sábado, 17 de agosto de 2019

EMBAJADOR ITINERANTE

El Che Guevara en la India

Tal como hemos dicho, ni bien pisó suelo cubano, Fidel Castro puso en vigencia la nueva ley de reforma agraria, el prisma a través del cual se ilumina toda la estrategia política de la revolución, según el decir de Pierre Kalfón1, la base sobre la que va a edificarse la nueva Cuba, de acuerdo con el Che2, quien además sostuvo que el latifundio, vinculado al monocultivo del azúcar, era el símbolo de la dependencia económica y política de la isla.
Constituido el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), Fidel Castro, su presidente, se lanzó a una serie de medidas extremas que incluyeron la confiscación y expropiación de vastas extensiones particulares. Para ello, organizó una milicia de 100.000 efectivos que se transformaría en el brazo armado del organismo, mientras Raúl seguía adelante con el desmantelamiento del anquilosado ejército nacional.


El terror se apoderó de los propietarios de bienes inmuebles cuando a fines de enero se redujeron los alquileres a la mitad y se suspendieron los juicios por desalojo. Eso le captó al régimen partidarios incondicionales que, con el paso del tiempo, trocarían sus sentimientos en fanatismo, al verse beneficiados por la nueva política. En línea paralela, el Che hablaba de guerra contra el imperialismo y de quitarles las tierras a los “injustos propietarios”, para dárselas a los desposeídos, sabiendo que con ello, tocaba no solo a los poderosos de la isla sino también los intereses de Estados Unidos.
Para entonces, Prensa Latina, la agencia fundada por Masetti, cobraba cuerpo. Sus oficinas en La Habana eran un hervidero de gente y los capitales fluían para hacerla realidad, parte de ellos, provenientes de ciertos bonos no cobrados del M-26.
Para ello Masetti había contactado a varios exponentes del periodismo de izquierda latinoamericanos, algunos ya consagrados, como el futuro Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez (Colombia), el escritor Carlos Fuentes (México) el ambiguo Rodolfo Walsh (Argentina), Carlos María Gutiérrez, miembro de la redacción del semanario “Marcha” de Montevideo y otros en etapa de crecimiento como Rogelio García Lupo (Argentina), Plinio Apuleyo Mendoza (Colombia) y Teddy Córdova (Bolivia).
Prensa Latina daría mucha difusión a la puesta en marcha de la reforma agraria, exaltando sus virtudes y soslayando sus defectos. Y en verdad, se trataba de una medida extrema y revolucionaria a la que el Che venía dedicando mucha tinta y papel para justificarla, amén de sus discursos ante asambleas obreras, ignorando el efecto que la misma causaría no solo en la producción nacional sino en sus relaciones con Estados Unidos.
No se trataba de una innovación al estilo de la que su compatriota Walter O. Darré3, había impuesto en Alemania entre 1933 y 1934. Aquella fue una iniciativa extremista también, pero consideraba sagrada a la propiedad privada, aunque fuera en desmedro de los grandes terratenientes. Darré propuso crear una nueva nobleza de sangre y suelo, como lo expuso claramente en su obra homónima, considerando inviolable e indivisible la propiedad, que debía ser heredada tan solo por el primogénito, para evitar terminar atomizada en pequeñas parcelas. De ese modo, se potenciaba la producción y el pleno empleo, no como sucedería en Cuba, donde el sistema fue mucho más comunitario, con el estado prácticamente dueño de la tierra y el que la trabajaba limitado a las funciones de simple peón.
Eso era, precisamente, lo que deseaba el Che y al aparecer, las cosas estaban saliendo de acuerdo a sus planes, pese a que muchos pensaran entonces, que Fidel trataba de quitárselo de encima, enviándolo fuera del país, en un viaje de tres meses de duración.
Y en verdad daban que pensar algunas decisiones que había adoptado. Su orden, impartida poco antes de la partida de Guevara, de suspender los fusilamientos, más la redada ordenada en Pinar del Río el 18 de abril, contra los campos de entrenamiento en los que aquel preparaba los cuadros guerrilleros que debían operar en el extranjero, parecieron confirmar las sospechas de que el máximo representante de la revolución intentaba librarse de su segundo. Y eso cayó muy mal entre sus partidarios.

Él anunció que se iba de viaje…, y a nosotros nos disgustó tremendamente –diría Borrego años después- Nos daba la impresión de que lo habían quitado de jefe del regimiento. Y nosotros interpretamos eso muy mal4.

Para peor, un nuevo comandante, extremadamente rígido vino a reemplazar al carismático líder argentino, motivando la queja de Borrego y varios de sus compañeros. Anderson cuenta que cuando le fueron con sus quejas a Camilo Cienfuegos, los recibió con mal talante recordándoles que eran soldados de la revolución, que debían obedecer órdenes y que el Che se iba a enfadar muchísimo si se enteraba de aquella actitud. Dos días después, sus temores parecieron confirmarse cuando el regimiento asignado a la añeja fortaleza fue desafectado y enviado a Las Villas, para incorporarse a las fuerzas locales5.


