sábado, 17 de agosto de 2019

FIDEL CASTRO RECORRE AMÉRICA

Fidel Castro llega a Estados Unidos

Entre tantas idas y vueltas, el 15 de abril de 1959 Fidel Castro emprendió su segundo viaje al exterior, esta vez a diversos países de América, esperanzado en estrechar lazos y, lo que era más importante, abrir potenciales mercados.
Su primer objetivo fue Estados Unidos, donde intentaba obtener la “bendición” de sus poderosos vecinos del norte, es decir, incrementar las inversiones y estudiar todas las vías para la obtención de créditos. Lo hizo acompañado por un séquito de funcionarios moderados y asesores de diversas opiniones, agradables a los ojos de Washington, necesitado como estaba de hacer buena letra y caer bien.
Pese a no tratarse de un viaje oficial, fue recibido por el secretario de Estado Christian Herter y el vicepresidente Richard Nixon, amén de varios congresistas que tenían interés en conocerlo.
Antes de abordar el avión, en el hall central del Aeropuerto de Campo Columbia, recientemente bautizado Ciudad Libertad, el primer ministro cubano explicó a los periodistas que si bien respondía a la invitación hecha por la Asociación de Editores de Periódicos de los Estados Unidos, el viaje formaba parte de la denominada Operación Verdad, tendiente a esclarecer y defender el movimiento revolucionario que encabezaba, de las mentiras y difamaciones que intentaban minando.

La aeronave partió alrededor de las 18.30 horas y aterrizó en Washington ese mismo miércoles, poco antes de las 21.00. En la estación aérea lo esperaban el secretario auxiliar de Estado, Roy R. Rubottom, el jefe del protocolo, Wiley Buchanan, los embajadores Ernesto Dihigo, Manuel Bisbé, Raúl Roa y Enrique Pérez Cisneros y más de ochenta periodistas que acribillaron al recién llegado con sus flashes cuando a las 21.10 se asomó por la portezuela de la aeronave.
Castro fue saludado con una ovación que llamó la atención de la multitud de personas que aguardaban la llegada y partida de los aviones. El barbado dirigente descendió presuroso la escalerilla y comenzó a saludar a la comitiva de recepción, comenzando por Rubottom y abrazando afectuosamente a los cubanos presentes.
Había mucho público allí reunido y por esa razón, sin importarle el cordón de vigilancia montado por el FBI, se acercó a la gente que aguardaba al otro lado, para extenderles la mano.
Lo mismo ocurrió en la puerta de la embajada, donde se había congregado un grupo menor aunque muy bullicioso que al verlo llegar, comenzó a corear su nombre.
Viendo eso y ante el temor de posibles atentados, el secretario de Prensa Evans Hougthon propuso que el mandatario se asomase por el balcón de la legación, pero éste se negó rotundamente:

-No soy hombre de balcones. – dijo.

La lectura de los periódicos, a la mañana siguiente, llenó de indignación a  Fidel. Según los titulares, se habían organizado manifestaciones hostiles a su presencia y había llegado a los Estados Unidos a pedir dinero.

-Vine únicamente a tratar de llegar a un mejor entendimiento con el pueblo norteamericano –le dijo a un periodista allí presente- Necesitamos mejores relaciones entre Cuba y los Estados Unidos

Después del desayuno, el líder de la revolución partió hacia el Statler Hilton Hotel, donde lo esperaba el flamante secretario de Estado Christian Herter, que ese mismo día había reemplazado al legendario John Foster Dulles, gravemente enfermo. Fue un banquete en el que se pronunciaron palabras y se alzaron las copas.

-Señor primer ministro –dijo Herter- estamos muy felices de brindarle esta bienvenida y mediante usted enviar un saludo al pueblo de Cuba. La amistad entre Cuba y los Estados Unidos es tradicional en ambos países. Más que eso, forma parte de la historia mutua. Nuestros pueblos han cooperado en el establecimiento y mantenimiento en el hemisferio de una fortaleza inexpugnable de independencia con orden y libertad con ley. Se unen, igualmente, en la defensa de la integridad en el mundo libre.

-Señor secretario de Estado y miembros del gobierno –respondió Castro en su elemental inglés- es grato para mí expresarles mi más sincero agradecimiento por esta invitación que me han extendido… Nosotros también amamos la libertad. Luchamos por ella, por los derechos humanos y por la democracia que hoy reina en nuestro país. Nuestra lucha, que costó miles de vidas, está llena de bellos episodios y sacrificios extraordinarios que esperamos que algún día los Estados Unidos podrán reconocer plenamente. Yo también ofrezco un brindis por el pueblo de los Estados Unidos.

