FIDEL CASTRO RECORRE AMÉRICA
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| Fidel Castro llega a Estados Unidos |
Entre
tantas idas y vueltas, el 15 de abril de 1959 Fidel Castro emprendió su segundo
viaje al exterior, esta vez a diversos países de América, esperanzado en
estrechar lazos y, lo que era más importante, abrir potenciales mercados.
Su
primer objetivo fue Estados Unidos, donde intentaba obtener la “bendición” de
sus poderosos vecinos del norte, es decir, incrementar las inversiones y
estudiar todas las vías para la obtención de créditos. Lo hizo acompañado por
un séquito de funcionarios moderados y asesores de diversas opiniones,
agradables a los ojos de Washington, necesitado como estaba de hacer buena
letra y caer bien.
Pese
a no tratarse de un viaje oficial, fue recibido por el secretario de Estado
Christian Herter y el vicepresidente Richard Nixon, amén de varios congresistas
que tenían interés en conocerlo.
Antes
de abordar el avión, en el hall central del Aeropuerto de Campo Columbia,
recientemente bautizado Ciudad Libertad, el primer ministro cubano explicó a
los periodistas que si bien respondía a la invitación hecha por la Asociación de Editores de Periódicos de los Estados Unidos,
el viaje formaba parte de la denominada Operación Verdad, tendiente a
esclarecer y defender el movimiento revolucionario que encabezaba, de las
mentiras y difamaciones que intentaban minando.
La
aeronave partió alrededor de las 18.30 horas y aterrizó en Washington ese mismo
miércoles, poco antes de las 21.00. En la estación aérea lo esperaban el secretario auxiliar de Estado, Roy R. Rubottom, el
jefe del protocolo, Wiley Buchanan, los embajadores Ernesto Dihigo, Manuel
Bisbé, Raúl Roa y Enrique Pérez Cisneros y más de ochenta periodistas que
acribillaron al recién llegado con sus flashes cuando a las 21.10 se asomó por
la portezuela de la aeronave.
Castro fue saludado con una ovación que llamó la atención de
la multitud de personas que aguardaban la llegada y partida de los aviones. El
barbado dirigente descendió presuroso la escalerilla y comenzó a saludar a la
comitiva de recepción, comenzando por Rubottom y abrazando afectuosamente a los
cubanos presentes.
Había mucho público allí reunido y por esa razón, sin
importarle el cordón de vigilancia montado por el FBI, se acercó a la gente que
aguardaba al otro lado, para extenderles la mano.
Lo
mismo ocurrió en la puerta de la embajada, donde se había congregado un grupo
menor aunque muy bullicioso que al verlo llegar, comenzó a corear su nombre.
Viendo
eso y ante el temor de posibles atentados, el secretario de Prensa Evans
Hougthon propuso que el mandatario se asomase por el balcón de la legación,
pero éste se negó rotundamente:
-No
soy hombre de balcones. – dijo.
La
lectura de los periódicos, a la mañana siguiente, llenó de indignación a Fidel. Según los titulares, se habían
organizado manifestaciones hostiles a su presencia y había llegado a los
Estados Unidos a pedir dinero.
-Vine únicamente a tratar de llegar a un mejor entendimiento
con el pueblo norteamericano –le dijo a un periodista allí presente-
Necesitamos mejores relaciones entre Cuba y los Estados Unidos
Después
del desayuno, el líder de la revolución partió hacia el Statler Hilton Hotel,
donde lo esperaba el flamante secretario de Estado Christian Herter, que ese mismo día había reemplazado al legendario John
Foster Dulles, gravemente enfermo. Fue un banquete en el que se pronunciaron
palabras y se alzaron las copas.
-Señor primer ministro –dijo Herter- estamos muy felices de
brindarle esta bienvenida y mediante usted enviar un saludo al pueblo de Cuba.
La amistad entre Cuba y los Estados Unidos es tradicional en ambos países. Más
que eso, forma parte de la historia mutua. Nuestros pueblos han cooperado en el
establecimiento y mantenimiento en el hemisferio de una fortaleza inexpugnable
de independencia con orden y libertad con ley. Se unen, igualmente, en la
defensa de la integridad en el mundo libre.
