sábado, 17 de agosto de 2019

ADIESTRANDO GUERRILLAS

Que el Che Guevara no recibiera ningún nombramiento no significaba que estuviese relegado. Por el contrario, Fidel Castro tenía planes para él, pero de momento, necesitaba mantenerlo en reserva, un tanto alejado de la escena, para que se ocupase de la tarea ingrata, es decir, de las ejecuciones y la depuración de las instituciones. El argentino se abocó de lleno a esa labor, sabiendo que esa suerte de “relegamiento, le permitiría dedicarse a lo que más le preocupaba: la organización de movimientos revolucionarios en diferentes puntos del continente.
Así lo deja entrever el cablegrama que Daniel Braddock, encargado de negocios de la embajada de los Estados Unidos en La Habana, envió con carácter de urgencia a Washington, al Pentágono, la CIA, la Marina, la Fuerza Aérea y las legaciones estadounidenses en la región, especialmente las de Managua y Ciudad Trujillo, en la República Dominicana.

Varios dirigentes del movimiento revolucionario triunfante en Cuba consideran que ahora se deben emprender esfuerzos para “liberar” al pueblo de varias naciones latinoamericanas de sus gobiernos “dictatoriales”. Si bien se considera generalmente a Ernesto “Che” Guevara de la Serna la fuerza principal que impulsa esas ideas, y en efecto, las planifica activamente, dista de ser el único. Se dice que Fidel Castro ha realizado observaciones similares, en particular durante su reciente visita a Venezuela1.

El informe era muy completo y brindaba detalles realmente esclarecedores en cuanto a las tendencias de Guevara y su plan de expansión revolucionaria. Decía más adelante:

Los países mencionados con mayor frecuencia [como candidatos a invasiones con respaldo cubano] son la República Dominicana, Nicaragua, Paraguay y Haití. Paraguay parece demasiado distante para una intromisión cubana directa, pero hay muchas de las conversaciones y planes preliminares en curso relacionados con los otros tres países. Varios exiliados dominicanos están en Cuba, entre ellos el general Miguel Ángel Ramírez. Aparentemente, los dirigentes revolucionarios, a diferencia de los funcionarios del gobierno provisional, creen que tienen una tarea inconclusa con respecto a la República Dominicana: frustrada expedición a Cayo Confites de 1947 en la que participaron varios dirigentes revolucionarios, entre ellos Fidel Castro.
Luis Dejoie se encuentra en La Habana, donde espera organizar y obtener apoyo para un movimiento que derroque el gobierno fraudulento de Duvalier [en Haití]. Lo ayuda Pierre Armand, que se hacía llamar “presidente del Frente Revolucionario Haitiano en La Habana”.
Parece que los planes haitianos interesan a los revolucionarios cubanos principalmente como medio para obtener un a base desde la cual podrían atacar Trujillo. Apoyarían a Dejoie a cambio de que les permitiera montar una expedición contra Trujillo en Haití.
Aquí se encuentran varios exiliados nicaragüenses, entre ellos Manuel Gómez Flores. La embajada supo hoy de una fuente bastante fiable que el grupo nicaragüense piensa que serán los primeros en atacar. El informe nombra concretamente a Guevara como participante activo en la planificación y en el entrenamiento de algunos de los participantes. Se indicó que esperan poder lanzar una invasión dentro de dos meses2.

Sobre el final, Braddok apuntó:

La planificación de estas diversas aventuras parece preliminar y escasamente realista en esta etapa, y los grupos aparentemente están desunidos. Pero dados la información de muchos de los principales dirigentes revolucionarios cubanos y el apoyo que recibió su movimiento en el exterior, cabe espera que Cuba se convierta en un centro de conspiraciones y actividades revolucionarias durante un cierto tiempo, lo que causará preocupación y dificultades a varios gobiernos, incluido el nuestro3.

