miércoles, 14 de agosto de 2019

ESCALADA CRIMINAL

EL ASESINATO DE ARTURO MOR ROIG

Quizás el error más grande que cometió Perón a lo largo de su carrera haya sido nombrar a su tercera esposa como compañera de fórmula.
Todavía hoy, a 44 años de su fallecimiento, historiadores, analistas, periodistas y políticos se devanan los sesos tratando de encontrar una explicación a tamaño desatino sin dar con ella.
Si hasta el momento, la figura del líder era una contención para los elementos más exaltados de la derecha, con su desaparición la violencia que él mismo había desatado cobró ribetes dantescos.
El López Rega que la Tendencia ha intentado mostrar como dueño de grandes talentos y capacidades, recién entonces apareció. El paso del tiempo ha confirmado que no fue con Perón vivo que ejerció esa influencia nefasta que los manipuladores le endilgan sino tras su deceso, con la llegada de Isabel.
Hemos visto como Perón tuvo el control hasta el último instante de su vida, que estaba perfectamente lúcido y no se hacía nada sin su consentimiento. Si López Rega fue su ladero y obtuvo ventajas, fue porque él lo permitió, tal como lo hizo Tiberio con Sejano1

Le dejó hacer hasta donde le convino, en los espacios adecuados y los tiempos justos, desviando hacia su persona los odios y el rechazo de la opinión pública, una movida genial que solamente una mente como el suya podía pergeñar
Pero lo que tenía que suceder, sucedió y como era de prever, muerto el faraón, su visir2 se encontró con las manos libres y un contexto ideal para concretar sus ambiciones: una mujer débil en el trono, carente de inteligencia, una legión de secuaces dispuestos a todo y un séquito de aduladores que aplaudía sus decisiones.
Dueño de la situación, consciente de lo frágil e influenciable que era la nueva mandataria, el todopoderoso consejero puso manos a la obra decidido a imponer los lineamientos trazados por su amo. Y en ese sentido impartió las primeras instrucciones, ordenándole a sus cuadros redoblar los esfuerzos y tener todo listo para asestar el golpe final contra cualquier manifestación de oposición.
En los primeros días de julio, tuvo lugar una reunión en el edificio de Bienestar Social, donde se dieron cita los más siniestros exponentes del ala dura del movimiento. Estuvieron presentes esa noche Jorge Conti, los dos Vázquez, Almirón, Rovira, Morales, Farquarshon, tal vez Paino, quizás el comisario Villar o alguno de sus delegados; un cónclave en el que se resolvió intensificar el accionar para acabar definitivamente con la subversión y toda expresión de izquierda.
Las resoluciones les fueron transmitidas a las cabezas de cada sección y estas a su vez a los jefes operativos, indicándoles expresamente que tuviesen listos a sus cuadros y esperasen directivas.
Dos días después, más precisamente la tarde del 5 de julio, se llevó a cabo una reunión de alto nivel en la Quinta Presidencial de Olivos, convocada especialmente por la presidente de la Nación. A ella acudieron todos los ministros, los comandantes de las tres armas, el presidente de la Corte Suprema de Justicia Miguel Ángel Bercaiz, sus pares de las cámaras de senadores y diputados, los máximos dirigentes de la CGT, la CGE y las 62 Organizaciones y el Dr. Ricardo Balbín.
El objetivo era tratar asuntos inherentes al futuro inmediato, coordinar acciones de gobierno y abordar soluciones conjuntas para acabar con el flagelo de la violencia y la anárquica que dominaban el país.
Por esos días la central obrera llevaba a cabo intensas gestiones para renovar su conducción y Balbín convocaba a la Mesa Directiva del Comité Nacional para hacer lo propio.
Ocho días después, falleció Adelino Romero, secretario general de la CGT, quien se hallaba internado desde el día 9 debido a una insuficiencia cardíaca. Lo sucedió interinamente Raúl Ravitti, de la Unión Ferroviaria, quien al cabo de unas horas transfirió el mando a Segundo Bienvenido Palma, de la UOCRA. Su sepelio en la Asociación Obrera Textil fue un incesante desfile de personalidades, destacando especialmente Casildo Herrera, quien venía perfilándose como el máximo referente del movimiento obrero.
