EMBAJADOR ITINERANTE
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| El Che Guevara en la India |
Tal como hemos dicho,
ni bien pisó suelo cubano, Fidel Castro puso en vigencia la nueva ley de
reforma agraria, el prisma a través del cual se ilumina toda la estrategia
política de la revolución, según el decir de Pierre Kalfón1, la base
sobre la que va a edificarse la nueva Cuba, de acuerdo con el Che2,
quien además sostuvo que el latifundio, vinculado al monocultivo del azúcar,
era el símbolo de la dependencia económica y política de la isla.
Constituido el
Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), Fidel Castro, su presidente,
se lanzó a una serie de medidas extremas que incluyeron la confiscación y
expropiación de vastas extensiones particulares. Para ello, organizó una
milicia de 100.000 efectivos que se transformaría en el brazo armado del organismo,
mientras Raúl seguía adelante con el desmantelamiento del anquilosado ejército
nacional.
El terror se apoderó de los propietarios de bienes inmuebles cuando a fines de enero se redujeron los alquileres a la mitad y se suspendieron los juicios por desalojo. Eso le captó al régimen partidarios incondicionales que, con el paso del tiempo, trocarían sus sentimientos en fanatismo, al verse beneficiados por la nueva política. En línea paralela, el Che hablaba de guerra contra el imperialismo y de quitarles las tierras a los “injustos propietarios”, para dárselas a los desposeídos, sabiendo que con ello, tocaba no solo a los poderosos de la isla sino también los intereses de Estados Unidos.
Para entonces, Prensa
Latina, la agencia fundada por Masetti, cobraba cuerpo. Sus oficinas en La
Habana eran un hervidero de gente y los capitales fluían para hacerla realidad,
parte de ellos, provenientes de ciertos bonos no cobrados del M-26.
Para ello Masetti
había contactado a varios exponentes del periodismo de izquierda
latinoamericanos, algunos ya consagrados, como el futuro Premio Nobel de
Literatura Gabriel García Márquez (Colombia), el escritor Carlos Fuentes
(México) el ambiguo Rodolfo Walsh (Argentina), Carlos María Gutiérrez, miembro
de la redacción del semanario “Marcha” de Montevideo y otros en etapa de
crecimiento como Rogelio García Lupo (Argentina), Plinio Apuleyo Mendoza
(Colombia) y Teddy Córdova (Bolivia).
Prensa Latina daría
mucha difusión a la puesta en marcha de la reforma agraria, exaltando sus virtudes
y soslayando sus defectos. Y en verdad, se trataba de una medida extrema y
revolucionaria a la que el Che venía dedicando mucha tinta y papel para
justificarla, amén de sus discursos ante asambleas obreras, ignorando el efecto
que la misma causaría no solo en la producción nacional sino en sus relaciones
con Estados Unidos.
No se trataba de una
innovación al estilo de la que su compatriota Walter O. Darré3,
había impuesto en Alemania entre 1933 y 1934. Aquella fue una iniciativa
extremista también, pero consideraba sagrada a la propiedad privada, aunque
fuera en desmedro de los grandes terratenientes. Darré propuso crear una nueva
nobleza de sangre y suelo, como lo expuso claramente en su obra homónima,
considerando inviolable e indivisible la propiedad, que debía ser heredada tan
solo por el primogénito, para evitar terminar atomizada en pequeñas parcelas.
De ese modo, se potenciaba la producción y el pleno empleo, no como sucedería
en Cuba, donde el sistema fue mucho más comunitario, con el estado prácticamente
dueño de la tierra y el que la trabajaba limitado a las funciones de simple
peón.
Eso era,
precisamente, lo que deseaba el Che y al aparecer, las cosas estaban saliendo
de acuerdo a sus planes, pese a que muchos pensaran entonces, que Fidel trataba de
quitárselo de encima, enviándolo fuera del país, en un viaje de tres meses de
duración.
Y en verdad daban que
pensar algunas decisiones que había adoptado. Su orden, impartida poco antes de
la partida de Guevara, de suspender los fusilamientos, más la redada ordenada
en Pinar del Río el 18 de abril, contra los campos de entrenamiento en los que
aquel preparaba los cuadros guerrilleros que debían operar en el extranjero,
parecieron confirmar las sospechas de que el máximo representante de la revolución
intentaba librarse de su segundo. Y eso cayó muy mal entre sus partidarios.
Él anunció que se iba de viaje…, y a
nosotros nos disgustó tremendamente –diría Borrego años después- Nos daba la
impresión de que lo habían quitado de jefe del regimiento. Y nosotros
interpretamos eso muy mal4.
Para peor, un nuevo
comandante, extremadamente rígido vino a reemplazar al carismático líder
argentino, motivando la queja de Borrego y varios de sus compañeros. Anderson
cuenta que cuando le fueron con sus quejas a Camilo Cienfuegos, los recibió con
mal talante recordándoles que eran soldados de la revolución, que debían
obedecer órdenes y que el Che se iba a enfadar muchísimo si se enteraba de
aquella actitud. Dos días después, sus temores parecieron confirmarse cuando el
regimiento asignado a la añeja fortaleza fue desafectado y enviado a Las
Villas, para incorporarse a las fuerzas locales5.
El Che partió de
Rancho Boyeros la mañana del 12 de junio de 1959. Lo acompañaban el economista
Alfredo Menéndez, experto en producción azucarera, Francisco García Vals del
Partido Socialista Popular, el capitán Omar Fernández Cañizares del ejército
revolucionario, el joven escolta José Argudín y el Dr. Salvador Vilaseca,
profesor de matemáticas de la Universidad de La Habana y miembro del directorio
de Banfaic. Su destino: Egipto, la India, Indonesia, Ceylán y Yugoslavia, todos
pertenecientes al bloque de los “no alineados”, con quienes Cuba deseaba
establecer relaciones diplomáticas y lazos comerciales.