El Che partió de Rancho Boyeros la mañana del 12 de junio de 1959. Lo acompañaban el economista Alfredo Menéndez, experto en producción azucarera, Francisco García Vals del Partido Socialista Popular, el capitán Omar Fernández Cañizares del ejército revolucionario, el joven escolta José Argudín y el Dr. Salvador Vilaseca, profesor de matemáticas de la Universidad de La Habana y miembro del directorio de Banfaic. Su destino: Egipto, la India, Indonesia, Ceylán y Yugoslavia, todos pertenecientes al bloque de los “no alineados”, con quienes Cuba deseaba establecer relaciones diplomáticas y lazos comerciales.
El 13 de junio al avión aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Barajas. Las personas que se encontraban allí, entre personal, pasajeros y familiares, quedaron petrificados al ver en el hall central al cada vez más famoso líder guerrillero. Lo esperaba personal de la embajada cubana y efectivos del servicio secreto, que debía seguir sus pasos en tanto durase su estadía en Madrid. La condición que el gobierno franquista había impuesto para autorizar la escala era que el recién llegado evitase todo contacto con elementos de la oposición y abandonase el país lo antes posible.
El Che quiso conocer Madrid, aunque sin establecer contacto con nadie, de ahí que esa primera visita pasase completamente desapercibida.
Las solitarias calles de Madrid

En horas muy tempranas, visitó el barrio de Carabanchel, de allí pasó a la plaza de toros de Vistalegre y luego siguió hacia la Ciudad Universitaria. Tras una rápida vista al lugar, se fotografió frente a la Facultad de Medicina, la Plaza de Oriente y el Palacio Real y continuó su recorrido por la Plaza de Callao y las Galerías Preciados, que pese a ser domingo, abrieron sus puertas especialmente para él.
Allí compró una cámara fotográfica, rollos y una máquina de escribir portátil y luego siguió hasta el café “California”, sobre la Gran Vía, donde sorbió uno de aquellos insumos junto con un bocadillo, despertando mucha curiosidad entre los parroquianos que se encontraban en el lugar.
De regreso en el Hotel Plaza, donde se había alojado, se fue a descansar a su habitación y tras dieciséis horas de permanencia en la capital hispana, partió rumbo a El Cairo, expectante por la entrevista que iba a mantener con el presidente Gamal Abdel Nasser.
Durante el vuelo, mientras observaba por la ventanilla el cordón montañoso de El-Rif, al norte de Marruecos, el Che pensó en la tradición guerrillera de aquella región, donde las tribus cabilas se habían ocultado para iniciar la rebelión contra las fuerzas coloniales de España y Francia. Una guerra que fue cobrando dimensiones a partir del desembarco de Larache (junio de 1911) y que tuvo su corolario en el desastre de Annual (1921) y la victoria de Uarga (1925), sobre españoles y franceses respectivamente. Sin embargo, las dos potencias lograron afirmarse y al menos hasta el momento en que Guevara sobrevolaba el territorio, mantenían posesiones no solo en Marruecos sino en otros puntos de África.
Hombre culto como era, también debió haber rememorado la invasión árabe a la península, que habiendo partido desde Tánger y Ceuta en la primavera del 71, fue contenida recién en Poitiers, Francia, dos décadas después o las que se sucedieron en tiempos de los almorávides (1040-1147), los almohades (1147-1269) y los benimérines (1269-1465), que hicieron de Marruecos un gran imperio6.
Mientras el argentino observaba aquel sector sobre el que tanto había leído -novelas de Salgari y Verne de por medio-, pensaba en el encuentro que esperaba mantener con el líder de aquellas guerrillas beduinas, Abdel Krim El Khattabi, acordado antes de su partida.