Al día siguiente, Balbín fue elegido presidente de la Unión Cívica Radical en un plenario que tuvo lugar los días 13 y 14 de julio en la histórica sede de Tucumán 1660. Concurrieron al mismo los máximos exponentes de la conducción nacional a excepción de algunos sectores ortodoxos de la provincia de Córdoba y el ala izquierdista de Raúl Alfonsin
A todo esto, la violencia seguía sin dar tregua.

El 25 de junio fue secuestrado David Kraiselburd, director del periódico “El Día” de La Plata y desde entonces, no se tenían noticias de su paradero.
Aquella mañana, cuatro vehículos se detuvieron en la intersección de las calles 2 y 19 y cuando el empresario caminaba desde su domicilio en la vereda impar de Diagonal 77 hasta la Calle 3, echaron pie a tierra y encañonándolo con sus armas, lo introdujeron en una camioneta Fiat.
Kraiselburd
("La Nación")
Sobresaltado, Kraiselburd dejó caer la carpeta llena de papeles que llevaba dejado del brazo y sin pronunciar palabra, se dirigió al vehículo. Fue obligado a subir por la parte posterior y una vez dentro, partieron a toda prisa, dejando en el lugar un Fiat 1500 rojo con las puertas abiertas y las llaves colocadas3.
Los secuestradores tomaron la Calle 49 y en la Avenida 1, rente al Colegio Nacional, giraron hacia el norte y aceleraron en dirección a las vías del Ferrocarril.
Seis días después, Félix Alberto Navazo, profesor de artes marciales de 33 años, volvía a su domicilio desde el local de la UOCRA regional La Plata, donde prestaba servicios como custodio.
Militante de la ultraderechista Concentración Nacional Universitaria (CNU), Navazo era casado y padre de dos hijos, con quienes vivía en una casa situada en la calle 57, esquina 26.
Como todos los días, cerca de las 9 a.m. abordó un colectivo de línea y tras cubrir las 15 cuadras del trayecto, descendió en la mencionada esquina, seguido por otro pasajero. 
Caminaba despreocupado por la vereda cuando una joven rubia, de unos 25 años de edad, le cortó el camino al tiempo que desenfundaba una pistola y le apuntaba directamente al cuerpo.
Navazo intentó darse a la fuga pero la mujer no le dio tiempo. Con absoluta determinación, sostuvo el arma y le disparó, alcanzándolo en la espalda con dos proyectiles. El activista quedó tendido sobre la acera, sangrando profusamente en tanto la gente huía despavorida en distintas direcciones.
Justo en ese momento descendió de un Ford Falcon que se hallaba detenido en la esquina sudoeste de 57 y 26, un sujeto de sobretodo gris con una ametralladora en sus manos. El hombre se acercó con paso firme y desde corta distancia vació su cargador en la cabeza del herido en tanto la mujer hacía lo propio con su pistola. Eran cuadros entrenados y actuaron con total frialdad. Todo ocurrió en un segundo. Los asesinos corrieron hacia el auto y desaparecieron, seguidos por un Peugeot 504 en el que se desplazaban otros cuatro desconocidos. Navazo yacía sin vida sobre la vereda y el pasajero que bajó detrás de él se sujetaba la pierna izquierda que le sangraba en abundancia (había recibido un balazo)4.
Al día siguiente, prestó declaraciones ante el juzgado del Dr. Dante N. Ippolito Carlos Camilo Gay, hijo del militar asesinado en el intento de copamiento a la guarnición militar de Azul. Casi a la misma hora, la Policía Federal trasladó a los tres extremistas capturados la mañana del 4 tras un espectacular operativo en City Bell y otras localidades del Gran La Plata.
Se trataba de Raúl Argemi, Néstor Darío Schuartzman y Marino Amador Fernández, integrantes del ERP, protagonistas de hechos relevantes como el copamiento del hospital de Gonnet, durante el rescate de un peligroso subversivo y el asalto a los Tribunales de San Isidro, donde desarmaron a un guardia para sustraer armas y dinero. 