El 13 de junio al
avión aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Barajas. Las personas que se
encontraban allí, entre personal, pasajeros y familiares, quedaron petrificados
al ver en el hall central al cada vez más famoso líder guerrillero. Lo esperaba
personal de la embajada cubana y efectivos del servicio secreto, que debía
seguir sus pasos en tanto durase su estadía en Madrid. La condición que el
gobierno franquista había impuesto para autorizar la escala era que el recién
llegado evitase todo contacto con elementos de la oposición y abandonase el
país lo antes posible.
El Che quiso conocer
Madrid, aunque sin establecer contacto con nadie, de ahí que esa primera visita
pasase completamente desapercibida.
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| Las solitarias calles de Madrid |
En horas muy tempranas, visitó el barrio de Carabanchel, de allí pasó a la plaza de toros de Vistalegre y luego siguió hacia la Ciudad Universitaria. Tras una rápida vista al lugar, se fotografió frente a la Facultad de Medicina, la Plaza de Oriente y el Palacio Real y continuó su recorrido por la Plaza de Callao y las Galerías Preciados, que pese a ser domingo, abrieron sus puertas especialmente para él.
Allí
compró una cámara fotográfica, rollos y una máquina de escribir portátil y
luego siguió hasta el café “California”, sobre la Gran Vía, donde sorbió uno de
aquellos insumos junto con un bocadillo, despertando mucha curiosidad entre los
parroquianos que se encontraban en el lugar.
De
regreso en el Hotel Plaza, donde se había alojado, se fue a descansar a su
habitación y tras dieciséis horas de permanencia en la capital hispana, partió
rumbo a El Cairo, expectante por la entrevista que iba a mantener con el
presidente Gamal Abdel Nasser.
Durante
el vuelo, mientras observaba por la ventanilla el cordón montañoso de El-Rif,
al norte de Marruecos, el Che pensó en la tradición guerrillera de aquella
región, donde las tribus cabilas se habían ocultado para iniciar la rebelión
contra las fuerzas coloniales de España y Francia. Una guerra que fue cobrando
dimensiones a partir del desembarco de Larache (junio de 1911) y que tuvo su corolario
en el desastre de Annual (1921) y la victoria de Uarga (1925), sobre españoles
y franceses respectivamente. Sin embargo, las dos potencias lograron afirmarse
y al menos hasta el momento en que Guevara sobrevolaba el territorio, mantenían
posesiones no solo en Marruecos sino en otros puntos de África.
Hombre
culto como era, también debió haber rememorado la invasión árabe a la
península, que habiendo partido desde Tánger y Ceuta en la primavera del 71,
fue contenida recién en Poitiers, Francia, dos décadas después o las que se
sucedieron en tiempos de los almorávides (1040-1147), los almohades (1147-1269)
y los benimérines (1269-1465), que hicieron de Marruecos un gran imperio6.
Mientras
el argentino observaba aquel sector sobre el que tanto había leído -novelas de
Salgari y Verne de por medio-, pensaba en el encuentro que esperaba mantener
con el líder de aquellas guerrillas beduinas, Abdel Krim El Khattabi, acordado
antes de su partida.
Guevara
llegó a la capital egipcia con las expectativas de un encuentro revelador.
Aterrizó en el Aeropuerto Internacional de El Cairo en horas de la mañana y fue
recibido por una delegación del gobierno que lo condujo hasta el hotel que se
le había reservado especialmente.
El
encuentro con el legendario estadista egipcio tuvo lugar horas después y en él
estuvieron presentes su contacto local, el periodista Mohamed Hassanein Heikal
y el ministro Ali Sabry.
A
Guevara le interesaba sobremanera la reforma agraria que Nasser había
implementado en su país y ese fue el eje sobre el que giraron las
conversaciones. Sin embargo, de ahí no pasaron ya que el egipcio fue bastante
esquivo cuando el argentino intentó abordar otros asuntos.
Pese
a las fotografías que los muestran sonrientes y triunfales, pese a que Nasser
le hizo entrega de la medalla de la Orden de Al Goumbania y que fue solícito
durante todo el encuentro, el Che se retiró del palacio de gobierno con sabor a
poco. Aún así, el encuentro había servido para iniciar relaciones y estrechar
una amistad que los países no alineados necesitaban imperiosamente.
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| Encuentro con Nasser |
Al
día siguiente, tuvo lugar una reunión mucho más fructífera con el mencionado
líder rifeño Abdel Krim El Khattabi, el legendario “fundador de las técnicas de
lucha guerrillera”, según dijo Guevara a los miembros de su delegación.
La
reunión, que tuvo lugar en la embajada de Marruecos, había sido programada por
Mohamed Louma, antiguo colaborador del líder Muhammad Basri, el Fiqih7,
a pedido del presidente del Consejo de Gobierno marroquí, Abdallah Ibrahim,
miembro del ala izquierdista del Partido de la Independencia (Istiqlal). Louma
había arreglado los detalles de la entrevista con el embajador de Marruecos
Abdel Khalek Torres y allí se encontraba cuando la delegación cubana llegó a
bordo de dos automóviles.
Por
entonces, Ibrahim efectuaba una visita oficial a Egipto y, por consiguiente,
también se hallaba presente. Ese día Guevara cumplía 31 años y puede decirse
que aquel fue uno de los mejores regalos de su vida.
Tras
las salutaciones y presentaciones que indicaba el protocolo, los dos líderes
pasaron a los jardines traseros de la legación, para sentarse a conversar junto
a una mesa especialmente preparada. El recién llegado se sorprendió cuando el
líder marroquí le habló de la revolución cubana y manifestó conocerlo más de lo
que él suponía. Por su parte, respondió que junto a Fidel Castro, habían
implementado muchas de sus tácticas y que las mismas habían sido llevadas a la
sierra por el general Alberto Bayo, el cubano de nacimiento que había combatido
en la Guerra Civil Española para el bando republicano.