Fue el primer indicio de que Cuba preparaba una agresión a escala contra el continente y que el Che Guevara era su mentor.
Braddock estaba en lo cierto. Desde su llegada a La Cabaña, el argentino, además de sus labores de verdugo, había iniciado aprestos para una operación de envergadura y para ello, hizo llamar a los más importantes líderes revolucionarios del hemisferio.
Además del militar dominicano Miguel Ángel Ramírez, el haitiano Luis Dejoie y el grupo de nicaragüenses encabezado por Miguel Ángel Flores, Anderson menciona a Rodolfo Romero, de esa última nacionalidad, el mismo que le había enseñado al Che a utilizar una ametralladora automática en Guatemala, en esos momentos, asesor del dirigente comunista Carlos Fonseca, líder estudiantil que luchaba contra Somoza.
En realidad, los primeros nicaragüenses en llegar a Cuba fueron la Dra. Concepción Palacios y el otrora teniente de la Guardia Nacional, Rafael Somarriba, quienes a mediados de enero de 1959, aterrizaron en Rancho Boyeros trayendo propuestas y mensajes.
Sin perder tiempo, después de registrarse en un hotel y dejar allí sus pertenencias, los emisarios se encaminaron a la añeja fortaleza hispana para solicitar una audiencia con su titular.
El Che apenas les dio unos minutos; los hizo pasar a su despacho, escuchó lo que le venían a decir y cuando terminaron, se dirigió a uno de sus asistentes para ordenarle que se confeccionase un pase para el segundo.

-Ven mañana –le dijo mirándolo directamente– pero solo.

Un tanto desconcertados, los recién llegados se retiraron. Cuando al día siguiente, Somarriba regresó, el Che no solo lo escuchó con más atención sino que además le dijo que a partir de ese momento, él se haría cargo de sus gastos.
A mediados de febrero, comenzó a arribar el resto de la legión, casi todos desde México y América Central, ansiosos por contactar al comandante argentino para hacerse nombrar comandantes del frente guerrillero que se planeaba abrir en su país.
El Che debió contener a los jóvenes cubanos que ni bien se enteraron de aquellos planes, se acercaron hasta la fortaleza para ofrecer su concurso, uno de ellos el mismo Orlando Borrego. Y cuando pese a los consejos y las advertencias que les dio, en el sentido de no difundir la noticia y mucho menos, hacer acopio de armas, aquellos hicieron circular la noticia, los amonestó con extrema dureza y les hizo ver que con esa actitud, estaban poniendo en riesgo la operación.
El 6 de marzo, Somarriba se presentó en La Cabaña para ajustar algunos puntos pero debió retirarse porque el Che había estado presidiendo juicios revolucionarios hasta las 06.00 de esa misma mañana y en esos momentos estaba durmiendo. Regresó pasado el mediodía y se lo encontró bastante cansado y desmejorado.

Algunas veces, yo dormía en su casa y no podíamos hablar, aunque durmiéramos en el mismo cuarto. Llegaba tan extenuado que se acostaba con el mismo uniforme de campaña y las botas. Yo lo admiraba y sentía respeto y agradecimiento por él. No fue en una, sino en muchas ocasiones que, sentándose en la silla y balanceándose, me dijo: ‘Hablemos de Nicaragua, no me mires que estoy cansado; quiero hablar de la revolución de Nicaragua, porque la siento mía’. Y hablábamos, a pesar de su cansancio y el asma que lo agotaba", relata con emoción Somarriba. Agrega que llegó a tener una gran amistad con Aleida March, quien sería esposa del Che, y él era un miembro más de la familia. Podía comer y dormir en la casa siempre5.

Aquel 6 de marzo a las 14.00, el Che y Somarriba almorzaron juntos. El nicaragüense notó al argentino bastante mal de salud y así se lo hizo ver. El comandante le comentó que los médicos le habían recomendado reposo absoluto y buscar un sitio más salubre para vivir y en eso estaba.
Días después, tuvo lugar una reunión secreta en la que Guevara dio a conocer su decisión de que Somarriba fuese el comandante de la fuerza expedicionaria y que cuadros cubanos entrenaban en  esos momentos, para engrosar sus filas.
La novedad generó recelos y también tensión, sentimientos que aumentaron cuando, a mediados de mes, llegaron desde Managua y Venezuela, los representantes de las principales fuerzas revolucionarias del pequeño país centroamericano, a saberse, Renovación Nacional, Movilización Republicana, el Partido Social Cristiano, su par Socialista, el Liberal Independiente y Unión Patriótica Nicaragüense de Venezuela.
Ahí fue donde el Che increpó a sus dirigentes por su actitud egocéntrica y personalista:

-Los nicaragüenses han hecho más dura la ya de por sí difícil tarea de la unificación. Hemos estudiado detenidamente a todos los que pretenden luchar por la revolución. Yo, de forma personal, he llegado a la conclusión de que el único que representa garantías y tiene aceptación de Cuba es Rafael Somarriba6.