Guevara llegó a la capital egipcia con las expectativas de un encuentro revelador. Aterrizó en el Aeropuerto Internacional de El Cairo en horas de la mañana y fue recibido por una delegación del gobierno que lo condujo hasta el hotel que se le había reservado especialmente.
El encuentro con el legendario estadista egipcio tuvo lugar horas después y en él estuvieron presentes su contacto local, el periodista Mohamed Hassanein Heikal y el ministro Ali Sabry.
A Guevara le interesaba sobremanera la reforma agraria que Nasser había implementado en su país y ese fue el eje sobre el que giraron las conversaciones. Sin embargo, de ahí no pasaron ya que el egipcio fue bastante esquivo cuando el argentino intentó abordar otros asuntos.
Pese a las fotografías que los muestran sonrientes y triunfales, pese a que Nasser le hizo entrega de la medalla de la Orden de Al Goumbania y que fue solícito durante todo el encuentro, el Che se retiró del palacio de gobierno con sabor a poco. Aún así, el encuentro había servido para iniciar relaciones y estrechar una amistad que los países no alineados necesitaban imperiosamente.
Encuentro con Nasser
Al día siguiente, tuvo lugar una reunión mucho más fructífera con el mencionado líder rifeño Abdel Krim El Khattabi, el legendario “fundador de las técnicas de lucha guerrillera”, según dijo Guevara a los miembros de su delegación.
La reunión, que tuvo lugar en la embajada de Marruecos, había sido programada por Mohamed Louma, antiguo colaborador del líder Muhammad Basri, el Fiqih7, a pedido del presidente del Consejo de Gobierno marroquí, Abdallah Ibrahim, miembro del ala izquierdista del Partido de la Independencia (Istiqlal). Louma había arreglado los detalles de la entrevista con el embajador de Marruecos Abdel Khalek Torres y allí se encontraba cuando la delegación cubana llegó a bordo de dos automóviles.
Por entonces, Ibrahim efectuaba una visita oficial a Egipto y, por consiguiente, también se hallaba presente. Ese día Guevara cumplía 31 años y puede decirse que aquel fue uno de los mejores regalos de su vida.
Tras las salutaciones y presentaciones que indicaba el protocolo, los dos líderes pasaron a los jardines traseros de la legación, para sentarse a conversar junto a una mesa especialmente preparada. El recién llegado se sorprendió cuando el líder marroquí le habló de la revolución cubana y manifestó conocerlo más de lo que él suponía. Por su parte, respondió que junto a Fidel Castro, habían implementado muchas de sus tácticas y que las mismas habían sido llevadas a la sierra por el general Alberto Bayo, el cubano de nacimiento que había combatido en la Guerra Civil Española para el bando republicano.
La charla fue en extremo cordial y una vez finalizada, el líder cubano se tomó la célebre fotografía en la que se lo ve con su par rifeño, Ibrahim y el embajador Torres.
Fue ahí que el jefe de gobierno marroquí lo invitó a visitar su país, extendiéndole su tarjeta personal con el número de teléfono para que lo llamase en caso de que se presentase algún inconveniente8.
El 18 de junio la comitiva cubana visitó Alejandría, el Canal de Suez, las célebres pirámides y la Franja de Gaza, recientemente atacada por Israel. En ese último punto caminó por los campos de refugiados palestinos que vivaron su nombre al verlo llegar, y se fotografió con algunos dirigentes.
De ahí pasó a Sudán y luego a Siria, para seguir su camino hacia la India, el 19 de junio por la mañana. Lamentablemente, poco podemos agregar de lo que aconteció en aquellos tres puntos salvo las consabidas recepciones por personal de menor rango (recordemos que la suya no era una visita oficial), los encuentros con funcionarios de gobierno y alguna que otra visita a una planta industrial, un complejo urbano o sitio de interés histórico, uno de ellos, el Mausoleo de Saladino, en Damasco.
Llegó a Palam (India) el 30 de junio, en horas de la noche. En la estación aérea lo esperaba una delegación encabezada por el director de Protocolo adjunto, D. S. Khosla, quien lo acompañó hasta el flamante Hotel Ashok (Asoka) de Chanakyapuri.
Para su sorpresa, allí lo esperaba José Pardo Llada, experto en ciencias políticas que tenía un programa de radio de gran audiencia en la isla. Castro lo había enviado especialmente para que asistiera al Che en su recorrida pero la decisión no fue del agrado del argentino porque consideraba a ese hombre un derechista en potencia. No olvidaba que en cierta oportunidad, había acudido a La Cabaña para pedir por la suerte del antiguo ministro de Información de Batista, Ernesto de la Fe y había discutido con él por eso.
El Che fue recibido por Nehru en el Teen Murti Bhavan, el palacio de los primeros ministros de Nueva Delhi y tras las salutaciones correspondientes, esa misma noche lo invitó a cenar. Antes de ello, mantuvieron una conversación formal en la que, entre otras cosas, el emisario cubano manifestó su interés por establecer relaciones bilaterales y estudiar la posibilidad de acuerdos comerciales, cosa que el legendario dirigente respondió con su habitual sonrisa. Hasta el momento, la nación caribeña tenía solo un consulado en Calcuta en el que apenas se gestionaban tramites menores y alguno que otro documento protocolar cuando la ocasión lo ameritaba (notas de salutaciones, de pésame, de adhesión a alguna festividad y alguno que otro telegrama). De resultas de ello, acordaron abrir legaciones a la brevedad y organizar una serie de reuniones con representantes comerciales para visitar los días siguientes.
El Che saluda a Nehru

Finalizado el encuentro, el Che y sus acompañantes fueron conducidos hasta el sector industrial de Okhla, donde pudieron apreciar la moderna maquinaria maderera y el sistema de trabajo; luego se reunieron con el ministro de Economía y Comercio Nityanand Kanoongo, con quien sentaron las bases de una futura cooperación y en horas de la noche, recorrieron el complejo industrial Cottage Industries Emporium.
El 2 de julio fue el turno del ministro de Defensa de la India, VK Krishna Menon, a quien acompañaban oficiales de las tres armas y altos funcionarios de la repartición, entre ellos, los integrantes de la Comisión de Planificación. Después de conversar con él, visitaron el Instituto de Investigaciones Agropecuarias y finalmente el Laboratorio Nacional de Física, donde el Che probó personalmente un detector de metales de fabricación nacional.
Al día siguiente, los cubanos recorrieron el complejo agrícola de Pilana, muy próximo a Delhi y después una escuela. En horas de la tarde, conocieron al ministro de Desarrollo Comunitario y Cooperación, Surinder Kumar Dey y el 4 de julio al de Alimentación y Agricultura, Ajit Prasad Jain, a quien el viajero enumeró los productos que Cuba podía intercambiar con su país (azúcar, tabaco, café, cobre, cacao y cables de rayón para la fabricación de neumáticos), a cambio de carbón, aceites comestibles, té, producción textil, de yute, películas (la India sigue siendo el mayor productor cinematográfico del mundo) y hasta entrenadores de pilotos.
El viaje a Pilana fue muy provechoso. Durante el mismo, Guevara se sacó numerosas fotografías con la gente del lugar y fue agasajado con la entrega de guirnaldas y otros presentes.
Pero hubo algo que impresionó mal al visitante: las malas condiciones de las escuelas rurales y sobre todo la situación de desnutrición de los niños, quienes presentaban signos visibles de delgadez y enfermedades. Otra cosa que le llamó la atención fueron los grandes contrastes del país, sobre todo la diferencia entre los pobres trabajadores rurales y el emergente sector industrial, así como los grandes latifundios en poder de unos pocos y la pobreza extrema de la gran mayoría de la población.
La visita incluyó un viaje hasta Lucknow, en el estado de Uttar Pradesh, pues el Che tenía interés en conocer el Instituto de Investigación y Producción de Azúcar y luego seguir a Calcuta -donde llegó el 10 de julio- para reunirse con el gobernador de Bengala Occidental, Bidan Chandra Roy y luego con el líder religioso Krishna. El encuentro lo marcó profundamente, sobre todo por los conocimientos que el gurú tenía sobre la energía nuclear y las armas de destrucción masiva. A él fue que le manifestó su profundo respeto por las figuras de Gandhi y Nehru9 y por la historia de la India en general.
Guevara estaba recorriendo las regiones por las que había viajado en su juventud, siguiendo las rutas de sus héroes literarios: Sandokan, Tremal Naik, Kammamuri, Vicente Yáñez de la Gomera, la Begún de los 500 millones, Phielag Fogg y Passepartout, la de los feroces adoradores de la diosa Khali y el malvado James Brooke, y seguiría haciéndolo a través de Bengala y la Malasia pues de la India siguió a Pakistán Oriental10, de ahí a Birmania y finalmente a Indonesia, donde conoció al legendario déspota Sukarno.
Desconcierta realmente, que alguien que luchó contra un dictador corrupto como Batista y que apostrofó y se llenó la boca hablando de opresores y tiranos, pudiera visitar y estrechar la mano de un personaje que superaba ampliamente al depuesto dictador cubano. Sin embargo ahí estaba, intentando un acercamiento con aquel autócrata megalómano, que se ufanaba de su harén de esclavas sexuales oriundas de todas partes del mundo y de las riquezas que acumulada a costa de su pueblo.
El encuentro tuvo lugar en Yakarta (isla de Java), donde ambos hablaron de las revoluciones de sus respectivos países, de la guerra contra el imperialismo y de la futura amistad, fijando pautas para el intercambio comercial. De ahí, el líder caribeño pasó al centro de la isla, para conocer la pirámide de Borobudur, el templo budista más grande del mundo, construido entre los años 750 y 850 por los soberanos sailendras, una verdadera maravilla de seis plataformas cuadradas, de piedra decorada con estatuas y relieves que impresiona al viajero y lo transporta a eras pretéritas, llenas de magia y misterio.
Visita a Hiroshima en diario japonés
En Japón ocurrió más o menos lo mismo que en el resto de los países. Por no tratarse de un funcionario del gobierno cubano, la visita del Che no fue considerada oficial, de ahí que en el aeropuerto de Tokyo solo lo esperasen funcionarios de segundo orden.
De las charlas que mantuvo, apenas se obtuvieron tibios acuerdos de palabra para la compra de azúcar, tabaco y café. Las obligadas visitas a los centros industriales de Toyota, Sony, Mitsubishi y Kubota llamaron su atención por su tecnología de punta y la disciplina de los operarios, pero no lo entusiasmaron demasiado.
Al segundo día de estadía, Guevara estuvo a punto de generar un entredicho diplomático cuando Mario Alzugaray, embajador cubano en Japón, le informó que el protocolo incluía una visita al memorial del ejército imperial japonés, donde debían depositar una ofrenda floral en el mausoleo de los soldados caídos en la Segunda Guerra Mundial. El Che se negó rotundamente a asistir a ese sitio, argumentando que él no visitaba las tumbas de criminales:

-Óigame –dijo con tono firme-, yo ahí no voy. Ese ejército asesinó a millones de asiáticos. No voy a rendirle ningún homenaje.

El angustiado representante diplomático intentó convencerlo, explicándole que aquello era un desaire para el gobierno imperial pero el líder guerrillero se mantuvo en las suyas, diciendo que a ese lugar no iba, pero que sí lo haría a Hiroshima o Nagasaki, para honrar la memoria de las víctimas civiles de los ataques nucleares.
Como ninguna de las dos ciudades estaba incluida en su ruta, el Che decidió visitar la primera por su propia cuenta.

-Tengo que ver el lugar donde Estados Unidos mató a más de 100.000 japoneses.

De esa manera, en compañía de dos integrantes de su comitiva, logró escabullirse del hotel en el que se hallaba hospedado y en horas de la noche tomó uno de los ultramodernos trenes que se dirigían hacia aquel destino. Eso le permitió recorrer sus calles, visitar el Hiroshima Peace Memorial Park (el sitio donde estalló la bomba), el Museo de la Bomba Atómica y el Hospital11.
Guevara había sido muy prudente durante su estadía, sobre todo a la hora de referirse a Japón y los Estados Unidos, pero al ver la magnitud del desastre, no pudo contenerse y cuando un periódico local lo entrevistó en ocasión de su visita, no pudo evitar una de sus típicas salidas: “Debemos manifestar permanentemente todo nuestro amor hacia el pueblo de Hiroshima” y más adelante “¿Por qué Japón no exige disculpas por este crimen a los Estados Unidos? ¿Por qué permitió que los Estados Unidos ocupasen y controlasen el país?12.
Al parecer, al Che Guevara le interesó el cine japonés y por esa razón, buscó la manera de intercambiar material con su país de adopción. Sin embargo, el eje de las conversaciones giró en torno a las compras de azúcar que el Imperio del Sol Naciente hacía a Cuba desde hacía años. Parte de las mismas se desarrollaron en el Hotel Imperial, donde la delegación cubana se había alojado. Allí se encerraron el Che, Alfredo Menéndez y el ministro de Comercio Exterior e Industria nipón, Hayato Ikeda, decididos a zanjar el delicado asunto.
Guevara exigió un aumento en los pagos que Tokyo hacía en yenes, dejando el dinero en bancos japoneses para que Cuba pudiese comprar productos locales de manera directa.
Con mucho respeto y educación, el funcionario imperial explicó que eso iba a ser imposible porque la economía de su país era “abierta”, y eso le impedía establecer compromisos como los que planteaba.

-Entiendo –respondió el Che en tono grave- Ustedes tienen la presión de los rubios del norte.

-Es verdad – sentenció su interlocutor.

-Entonces no hay problema. Continuamos como estamos.