Ese mismo 16 de abril llegó a la embajada cubana una nota para Fidel, invitándolo a visitar la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos.
La caravana con el primer ministro de Cuba partió a las 10.34 de la mañana siguiente, despertando la curiosidad de los transeúntes que se percataban de su paso. La charla duró aproximadamente una hora y media y en ella estuvieron presentes los congresistas Estes Kefauver, George A. Smathers, Mike Mansfield, Russell B. Long, Alexander Wiley, John Sparkman, George D. Aiken, Wallace Foster Bennett, William Langer y el representante James Fulton. Durante las disertaciones se fueron incorporando otros senadores.
Fue un intercambio de opiniones cordial pero vano, Castro salió con las manos vacías de allí, sabiendo que nada había obtenido y sin perder tiempo, se dirigió al Statler Hilton Hotel para asistir a la reunión organizada por la Asociación de Editores de Periódicos de los Estados Unidos.
Conferencia de prensa en el Statler Hilton Hotel

Al llagar, se encontró, una vez más, con que varias personas se habían congregado para verlo llegar, entre ellas un grupo de dominicanos partidarios de la revolución e incluso manifestantes hostiles, profiriendo gritos contra él.
A las 14.15, la máxima autoridad de la asociación se dispuso a presentar al invitado y luego de cederle la palabra, aquel comenzó un discurso en inglés en el que hizo referencia a la revolución, la historia de Cuba, sus relaciones con los Estados Unidos y las mentiras que se estaban difundiendo.
Tras una serie de preguntas formuladas por la audiencia, el agasajo finalizó y Fidel se retiró de regreso a su hotel, bajo una copiosa lluvia.
Esa noche, la embajada de Cuba se vistió de fiesta para agasajar a varias personalidades del quehacer económico, social y cultural estadounidense. Al día siguiente, 18 de abril, tuvo lugar una recepción para el cuerpo diplomático, a la que por primera vez en muchos años, el líder cubano se presentó luciendo saco y corbata en lugar de su tradicional uniforme verde olivo.
Finalizado el ágape, el hombre fuerte de Cuba logró deslizarse por entre la rígida seguridad de la embajada y en compañía de Celia Sánchez, Ramón Valle, Ángel Saavedra y dos de sus custodios, se fue a un restaurant suburbano, para pasar un momento distendido. Allí, una vez más, se congregó mucha gente para verlo cenar y saludarlo al salir. Incluso el conductor radial Steve Allison de la WWDC, le hizo una interviú.
La mañana del día 19, la dedicó a recorrer los monumentos de Washington (el Capitolio, Mount Vermont, el Lincoln Memorial, el cementerio de Arlington, el edificio de la Corte Suprema, el Jefferson Memorial), incluyendo la casa de Washington, donde depositó una corona de flores y habló con la gente.
En horas de la tarde, se presentó en los estudios televisivos NBC para ser entrevistado por el programa “Meet the Press”. Fue una situación un tanto tensa, no para Fidel sino para el conductor, Ned Brooks, quien se vio en figurillas para contener a la platea, que hostilizó permanentemente al invitado con sus preguntas. Cuando éste le inquirió al líder caribeño por qué su gobierno enfrentaba tantos problemas, aquel lo interrumpió abruptamente para responderle que eso que se decía, a solo tres meses de finalizada la guerra civil, no era más que un infundio.

–Quisiera decir algo –interrumpió en seco- Dice usted que nuestros problemas internos y externos se han multiplicado, pero no es así. Hace solo tres meses que terminó la guerra. Si tuviésemos dificultades yo no estaría aquí.

Ante semejante respuesta, uno de los panelistas, el periodista Harvers preguntó, con tono de policía de suburbio interrogando en una seccional:

–Doctor Castro, un periodista norteamericano publicó un editorial que decía que el doctor Castro odia a los Estados Unidos. ¿Es eso cierto?

–¡Cómo voy a odiar al pueblo de Estados Unidos! No odio a nadie, ni a mis enemigos.

–¿En qué lugar se pondría usted en caso de un conflicto?