Cuando Guevara terminó de hablar, el Dr. Álvaro Ramírez González, delegado del Partido Socialista, hizo moción solicitando la redacción de un documento base, destinado a unificar las fuerzas. Todos estuvieron de acuerdo y luego de reconocer a Somarriba como futuro comandante de la guerrilla, procedieron a suscribir el pliego7.
En los días siguientes, el Che impartió las primeras directivas destinadas a la movilización de la incipiente guerrilla. Le ordenó a Somarriba que viajase a México para contactar a ciertos enlaces que allí tenía y luego bajase hacia Nicaragua pasando por Guatemala, El Salvador y Honduras, donde debía ver a determinadas personas para “ajustar detalles”.
Somarriba partió de Rancho Boyeros el día 23 y tras 48 horas de permanencia en México, llegó el 27 de marzo a Tegucigalpa, donde Carlos Orellano, embajador mexicano a cargo los asuntos de Cuba, debía pasarle instrucciones. En los días posteriores, fue recibido por el presidente Ramón Villeda Morales8, a quien le entregó una carta personal del Che, donde se lo acreditaba como representante oficial del gobierno de La Habana. De esa manera luego de comprobar que el mandatario estaba identificado con la causa revolucionaria, logró interesarlo para que ofreciese su apoyo.
El diálogo que Jesús Miguel Blandón extrajo de las memorias de Somarriba, nos brinda una idea aproximada de lo conversado:

– ¿Cuál es la ideología de este movimiento? ¿Qué clase de gobierno quieren implantar? ¿Existen compromisos con algún gobierno extranjero?

-No pertenezco a ningún partido. No estamos supeditados a doctrina alguna. No existe el sectarismo. Tenemos gente de todas las tendencias, pero, sobre todo, patriotas -contesta Somarriba- Queremos destruir el régimen de los Somoza y la criminal Guardia Nacional. Habrá un Presidente Provisional que gobierne dos años, y luego habrá elecciones libres. El nuevo presidente encabezará un gobierno democrático representativo. Cuba no nos ha pedido nada a cambio de su apoyo. Sólo quieren la liberación de Nicaragua y de Dominicana".

– ¿En qué consistirá mi ayuda? - preguntó Villeda Morales.

-El armamento y lo económico lo da Cuba. Necesitamos una pista aérea para desembarcar armas. También campos de entrenamientos para unos 50 hombres. La pista tendrá que mantenerse abierta para seguir recibiendo apoyo cubano.

–En Danlí está la hacienda “Las Lomas”, de un amigo mío, ideal para esta operación militar. Respetamos la no intervención, pero sería criminal negar nuestra ayuda para la destrucción de uno de los gobiernos más odiados del continente. Amigo Somarriba, puede contar con nuestra simpatía y apoyo. Estamos con usted hasta alcanzar el triunfo -expresó Villeda, visiblemente emocionado.

Cuando el presidente terminó de hablar, los dos hombres se pusieron de pie y se estrecharon en un abrazo, sellando así el acuerdo.

–El compromiso que usted está contrayendo, no es conmigo, sino con el gobierno de Cuba, al que represento oficialmente, expresó solemnemente Somarriba.

–Cuánto no daría por sellarlo con el comandante Guevara. Soy su ferviente admirador. Creo que es uno de los hombres más grande de este siglo en el continente americano - dijo Villeda.

Después, llamó al diputado Mario Amador Idiáquez, y le pidió que se encargase del asunto de la hacienda “Las Lomas”.

– ¿Cómo resolverá el problema del ejército? - preguntó Idiáquez.

– No se preocupen. Ese problema, yo lo resuelvo - afirmó Villeda.

Iba a haber guerra en el país de los volcanes; se estaban ultimando los detalles para poner en marcha una revolución armada contra un régimen tiránico, ¿pero quién se podía tragar el cuento de que Cuba iba a prestar su apoyo a cambio de nada? ¿El presidente Villeda era tan crédulo? ¿El Che Guevara era tan desprendido?
Lo que sostiene Blandón en su artículo suena extremadamente ingenuo: “Lo que deseaban el Che y Fidel era impulsar una revolución latinoamericana antiimperialista, como la de Sandino. Por eso, el Che soñaba con pelear en Las Segovias, donde luchó Sandino”.
En realidad, Cuba estaba detrás de la operación porque aspiraba a extender su influencia sobre el resto de América, comenzando por los países más débiles del hemisferio. Pero su mentor se estaba apresurando y sus confiados emisarios iban a pagar caro las consecuencias.