El Che estuvo también en Osaka y de regreso en Tokio, partió con destino a Ceylán (hoy república de Sri Lanka), donde llegó el 7 de agosto. La entrevista que mantuvo con sus autoridades no pasó del plano protocolar pero la visita a una plantación de caucho en Yahala Kele, colmó sus expectativas.
Su presencia fue una sorpresa para los lugareños. La noche anterior, Dingiri Mahattya, empleado de la finca, no tenía idea de quienes iban a visitar el lugar. Cuando la delegación llegó a la mañana siguiente, le llamó la atención un hombre alto, de barba y boina, que hablaba con mucha seguridad y parecía interesarse por todo. Tiempo después supo de quien se trataba.
El visitante y su escolta caminaron durante horas por el lugar, preguntando e intercambiando opiniones, luego desayunaron con la gente y antes de partir, su jefe plantó un árbol que hoy es atractivo de quienes visitan el predio, lo mismo la suerte de galería fotográfica con imágenes suyas que se montó allí en años posteriores13.
En Pakistán occidental, el Che fue recibido por su presidente, Ayub Khan, quien lo puso al tanto el proceso de independencia y del conflicto latente con la India y luego siguió hacia Belgrado, la capital de Yugoslavia, donde aterrizaron el 24 de agosto por la mañana.
Como en todos los países que habían visitado hasta entonces, la “delegación de buena voluntad cubana”, tal como la calificó la prensa de la época, se alojó en un hotel céntrico y en horas de la tarde se dirigió a la isla de Brioni, sobre el mar Adriático (frente a las costas croatas), donde el presidente Josip Broz Tito -quien había vivido en la Argentina-, tenía su residencia de verano.
Encuentro con el mariscal Tito

Como de costumbre, Omar Fernández Cañizares hizo las veces de intérprete, oficiando en un encuentro por demás distendido, tal como se ve en algunas filmaciones que se rodaron mientras visitantes y anfitriones almorzaban.
Anderson no le da mucho valor a esta parada, Kalfon sí. Según el periodista francés, el país le interesaba especialmente porque se trataba de una república plural, suerte de federación balcánica, que había logrado desprenderse de la órbita soviética, sin caer en la de los Estados Unidos.
Es posible que Guevara haya visitado las ruinas romanas de la isla y algún otro punto de interés y que haya pasado fugazmente a Grecia, pero de ello nada dicen sus apologistas.
Marruecos -previa escala en Roma-, fue uno de los lugares que más acaparó su interés, dados sus contrastes, su cultura y su milenaria historia.
Cuando aterrizó en el aeropuerto de Rabat, el domingo 30 de agosto de 1959, ninguno de los cubanos imaginaba las peripecias por las que iban a pasar. Y es que la llegada al país africano, otrora asiento de un poderoso imperio medieval, fue accidentada y desagradable.
La policía local, que dependía del príncipe heredero Mulay Hassan (futuro rey Hassan II), detuvo a la delegación y la condujo por la fuerza a un hotel cercano, donde le impidió salir hasta nuevo aviso.
Enterado de semejante aberración diplomática, el primer ministro Ibrahim, que como se recordará, fue quien había invitado al Che, se desplazó hacia el lugar para liberar a los detenidos y amonestar severamente al jefe de la sección que tuvo a su cargo el arresto.
Superado el incidente, lo cubanos fueron conducidos hasta una lujosa villa del barrio de Souissi y al día siguiente, conducidos al palacio del Ministerio de
Comercio e Industria donde su titular, Driss Slaoui, trató al visitante con excesiva cortesía, intentando con ello superar el incidente del día anterior.  Como fue una constante a lo largo de todo el viaje, se acordaron convenios de cooperación entre ambos países y se hicieron promesas de incrementar las relaciones diplomáticas. Marruecos se comprometía a adquirir azúcar cubana que pagaría con fosfatos, compromiso que de concretarse, resultaría en extremo beneficios para el país caribeño.
El príncipe heredero también intentó remediar el agravio que el controvertido visitante había tenido que padecer a su llegada y para ello organizó un colorido desfile de la guardia de honor, que nos tare a la memoria la escena de “Patton”, la película de Franklin J. Schaffner (1970), con George Scott en el papel principal. En la misma, el soberano marroquí le pregunta al general estadounidense que opinaba de su país –eso mientras la guardia desfilaba- y aquel, con su característica franqueza y falta de tacto le respondió sonriente: “Es una mezcla de Hollywood con la Biblia”.
Ese mismo día, el gobierno organizó una excursión a la ciudad de Marrakesch, la legendaria capital de los almorávides, hacia donde los cubanos partieron en dos vehículos escoltados.
Una vez allí, se alojaron en una propiedad del Estado, situada en el barrio popular de Mouassine –ello después de rechazar un hotel de lujo- mientras una pequeña orquesta ejecutaba maravillosas melodías árabes, en un recinto ricamente decorado con tapetes y alfombras.
El Che en Marruecos junto a Abdallah Ibrahim