–Lo mismo que las democracias. La democracia es mi ideal. Pero mucha gente llama democracia a cosas que no lo son. La democracia tiene distintos aspectos; algunos de los que usan la palabra democracia no la practican.

–¿Qué derechos tiene usted para decirles a otros países latinoamericanos qué tipo de gobierno deben tener? - Pregunta uno de ellos.

–¿Derecho? –respondió Castro imperturbable- El derecho de hablar. De la misma manera que los Estados Unidos hablan de democracia yo también hablo de democracia, porque creo en la democracia y considero que no es justo que algunos países tengan gobiernos tiránicos, como Santo Domingo, por ejemplo. Eso es un ideal. No es una intervención. Yo estoy contra todo tipo de intervención en los asuntos internos de cualquier país, porque nosotros, los pueblos latinoamericanos, hace muchos años que estamos luchando por el principio de no intervención.

Finalizada la entrevista, Fidel se encaminó al Capitolio para asistir a la reunión programada con Richard Nixon. Fue recibido a las 19.10, en el despacho del vicepresidente. Dos horas y veinte minutos después, salieron ambos sonrientes, para saludar a periodistas y camarógrafos. Es evidente que se mostraron bien predispuestos, ya que muchos años después se supo que el cubano se había comprometido a respetar el tratado de defensa recíproca, los aranceles azucareros y la presencia de la armada norteamericana en Guantánamo pero al salir del recinto, ninguno de los dos quiso hablar sobre lo que habían conversado.
Pese a las sonrisas y el aparente optimismo, Castro estaba molesto porque había pescado la “indirecta”, tal como se lo comentó a sus allegados cuando regresaban al hotel. El presidente Eisenhower, que se había ido ex profeso de la capital para no recibirlo, dejó el asunto en manos de Nixon para sondearlo y sacarle información. Lo peor fue cuando el vicepresidente estadounidense le dio a entender que para mantener firmes las relaciones bilaterales, debía seguir el ejemplo de Puerto Rico.
El lunes 20 por la mañana, el hombre fuerte de Cuba se presentó en el Club Nacional de Prensa, donde expuso sus impresiones luego del recorrido que hizo por los lugares más emblemáticos de la capital norteamericana, así como también sobre el sentido de libertad y el derecho que todo hombre tiene a una vida digna.

-Quiero aprovechar esta ocasión, si me lo permiten, para dirigirme a la opinión pública de manera que me entienda mejor... Refiere  había visitado el Lincoln Memorial y allí había leído una declaración de la Constitución de los Estados Unidos, en el sentido de que “todos los hombres tenían derechos propios, el derecho a la libertad, a la vida…”. “Quiero preguntarles –añadió– ¿qué harían ustedes con aquellos que han abolido esos derechos? ¿Qué hacer con los que han abolido esos derechos?

A las 16.00 de ese mismo día abordó un tren con destino a Princeton, Nueva Jersey, donde había sido especialmente invitado para disertar.
Lo hizo en la cátedra del profesor Robert Palmer, hablando sobre la cultura y civilización americana. Al finalizar, después de ser vitoreado por buena parte de la concurrencia, se dirigió a la residencia del gobernador decidido a ofrecer una nueva rueda de prensa y a su término, emprendió el regreso a Nueva York. La estación de Pensilvania era un tumulto de gente, hispanoamericanos la mayoría, cuando la delegación cubana descendió del convoy.
Desde ahí se dirigió al Hotel Hilton y casi sin detenerse, pasó a la Universidad de Columbia para dialogar con los estudiantes de periodismo.

–Estudien bien el español –dijo al finalizar el encuentro-, así, si van a Cuba y tienen que hablar como yo, no encontrarán dificultades1.

El último punto de la agenda establecía una visita a la Asociación Femenina de Abogados de Nueva York, donde las letradas quedaron fascinadas con su carisma y locuacidad.
Anderson habla de un encuentro a puertas cerradas que Castro mantuvo con “Frank Bender”, un agente de la CIA de origen alemán –nacionalizado estadounidense- cuyo verdadero nombre era Garry Drecher, quien había solicitado a Rufo López Fresquet en los días anteriores, tuviese a bien  arreglar una cita2.
Al parecer, el personero debía “transmitirle” un mensaje a Fidel, aconsejándole suspender los juicios sumarios y alejar a los comunistas de su entorno, empezando por el Che.