Al ser allanado sus domicilios, fueron secuestrados un equipo de radio Motorola sustraído a un móvil de la policía de tránsito en la provincia de Buenos Aires, croquis y planos, material bibliográfico, documentación, un registro de conductor y una cédula de identidad falsa demás de un rodado preparado como coche-bomba, equipado con un dispositivo eléctrico conectado a una carga de tres kilogramos de trotyl.
Averiguaciones efectuadas posteriormente permitieron establecer que el 9 de noviembre de 1971 Argemi había asesinado de varios disparos a su esposa y días después se tiroteó con fuerzas de seguridad bonaerenses, hiriendo de gravedad a un oficial.
Subversivos capturados
(Imagen. "La Razón")
El 10 de julio fue liberado Herbert Pila, gerente de producción de la Mercedes Benz Argentina, secuestrado por el ERP el 31 de junio en Dardo Rocha 2970, Acassuso.
Tras largas e intensas negociaciones, la multinacional procedió a abonar la suma exigida y de ese modo, el alto ejecutivo recuperó la libertad. Lo primero que hizo fue abandonar el país y volar hacia Stuttgart donde luego de dos semanas de reposo, fue destinado a una nueva planta industrial5.
El sábado 13 de julio, Leandro Salato, director nacional de Emergencias Sociales salió de su casa en San Miguel para dirigirse a la capital de Jujuy. Ignoraba que sus movimientos eran observados desde diferentes puntos de los alrededores, por hombres fuertemente armados que se comunicaban a través de equipos de radio.
El dirigente peronista cruzó la calle y cuando se disponía a abordar su Chevrolet 400 Súper Sport azul, una sección subversiva apostada en un Peugeot 404 blanco detenido a mitad de cuadra, dio aviso a los ocupantes de una pick-up Ford F-100 patente B-887766 que esperaban en la esquina de Rodríguez Peña y Gallardo.
Tres de los cuatro ocupantes del Peugeot echaron pie a tierra y desde la vereda opuesta abrieron fuego con sendas ametralladoras, lo mismo otros dos que se aproximaban por la mitad de la calle.
Salato fue alcanzado por varios proyectiles y cayó pesadamente sobre el pavimento, su automóvil recibió media docena de balazos en el lado derecho, y tanto la zapatería contigua a su domicilio como la tienda al otro lado, acusaron impactos en sus frentes, sobre todo la última cuya vidriera estalló hecha astillas.
Cuando los agresores escapaban a la carrera, su yerno junto a otros familiares corrieron con la intención de auxiliarlo. Lo cargaron entre todos, lo subieron a su rodado y partieron a toda prisa en dirección al Hospital “Raúl Larcade”, distante a siete cuadras del lugar.
Salato presentaba un orificio de entrada de gran calibre (9 mm.) a la altura de la tetilla izquierda, en la zona precordial; un hematoma de ligamentos del pericardio, perforación de diafragma, desgarro del brazo de la lengüeta hepática izquierda, cúpula gástrica y curvatura menor6.
Militar retirado, había sido candidato a intendente municipal del partido de Gral. Sarmiento por el FREJULI y pertenecía como funcionario de segundo orden al Ministerio de Bienestar Social de la Nación.
Desde su paso a la clandestinidad, los montoneros y las FAP le seguían los pasos, acusándolo de integrar la Triple A y haber instigado el asesinato del matrimonio Deleroni, el 27 de noviembre de 1973 (ver: “Los últimos meses del año”).
Sometido a una intervención quirúrgica que se prolongó desde las 7:30 a.m. hasta las 12:30 p.m., fue estabilizado y logró sobrevivir
Desde que finalizó su gestión al frente del Ministerio del Interior, el 25 de mayo de 1973, el Dr. Arturo Mor Roig se desempeñaba como asesor de la empresa metalúrgica SOCEMA, productora de laminados ubicada en la manzana de Provincias Unidas y Kennedy, localidad de San Justo, partido de La Matanza.
Compartía esas actividades con el estudio jurídico que tenía en sociedad con el Dr. César García Puente en Lavalle 1454, 4º piso, segundo cuerpo, oficina 13, pero estaba dedicado casi por entero a su labor en la fábrica.