La
charla fue en extremo cordial y una vez finalizada, el líder cubano se tomó la
célebre fotografía en la que se lo ve con su par rifeño, Ibrahim y el embajador
Torres.
Fue
ahí que el jefe de gobierno marroquí lo invitó a visitar su país, extendiéndole
su tarjeta personal con el número de teléfono para que lo llamase en caso de
que se presentase algún inconveniente8.
El 18 de junio la comitiva cubana visitó Alejandría,
el Canal de Suez, las célebres pirámides y la Franja de Gaza, recientemente
atacada por Israel. En ese último punto caminó por los campos de refugiados
palestinos que vivaron su nombre al verlo llegar, y se fotografió con algunos
dirigentes.
De ahí pasó a Sudán y luego a Siria, para seguir su
camino hacia la India, el 19 de junio por la mañana. Lamentablemente, poco
podemos agregar de lo que aconteció en aquellos tres puntos salvo las
consabidas recepciones por personal de menor rango (recordemos que la suya no
era una visita oficial), los encuentros con funcionarios de gobierno y alguna
que otra visita a una planta industrial, un complejo urbano o sitio de interés
histórico, uno de ellos, el Mausoleo de Saladino, en Damasco.
Llegó a Palam (India) el 30 de junio, en horas de la
noche. En la estación aérea lo esperaba una delegación encabezada por el
director de Protocolo adjunto, D. S. Khosla, quien lo acompañó hasta el
flamante Hotel Ashok (Asoka) de Chanakyapuri.
Para su sorpresa, allí lo esperaba José Pardo Llada, experto en ciencias
políticas que tenía un programa de radio de gran audiencia en la isla. Castro
lo había enviado especialmente para que asistiera al Che en su recorrida pero
la decisión no fue del agrado del argentino porque consideraba a ese hombre un
derechista en potencia. No olvidaba que en cierta oportunidad, había acudido a
La Cabaña para pedir por la suerte del antiguo ministro de Información de
Batista, Ernesto de la Fe y había discutido con él por eso.
El Che fue recibido por Nehru en el Teen Murti
Bhavan, el palacio de los primeros ministros de Nueva Delhi y tras las
salutaciones correspondientes, esa misma noche lo invitó a cenar. Antes de
ello, mantuvieron una conversación formal en la que, entre otras cosas, el
emisario cubano manifestó su interés por establecer relaciones bilaterales y
estudiar la posibilidad de acuerdos comerciales, cosa que el legendario
dirigente respondió con su habitual sonrisa. Hasta el momento, la nación
caribeña tenía solo un consulado en Calcuta en el que apenas se gestionaban
tramites menores y alguno que otro documento protocolar cuando la ocasión lo
ameritaba (notas de salutaciones, de pésame, de adhesión a alguna festividad y
alguno que otro telegrama). De resultas de ello, acordaron abrir legaciones a
la brevedad y organizar una serie de reuniones con representantes comerciales
para visitar los días siguientes.
Finalizado el encuentro, el Che y sus acompañantes fueron conducidos hasta el sector industrial de Okhla, donde pudieron apreciar la moderna maquinaria maderera y el sistema de trabajo; luego se reunieron con el ministro de Economía y Comercio Nityanand Kanoongo, con quien sentaron las bases de una futura cooperación y en horas de la noche, recorrieron el complejo industrial Cottage Industries Emporium.
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| El Che saluda a Nehru |
Finalizado el encuentro, el Che y sus acompañantes fueron conducidos hasta el sector industrial de Okhla, donde pudieron apreciar la moderna maquinaria maderera y el sistema de trabajo; luego se reunieron con el ministro de Economía y Comercio Nityanand Kanoongo, con quien sentaron las bases de una futura cooperación y en horas de la noche, recorrieron el complejo industrial Cottage Industries Emporium.
El 2 de julio fue el turno del ministro de Defensa
de la India, VK Krishna Menon, a quien acompañaban oficiales de las tres armas
y altos funcionarios de la repartición, entre ellos, los integrantes de la
Comisión de Planificación. Después de conversar con él, visitaron el Instituto
de Investigaciones Agropecuarias y finalmente el Laboratorio Nacional de
Física, donde el Che probó personalmente un detector de metales de fabricación
nacional.
Al día siguiente, los cubanos recorrieron el complejo
agrícola de Pilana, muy próximo a Delhi y después una escuela. En horas de la
tarde, conocieron al ministro de Desarrollo Comunitario y Cooperación, Surinder
Kumar Dey y el 4 de julio al de Alimentación y Agricultura, Ajit Prasad Jain, a
quien el viajero enumeró los productos que Cuba podía intercambiar con su país
(azúcar, tabaco, café, cobre, cacao y cables de rayón para la fabricación de
neumáticos), a cambio de carbón, aceites comestibles, té, producción textil, de
yute, películas (la India sigue siendo el mayor productor cinematográfico del
mundo) y hasta entrenadores de pilotos.
El viaje a Pilana fue muy provechoso. Durante el
mismo, Guevara se sacó numerosas fotografías con la gente del lugar y fue
agasajado con la entrega de guirnaldas y otros presentes.
Pero hubo algo que impresionó mal al visitante: las
malas condiciones de las escuelas rurales y sobre todo la situación de
desnutrición de los niños, quienes presentaban signos visibles de delgadez y
enfermedades. Otra cosa que le llamó la atención fueron los grandes contrastes
del país, sobre todo la diferencia entre los pobres trabajadores rurales y el
emergente sector industrial, así como los grandes latifundios en poder de unos
pocos y la pobreza extrema de la gran mayoría de la población.
La visita incluyó un viaje hasta Lucknow, en el
estado de Uttar Pradesh, pues el Che tenía interés en conocer el Instituto de
Investigación y Producción de Azúcar y luego seguir a Calcuta -donde llegó el
10 de julio- para reunirse con el gobernador de Bengala Occidental, Bidan
Chandra Roy y luego con el líder religioso Krishna. El encuentro lo marcó
profundamente, sobre todo por los conocimientos que el gurú tenía sobre la
energía nuclear y las armas de destrucción masiva. A él fue que le manifestó su
profundo respeto por las figuras de Gandhi y Nehru9 y por la
historia de la India en general.