El Che y su comitiva se sintieron tan a gusto en aquella ciudad, que alargaron su estadía dieciocho días más, visitando otras localidades y regiones desérticas14
El 19 de septiembre el Che y sus acompañantes aterrizaron por segunda vez en Barajas, última escala de su prolongado viaje de tres meses que los llevó a recorrer catorce países, oportunidad que el primero aprovechó para darse un gusto que no había podido concretar en su camino de ida: asistir a una corrida de toros en algunos de los innumerables ruedos de la capital española.
Tampoco en esta oportunidad hubo recibimiento oficial aunque sí volvieron a estar presentes los servicios secretos falangistas, para seguirle los pasos de cerca.
Una vez instalados en el Hotel Suecia, los cubanos se encaminaron a la Plaza de las Ventas y seguir de cerca las destrezas de los toreros. Periodistas acreditados en el lugar, detectaron a Guevara entre la concurrencia y obtuvieron varias instantáneas que hoy constituyen valiosos documentos fotográficos.
De regreso en el hotel, el Che concedió una breve conferencia de prensa en su habitación y al día siguiente partió de regreso a Cuba.
Poco y nada, es lo que Jon Lee Anderson, Pierre Kalfon y Paco Taibo refieren de este periplo, salvo minucias de poca trascendencia. Para el primero, lo importante fue, más que nada, el envío de Pardo Llada por orden de Fidel, para incorporarse a la comitiva en la India. El autor norteamericano refiere, al respecto, que el emisario viajó convencido de que el hombre fuerte de Cuba intentaba alejarlos a ambos (a él y al Che) de la escena local.
Podemos asegurar que se equivocaba con respecto al argentino pero no a su persona. Cuando ambos se encontraron en la capital de la India, Guevara lo tentó para que permaneciese allí como embajador, pero el periodista se negó terminantemente. Después de su paso por Japón e Indonesia, de camino a Ceylán, viendo que no se alcanzaba ningún objetivo, manifestó su deseo de regresar a Cuba y el Che se lo permitió.

-¿No será que no te quieres comprometer visitando un país comunista como Yugoslavia? – le preguntó maliciosamente15.

Pardo rechazó la sugerencia y volvió a insistir en que Fidel Castro intentaba alejarlos a ambos, de ahí que al llegar a Singapur, armó sus valijas y se marchó, portando algunas cartas dirigidas a Aleida y el propio Fidel, así como para los familiares del resto de la comitiva.
Una vez en La Habana, se dirigió al INRA para entregarle la misiva del Che a Fidel. Este le preguntó por el viaje y la salud del argentino y cuando finalizó de leer la nota, se la extendió a su interlocutor, pidiéndole que leyera el párrafo que le señalaba. Pardo quedó perplejo y hasta indignado al ver que se lo acusaba de enemigo de la revolución.

-Como que el Che no te quiere mucho – dijo risueño Castro, disfrutando de la situación16.

Siguiendo el relato de Anderson, basado a su vez en los del Che y sus colaboradores, la reunión con Nehru, su hija Indira Gandhi y dos de sus nietos (Rajiv y Sanjay), fue un tanto tensa y cargada de evasivas. Según el comandante devenido en embajador, el mandatario hindú lo recibió con la afable familiaridad de un abuelo patriarcal, demostrando un noble interés por los desvelos y las luchas del pueblo cubano, pero evadió todo intento de abordar temas políticos que hizo su huésped.

-Señor primer ministro –le preguntó en determinado momento el Che- ¿Cuál es su opinión de la China comunista?

-Señor comandante, ¿no ha probado usted estas deliciosas manzanas?

-Señor primer ministro, ¿ha leído usted a Mao Tsé Tung?

-¡Ah, señor comandante!, cuanto celebro que le hayan gustado las manzanas.

El Che, que ese día lucía un uniforme de gabardina, estaba más que impaciente y eso tenía en extrema tensión a sus compañeros de viaje, sobre todo porque antes de ingresar al gran salón donde se serviría el banquete, manifestó con cierta ironía “Creo que estoy elegante como para cenar con el señor primer ministro del país más subdesarrollado del mundo”.
En Singapur hizo comentarios jocosos e hirientes y en Yakarta, después de enterarse por boca de Adolpho S. Scilingo, embajador argentino en Indonesia, que Sukarno tenía en su harén a una hermosa muchacha rusa que le había obsequiado Krushev, casi provoca un desastre.
El encuentro con su compatriota lo puso feliz, más cuando supo que era nacido en San Isidro, el elegante suburbio al norte de Buenos Aires donde había vivido de niño y jugado rugby tantos años. Eso pareció envalentonarlo e incrementó sus bríos, poniéndolo más locuaz de lo que ya era (los argentinos tienden a potenciarse y volverse más altaneros cuando se encuentran en el exterior). 
Scilingo entretuvo al Che con su charla en la embajada y le comentó con lujo de detalles las extravagancias del dictador. Por eso, una vez vuelto a su condición de cubano, al presentarse en el palacio presidencial, sintió bullir por sus venas la sangre porteña (no olvidemos que sus dos padres lo eran) y después de varias horas de charla estéril, sin poder contenerse más, exclamó:

-¡Bueno señor Sukarno, pero en todo este recorrido no hemos visto a la rusita que dicen es lo mejor que usted tiene en su colección!

Pardo Llada casi muere de un infarto al escuchar semejante exabrupto y agradeció al Cielo que nadie en Indonesia hablase español. Pensando a 200 kilómetros por hora, inventó una pregunta sobre economía y eso lo sacó del apuro, evitando un desastre. El dueño de casa respondió con la parsimonia que le era característica y nunca supo que su huésped lo había toreado.
Cuando varias horas después, el Che supo las sensaciones que Pardo y sus compañeros habían experimentado, estalló en sonoras carcajadas que retumbaron por todo el hotel.
Una cosa que preocupó a los acompañantes del Che durante todo el recorrido fue su escasa seguridad personal, de ahí que en su primera escala en Madrid, Menéndez, siguiendo los consejos de Carlos Rafael Rodríguez del PSP, adquiriera dos revólveres Colt que le entregó a Argudín, pidiéndole que los llevase consigo17.
Anderson refiere también que el Che solía ser en extremo paternal con los miembros de su comitiva, que cuidaba que nada les faltase y que se desvivía porque todo marchase bien. Con el Dr. Vilaseca era en extremo solícito, cuidando de que nunca le faltase tabaco, pero también era excesivamente rígido y hasta podía llegar a tornarse asfixiante.
Estando en Osaka, el cónsul cubano los invitó al nigth club Metropol, célebre por las seiscientas mujeres que trabajaban allí. Guevara se excusó y prohibió a los suyos pisar a ese sitio. En otra oportunidad, percatado de la ausencia de Omar y José, le preguntó a Menéndez donde se encontraban.