-Señor secretario de Estado y miembros del gobierno
–respondió Castro en su elemental inglés- es grato para mí expresarles mi más
sincero agradecimiento por esta invitación que me han extendido… Nosotros
también amamos la libertad. Luchamos por ella, por los derechos humanos y por
la democracia que hoy reina en nuestro país. Nuestra lucha, que costó miles de
vidas, está llena de bellos episodios y sacrificios extraordinarios que
esperamos que algún día los Estados Unidos podrán reconocer plenamente. Yo
también ofrezco un brindis por el pueblo de los Estados Unidos.
Ese
mismo 16 de abril llegó a la embajada cubana una nota para Fidel, invitándolo a
visitar la Comisión de Relaciones Exteriores del
Senado de los Estados Unidos.
La caravana con el primer ministro de Cuba partió a las 10.34
de la mañana siguiente, despertando la curiosidad de los transeúntes que se
percataban de su paso. La charla duró aproximadamente una hora y media y en
ella estuvieron presentes los congresistas Estes Kefauver, George A. Smathers,
Mike Mansfield, Russell B. Long, Alexander Wiley, John Sparkman, George D.
Aiken, Wallace Foster Bennett, William Langer y el representante James Fulton.
Durante las disertaciones se fueron incorporando otros senadores.
Fue un intercambio de opiniones cordial pero vano, Castro
salió con las manos vacías de allí, sabiendo que nada había obtenido y sin
perder tiempo, se dirigió al Statler Hilton Hotel para asistir a la reunión
organizada por la Asociación
de Editores de Periódicos de los Estados Unidos.
Al llagar, se encontró, una vez más, con que varias personas se habían congregado para verlo llegar, entre ellas un grupo de dominicanos partidarios de la revolución e incluso manifestantes hostiles, profiriendo gritos contra él.
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| Conferencia de prensa en el Statler Hilton Hotel |
Al llagar, se encontró, una vez más, con que varias personas se habían congregado para verlo llegar, entre ellas un grupo de dominicanos partidarios de la revolución e incluso manifestantes hostiles, profiriendo gritos contra él.
A las 14.15, la máxima autoridad de la asociación se dispuso
a presentar al invitado y luego de cederle la palabra, aquel comenzó un
discurso en inglés en el que hizo referencia a la revolución, la historia de
Cuba, sus relaciones con los Estados Unidos y las mentiras que se estaban
difundiendo.
Tras una serie de preguntas formuladas por la audiencia, el
agasajo finalizó y Fidel se retiró de regreso a su hotel, bajo una copiosa
lluvia.
Esa noche, la embajada de Cuba se vistió de fiesta para
agasajar a varias personalidades del quehacer económico, social y cultural
estadounidense. Al día siguiente, 18 de abril, tuvo lugar una recepción para el
cuerpo diplomático, a la que por primera vez en muchos años, el líder cubano se
presentó luciendo saco y corbata en lugar de su tradicional uniforme verde
olivo.
Finalizado el ágape, el hombre fuerte de Cuba logró
deslizarse por entre la rígida seguridad de la embajada y en compañía de Celia
Sánchez, Ramón Valle, Ángel Saavedra y dos de sus custodios, se fue a un
restaurant suburbano, para pasar un momento distendido. Allí, una vez más, se
congregó mucha gente para verlo cenar y saludarlo al salir. Incluso el
conductor radial Steve Allison de la WWDC, le hizo una interviú.
La mañana del día 19, la dedicó a recorrer los monumentos de
Washington (el Capitolio, Mount Vermont, el Lincoln Memorial, el cementerio de
Arlington, el edificio de la Corte Suprema, el Jefferson Memorial), incluyendo
la casa de Washington, donde depositó una corona de flores y habló con la
gente.