El 7 de febrero de 1959 fue sancionada la nueva Constitución, esa que incorporaba la pena de muerte y brindaba la posibilidad al Che Guevara de convertirse en ciudadano cubano.
Mientras el argentino recibía con satisfacción la documentación que lo acreditaba como súbdito, estalló la primera crisis de gobierno cuando Urrutía intentó suprimir la lotería y cerrar casinos, burdeles y casas de tolerancia. Fidel lo desautorizó, amenazando con tomar medidas y eso dejó al descubierto que el presidente no era más que una figura decorativa.
Según explica Anderson, los trabajadores del sector se habían movilizado y Castro no quería enfrentarse a ellos, al menos por el momento.
El primer indicio de que había problemas fue la renuncia de Miró Cardona quien, sin pérdida de tiempo, fue reemplazado por el mismísimo Fidel quien, para sorpresa de todos, se descolgó con la novedad de que solo iba a aceptar si Urrutia le otorgaba la suma del poder público.
Para sorpresa de muchos, sobre todo quienes seguían los acontecimientos cubanos desde el exterior, el presidente aceptó. El flamante primer ministro prestó juramento el día 16 y como primera medida, redujo la edad que la ley estipulaba para ejercer cargos públicos9.
Fue el puntapié inicial que le permitió al Che Guevara iniciar su meteórico ascenso en la jerarquía revolucionaria.
El 8 de febrero Calixto Morales renunció al cargo de gobernador militar de Las Villas para el que lo había designado el Che, evidenciando todavía más la crisis interna que se vivía.
Por entonces, Guevara tramitaba su divorcio con Hilda, a quien había asignado un puesto en la administración pública y alojaba en su casa al recientemente llegado Julio Cáceres, “El Patojo”, su compañero de aventuras en los primeros días de México.
Fidel Castro jura como primer ministro. A su lado,
estampando su firma, el presidente Manuel Urrutia

El 4 de marzo de aquel agitado año, los médicos le diagnosticaron al Che una infección pulmonar, aconsejándole abandonar lo antes posible la ciudad y establecerse en un sitio más sano. Sin pensarlo dos veces, dejó la vivienda próxima a La Cabaña y se mudó provisoriamente a un lujoso chalet incautado por la organización Recuperación de Bienes a un funcionario de Batista, ubicado en Tarará, apacible y soleado municipio al este de La Habana. Disponía además de un Studebacker azul que lo conducía a diario a La Cabaña y de no muchos más.
En una carta que le envió a Carlos Franqui el 10 de ese mes, el comandante salió al cruce de ciertas insinuaciones periodísticas con respecto a su estilo de vida, explicando los motivos de su traslado:

Tarará, Marzo 10 de 1959
Comp. Carlos Franqui
Director del Periódico Revolución
La Habana
Compañero Franqui:
Vi en la Revista “Carteles”, en la sección “Tras la Noticia”, que escribe Antonio Llano Montes, una nota que me ha interesado, por insinuar algo sobre mi postura revolucionaria, tras la siguiente frase, aparentemente inofensiva: “El comandante Guevara fijó su residencia en Tarará”.
No analizaré aquí quién es el señor periodista ni daré noticias sobre lo que el tiene en los archivos a mi custodia encomendados, no es mi intención hacer acusaciones o contraacusaciones, me debo a la opinión pública y a quienes han confiado en mi como revolucionario.
Le aclaro a los lectores de Revolución que estoy enfermo, que mi enfermedad no la contraje en garitos ni trasnochando en cabarets, sino trabajando más de lo que mi organismo podía resistir para la Revolución.
Los médicos me recomendaron una casa en un lugar apartado de las diarias visitas y Recuperación de Bienes me prestó ésta que habitaré en la referida playa hasta que los colegas que me atienden me den de alta; debí ocupar una casa de personeros del antiguo régimen porque mi sueldo de $125.00 como oficial del Ejército Rebelde no me permite alquilar una con suficiente amplitud para albergar a la gente que me acompaña.
El hecho de ser una casa de antiguo batistiano hace que sea lujosa; elegí la más sencilla, pero de todas maneras es un insulto a la sensibilidad popular. Prometo al señor Llano Montes y sobre todo al pueblo de Cuba que la abandonaré cuando esté repuesto.
Te agradeceré la publicación de estas líneas para mejor ilustración de nuestro pueblo, sobre la actuación de quienes hemos contraído, una responsabilidad con él.