-No lo sé comandante. No los vi salir.

-¡Yo sé donde están! –respondió el Che indignado- ¡Están puteando por ahí!

Pero enseguida se calmó y trató de ser conciliador, recordando sus correrías juveniles:

-Bueno… yo también fui putanero en mi juventud -y le contó al atribulado Menéndez algunas de sus andanzas cuando era enfermero en la flota mercante argentina o a lo largo de sus travesías continentales– una vez cogí una puta y la tuve no se cuantos meses en el barco… hasta me aburrí de ella.

Ambos rieron de buena gana.

Según la carta que le escribió a su madre desde la India, el viaje había sido realmente fructífero

Querida Vieja
Mi viejo sueño de visitar todos estos países se produce de una forma que inhibe toda mi felicidad. Hablar de problemas políticos y económicos, dar fiestas donde lo único que falta es que me ponga un esmoquin y dejar de lado mis más puros placeres, que serían ir a soñar a la sombra de una pirámide o sobre el sarcófago de Tutankamón. Para colmo estoy sin Aleida, a quien no pude traer debido a uno de esos complicados complejos mentales que tengo.
Egipto fue un éxito diplomático de primera magnitud; las embajadas de todos los países del mundo vinieron a la despedida que dimos y comprobé de primera mano lo complicada que puede ser la diplomacia cuando el nuncio apostólico le dio la mano al agregado ruso con una sonrisa realmente beatífica.
Ahora en la India, las nuevas complicaciones protocolares me producen el mismo pánico infantil; señores que dicen la misma fórmula de saludo, etc. Uno d emis tenientes ha inventado la fórmula de contestar a todo con algo asó como joinch-joinch y queda perfecto. Demás está decir que, aunque dijera ochenta preciosidades en cubano y el otro supiera castellano tampoco lo entendería.
Se ha desarrollado mucho en mí el sentido de lo masivo en contraposición a lo personal, soy siempre el mismo solitario que era buscando mi camino sin ayuda pero tengo ahora el sentido de mi deber histórico. No tengo casa, ni mujer, ni hijos, ni padres, ni hermanos, mis amigos son amigos mientras piensen políticamente como yo y, sin embargo, estoy contento, me siento algo en la vida, no sólo una fuerza interior poderosa, que siempre la sentí sino también una capacidad de inyección a los demás y un absoluto sentido fatalista de mi misión me quita todo miedo.
No sé por qué te escribo esto, quizás sea solo mera añoranza de Aleida. Tomalo como lo que es, una carta escrita una noche de temporal, en los cielos de la India, lejos de mis patrias y de mis seres queridos.
Un abrazo para todos
Ernesto18.

Hay quienes cuestionan los resultados de este viaje; los detractores se mofan diciendo que nada se obtuvo en tanto los partidarios hablan de un rotundo éxito comercial y diplomático. La realidad no es ni una cosa ni otra. Si lo analizamos con detenimiento, el mismo fue positivo pues, como sostiene Kalfon, el Che se supo mover bien al captar la atención de las autoridades de esos países.

La leyenda, difusa todavía, de ese argentino convertido en cubano ha llegado hasta las cancillerías de lejanos países. El personaje intriga, lo intuyen importante. Aunque se niegue a utilizar como Fidel Castro, el registro de la seducción, aunque sea muy poco aficionado a las sofisticaciones del protocolo que a menudo considera ridículas, Guevara –como buen hijo de familia patricia- sabe cuáles son los buenos modales. Su cultura es amplia, sabe responder con seguridad y claridad a las preguntas de los periodistas, evitar las encerronas. Al mandar a aquel rojo al otro extremo del mundo, Castro no hizo una mala jugada. No solo tranquiliza a su ala derecha y a una oposición burguesa anticomunista a la que comenzará a meter en cintura. Al mismo tiempo transforma a su más leal partidario, si no en embajador de gran pericia –es necesario mucho oficio para ello- sí al menos en excelente “objeto mediático” ad majorem gloriam… Barba, uniforme y boina con estrella son elementos fotogénicos. Gracias a ellos, poblaciones incapaces hasta entonces de situar la isla en el mapa, descubren que existe un país amigo que se llama Cuba19.

El viaje obtuvo sus frutos, no cabe duda, se lograron establecer contactos, se dieron los primeros pasos para alcanzar acuerdos comerciales y se fortaleció la idea de un bloque de países no alineados capaces de enfrentar a las potencias de occidente. Podemos decir entonces, sin temor a equivocarnos, que Guevara había cumplido y regresaba a su tierra de adopción con saldo favorable.




Imágenes
Tarará, el soleado suburbio donde se radicó el Che


Antes de su viaje, el Che contrajo matrimonio con Aleida. La fotografía fue tomada en La Cabaña, durante la fiesta. De izquierda a derecha, Raúl Castro, su esposa Vilma Espín,  Rafael Somarriba, Alberto Fernández Montes de Oca ("Pachungo"), su mujer, miliciano no indentificado  y Alberto Castellanos

Jorge Ricardo Masetti en Prensa Latina

En la Ciudad Universitaria de Madrid


Madrid, temprano por la mañana


Plaza de Toros de Vistalegre

Reconocido en un bar de Madrid (sitio Casa Foa)

Madrid. Firmando autógrafos
(Sitio Casa Foa)

Junto a Nasser en El Cairo

Nasser le entrega al Che la medalla de la Orden de Al Goumbania

Abdallah Ibrahim Presidente del Consejo de Gobierno de Marruecos

El Cairo

En la Franja de Gaza

Llegada a la India
Medios de prensa de la India

En el despacho de Nehru
4 de julio de 1959. El Che saluda al ministro de Agricultura y Alimentación  de la India A.P. Jain en Nueva Delhi