En horas de la tarde, se presentó en los estudios televisivos
NBC para ser entrevistado por el programa “Meet the Press”. Fue una situación
un tanto tensa, no para Fidel sino para el conductor, Ned Brooks, quien se vio
en figurillas para contener a la platea, que hostilizó permanentemente al
invitado con sus preguntas. Cuando éste le inquirió al líder caribeño por qué su
gobierno enfrentaba tantos problemas, aquel lo interrumpió abruptamente para
responderle que eso que se decía, a solo tres meses de finalizada la guerra
civil, no era más que un infundio.
–Quisiera decir algo –interrumpió en seco- Dice usted que
nuestros problemas internos y externos se han multiplicado, pero no es así.
Hace solo tres meses que terminó la guerra. Si tuviésemos dificultades yo no
estaría aquí.
Ante
semejante respuesta, uno de los panelistas, el periodista Harvers preguntó, con
tono de policía de suburbio interrogando en una seccional:
–Doctor Castro, un periodista norteamericano publicó un
editorial que decía que el doctor Castro odia a los Estados Unidos. ¿Es eso
cierto?
–¡Cómo voy a odiar al pueblo de Estados Unidos! No odio a
nadie, ni a mis enemigos.
–¿En qué lugar se pondría usted en caso de un conflicto?
–Lo mismo que las democracias. La democracia es mi ideal.
Pero mucha gente llama democracia a cosas que no lo son. La democracia tiene
distintos aspectos; algunos de los que usan la palabra democracia no la
practican.
–¿Qué derechos tiene usted para decirles a otros países
latinoamericanos qué tipo de gobierno deben tener? - Pregunta uno de ellos.
–¿Derecho? –respondió Castro imperturbable- El derecho de
hablar. De la misma manera que los Estados Unidos hablan de democracia yo
también hablo de democracia, porque creo en la democracia y considero que no es
justo que algunos países tengan gobiernos tiránicos, como Santo Domingo, por ejemplo.
Eso es un ideal. No es una intervención. Yo estoy contra todo tipo de
intervención en los asuntos internos de cualquier país, porque nosotros, los
pueblos latinoamericanos, hace muchos años que estamos luchando por el
principio de no intervención.
Finalizada
la entrevista, Fidel se encaminó al Capitolio para asistir a la reunión
programada con Richard Nixon. Fue recibido a las 19.10, en el despacho del
vicepresidente. Dos horas y veinte minutos después, salieron ambos sonrientes,
para saludar a periodistas y camarógrafos. Es evidente que se mostraron bien
predispuestos, ya que muchos años después se supo que el cubano se había
comprometido a respetar el tratado de defensa recíproca, los aranceles
azucareros y la presencia de la armada norteamericana en Guantánamo pero al
salir del recinto, ninguno de los dos quiso hablar sobre lo que habían
conversado.
Pese
a las sonrisas y el aparente optimismo, Castro estaba molesto porque había
pescado la “indirecta”, tal como se lo comentó a sus allegados cuando
regresaban al hotel. El presidente Eisenhower, que se había ido ex profeso de
la capital para no recibirlo, dejó el asunto en manos de Nixon para sondearlo y
sacarle información. Lo peor fue cuando el vicepresidente estadounidense le dio
a entender que para mantener firmes las relaciones bilaterales, debía seguir el
ejemplo de Puerto Rico.
El
lunes 20 por la mañana, el hombre fuerte de Cuba se presentó en el Club
Nacional de Prensa, donde expuso sus impresiones luego del recorrido que hizo
por los lugares más emblemáticos de la capital norteamericana, así como también
sobre el sentido de libertad y el derecho que todo hombre tiene a una vida
digna.
-Quiero aprovechar esta ocasión, si me lo permiten,
para dirigirme a la opinión pública de manera que me entienda mejor...
Refiere había visitado el Lincoln Memorial y allí había leído una
declaración de la Constitución de los Estados Unidos, en el sentido de que
“todos los hombres tenían derechos propios, el derecho a la libertad, a la
vida…”. “Quiero preguntarles –añadió– ¿qué harían ustedes con aquellos que han
abolido esos derechos? ¿Qué hacer con los que han abolido esos derechos?