Guevara estaba recorriendo las regiones por las que
había viajado en su juventud, siguiendo las rutas de sus héroes literarios:
Sandokan, Tremal Naik, Kammamuri, Vicente Yáñez de la Gomera, la Begún de los
500 millones, Phielag Fogg y Passepartout, la de los feroces adoradores de la diosa Khali
y el malvado James Brooke, y seguiría haciéndolo a través de Bengala y la
Malasia pues de la India siguió a Pakistán Oriental10, de ahí a Birmania y
finalmente a Indonesia, donde conoció al legendario déspota Sukarno.
Desconcierta realmente, que alguien que luchó contra
un dictador corrupto como Batista y que apostrofó y se llenó la boca hablando
de opresores y tiranos, pudiera visitar y estrechar la mano de un personaje que
superaba ampliamente al depuesto dictador cubano. Sin embargo ahí estaba,
intentando un acercamiento con aquel autócrata megalómano, que se ufanaba de su
harén de esclavas sexuales oriundas de todas partes del mundo y de las riquezas
que acumulada a costa de su pueblo.
El encuentro tuvo lugar en Yakarta (isla de Java),
donde ambos hablaron de las revoluciones de sus respectivos países, de la
guerra contra el imperialismo y de la futura amistad, fijando pautas para el
intercambio comercial. De ahí, el líder caribeño pasó al centro de la isla,
para conocer la pirámide de Borobudur, el templo budista más grande del mundo,
construido entre los años 750 y 850 por los soberanos sailendras, una verdadera
maravilla de seis plataformas cuadradas, de piedra decorada con estatuas y
relieves que impresiona al viajero y lo transporta a eras pretéritas, llenas de
magia y misterio.
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| Visita a Hiroshima en diario japonés |
De las charlas que mantuvo, apenas se obtuvieron
tibios acuerdos de palabra para la compra de azúcar, tabaco y café. Las
obligadas visitas a los centros industriales de Toyota, Sony, Mitsubishi y
Kubota llamaron su atención por su tecnología de punta y la disciplina de los
operarios, pero no lo entusiasmaron demasiado.
Al segundo día de
estadía, Guevara estuvo a punto de generar un entredicho diplomático cuando
Mario Alzugaray, embajador cubano en Japón, le informó que el protocolo incluía
una visita al memorial del ejército imperial japonés, donde debían depositar
una ofrenda floral en el mausoleo de los soldados caídos en la Segunda Guerra
Mundial. El Che se negó rotundamente a asistir a ese sitio, argumentando que él
no visitaba las tumbas de criminales:
-Óigame –dijo con
tono firme-, yo ahí no voy. Ese ejército asesinó a millones de asiáticos. No
voy a rendirle ningún homenaje.
El angustiado
representante diplomático intentó convencerlo, explicándole que aquello era un
desaire para el gobierno imperial pero el líder guerrillero se mantuvo en las
suyas, diciendo que a ese lugar no iba, pero que sí lo haría a Hiroshima o
Nagasaki, para honrar la memoria de las víctimas civiles de los ataques
nucleares.
Como ninguna de las
dos ciudades estaba incluida en su ruta, el Che decidió visitar la primera por
su propia cuenta.
-Tengo que ver el
lugar donde Estados Unidos mató a más de 100.000 japoneses.
De esa manera, en
compañía de dos integrantes de su comitiva, logró escabullirse del hotel en el
que se hallaba hospedado y en horas de la noche tomó uno de los ultramodernos
trenes que se dirigían hacia aquel destino. Eso le permitió recorrer sus
calles, visitar el Hiroshima Peace Memorial Park (el sitio donde estalló la
bomba), el Museo de la Bomba Atómica y el Hospital11.
Guevara había sido
muy prudente durante su estadía, sobre todo a la hora de referirse a Japón y
los Estados Unidos, pero al ver la magnitud del desastre, no pudo contenerse y
cuando un periódico local lo entrevistó en ocasión de su visita, no pudo evitar
una de sus típicas salidas: “Debemos
manifestar permanentemente todo nuestro amor hacia el pueblo de Hiroshima”
y más adelante “¿Por qué Japón no exige
disculpas por este crimen a los Estados Unidos? ¿Por qué permitió que los
Estados Unidos ocupasen y controlasen el país?12.
Al parecer, al Che
Guevara le interesó el cine japonés y por esa razón, buscó la manera de
intercambiar material con su país de adopción. Sin embargo, el eje de las
conversaciones giró en torno a las compras de azúcar que el Imperio del Sol
Naciente hacía a Cuba desde hacía años. Parte de las mismas se desarrollaron en
el Hotel Imperial, donde la delegación cubana se había alojado. Allí se
encerraron el Che, Alfredo Menéndez y el ministro de Comercio Exterior e
Industria nipón, Hayato Ikeda, decididos a zanjar el delicado asunto.
Guevara exigió un
aumento en los pagos que Tokyo hacía en yenes, dejando el dinero en bancos
japoneses para que Cuba pudiese comprar productos locales de manera directa.
Con mucho respeto y
educación, el funcionario imperial explicó que eso iba a ser imposible porque
la economía de su país era “abierta”, y eso le impedía establecer compromisos
como los que planteaba.
-Entiendo –respondió
el Che en tono grave- Ustedes tienen la presión de los rubios del norte.
-Es verdad –
sentenció su interlocutor.
-Entonces no hay
problema. Continuamos como estamos.
El Che estuvo también
en Osaka y de regreso en Tokio, partió con destino a Ceylán (hoy república de
Sri Lanka), donde llegó el 7 de agosto. La entrevista que mantuvo con sus
autoridades no pasó del plano protocolar pero la visita a una plantación de
caucho en Yahala Kele, colmó sus expectativas.