Castro llegó a Montreal el 26 de abril. Se alojó en el Hotel Reina Isabel y una vez instalado, ofreció una conferencia de prensa -en inglés- en la que hizo referencia a las limitaciones del comercio exterior de su país, a la necesidad de captar capitales para darle impulso a la economía y a la polémica reforma agraria con la que aspiraba a incrementar la producción local. Cuando se le requirió sobre su filiación política, negó todo vínculo con el comunismo y finalizó elogiando a la Policía Montada canadiense por la cual, manifestó, sentía profunda admiración.
Allí, como en Estados Unidos, miles de personas lo aclamaban a su paso, sobre todo al salir del aeropuerto y llegar al hotel.
Tras una rápida visita al cuartel de la Policía Montada, que quería conocer especialmente, se dirigió a una fábrica de insumos agrícolas, donde se detuvo a observar un tractor que el directorio le obsequió para su país.

Junto a Richard Nixon
Tras un breve encuentro con personalidades locales, partió de regreso a los Estados Unidos, dispuesto a iniciar el tour sudamericano. El 27 de abril se encontraba en Boston, después de hablar en la universidad de Harvard, cuando recibió un misterioso llamado de Raúl, solicitando un encuentro urgente en algún punto de la costa este, porque había algo de lo que tenía que hablar.
La reunión tuvo lugar en Houston, durante una breve escala técnica. Según parece, Raúl Castro estaba preocupado porque en la isla, el viaje de Fidel no estaba cayendo bien. Incluso algunos hablaban de traición al ver que concedía demasiado por nada (tratado de defensa recíproca, aranceles azucareros, Guantánamo).
Era evidente que el menor de los hermanos hablaba por los sectores de izquierda y que compartía las molestias de aquellos, sobre todo, al ver que pasaba el tiempo y la presencia norteamericana en Cuba seguía siendo sólida y que muchos funcionarios y magnates de ese origen continuaban obteniendo beneficios.
Ese mismo día, Fidel comenzó su periplo por América del Sur, que lo llevaría por la Argentina, Uruguay, Brasil y, ocasionalmente, Trinidad y Tobago.
Cuando a las 17.00 el avión “Libertad” atravesaba espacio aéreo cubano, el periodista Eddy Martin, que viajaba con la delegación, hizo contacto de radio con la estación receptora de Rancho Boyeros, para informar que el líder rebelde iba a dirigirse al pueblo.
Inmediatamente después, la ciudadanía pudo escuchar al reportero preguntarle a Fidel que sentía al hablarle a los suyos desde aquellas alturas.

-Bueno…resulta difícil adaptarse a estas circunstancias, acostumbrado como estoy a un contacto directo con el pueblo – respondió el primer ministro agregando que el alejamiento de la patria, aunque fuera por unos días, le provocaba nostalgia.

Otro reportero le preguntó por los alcances y significados que la revolución tenía para la conferencia del Comité Económico de los 21, auspiciada por la OEA en la capital argentina.

-… en Buenos Aires es donde concluye nuestro esfuerzo para consolidar la Revolución Cubana y buscar una solución al problema de Cuba y al de la América Latina. [Pienso] exponer el punto de vista de la Revolución Cubana sobre los problemas de la América Latina, sobre su subdesarrollo económico y crisis económicas. [En verdad] espero una coincidencia de todos los países latinoamericanos.

Finalmente y a modo de epílogo, terminó pronunciando una larga exposición en la que intentó aclarar los motivos de su viaje.