Junto  Ayub Khan, presidente de Pakistán

Rindiendo homenaje en el Hiroshima Peace Memorial Park

En Yugoslavia con el mariscal Tito

Plantación de cauchode Yahala Kele, Ceylán

Por las calles de Madrid

Plaza de Toros de las Ventas (Madrid)


Plaza de las Ventas
Notas
1Pierre Kalfón, op. Cit, p. 286.
2 Ídem. Cita a Ernesto “Che” Guevara, Obras 1957-1967, Casa de las Américas, La Habana, 1977, t. 2, p. 397.
3 Walter Oscar Ricardo Darré, ingeniero agrónomo nacido en Buenos Aires, el 14 de julio de 1895, hijo de padre alemán y madre argentina de ascendencia sueca. Ministro de Agricultura y Abastecimiento del III Reich y jefe del Departamento de la Raza de las SS. Fue el artífice de la reforma agraria nazi. Como teórico, destacó por ser uno de los inspiradores de la supremacía racial junto a Alfredo Rosemberg. Expuso sus teorías en varios artículos y volúmenes que fueron clásicos de la literatura nacionalsocialista, los principales Sangre y Suelo y La Raza. Fue sometido a juicio en Nüremberg y condenado a siete años de prisión.
4 Jon Lee Anderson, op. Cit., p. 405.
5 Ídem.
6 Bajo la dinastía almorávide Marruecos alcanzó su mayor apogeo y expansión. Sus ejércitos de fanáticos alcanzaron Senegal y Malí por el sur e invadieron España al mando de Alí Ben Yusuf Ben Texufin, el “emir de los emires” que luchó contra el Cid en Valencia y alcanzó las puertas mismas de Madrid y Zaragoza. Tuvieron su capital en Marrakesch y rigorizaron el Islam en extremo. Destronados por los almohades (unitarios) en 1147, el imperio alcanzó una nueva era de esplendor, extendiéndose por el litoral africano hasta Túnez y Libia y recuperando la perdida España, que invadieron ese mismo año. Derrotados en las Navas de Tolosa por la coalición de reinos cristianos conformada por Castilla, Aragón y Navarra (1212), debieron replegarse de regreso a África, donde acabaron desplazados por los benimérines, que fijaron su capital en Fez y recuperaron los territorios perdidos en Argelia y Libia. Intentaron invadir España en 1294, plantando sitio a Tarifa con la ayuda del traidor infante don Juan, pero fueron derrotados y aunque influyeron notablemente en Andalucía, no pudieron conquistar el país. Su reinado se prolongó hasta 1465, cuando sus últimos soberanos fueron desplazados por los wattásidas, con quienes, el imperio marroquí comenzó a decaer y perder grandes territorios hasta verse reducido a los límites actuales..
7 Muhammad Basri, el Fiqih, líder marroquí, tenaz opositor del dominio francés, fundador de la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) en 1957, líder del Ejército Nacional de Liberación.
8 Rifito, “La relación entre Abdelkrim el khattabi y el Ché Guevara”, Rifito.com, Portal del Rif y la cultura Amaxig en español, 29 de enero de 2012 (http://www.rifito.com/2012/01/la-relacion-entre-abdelkrim-el-khattabi_29.html).
8 Rifito, “La relación entre Abdelkrim el khattabi y el Ché Guevara”, Rifito.com, Portal del Rif y la cultura Amaxig en español, 29 de enero de 2012 (http://www.rifito.com/2012/01/la-relacion-entre-abdelkrim-el-khattabi_29.html).
9 Om Thanvi, “When the introverted Che Guevara did a headstand in Delhi”, From the archives, Scroll.in, 4 de diciembre de 2014 (http://scroll.in/article/692802/when-the-introverted-che-guevara-did-a-headstand-in-delhi).
http://scroll.in/article/692802/when-the-introverted-che-guevara-did-a-headstand-in-delhi.
10 Desde el 26 de marzo de 1971, Bangla Desh, oficialmente reconocida el 16 de diciembre del mismo año.
11 N. Sato, “Che Guevara, His Affection for Hiroshima”, extraído de Miyoshi,Toru. Che Nihon wo Iku (Che goes to Japan). March Issue of Bungei Shunju. Tokyo: Bungei Shunju Ltd.. 1969.
https://suite.io/naoko-sato/2pan27g
12 ¿Acaso no se había pronunciado el Che respecto al Japón y las atrocidades que había cometido durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Un país agresor, responsable de genocidio, matanzas, invasiones y la muerte de al menos 15.000.000 de personas estaba en condiciones de exigir disculpas a sus vencedores?
13 Chandani Kirinde, “A larger than life tree for larger than life man”, diario “The Sunday Times” de Sri Lanka, Famous Visitors, Magazine, domingo 6 de septiembre de 2009 (http://www.sundaytimes.lk/090906/ Magazine/sundaytimesmagazine_03.html)
14 Cefas, “Che Guevara en Marruecos”, diario “La Razón”, de España, 28 de abril de 2011
(http://www.larazon.es/3934-che-guevara-en-marruecos GLLA_RAZON_372091 #.Ttt1QQ7 qP022wxZ); sin firma, “Visita histórica del Comandante Ché Guevara a Marruecos”
http://venmaruecos.blogspot.com.ar/2015/02/visita-historica-del-comandante-che.html
15 Jon Lee Anderson, op. Cit., p. 407.
16 Ídem. Pardo Lleda regresó a sus labores de periodista político radial. En marzo de 1961, desertó a Colombia, donde falleció el 8 de agosto de 2009.