Su presencia fue una
sorpresa para los lugareños. La noche anterior, Dingiri Mahattya, empleado de
la finca, no tenía idea de quienes iban a visitar el lugar. Cuando la
delegación llegó a la mañana siguiente, le llamó la atención un hombre alto, de
barba y boina, que hablaba con mucha seguridad y parecía interesarse por todo.
Tiempo después supo de quien se trataba.
El visitante y su
escolta caminaron durante horas por el lugar, preguntando e intercambiando
opiniones, luego desayunaron con la gente y antes de partir, su jefe plantó un
árbol que hoy es atractivo de quienes visitan el predio, lo mismo la suerte de
galería fotográfica con imágenes suyas que se montó allí en años posteriores13.
En Pakistán
occidental, el Che fue recibido por su presidente, Ayub Khan, quien lo puso al tanto el proceso de independencia y del
conflicto latente con la India y luego siguió hacia Belgrado, la capital de
Yugoslavia, donde aterrizaron el 24 de agosto por la mañana.
Como
en todos los países que habían visitado hasta entonces, la “delegación de buena
voluntad cubana”, tal como la calificó la prensa de la época, se alojó en un
hotel céntrico y en horas de la tarde se dirigió a la isla de Brioni, sobre el
mar Adriático (frente a las costas croatas), donde el presidente Josip Broz
Tito -quien había vivido en la Argentina-, tenía su residencia de verano.
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| Encuentro con el mariscal Tito |
Como de costumbre, Omar Fernández Cañizares hizo las veces de intérprete, oficiando en un encuentro por demás distendido, tal como se ve en algunas filmaciones que se rodaron mientras visitantes y anfitriones almorzaban.
Anderson
no le da mucho valor a esta parada, Kalfon sí. Según el periodista francés, el
país le interesaba especialmente porque se trataba de una república plural,
suerte de federación balcánica, que había logrado desprenderse de la órbita
soviética, sin caer en la de los Estados Unidos.
Es
posible que Guevara haya visitado las ruinas romanas de la isla y algún otro
punto de interés y que haya pasado fugazmente a Grecia, pero de ello nada dicen
sus apologistas.
Marruecos
-previa escala en Roma-, fue uno de los lugares que más acaparó su interés,
dados sus contrastes, su cultura y su milenaria historia.
Cuando
aterrizó en el aeropuerto de Rabat, el domingo 30 de agosto de 1959, ninguno de
los cubanos imaginaba las peripecias por las que iban a pasar. Y es que la
llegada al país africano, otrora asiento de un poderoso imperio medieval, fue
accidentada y desagradable.
La
policía local, que dependía del príncipe heredero Mulay Hassan (futuro rey
Hassan II), detuvo a la delegación y la condujo por la fuerza a un hotel
cercano, donde le impidió salir hasta nuevo aviso.
Enterado
de semejante aberración diplomática, el primer ministro Ibrahim, que como se recordará,
fue quien había invitado al Che, se desplazó hacia el lugar para liberar a los
detenidos y amonestar severamente al jefe de la sección que tuvo a su cargo el
arresto.
Superado
el incidente, lo cubanos fueron conducidos hasta una lujosa villa del barrio de
Souissi y al día siguiente, conducidos al palacio del Ministerio de
Comercio
e Industria donde su titular,
Driss Slaoui, trató al visitante con excesiva cortesía, intentando con ello
superar el incidente del día anterior.
Como fue una constante a lo largo de todo el viaje, se acordaron
convenios de cooperación entre ambos países y se hicieron promesas de
incrementar las relaciones diplomáticas. Marruecos se comprometía a adquirir
azúcar cubana que pagaría con fosfatos, compromiso que de concretarse,
resultaría en extremo beneficios para el país caribeño.
El príncipe
heredero también intentó remediar el agravio que el controvertido visitante
había tenido que padecer a su llegada y para ello organizó un colorido desfile
de la guardia de honor, que nos tare a la memoria la escena de “Patton”, la
película de Franklin J. Schaffner (1970), con George Scott en el papel
principal. En la misma, el soberano marroquí le pregunta al general
estadounidense que opinaba de su país –eso mientras la guardia desfilaba- y
aquel, con su característica franqueza y falta de tacto le respondió sonriente:
“Es una mezcla de Hollywood con la
Biblia”.
Ese mismo
día, el gobierno organizó una excursión a la ciudad de Marrakesch, la
legendaria capital de los almorávides, hacia donde los cubanos partieron en dos
vehículos escoltados.
Una vez allí,
se alojaron en una propiedad del Estado, situada en el barrio popular de
Mouassine –ello después de rechazar un hotel de lujo- mientras una pequeña
orquesta ejecutaba maravillosas melodías árabes, en un recinto ricamente
decorado con tapetes y alfombras.
El Che y su comitiva se sintieron tan a gusto en aquella ciudad, que alargaron su estadía dieciocho días más, visitando otras localidades y regiones desérticas14.
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| El Che en Marruecos junto a Abdallah Ibrahim |
El Che y su comitiva se sintieron tan a gusto en aquella ciudad, que alargaron su estadía dieciocho días más, visitando otras localidades y regiones desérticas14.
El 19 de septiembre
el Che y sus acompañantes aterrizaron por segunda vez en Barajas, última escala
de su prolongado viaje de tres meses que los llevó a recorrer catorce países,
oportunidad que el primero aprovechó para darse un gusto que no había podido
concretar en su camino de ida: asistir a una corrida de toros en algunos de los
innumerables ruedos de la capital española.
Tampoco en esta oportunidad
hubo recibimiento oficial aunque sí volvieron a estar presentes los servicios
secretos falangistas, para seguirle los pasos de cerca.