Es preferible aprovechar estos minutos que quedan, puesto que en definitiva ha sido una entrevista o un evento periodístico absolutamente nuevo, y yo debo confesar que si resulta un éxito no debe anotárseme a mí, porque tuvieron que insistir mucho para que yo hablara desde el avión. No me adapto a este tipo de tribuna, sin estar en contacto con el pueblo. Es un procedimiento enteramente nuevo para mí, pero tanto insistieron, que al fin accedí.
Ya que nos queda poco tiempo le diremos al pueblo que nos sentimos optimistas acerca del destino de nuestra patria y del futuro de nuestra Revolución. Las muestras de adhesión y de simpatía que hemos encontrado no pueden describirse con palabras. En realidad entendemos que la parte del programa que nos falta ha de constituir también un éxito, y con ello habremos hecho un recorrido desde el extremo norte del continente americano hasta el extremo sur, donde en este mismo instante se encuentran reunidos los representantes de todos los países de América, para discutir las cuestiones fundamentales que en el orden económico afectan a nuestras naciones.
Por eso decidí acortar el viaje o el programa que tenía con relación a Canadá considerando los miembros del gobierno Cubano que era mejor invertir estos días en hacer el viaje hasta la Argentina, y representar a Cuba en ese importante evento internacional, con lo cual estábamos plenamente de acuerdo.
De todas maneras, pensamos que la ausencia de Cuba dará lugar a algunos días más de los que en un principio calculamos, y por ese motivo, aunque tenemos un formidable vehículo de transporte, con una formidable tripulación, las distancias a recorrer son enormes, y es imposible poder regresar a Cuba para la fecha en que teníamos pensado hacerlo.
Así pues, me veo que no podré cumplir la cita que tenía con los trabajadores el día Primero de Mayo.
[...] Desde aquí, con tres días de anticipación, quiero expresar nuestra simpatía y solidaridad con los trabajadores de Cuba, y esperamos que ese día se reúnan allí también no solo los trabajadores, sino que se reúna todo el pueblo, porque el Día de los Trabajadores debe ser el día de todo el pueblo, como el Día del Campesino debe ser el día de todo el pueblo, como el Día de los Estudiantes, de los profesionales, de cada uno de los sectores que integran nuestra patria, debe ser el día de todo el pueblo, puesto que esta obra grande que nuestra patria se ha propuesto realizar y que está realizando por encima de todos los obstáculos, es una obra de toda la nación, de todos los que verdaderamente sienten por ella y están dispuestos a poner sus intereses personales y sus intereses de sector, por debajo de los supremos intereses de la nación.
El triunfo de nuestra Revolución será el triunfo de todos, como el fracaso de nuestra Revolución será el fracaso de todos3. 

El recordado noticiero “Sucesos Argentinos” registró la llegada de Castro a Buenos Aires, con su característica voz en off relatando los pormenores:

Buenos Aires. La presencia de Fidel Castro ha dado ocasión al hombre de la calle para testimoniar y afecto y admiración por el jefe de la revolución cubana. En el Alvear Palace Hotel, donde se alojó, esperaba continuamente un público tenso y entusiasta, ansioso de ver de cerca al guerrillero.
El periodismo metropolitano entrevista al héroe de Sierra Maestra en una conferencia de prensa que desborda el marco profesional ante la invasión de entusiastas admiradores  de Castro.
El líder cubano vivita al presidente Frondizi en la residencia de Olivos. En la oportunidad, se reafirman los estrechos vínculos que nos unen con el país del Caribe4.

Las imágenes del noticiero, son más que elocuentes. Tras una rápida vista de las calles porteñas, la cámara toma el edificio del elegante Hotel Alvear, e inmediatamente después, la llegada del vehículo negro con el controvertido visitante en su interior.
Numerosas personas aguardaban en la vereda, las que ni bien el auto se detiene, comienzan a aplaudir y a vivar, mientras intentan acercarse, especialmente una señora de tapado claro, con un pañuelo blanco en la cabeza, sobre la que se abalanzan los custodios para retirarla.
En la toma siguiente, Castro ya ha descendido del automóvil y saluda a la multitud mientras camarógrafos y reporteros toman fotografías e intentan aproximarse. La guardia de korps cubana hace su esfuerzo por mantener a la gente alejada pero no lo logra. La señora de pañuelo blanco se ubica detrás de Fidel aplaudiendo entusiasta e inmediatamente después, Castro ingresa al hotel, seguido por sus admiradores, al tiempo que se genera una suerte de tumulto en el que sus guardaespaldas cubanos se afanan por apartar a la gente que sigue intentando acercarse.
Ya dentro del edificio Fidel, rodeado de periodistas y curiosos, ofrece una conferencia de prensa en la que se muestra verborrágico y gesticulante.
La escena siguiente tiene lugar en la Quinta Presidencial de Olivos, hacia donde Castro se ha dirigido para saludar al presidente Frondizi.
Buenos Aires, 3 de mayo de 1959. Fidel Castro habla ante los embajadores latinoamericanos en la  reunión del Consejo Económico de los 21