A las 16.00 de ese mismo día abordó un tren con destino a
Princeton, Nueva Jersey, donde había sido especialmente invitado para disertar.
Lo
hizo en la cátedra del profesor Robert Palmer,
hablando sobre la cultura y civilización americana. Al finalizar, después de
ser vitoreado por buena parte de la concurrencia, se dirigió a la residencia
del gobernador decidido a ofrecer una nueva rueda de prensa y a su término,
emprendió el regreso a Nueva York. La estación de Pensilvania era un tumulto de
gente, hispanoamericanos la mayoría, cuando la delegación cubana descendió del
convoy.
Desde
ahí se dirigió al Hotel Hilton y casi sin detenerse, pasó a la Universidad de
Columbia para dialogar con los estudiantes de periodismo.
–Estudien bien el español –dijo al finalizar el encuentro-,
así, si van a Cuba y tienen que hablar como yo, no encontrarán dificultades1.
El
último punto de la agenda establecía una visita a la Asociación Femenina de Abogados de Nueva York, donde las letradas
quedaron fascinadas con su carisma y locuacidad.
Anderson habla de un encuentro a puertas cerradas que Castro
mantuvo con “Frank Bender”, un agente de la CIA de origen alemán –nacionalizado
estadounidense- cuyo verdadero nombre era Garry Drecher, quien había solicitado
a Rufo López Fresquet en los días anteriores, tuviese a bien arreglar una cita2.
Al parecer, el personero debía “transmitirle” un mensaje a
Fidel, aconsejándole suspender los juicios sumarios y alejar a los comunistas
de su entorno, empezando por el Che.
Castro llegó a Montreal el 26 de abril. Se alojó en el
Hotel Reina Isabel y una vez instalado, ofreció una conferencia de prensa -en
inglés- en la que hizo referencia a las limitaciones del comercio exterior de
su país, a la necesidad de captar capitales para darle impulso a la economía y
a la polémica reforma agraria con la que aspiraba a incrementar la producción
local. Cuando se le requirió sobre su filiación política, negó todo vínculo con
el comunismo y finalizó elogiando a la Policía Montada canadiense por la cual,
manifestó, sentía profunda admiración.
Allí, como en Estados Unidos, miles de personas lo
aclamaban a su paso, sobre todo al salir del aeropuerto y llegar al hotel.
Tras una rápida visita al cuartel de la Policía
Montada, que quería conocer especialmente, se dirigió a una fábrica de insumos
agrícolas, donde se detuvo a observar un tractor que el directorio le obsequió
para su país.
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| Junto a Richard Nixon |
Tras un breve encuentro con personalidades locales,
partió de regreso a los Estados Unidos, dispuesto a iniciar el tour
sudamericano. El 27 de abril se encontraba en Boston, después de hablar en la
universidad de Harvard, cuando recibió un misterioso llamado de Raúl,
solicitando un encuentro urgente en algún punto de la costa este, porque había
algo de lo que tenía que hablar.
La reunión tuvo lugar en Houston, durante una
breve escala técnica. Según parece, Raúl Castro estaba preocupado porque en la
isla, el viaje de Fidel no estaba cayendo bien. Incluso algunos hablaban de
traición al ver que concedía demasiado por nada (tratado de defensa recíproca,
aranceles azucareros, Guantánamo).
Era evidente que el menor de los hermanos hablaba
por los sectores de izquierda y que compartía las molestias de aquellos, sobre
todo, al ver que pasaba el tiempo y la presencia norteamericana en Cuba seguía
siendo sólida y que muchos funcionarios y magnates de ese origen continuaban
obteniendo beneficios.
Ese
mismo día, Fidel comenzó su periplo por América del Sur, que lo llevaría por la
Argentina, Uruguay, Brasil y, ocasionalmente, Trinidad y Tobago.
