que se
quería era darle al asunto la menor difusión posible. ¿Para qué los hicieron
aterrizar, entonces? ¿Desde cuándo Dorticós tomaba las decisiones a la par de
los Castro?
Sin
embargo, se asemeja mucho a lo que la Comisión de la Verdad sacó a la luz
varios años después
El trabajo se hizo a conciencia, recolectando todos los testimonios, sin importar su contenido, a efectos de compararlos entre sí y luego indagar en los puntos más firmes.
El trabajo se hizo a conciencia, recolectando todos los testimonios, sin importar su contenido, a efectos de compararlos entre sí y luego indagar en los puntos más firmes.
Las
conclusiones resultan estremecedoras. De acuerdo a los relatos de testigos que permanecieron
mudos por más de medio siglo, un antiguo chofer de Cienfuegos, de apellido
Galanos, se encontraba reunido la noche del 28 de octubre junto a otras
personas, en la antesala de la comandancia de Campo Columbia. Pasada la
medianoche, apareció Camilo, luciendo gesto grave. Entonces Fidel Castro, que
se hallaba allí presente junto a otros jerarcas, lo interpeló, preguntándole
directamente sobre Huber Matos.
-Bueno,
¿qué pasó con el hombre?
-El
hombre viene –respondió el recién llegado- él se va a presentar, él tiene su
punto de vista que discutir contigo y yo pienso que en muchas cosas él tiene
razón. Yo estoy seguro que él se va a presentar, él me dio su palabra, yo
confío en él
De
manera repentina, Raúl Castro interrumpió el diálogo y comenzó a agredir de
palabra al recién llegado.
-¡A
ti lo que te faltaron fueron cojones! – gritó.
Y
a continuación, amagó desenfundar su pistola. Al ver eso, Camilo hizo un
movimiento para sacar la suya pero Vilma Espín fue mucho más rápida y
extrayendo su propia arma, apuntó y le disparó.
Los
allí presentes quedaron petrfificados, pero enseguida reaccionaron cuando Fidel
ordenó a todo el mundo abandonar la habitación.
-¡¡Aquí
no ha pasado nada –gritó-, el que diga algo, no se le va celebrar juicio, ni
nada, automáticamente será fusilado!!
Antes
de abandonar el lugar, Galanos echó una última mirada y ahí vio el cuerpo,
tendido sobre el piso. Camilo Cienfuegos, el cuarto hombre en jerarquía dentro
de la revolución, el Héroe de Yaguajay, el Señor sobre la Vanguardia, había
muerto de un disparo. Pocos días después, los testigos de aquella escena fueron
separados de las filas del ejército y obligados a mantener silencio.
Cuando
se produjeron los hechos, en la sala de pilotos ubicada junto al improvisado Estado
Mayor, se sintió repentinamente un griterío que parecía venir de la habitación
contigua. A ello le siguió el inconfundible sonido de un disparo y luego más
voces que evidenciaban agitación.
Cuando
los aviadores que hacían guardia se incorporaron para ver lo que ocurría, un
oficial apareció en la puerta y los amenazó.
-Aquí
nadie oyó nada, quien haga el más mínimo comentario, será fusilado
inmediatamente.
Petrificados,
sin moverse del lugar, los pilotos pudieron escuchar más voces al otro lado y
luego el sonido de un cuerpo arrastrado, seguido por los que se hacen cuando se
manipulan artículos de limpieza con cierta celeridad. Alguien había apoyado un
cubo con agua en el piso y pasaba un trapo sobre él10.
La
mañana se presentó con un silencio sepulcral, hasta que comenzó el corre, corre
de la búsqueda. Sin embargo no se produjo ningún pronunciamiento oficial, no
fue hasta el día 30 de octubre que se produjeron las noticias radiales
con el comunicado oficial. Entonces fue que nos dimos cuenta que lo sucedido en
la madrugada del día 29 estaba relacionado con los acontecimientos de la
desaparición de Camilo11.
¿Quién
mató a Camilo Cienfuegos? ¿Pereció en un accidente? ¿Lo asesinaron los Castro
porque se había puesto de parte de Huber Matos y porque su figura los estaba
eclipsando? ¿O fue porque no compartía sus ideas comunistas?
Tal
vez la verdad nunca se esclarezca, pero lo que parece factible, pese a que
algunas versiones lo hayan involucrado, es que el Che Guevara fue ajeno al asunto.
Como dice Pierre Kalfon, para él, la muerte de Camilo fue una tragedia
personal, tanto, que participó personalmente en la búsqueda y hasta le puso su
nombre a uno de sus hijos.
Lo
que sí es seguro, es que el argentino compartía la posición política de los
Castro y estaba dispuesto a llevarla adelante al precio que fuese.
Imágenes

Camilo junto a sus padres en los días de gloria

Camilo y el Che. A ambos los unía una gran amistad

Camilo junto a sus padres en los días de gloria

Camilo y el Che. A ambos los unía una gran amistad
![]() |
| Otra de Camilo con el Che. Es impensable imaginar a Guevara implicado en el asesinato de su amigo. Además de afecto profesaba por él una gran admiración |
Notas
1 Huber Matos, op.
Cit., p. 350.
2 Huber Matos salió de
prisión el 21 de octubre de 1979, después de cumplir íntegra su condena en la
Isla de Pinos. Pasó inmediatamente a Costa Rica y al cabo de unos años se
radicó en Miami, donde falleció el 27 de febrero de 2014 a los 95 años de edad.
Dedicó su vida a combatir a la dictadura castrista para lo cual, fundó la
organización Cuba Independiente y Democrática (CID). Por pedido suyo, sus
restos fueron enterrados en Costa Rica, donde vivió exiliado y nació la menor
de sus hijas.
3 Huber Matos, op.
Cit., p. 359.
4 “Camilo Cienfuegos
en su último discurso al pueblo de Cuba”, Telecentro SolVisión.
5 El homenaje se repite
hasta el día de hoy, todos los años.
6 Dariel Alarcón
Ramírez (“Benigno”), un incondicional del comandante hasta ese momento, fue
enviado a trabajar dos años en la construcción de la Ciudad Escolar “Camilo
Cienfuegos”.
7 Grupo 2, órgano del
Ministerio del Interior destinado a la lucha contra los enemigos de la
revolución. El Grupo 1 estaba a cargo de la custodia de los altos funcionarios
de gobierno. Tiempo después, Osvaldo
Sánchez perecería en un confuso accidente.
8 Félix
Torres, combatiente de Sierra Maestra, secretario del Frente Campesino del PSP,
ascendido a comandante, falleció en La Habana el 5 de agosto de 2008.
9 Pedro
Corzo, “Camilo Cienfuegos, una muerte enigmática y prematura”,
martínoticias.com, 23 de junio de 2011, http://www.martinoticias.com/content/camilo-cienfuegos-una-muerte-enigmatica-y-prematura/8798.html
10 “Se aclara el mayor
enigma de Cuba, la desaparición de Camilo Cienfuegos”; El Precursor/ Periodismo
de ficción de la realidad cubana, http://www.aplopress.com/Sociedad1.htm
11 Ídem.