Se trata de un documento de inestimable valor ya que otras filmaciones que se hicieron de la visita fueron destruidas por los militares, cuando se adueñaron del poder en 1962.
El 3 de mayo Castro se presentó en la sede del Ministerio de Industria y Comercio de la República Argentina, donde se iba a desarrollar el encuentro del Consejo Económico de los 21. Cuando le llegó el turno de la necesidad de crear un mercado latinoamericano unido, de romper con los viejos esquemas en materia de intercambio comercial, de fortalecer los lazos entre pueblos hermanos, de acabar con las dictaduras comerciales y sobre todo, de la ligazón que los mantenía aferrados a las naciones poderosas.
Se lo escuchó teorizar sobre la necesidad de tornar más ágil la actividad mercantil, equilibrar las balanzas de pagos y potenciar el desarrollo industrial, basándolo en los mercados internos.
El discurso de Castro (el único que no fue leído ya que el líder habló espontáneamente) finalizó con una salva de aplausos y fue comentario obligado de todos los medios de prensa en las ediciones del día siguiente.


Al término de la ceremonia, el visitante abordó de regreso su automóvil y se dirigió a la casa de su tío Gonzalo Castro, un español (hermano de su padre) que había emigrado hacía muchos años a la Argentina y vivía con su familia en la calle Cabello 3589 de Buenos Aires. Allí almorzó, conversó relajado y río de buena gana y en horas de la tarde, se encaminó hacia la Quinta Presidencial de Olivos, al norte de la Capital Federal, para reunirse con el Dr. Frondizi.
El encuentro se desarrolló en un marco de distención y calidez, en el que estuvieron presentes, además, altos funcionarios de gobierno, entre ellos, el ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Dr. Carlos A. Florit y el embajador argentino en Cuba, Dr. Julio Amoedo.
A la mañana siguiente, Castro y su comitiva abordaron su avión y se dirigieron a Montevideo, donde los esperaba otra multitud, haciendo flamear banderas de ambos países y ostentando carteles con diversas leyendas, una de ellas, “Fidel es nuestro”.
En el palacio de gobierno, fue recibido por el presidente del Consejo de Gobierno, Dr. Martín Echegoyen y los ministros de Relaciones Exteriores, Homero Martínez Montero y del Interior, Pedro B. Berro. Luego se encaminó al aeropuerto, para volar en un avión de PLUNA (Primera Línea Uruguaya de Navegación Aérea) rumbo al departamento de Tacuarembó, la tierra natal de Carlos Gardel, con la idea de visitar a los damnificados por el desbordamiento del Río Negro (usina del Rincón Bonete).
Visitó la localidad de Peralta, en Chamberlain, conversó con las personas alojadas provisoriamente en los vagones del ferrocarril y recorrió otras localidades, en las que lanzó su resonante slogan: “Lo que Cuba quiere es pan y libertad, pan sin terror. Ni dictadura de derechas, ni dictadura de izquierdas: una revolución humanista”.
El 5 de mayo aterrizó en el aeropuerto de Río de Janeiro, donde los aguardaba otra multitud. De ahí pasó a Brasilia junto al presidente Juscelino Kubitschek, quien antes de invitarlo a almorzar, lo llevó de recorrida en el helicóptero oficial para que pudiese apreciar las obras de la nueva ciudad.
De regreso en Río de Janeiro, el viajero se alojó en el lujoso Hotel Excelsior, donde una nueva aglomeración de gente, incluyendo un centenar de reporteros, lo esperaba esperando.
Partió de regreso a Cuba al día siguiente, pero debido a un desperfecto mecánico, debió hacer escala en Trinidad y Tobago, el archipiélago frente a las costas de Venezuela, que por entonces se hallaba bajo control británico.
El mandatario aprovechó la ocasión para visitar el monasterio benedictino de Puerto España, conversar con los frailes, recorrer la ciudad y hasta jugar al billar en el bar “Coconut”, frente a varios curiosos.
El recibimiento que le dieron los cubanos en Rancho Boyeros fue apoteósico y una vez en la capital, se encaminó a la Plaza Cívica5, donde, como era costumbre, le tenían preparada una tarima para que pronunciase otro de sus interminables discursos.
Habló mucho, el millón de personas que se había congregado en el lugar lo vivó a más no poder, pero los resultados de aquel periplo, dijera lo que dijera, no eran los esperados. En una palabra, nada en concreto para Cuba y sus intereses.
Fidel Castro en Brasil. A su derecha, el presidente Juscelino Kubitschek