Cuando
a las 17.00 el avión “Libertad” atravesaba espacio aéreo cubano, el periodista
Eddy Martin, que viajaba con la delegación, hizo contacto de radio con la
estación receptora de Rancho Boyeros, para informar que el líder rebelde iba a
dirigirse al pueblo.
Inmediatamente
después, la ciudadanía pudo escuchar al reportero preguntarle a Fidel que sentía al hablarle a los suyos desde aquellas
alturas.
-Bueno…resulta difícil adaptarse a estas circunstancias,
acostumbrado como estoy a un contacto directo con el pueblo – respondió el
primer ministro agregando que el alejamiento de la patria, aunque fuera por
unos días, le provocaba nostalgia.
Otro
reportero le preguntó por los alcances y significados que la revolución tenía
para la conferencia del Comité Económico de los 21, auspiciada por la OEA en la
capital argentina.
-… en Buenos Aires es donde
concluye nuestro esfuerzo para consolidar la Revolución Cubana y buscar una
solución al problema de Cuba y al de la América Latina. [Pienso] exponer el punto de vista de la Revolución Cubana sobre los
problemas de la América Latina, sobre su subdesarrollo económico y crisis
económicas. [En verdad] espero una coincidencia de todos los países latinoamericanos.
Finalmente
y a modo de epílogo, terminó pronunciando una larga exposición en la que
intentó aclarar los motivos de su viaje.
Es preferible aprovechar estos
minutos que quedan, puesto que en definitiva ha sido una entrevista o un evento
periodístico absolutamente nuevo, y yo debo confesar que si resulta un éxito no
debe anotárseme a mí, porque tuvieron que insistir mucho para que yo hablara
desde el avión. No me adapto a este tipo de tribuna, sin estar en contacto con
el pueblo. Es un procedimiento enteramente nuevo para mí, pero tanto
insistieron, que al fin accedí.
Ya que nos queda poco tiempo le
diremos al pueblo que nos sentimos optimistas acerca del destino de nuestra
patria y del futuro de nuestra Revolución. Las muestras de adhesión y de
simpatía que hemos encontrado no pueden describirse con palabras. En realidad
entendemos que la parte del programa que nos falta ha de constituir también un
éxito, y con ello habremos hecho un recorrido desde el extremo norte del
continente americano hasta el extremo sur, donde en este mismo instante se
encuentran reunidos los representantes de todos los países de América, para
discutir las cuestiones fundamentales que en el orden económico afectan a
nuestras naciones.
Por eso decidí acortar el viaje o
el programa que tenía con relación a Canadá considerando los miembros del
gobierno Cubano que era mejor invertir estos días en hacer el viaje hasta la
Argentina, y representar a Cuba en ese importante evento internacional, con lo
cual estábamos plenamente de acuerdo.
De todas maneras, pensamos que la
ausencia de Cuba dará lugar a algunos días más de los que en un principio
calculamos, y por ese motivo, aunque tenemos un formidable vehículo de
transporte, con una formidable tripulación, las distancias a recorrer son
enormes, y es imposible poder regresar a Cuba para la fecha en que teníamos
pensado hacerlo.
Así pues, me veo que no podré
cumplir la cita que tenía con los trabajadores el día Primero de Mayo.
[...] Desde aquí, con tres días de
anticipación, quiero expresar nuestra simpatía y solidaridad con los
trabajadores de Cuba, y esperamos que ese día se reúnan allí también no solo
los trabajadores, sino que se reúna todo el pueblo, porque el Día de los
Trabajadores debe ser el día de todo el pueblo, como el Día del Campesino debe
ser el día de todo el pueblo, como el Día de los Estudiantes, de los
profesionales, de cada uno de los sectores que integran nuestra patria, debe
ser el día de todo el pueblo, puesto que esta obra grande que nuestra patria se
ha propuesto realizar y que está realizando por encima de todos los obstáculos,
es una obra de toda la nación, de todos los que verdaderamente sienten por ella
y están dispuestos a poner sus intereses personales y sus intereses de sector,
por debajo de los supremos intereses de la nación.