Che10


Allí, además de continuar con su trabajo, impartir directivas y recibir personas a diario, se abocó de lleno a la redacción de la ley de reforma agraria y la organización de la entidad que debería ponerla en práctica. Fue una tarea que alternó con sus viajes a La Cabaña, los juicios, los tribunales y los contactos con dirigentes de izquierda nacionales y extranjeros.
Anderson cuenta que por esos días, mantenía prolongadas reuniones con dirigentes azucareros, entre ellos Juan Borrotto y Alfredo Menéndez, este último militante del PSP, con la idea era aumentar la producción y crear fuentes de trabajo. A eso se debía su sugerencia, de reducir el horario laboral de ocho a seis horas diarias, moción que Menéndez intentó refutar explicando que la medida iba a ser contraproducentes porque otros sectores iban a salir al cruce para exigir prebendas similares. Aunque el Che le dio la razón, insistió en su propuesta y le recomendó la elaboración de un decreto al respecto, aún sabiendo que a la larga, repercutiría en negativamente en los costos de producción.
Decididos a trabajar en el tema, los integrantes del equipo de trabajo alquilaron una casa en el distrito de Cojimar, la célebre localidad situada siete kilómetros al este de La Habana –la misma que inspiró a Ernst Hemingway para su novela El viejo y el mar- donde Fidel Castro acababa de mudarse. Y sin perder tiempo, se abocaron de lleno a la labor, contando con un conjunto de asesores integrado, pura y exclusivamente por comunistas. Anderson asegura que el Che no tomaba parte en esas reuniones pero al menos una vez al día, pasaba por la propiedad para ver como marchaban las cosas.
En esos días comenzó a escribir su libelo La guerra de guerrillas, basado en sus experiencias de combate. Atormentó con ello a su secretario privado, José Manuel Manresa, ex suboficial escribiente del régimen depuesto, (quien sentía veneración por él), dictándole durante horas, con sus marchas y contramarchas, reescribiendo páginas enteras, hasta que los capítulos quedaban a su entera satisfacción.
El libro, suerte de manual de instrucción y doctrina recordaba bastante al de Mao Tsé Tung, al que vale aclarar que Guevara no había leído aún.
El grupo de trabajo de la ley de reforma agraria quedó constituido por el dirigente comunista Alfredo Guevara, Pedro Miret, Vilma Espín -flamante esposa de Raúl Castro-, Antonio Núñez Jiménez, a quien Fidel en persona había designado para encabezarlo y el Che, en cuya casa de Tarará se reunían todas las noches, analizando lo que se elaboraba durante el día en la casa de Cojimar. Se hacía todo en silencio, casi a escondidas, sin participar de los resultados al ministro de Agricultura, Humberto Sorí-Marín y mucho menos al presidente Urrutia porque se querían evitar trabas y discusiones.
Daba la sensación que el nuevo régimen se volcaba lentamente hacia la izquierda y eso parecieron demostrarlo los últimos discursos de Castro y el Che en diferentes ámbitos del quehacer ciudadano, los de este último acusando a media humanidad de apoyar al imperialismo, incluyendo al presidente José Figueres de Costa Rica, aquel que había facilitado armas a los rebeldes en marzo de 1958, por el simple hecho de haber sugerido la alineación con Estados Unidos, en el marco de la guerra fría.
Pero lo más grave ocurrió cuando Fidel Castro mandó intervenir la International Telephone and Telegraph, arguyendo supuestas irregularidades en su manejo, algo que, según explica Anderson, había sugerido el Che en el mes de enero.
Tal vez por ello, el encargado de negocios de la embajada norteamericana en La Habana, Daniel M. Braddok, despachó un nuevo informe a su gobierno, poniéndolo al tanto de los manejos de Guevara y el peligro que estos implicaban.

La Cabaña parece ser el principal centro comunista y su comandante, Che Guevara, es la figura más importante cuyo nombre está vinculado con el comunismo. No cabe duda de que Guevara es marxista, aunque no sea comunista [sic]. Se han instituido cursos de adoctrinamiento político para los soldados bajo su mando en La Cabaña. Algunos de los materiales utilizados en estos cursos, a los cuales ha tenido acceso esta embajada, siguen claramente la línea comunista. Guevara tiene gran influencia sobre Fidel Castro y aún más sobre el comandante en jefe de las fuerzas armadas, Raúl Castro, de quien se cree que tiene las mismas opiniones políticas que el Che Guevara11.