Una vez instalados en
el Hotel Suecia, los cubanos se encaminaron a la Plaza de las Ventas y seguir
de cerca las destrezas de los toreros. Periodistas acreditados en el lugar,
detectaron a Guevara entre la concurrencia y obtuvieron varias instantáneas que
hoy constituyen valiosos documentos fotográficos.
De regreso en el
hotel, el Che concedió una breve conferencia de prensa en su habitación y al
día siguiente partió de regreso a Cuba.
Poco y nada, es lo que Jon Lee
Anderson, Pierre Kalfon y Paco Taibo refieren de este periplo, salvo minucias
de poca trascendencia. Para el primero, lo importante fue, más que nada, el
envío de Pardo Llada por orden de Fidel, para incorporarse a la comitiva en la
India. El autor norteamericano refiere, al respecto, que el emisario viajó
convencido de que el hombre fuerte de Cuba intentaba alejarlos a ambos (a él y
al Che) de la escena local.
Podemos asegurar que se equivocaba
con respecto al argentino pero no a su persona. Cuando ambos se encontraron en
la capital de la India, Guevara lo tentó para que permaneciese allí como
embajador, pero el periodista se negó terminantemente. Después de su paso por
Japón e Indonesia, de camino a Ceylán, viendo que no se alcanzaba ningún
objetivo, manifestó su deseo de regresar a Cuba y el Che se lo permitió.
-¿No será que no te quieres
comprometer visitando un país comunista como Yugoslavia? – le preguntó
maliciosamente15.
Pardo rechazó la sugerencia y volvió
a insistir en que Fidel Castro intentaba alejarlos a ambos, de ahí que al
llegar a Singapur, armó sus valijas y se marchó, portando algunas cartas
dirigidas a Aleida y el propio Fidel, así como para los familiares del resto de
la comitiva.
Una vez en La Habana, se dirigió al
INRA para entregarle la misiva del Che a Fidel. Este le preguntó por el viaje y
la salud del argentino y cuando finalizó de leer la nota, se la extendió a su
interlocutor, pidiéndole que leyera el párrafo que le señalaba. Pardo quedó
perplejo y hasta indignado al ver que se lo acusaba de enemigo de la
revolución.
-Como que el Che no te quiere mucho
– dijo risueño Castro, disfrutando de la situación16.
Siguiendo el relato de Anderson,
basado a su vez en los del Che y sus colaboradores, la reunión con Nehru, su
hija Indira Gandhi y dos de sus nietos (Rajiv y Sanjay), fue un tanto tensa y
cargada de evasivas. Según el comandante devenido en embajador, el mandatario
hindú lo recibió con la afable familiaridad de un abuelo patriarcal,
demostrando un noble interés por los desvelos y las luchas del pueblo cubano,
pero evadió todo intento de abordar temas políticos que hizo su huésped.
-Señor primer ministro –le preguntó
en determinado momento el Che- ¿Cuál es su opinión de la China comunista?
-Señor comandante, ¿no ha probado
usted estas deliciosas manzanas?
-Señor primer ministro, ¿ha leído
usted a Mao Tsé Tung?
-¡Ah, señor comandante!, cuanto
celebro que le hayan gustado las manzanas.
El Che, que ese día lucía un
uniforme de gabardina, estaba más que impaciente y eso tenía en extrema tensión
a sus compañeros de viaje, sobre todo porque antes de ingresar al gran salón
donde se serviría el banquete, manifestó con cierta ironía “Creo que estoy elegante como para cenar con el señor primer ministro
del país más subdesarrollado del mundo”.
En Singapur hizo comentarios jocosos
e hirientes y en Yakarta, después de enterarse por boca de Adolpho S. Scilingo,
embajador argentino en Indonesia, que Sukarno tenía en su harén a una hermosa
muchacha rusa que le había obsequiado Krushev, casi provoca un desastre.
El encuentro con su compatriota lo
puso feliz, más cuando supo que era nacido en San Isidro, el elegante suburbio
al norte de Buenos Aires donde había vivido de niño y jugado rugby tantos años.
Eso pareció envalentonarlo e incrementó sus bríos, poniéndolo más locuaz de lo
que ya era (los argentinos tienden a potenciarse y volverse más altaneros
cuando se encuentran en el exterior).
Scilingo entretuvo al Che con su
charla en la embajada y le comentó con lujo de detalles las extravagancias del
dictador. Por eso, una vez vuelto a su condición de cubano, al presentarse en
el palacio presidencial, sintió bullir por sus venas la sangre porteña (no
olvidemos que sus dos padres lo eran) y después de varias horas de charla estéril,
sin poder contenerse más, exclamó:
-¡Bueno señor Sukarno, pero en todo
este recorrido no hemos visto a la rusita que dicen es lo mejor que usted tiene
en su colección!
Pardo Llada casi muere de un infarto
al escuchar semejante exabrupto y agradeció al Cielo que nadie en Indonesia
hablase español. Pensando a 200 kilómetros por hora, inventó una pregunta sobre
economía y eso lo sacó del apuro, evitando un desastre. El dueño de casa
respondió con la parsimonia que le era característica y nunca supo que su
huésped lo había toreado.
Cuando varias horas después, el Che
supo las sensaciones que Pardo y sus compañeros habían experimentado, estalló
en sonoras carcajadas que retumbaron por todo el hotel.
Una cosa que preocupó a los
acompañantes del Che durante todo el recorrido fue su escasa seguridad
personal, de ahí que en su primera escala en Madrid, Menéndez, siguiendo los
consejos de Carlos Rafael Rodríguez del PSP, adquiriera dos revólveres Colt que
le entregó a Argudín, pidiéndole que los llevase consigo17.
Anderson refiere también que el Che
solía ser en extremo paternal con los miembros de su comitiva, que cuidaba que
nada les faltase y que se desvivía porque todo marchase bien. Con el Dr.
Vilaseca era en extremo solícito, cuidando de que nunca le faltase tabaco, pero
también era excesivamente rígido y hasta podía llegar a tornarse asfixiante.