El triunfo de
nuestra Revolución será el triunfo de todos, como el fracaso de nuestra
Revolución será el fracaso de todos3.
El
recordado noticiero “Sucesos Argentinos” registró la llegada de Castro a Buenos
Aires, con su característica voz en off relatando los pormenores:
Buenos
Aires. La presencia de Fidel Castro ha dado ocasión al hombre de la calle para
testimoniar y afecto y admiración por el jefe de la revolución cubana. En el
Alvear Palace Hotel, donde se alojó, esperaba continuamente un público tenso y
entusiasta, ansioso de ver de cerca al guerrillero.
El
periodismo metropolitano entrevista al héroe de Sierra Maestra en una conferencia
de prensa que desborda el marco profesional ante la invasión de entusiastas
admiradores de Castro.
El
líder cubano vivita al presidente Frondizi en la residencia de Olivos. En la
oportunidad, se reafirman los estrechos vínculos que nos unen con el país del
Caribe4.
Las imágenes del
noticiero, son más que elocuentes. Tras una rápida vista de las calles
porteñas, la cámara toma el edificio del elegante Hotel Alvear, e
inmediatamente después, la llegada del vehículo negro con el controvertido
visitante en su interior.
Numerosas personas
aguardaban en la vereda, las que ni bien el auto se detiene, comienzan a
aplaudir y a vivar, mientras intentan acercarse, especialmente una señora de
tapado claro, con un pañuelo blanco en la cabeza, sobre la que se abalanzan los
custodios para retirarla.
En la toma siguiente,
Castro ya ha descendido del automóvil y saluda a la multitud mientras
camarógrafos y reporteros toman fotografías e intentan aproximarse. La guardia
de korps cubana hace su esfuerzo por mantener a la gente alejada pero no lo
logra. La señora de pañuelo blanco se ubica detrás de Fidel aplaudiendo
entusiasta e inmediatamente después, Castro ingresa al hotel, seguido por sus
admiradores, al tiempo que se genera una suerte de tumulto en el que sus guardaespaldas
cubanos se afanan por apartar a la gente que sigue intentando acercarse.
Ya dentro del
edificio Fidel, rodeado de periodistas y curiosos, ofrece una conferencia de
prensa en la que se muestra verborrágico y gesticulante.
La escena siguiente
tiene lugar en la Quinta Presidencial de Olivos, hacia donde Castro se ha
dirigido para saludar al presidente Frondizi.
Se trata de un documento de inestimable valor ya que otras filmaciones que se hicieron de la visita fueron destruidas por los militares, cuando se adueñaron del poder en 1962.
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| Buenos Aires, 3 de mayo de 1959. Fidel Castro habla ante los embajadores latinoamericanos en la reunión del Consejo Económico de los 21 |
Se trata de un documento de inestimable valor ya que otras filmaciones que se hicieron de la visita fueron destruidas por los militares, cuando se adueñaron del poder en 1962.
El 3 de mayo Castro
se presentó en la sede del Ministerio de Industria y Comercio de la República
Argentina, donde se iba a desarrollar el encuentro del Consejo Económico de los
21. Cuando le llegó el turno de la necesidad de crear un mercado
latinoamericano unido, de romper con los viejos esquemas en materia de
intercambio comercial, de fortalecer los lazos entre pueblos hermanos, de
acabar con las dictaduras comerciales y sobre todo, de la ligazón que los
mantenía aferrados a las naciones poderosas.
Se lo escuchó
teorizar sobre la necesidad de tornar más ágil la actividad mercantil,
equilibrar las balanzas de pagos y potenciar el desarrollo industrial,
basándolo en los mercados internos.
El discurso de Castro
(el único que no fue leído ya que el líder habló espontáneamente) finalizó con
una salva de aplausos y fue comentario obligado de todos los medios de prensa
en las ediciones del día siguiente.