El Che puso especial empeño en el adoctrinamiento comunista de sus cuadros, poniendo a Armando Acosta a cargo de los “cursos” que él supervisaba personalmente. Para entonces, las reuniones en su provisoria finca de Tarará constituían una suerte de “gobierno paralelo”, pues nucleaban a las verdaderas autoridades de la isla, a saberse, Fidel Castro, su hermano Raúl, Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés, Antonio Núñez Jiménez, Alfredo Guevara y varios comunistas más.
René Depestre

Por entonces, comenzó a merodear en torno al grupo, un obscuro personaje que a todos llamó la atención, Fabio Grobart, ciudadano polaco de quien se decía, era agente de la KGB y trabajaba para los servicios secretos de la Unión Soviética12. Según parece, el enigmático sujeto se desempeñaba en la capital cubana desde 1928 y para entonces, había tejido una red de espionaje que se extendía por toda América Latina.
Cierto o no, Grobart mantuvo en La Cabaña una reunión secreta  con Fidel Castro y el Che y a la mañana siguiente, dos embajadas integradas por miembros del partido comunista (PSP), volaron directamente a Moscú y Pekín, para establecer contactos13.
En esos días, llegó a Cuba especialmente invitado por el nuevo gobierno, el poeta haitiano René Depestre, quien fue recibido en el aeropuerto de Rancho Boyeros por su par comunista Nicolás Guillén. No pasó mucho tiempo para que el mulato hombre de letras fuese convocado por el Che a Tarará y estableciesen una buena relación.
El clima que el recién llegado encontró en la residencia era realmente acogedor, con una Aleida en extremo amable, sirviéndoles café y Guevara tendido sobre la cama, en la habitación del primer piso.
Hablándole a su huésped en francés, el dueño de casa se refirió a la historia de Haití, al dominio galo, a la esclavitud, a las luchas por la emancipación y a la dictadura de Duvalier. Depestre, presentó un cuadro de situación con respecto a su tierra y habló de la necesidad de una revolución radical.
Cuando terminó de hacerlo, el Che lo miró fijamente y con una expresión de malicia apenas perceptible, le dijo:

-Voy a confiarte un secreto René: es una revolución so-cia-lis-ta.

Sorprendido, el haitiano le dijo que estaba a punto de viajar a Roma para asistir a un encuentro de escritores negros que se organizaba allí, pero el argentino lo contuvo antes de que pudiese terminar.

-Las cosas no ocurren en Roma sino aquí… Quédate. Vamos a vivir cosas extraordinarias –y luego agregó- Hay aquí, desde hace dos meses, unos cincuenta haitianos agrupados alrededor de uno de ellos, un senador de ambiguo discurso. Me ayudarás a trabajar con ellos y recibirás entrenamiento militar. Si todo marcha bien, desembarcaremos en Haití y abriremos un segundo frente en Santo Domingo.