Estando en Osaka, el cónsul cubano
los invitó al nigth club Metropol, célebre por las seiscientas mujeres que
trabajaban allí. Guevara se excusó y prohibió a los suyos pisar a ese sitio. En
otra oportunidad, percatado de la ausencia de Omar y José, le preguntó a
Menéndez donde se encontraban.
-No lo sé comandante. No los vi
salir.
-¡Yo sé donde están! –respondió el
Che indignado- ¡Están puteando por ahí!
Pero enseguida se calmó y trató de
ser conciliador, recordando sus correrías juveniles:
-Bueno… yo también fui putanero en
mi juventud -y le contó al atribulado Menéndez algunas de sus andanzas cuando
era enfermero en la flota mercante argentina o a lo largo de sus travesías
continentales– una vez cogí una puta y la tuve no se cuantos meses en el barco…
hasta me aburrí de ella.
Ambos rieron de buena gana.
Según la carta que le escribió a su
madre desde la India, el viaje había sido realmente fructífero
Querida Vieja
Mi viejo sueño de visitar todos
estos países se produce de una forma que inhibe toda mi felicidad. Hablar de
problemas políticos y económicos, dar fiestas donde lo único que falta es que
me ponga un esmoquin y dejar de lado mis más puros placeres, que serían ir a
soñar a la sombra de una pirámide o sobre el sarcófago de Tutankamón. Para
colmo estoy sin Aleida, a quien no pude traer debido a uno de esos complicados
complejos mentales que tengo.
Egipto fue un éxito diplomático de primera magnitud; las embajadas de
todos los países del mundo vinieron a
la despedida que dimos y comprobé de primera mano lo complicada que puede ser
la diplomacia cuando el nuncio apostólico le dio la mano al agregado ruso con
una sonrisa realmente beatífica.
Ahora en la India, las nuevas complicaciones protocolares me
producen el mismo pánico infantil; señores que dicen la misma fórmula de
saludo, etc. Uno d emis tenientes ha inventado la fórmula de contestar a todo
con algo asó como joinch-joinch y queda perfecto. Demás está decir que, aunque
dijera ochenta preciosidades en cubano y el otro supiera castellano tampoco lo
entendería.
Se ha desarrollado mucho en mí el sentido de lo masivo en
contraposición a lo personal, soy siempre el mismo solitario que era buscando
mi camino sin ayuda pero tengo ahora el sentido de mi deber histórico. No tengo
casa, ni mujer, ni hijos, ni padres, ni hermanos, mis amigos son amigos
mientras piensen políticamente como yo y, sin embargo, estoy contento, me siento
algo en la vida, no sólo una fuerza interior poderosa, que siempre la sentí
sino también una capacidad de inyección a los demás y un absoluto sentido
fatalista de mi misión me quita todo miedo.
No sé por qué te escribo esto, quizás sea solo mera añoranza
de Aleida. Tomalo como lo que es, una carta escrita una noche de temporal, en
los cielos de la India, lejos de mis patrias y de mis seres queridos.
Un abrazo para todos
Ernesto18.
Hay quienes cuestionan los resultados de este viaje;
los detractores se mofan diciendo que nada se obtuvo en tanto los partidarios
hablan de un rotundo éxito comercial y diplomático. La realidad no es ni una
cosa ni otra. Si lo analizamos con detenimiento, el mismo fue positivo pues,
como sostiene Kalfon, el Che se supo mover bien al captar la atención de las
autoridades de esos países.
La leyenda,
difusa todavía, de ese argentino convertido en cubano ha llegado hasta las
cancillerías de lejanos países. El personaje intriga, lo intuyen importante.
Aunque se niegue a utilizar como Fidel Castro, el registro de la seducción,
aunque sea muy poco aficionado a las sofisticaciones del protocolo que a menudo
considera ridículas, Guevara –como buen hijo de familia patricia- sabe cuáles
son los buenos modales. Su cultura es amplia, sabe responder con seguridad y
claridad a las preguntas de los periodistas, evitar las encerronas. Al mandar a
aquel rojo al otro extremo del mundo,
Castro no hizo una mala jugada. No solo tranquiliza a su ala derecha y a una
oposición burguesa anticomunista a la que comenzará a meter en cintura. Al
mismo tiempo transforma a su más leal partidario, si no en embajador de gran
pericia –es necesario mucho oficio para ello- sí al menos en excelente “objeto
mediático” ad majorem gloriam… Barba,
uniforme y boina con estrella son elementos fotogénicos. Gracias a ellos,
poblaciones incapaces hasta entonces de situar la isla en el mapa, descubren
que existe un país amigo que se llama Cuba19.
El viaje obtuvo sus frutos, no cabe duda, se lograron
establecer contactos, se dieron los primeros pasos para alcanzar acuerdos
comerciales y se fortaleció la idea de un bloque de países no alineados capaces
de enfrentar a las potencias de occidente. Podemos decir entonces, sin temor a
equivocarnos, que Guevara había cumplido y regresaba a su tierra de adopción
con saldo favorable.
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| Tarará, el soleado suburbio donde se radicó el Che |
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| Jorge Ricardo Masetti en Prensa Latina |
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| En la Ciudad Universitaria de Madrid |
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| Madrid, temprano por la mañana |
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| Plaza de Toros de Vistalegre |
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| Reconocido en un bar de Madrid (sitio Casa Foa) |
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| Madrid. Firmando autógrafos (Sitio Casa Foa) |
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| Junto a Nasser en El Cairo |
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| Nasser le entrega al Che la medalla de la Orden de Al Goumbania |
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| Abdallah Ibrahim Presidente del Consejo de Gobierno de Marruecos |
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| El Cairo |
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| En la Franja de Gaza |
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| Llegada a la India |
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| Medios de prensa de la India |
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| En el despacho de Nehru
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| 4 de julio de 1959. El Che saluda al ministro de Agricultura y Alimentación de la India A.P. Jain en Nueva Delhi |
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| Junto Ayub Khan, presidente de Pakistán |
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| Rindiendo homenaje en el Hiroshima Peace Memorial Park |
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| En Yugoslavia con el mariscal Tito |
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| Plantación de cauchode Yahala Kele, Ceylán |
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| Por las calles de Madrid |
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| Plaza de Toros de las Ventas (Madrid) |
| Plaza de las Ventas |
Notas
1Pierre Kalfón, op. Cit, p. 286.