Al término de la
ceremonia, el visitante abordó de regreso su automóvil y se dirigió a la casa
de su tío Gonzalo Castro, un español (hermano de su padre) que había emigrado
hacía muchos años a la Argentina y vivía con su familia en la calle Cabello
3589 de Buenos Aires. Allí almorzó, conversó relajado y río de buena gana y en
horas de la tarde, se encaminó hacia la Quinta Presidencial de Olivos, al norte
de la Capital Federal, para reunirse con el Dr. Frondizi.
El encuentro se
desarrolló en un marco de distención y calidez, en el que estuvieron presentes,
además, altos funcionarios de gobierno, entre ellos, el ministro de Relaciones
Exteriores y Culto, Dr. Carlos A. Florit y el embajador argentino en Cuba, Dr.
Julio Amoedo.
A la mañana
siguiente, Castro y su comitiva abordaron su avión y se dirigieron a
Montevideo, donde los esperaba otra multitud, haciendo flamear banderas de
ambos países y ostentando carteles con diversas leyendas, una de ellas, “Fidel
es nuestro”.
En el palacio de
gobierno, fue recibido por el presidente del Consejo de Gobierno, Dr. Martín
Echegoyen y los ministros de Relaciones Exteriores, Homero Martínez Montero y
del Interior, Pedro B. Berro. Luego se encaminó al aeropuerto, para volar en un
avión de PLUNA (Primera Línea Uruguaya de Navegación Aérea) rumbo al
departamento de Tacuarembó, la tierra natal de Carlos Gardel, con la idea de
visitar a los damnificados por el desbordamiento del Río Negro (usina del
Rincón Bonete).
Visitó la localidad
de Peralta, en Chamberlain, conversó con las personas alojadas provisoriamente
en los vagones del ferrocarril y recorrió otras localidades, en las que lanzó
su resonante slogan: “Lo que Cuba quiere
es pan y libertad, pan sin terror. Ni dictadura de derechas, ni dictadura de
izquierdas: una revolución humanista”.
El 5 de mayo aterrizó
en el aeropuerto de Río de Janeiro, donde los aguardaba otra multitud. De ahí
pasó a Brasilia junto al presidente Juscelino Kubitschek, quien antes de
invitarlo a almorzar, lo llevó de recorrida en el helicóptero oficial para que
pudiese apreciar las obras de la nueva ciudad.
De regreso en Río de
Janeiro, el viajero se alojó en el lujoso Hotel Excelsior, donde una nueva
aglomeración de gente, incluyendo un centenar de reporteros, lo esperaba
esperando.
Partió de regreso a
Cuba al día siguiente, pero debido a un desperfecto mecánico, debió hacer
escala en Trinidad y Tobago, el archipiélago frente a las costas de Venezuela,
que por entonces se hallaba bajo control británico.
El mandatario
aprovechó la ocasión para visitar el monasterio benedictino de Puerto España,
conversar con los frailes, recorrer la ciudad y hasta jugar al billar en el bar
“Coconut”, frente a varios curiosos.
El recibimiento que
le dieron los cubanos en Rancho Boyeros fue apoteósico y una vez en la capital,
se encaminó a la Plaza Cívica5, donde, como era costumbre, le tenían
preparada una tarima para que pronunciase otro de sus interminables discursos.
Habló mucho, el millón de personas que se había congregado en
el lugar lo vivó a más no poder, pero los resultados de aquel periplo, dijera
lo que dijera, no eran los esperados. En una palabra, nada en concreto para
Cuba y sus intereses.
Pocos días después, el recién llegado promulgó la ley de reforma agraria y puso en marcha el INRA. Viéndose excluido de todas las decisiones, al ministro de Agricultura, Sorí Marín, no le quedó más remedio que renunciar, debilitando aún más la ya endeble figura de Urrutia.
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| Fidel Castro en Brasil. A su derecha, el presidente Juscelino Kubitschek |
Pocos días después, el recién llegado promulgó la ley de reforma agraria y puso en marcha el INRA. Viéndose excluido de todas las decisiones, al ministro de Agricultura, Sorí Marín, no le quedó más remedio que renunciar, debilitando aún más la ya endeble figura de Urrutia.