Anderson le da mucha importancia a la llegada del agente ruso Alexander Alexeiev, enviado a La Habana por el Comité Central del Partido Comunista de su país, con el fin de tantear la situación y buscar las vías adecuadas para establecer contacto con los líderes revolucionarios.
El emisario, miembro de la KGB, llegó desde Buenos Aires, donde se desempeñaba como jefe del departamento Latinoamericano del Comité de Relaciones Culturales con Países Extranjeros de la embajada rusa. Su superior, Yuri Zukov, le había encomendado la misión, encargándole especialmente sondear a Guevara y sacarle información y eso era, precisamente, lo que el espía venía a hacer. Vale recordar en este punto que un par de meses atrás, había viajado a Moscú una misión encabezada por Severo Aguirre y Juan Marinello, del PSP, invitados a un congreso del Partido Comunista.
Mientras eso sucedía, en Pinar del Río continuaban entrenando combatientes nicaragüenses, dominicanos y panameños. Eso acrecentó los temores del Departamento de Estado y sus sospechas de que Guevara actuaba con demasiada autonomía, al confirmar que preparaba varias expediciones para desencadenar guerras revolucionarias en la región, parecieron confirmarse.
El agente ruso
Alexander Alexeiev
A fines de abril y principios de mayo, John L. Toppiung, encargado de asuntos políticos de la embajada norteamericana en La Habana, se reunió con el Dr. Napoleón Padilla, asesor de la industria tabacalera nacional, para abordar un tema puntual. Según el informe que el funcionario estadounidense elevó a su gobierno, para el especialista cubano, el Che Guevara era un comunista internacional al servicio de Moscú, estúpido, altanero y carente de inteligencia, al que solo movía su virulento antinorteamericanismo, su rechazo a la libertad de prensa y sus ansias de lanzar ataques al exterior, sobre todo contra Dominicana, Nicaragua y Guatemala.
De ello surgió un nuevo informe, elevado al Departamento de Estado y a todas las dependencias militares que al ser abierto, debió llamar la atención de sus receptores. Al Che se lo podía acusar de muchas cosas pero no de ser un idiota y mucho menos menospreciarlo, como lo hacía el experto azucarero cubano, de ahí la decisión de extremar medidas para seguirlo de cerca (a Guevara) y averiguar cuáles eran sus planes inmediatos.
Mientras tanto, quien trabajaba con ahínco en el ambicioso proyecto de una agencia de noticias destinada a contrarrestar la mala prensa que se le hacía al gobierno revolucionario en el extranjero era Jorge Ricardo Masetti, llegado a La Habana en el mes de enero, especialmente invitado por el Che. Lo hizo acompañado por su colega uruguayo, Carlos María Gutiérrez, trayendo en sus maletas ideas novedosas y buen número de propuestas.
El Che conversó con ellos en numerosas oportunidades, ya en La Cabaña, ya en Tarará y cuando a comienzos del mes de junio, les anunció que podían contar con la suma de 100.000 dólares para poner en marcha el proyecto, los rioplatenses se abocaron a la tarea, estableciendo los primeros contactos con potenciales colaboradores en el exterior.
La idea de Masetti hizo reflexionar al Che; Perón, en su intento por combatir el monopolio estadounidense, había puesto en marcha Agencia Latina, organismo único en su género por haber sido el primero controlado por un país latinoamericano. Una vez más, el comandante de La Cabaña veía en el líder justicialista a un verdadero pionero y estaba dispuesto a seguir sus pasos, aunque como es fácil imaginar, desde la vereda opuesta, es decir, la izquierda.
Mientras eso sucedía, Fidel Castro programaba un nuevo viaje al exterior y trazaba planes para sus colaboradores inmediatos.

Notas
1 Jon Lee Anderson, op. cit., pp. 376-377.
2 Ídem, pp- 377-378.
3 Ídem, p. 378.
4 Jesús Miguel (Chuno) Blandón, “El Che y la guerrilla nicaragüense”,
http://www.radiolaprimerisima.com/files/doc/ElCheylaguerrillanicaraguense.doc
5 Ídem.
6 Ídem.
7 Estamparon sus firmas, además de Ramírez González, Guillermo Córdoba Rivas, Roberto Bermúdez Alegría, Manuel Pérez Estrada, Juan José Meza, Armando Amador, José Simón Delgado, la Dra. Concepción Palacios y Rafael Somarriba.
8 Ramón Villeda Morales, médico cirujano y político hondureño nacido en Ocotepeque, el 26 de noviembre de 1908, fue presidente de su país entre 1957 y 1963, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente en 1957 y embajador hondureño ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1971.
9 La edad para ejercer cargos públicos era a partir de los 35 años.
10 Extraído de “Che, guía y ejemplo”, blog dedicado a la vida y obra de Ernesto Che Guevara,
https://cheguiayejemplo.wordpress.com/2013/09/26/carta-a-carlos-franqui-tarara-10-de-marzo-de-1959/
11 Jon Lee Anderson, op. Cit., p. 391.
12 Pierre Kalfón, op. Cit., p. 272.
13 Ídem. Según Kalfón, el propio Ramiro Valdés tramitó pasaportes en blanco para ambas misiones, en el Ministerio de Relaciones Exteriores. La delegación que tenía por destino Moscú viajó encabezada por Carlos Rafael Rodríguez.
14 Pierre Kalfon, op. Cit., p. 280.
15 La cifra la tomamos de Jon Lee Anderson (op. Cit., p. 390). Pierre Kalfón la eleva a 500.000 (op. Cit., p. 285).