Pocos días después, el recién llegado promulgó la ley de reforma agraria y puso en marcha el INRA. Viéndose excluido de todas las decisiones, al ministro de Agricultura, Sorí Marín, no le quedó más remedio que renunciar, debilitando aún más la ya endeble figura de Urrutia.
Pasando por alto esas “minucias”, Fidel confirmó al Che como comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y le encomendó una misión diplomática en el extranjero, destinada a captar nuevos mercados y abrir la revolución al mundo. Como bien dice Anderson, su misión consistía en fortalecer las relaciones diplomáticas con los países industriales emergentes y estrechar vínculos con los estados no alineados de África, Asia y el este europeo6.
Era una medida acertada porque, de esa manera, alejaba momentáneamente a un elemento en extremo perturbador, sobre todo en ese tiempo, cuando todavía se coqueteaba con el amenazante coloso del norte.
En realidad, el Che y Fidel venían programando ese viaje desde hacía rato, de ahí el pedido del segundo a Alfredo Menéndez, para que le preparase el itinerario y la agenda, incluyendo entrevistas, nombres y fechas. El mismo, debía contener un análisis de la situación política, económica y social de los países que iban a tocar, especialmente Egipto, la India, Indonesia y Japón, poniendo especial énfasis en su balanza de pagos, intercambio comercial, relación de importaciones y exportaciones con Cuba y su producto bruto interno.
El mismo día que entró en vigencia la reforma agraria, Menéndez supo que iba a ser parte de la delegación, como asesor azucarero. “Prepárate que sales de viaje con el Che”, le dijo Castro y unas horas después, cuando viajaba en auto por La Habana junto al argentino, éste le explicó que era imperioso conseguir nuevos mercados porque Estados Unidos iba a presionar mucho más sobre la economía de Cuba.
Unos días antes de la partida, tuvo lugar un acontecimiento que se comentó en toda la capital: el 22 de mayo el Che Guevara obtuvo su divorcio y el 2 de junio se casó con Aleida.
Tras una breve ceremonia civil, en la que el novio se presentó luciendo su recién lavado y planchado uniforme y la novia un llamativo vestido blanco, partieron todos hacia la casa de Alberto Castellanos (escolta del comandante) en La Cabaña, para asistir a la pequeña recepción que se había organizado allí. Fue un acontecimiento íntimo, en el que estuvieron presentes, entre otros, Raúl Castro y su flamante esposa Vilma Espín, Efigenio Ameijeiras, Harry Villegas (“Pombo”), Celia Sánchez, Camilo Cienfuegos, Rafael Somarriba y Alberto Fernández Montes de Oca (“Pachungo”).
La luna de miel fue breve. Ni bien terminó la fiesta, los recién casados se fueron a su nueva casa en Santiago de las Vegas y ahí vivieron sus momentos de intimidad. Diez días después, el flamante esposo partía de viaje.


Imágenes

A la salida del Hotel . Nueva York

Gladys Feilo "Miss La Prensa", saluda a Fidel Castro en Nueva York

Niños norteamericanos en una de las tantas recepciones que se le ofrecieron a Fidel

Recorriendo las calles de Nueva York

La gente aguarda en el Central Park

Jóvenes profesionales de la Asociación Femenina de Abogados de Nueva York
encandiladas en Fidel

De paseo por la capital del mundo

Fidel Castro llega a Boston


Con el presidente Arturo Frondizi durante su visita
a la Quinta Presidencial de Olivos (Buenos Aires)
Notas
1 Eugenio Suárez Pérez y Ms. Acela Caner Román; “Síntesis cronológica: viaja Fidel a los Estados Unidos”, Cuba Historia, Boletín Revolución, edición Nº 37, 15 de abril de 2014 (https://lahistoriabiencontada.wordpress.com/2014/04/15/sintesis-cronologica-viaja-fidel-a-los-estados-unidos/).
2 Jon Lee Anderson, op. Cit., p. 398.
3El Día de los Trabajadores debe ser el día de todo el pueblo”, Fidel en 1959. Diario “Granma”, martes 11 de marzo  de 2014, año 18, Nº 70. Tomado de los periódicos “Revolución” y “Hoy”  (http://www.granma.cu/granmad/secciones/fidel_en_1959/art-067.html).
4 “1959, Visita de Fidel Castro a la argentina”, Documento fílmico, Archivo General de la Nación (AGN). Noticiero “Sucesos Argentinos”, edición Nº 164.
5 Hoy Plaza de la Revolución “José Martí”.
6 Ídem, op. Cit., p. 403.

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