Pasando
por alto esas “minucias”, Fidel confirmó al Che como comandante de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias y le encomendó una misión diplomática en el extranjero,
destinada a captar nuevos mercados y abrir la revolución al mundo. Como bien
dice Anderson, su misión consistía en fortalecer las relaciones diplomáticas
con los países industriales emergentes y estrechar vínculos con los estados no
alineados de África, Asia y el este europeo6.
Era
una medida acertada porque, de esa manera, alejaba momentáneamente a un
elemento en extremo perturbador, sobre todo en ese tiempo, cuando todavía se coqueteaba
con el amenazante coloso del norte.
En
realidad, el Che y Fidel venían programando ese viaje desde hacía rato, de ahí
el pedido del segundo a Alfredo Menéndez, para que le preparase el itinerario y
la agenda, incluyendo entrevistas, nombres y fechas. El mismo, debía contener
un análisis de la situación política, económica y social de los países que iban
a tocar, especialmente Egipto, la India, Indonesia y Japón, poniendo especial
énfasis en su balanza de pagos, intercambio comercial, relación de
importaciones y exportaciones con Cuba y su producto bruto interno.
El
mismo día que entró en vigencia la reforma agraria, Menéndez supo que iba a ser
parte de la delegación, como asesor azucarero. “Prepárate que sales de viaje con el Che”, le dijo Castro y unas
horas después, cuando viajaba en auto por La Habana junto al argentino, éste le
explicó que era imperioso conseguir nuevos mercados porque Estados Unidos iba a
presionar mucho más sobre la economía de Cuba.
Unos
días antes de la partida, tuvo lugar un acontecimiento que se comentó en toda
la capital: el 22 de mayo el Che Guevara obtuvo su divorcio y el 2 de junio se
casó con Aleida.
Tras
una breve ceremonia civil, en la que el novio se presentó luciendo su recién
lavado y planchado uniforme y la novia un llamativo vestido blanco, partieron
todos hacia la casa de Alberto Castellanos (escolta del comandante) en La
Cabaña, para asistir a la pequeña recepción que se había organizado allí. Fue
un acontecimiento íntimo, en el que estuvieron presentes, entre otros, Raúl
Castro y su flamante esposa Vilma Espín, Efigenio Ameijeiras, Harry Villegas
(“Pombo”), Celia Sánchez, Camilo Cienfuegos, Rafael Somarriba y Alberto Fernández Montes de Oca
(“Pachungo”).
La
luna de miel fue breve. Ni bien terminó la fiesta, los recién casados se fueron
a su nueva casa en Santiago de las Vegas y ahí vivieron sus momentos de intimidad.
Diez días después, el flamante esposo partía de viaje.
Imágenes
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| Con el presidente Arturo Frondizi durante su visita a la Quinta Presidencial de Olivos (Buenos Aires) |
Notas
1
Eugenio Suárez Pérez y Ms. Acela Caner Román; “Síntesis cronológica: viaja
Fidel a los Estados Unidos”, Cuba Historia, Boletín
Revolución, edición
Nº 37, 15 de abril de 2014
(https://lahistoriabiencontada.wordpress.com/2014/04/15/sintesis-cronologica-viaja-fidel-a-los-estados-unidos/).
2 Jon Lee Anderson, op. Cit., p. 398.
3 “El Día de los Trabajadores debe ser el día de todo
el pueblo”, Fidel en 1959. Diario “Granma”, martes 11 de marzo
de 2014, año 18, Nº 70. Tomado de los periódicos “Revolución” y “Hoy” (http://www.granma.cu/granmad/secciones/fidel_en_1959/art-067.html).
4 “1959, Visita de Fidel Castro a la
argentina”, Documento fílmico, Archivo General de la Nación (AGN). Noticiero
“Sucesos Argentinos”, edición Nº 164.
5 Hoy Plaza de la
Revolución “José Martí”.
6 Ídem, op. Cit., p. 403.
Publicado 31st August 2014 por Alberto N. Manfredi (h)