2 Ídem. Cita a Ernesto “Che” Guevara, Obras 1957-1967, Casa de las Américas, La
Habana, 1977, t. 2, p. 397.
3 Walter Oscar Ricardo Darré,
ingeniero agrónomo nacido en Buenos Aires, el 14 de julio de 1895, hijo de
padre alemán y madre argentina de ascendencia sueca. Ministro de Agricultura y
Abastecimiento del III Reich y jefe del Departamento de la Raza de las SS. Fue
el artífice de la reforma agraria nazi. Como teórico, destacó por ser uno de
los inspiradores de la supremacía racial junto a Alfredo Rosemberg. Expuso sus
teorías en varios artículos y volúmenes que fueron clásicos de la literatura
nacionalsocialista, los principales Sangre y Suelo y La Raza. Fue sometido a juicio en Nüremberg
y condenado a siete años de prisión.
4 Jon Lee
Anderson, op. Cit., p. 405.
5 Ídem.
6 Bajo la dinastía almorávide
Marruecos alcanzó su mayor apogeo y expansión. Sus ejércitos de fanáticos
alcanzaron Senegal y Malí por el sur e invadieron España al mando de Alí Ben
Yusuf Ben Texufin, el “emir de los emires” que luchó contra el Cid en Valencia
y alcanzó las puertas mismas de Madrid y Zaragoza. Tuvieron su capital en
Marrakesch y rigorizaron el Islam en extremo. Destronados por los almohades
(unitarios) en 1147, el imperio alcanzó una nueva era de esplendor,
extendiéndose por el litoral africano hasta Túnez y Libia y recuperando la
perdida España, que invadieron ese mismo año. Derrotados en las Navas de Tolosa
por la coalición de reinos cristianos conformada por Castilla, Aragón y Navarra
(1212), debieron replegarse de regreso a África, donde acabaron desplazados por
los benimérines, que fijaron su capital en Fez y recuperaron los territorios
perdidos en Argelia y Libia. Intentaron invadir España en 1294, plantando sitio
a Tarifa con la ayuda del traidor infante don Juan, pero fueron derrotados y
aunque influyeron notablemente en Andalucía, no pudieron conquistar el país. Su
reinado se prolongó hasta 1465, cuando sus últimos soberanos fueron desplazados
por los wattásidas, con quienes, el imperio marroquí comenzó a decaer y perder
grandes territorios hasta verse reducido a los límites actuales..
7 Muhammad Basri, el
Fiqih, líder marroquí, tenaz opositor del dominio francés, fundador de la Unión
Socialista de Fuerzas Populares (USFP) en 1957, líder del Ejército Nacional de
Liberación.
8 Rifito,
“La relación entre Abdelkrim el khattabi y el Ché Guevara”, Rifito.com, Portal
del Rif y la cultura Amaxig en español, 29 de enero de 2012
(http://www.rifito.com/2012/01/la-relacion-entre-abdelkrim-el-khattabi_29.html).
8 Rifito, “La relación entre Abdelkrim el khattabi y el
Ché Guevara”, Rifito.com, Portal del Rif y la cultura Amaxig en español, 29 de
enero de 2012
(http://www.rifito.com/2012/01/la-relacion-entre-abdelkrim-el-khattabi_29.html).
9 Om Thanvi, “When the introverted Che Guevara did a
headstand in Delhi”, From the archives, Scroll.in, 4 de diciembre de 2014
(http://scroll.in/article/692802/when-the-introverted-che-guevara-did-a-headstand-in-delhi).
http://scroll.in/article/692802/when-the-introverted-che-guevara-did-a-headstand-in-delhi.
10 Desde el 26 de marzo de 1971, Bangla Desh,
oficialmente reconocida el 16 de diciembre del mismo año.
11 N. Sato, “Che Guevara, His
Affection for Hiroshima”, extraído de Miyoshi,Toru. Che Nihon wo Iku (Che goes to Japan). March Issue of Bungei Shunju. Tokyo: Bungei Shunju Ltd.. 1969.
https://suite.io/naoko-sato/2pan27g
12 ¿Acaso no se había pronunciado el Che respecto al
Japón y las atrocidades que había cometido durante la Segunda Guerra Mundial?
¿Un país agresor, responsable de genocidio, matanzas, invasiones y la muerte de
al menos 15.000.000 de personas estaba en condiciones de exigir disculpas a sus
vencedores?
13 Chandani Kirinde, “A larger
than life tree for larger than life man”, diario
“The Sunday Times” de Sri Lanka, Famous Visitors, Magazine, domingo 6 de
septiembre de 2009 (http://www.sundaytimes.lk/090906/
Magazine/sundaytimesmagazine_03.html)
14 Cefas, “Che Guevara en
Marruecos”, diario “La Razón”, de España, 28 de abril de 2011
(http://www.larazon.es/3934-che-guevara-en-marruecos
GLLA_RAZON_372091 #.Ttt1QQ7 qP022wxZ); sin firma, “Visita histórica del Comandante Ché Guevara a
Marruecos”
http://venmaruecos.blogspot.com.ar/2015/02/visita-historica-del-comandante-che.html
15 Jon Lee Anderson, op. Cit., p. 407.
16 Ídem. Pardo Lleda
regresó a sus labores de periodista político radial. En marzo de 1961, desertó
a Colombia, donde falleció el 8 de agosto de 2009.






