El lunes 15 de julio, como todas las mañanas, llegó a la planta y allí estuvo ocupado en sus funciones hasta después del mediodía.
Dr. Arturo Mor Roig
A las 13:45 se colocó el saco y le dijo a su secretaria que se retiraba a almorzar. Miró su reloj y junto a dos directivos salió a la calle para subir al automóvil de uno de ellos.
Como era habitual, los ejecutivos cubrieron las pocas cuadras que los separaban del restaurant conversando de temas laborales e intercambiando opiniones.
“Rincón de Italia”, era una típica fonda de suburbio, sita en Paraguay 3701, pleno barrio de Villa Pichincha, donde se servían los platos más variados. Quien conducía se detuvo frente al local y una vez dentro tomaron asiento en una de las pocas mesas vacías para reanudar la charla en espera de ser atendidos.
Por esos días se hablaba con insistencia de la posible repatriación del cuerpo de Eva Perón y eso, junto a escalada de violencia que soportaba el país y la guerra entre Grecia y Turquía por el control de Chipre, tenía ocupados a los argentinos.
Mor Roig vestía un traje azul obscuro, corbata del mismo tono y camisa blanca. Ni bien se acomodó en la silla tomó la carta para hacer su pedido, ignorando que en una mesa distante, dos jóvenes seguían atentamente sus movimientos.
El mozo se acercó y saludó a los ejecutivos mientras les cambiaba el mantel y colocaba el servicio.
En ese preciso instante, los desconocidos se pusieron de pie y caminaron hacia la mesa del ex ministro, sincronizando sus movimientos con otros dos sujetos que entraron en el salón armados con una ametralladora y una escopeta ITAKA.
Mor Roig no los vio venir porque estaba de espaldas. Uno de ellos alzó su pistola 45 y efectuó tres disparos al techo para mantener lejos al resto de los comensales. Acto seguido, y sin mediar palabra, sus compañeros abrieron fuego alcanzando al ex funcionario por detrás.
Mor Roig se desplomó sin vida mientras la gente se arrojaba al suelo o corría fuera del local buscando protección.
Los atacantes se acercaron al cuerpo, le apuntaron a la cabeza y volvieron a disparar, dejándola irreconocible. Obraron con mucha seguridad pues nadie resultó herido, ni siquiera los dos directivos que compartían la mesa con la víctima. Moviéndose con soltura se retiraron caminando, como ignorando a la gente que gritaba e intentaba salir corriendo, en tanto caía y rodaba al llevarse por delante mesas y sillas.
Dos de los atacantes huyeron por la cocina en tanto sus compañeros lo hicieron por la entrada principal en la esquina de Paraguay y Pichincha. Se dirigieron a un Fiat 128 rojo y un Torino gris estacionados sobre la primera calle mencionada, en cuyo interior aguardaban dos hombres con los motores encendidos.
Mor Roig yacía tirado sobre un charco de sangre, con la cabeza deshecha y buena parte de su masa encefálica desparramada por el piso. Cuando la policía se hizo presente reinaba la conmoción y había objetos tirados por todas partes.
Los primeros en aparecer fueron efectivos de la policía caminera, cuya sede se encontraba en Camino de Cintura y Provincias Unidas. Debieron abrirse paso entre la multitud que se había concentrado en la vereda y obligar a la gente a retirarse. Inmediatamente después, arribaron cuadros de la Policía Federal y la Bonaerense, quienes cortaron el tránsito para establecer un riguroso dispositivo de seguridad y control vehicular.
En tanto en el restaurant aguardaban a la ambulancia y a los peritos judiciales, los terroristas escapaban hacia Ramos Mejía tomando por calles alternativas.
Al llegar a Av. Gaona, el Fiat 128 dobló hacia el oeste con la clara intención de alcanzar Rivadavia pero cuando atravesaba Haedo, en la intersección de Gaona con Rosales y Lambaré un móvil de la Unidad Regional de Morón les salió al cruce y le indicó al conductor que se detuviera.
Restaurant "Rincón de Italia" en San Justo donde fue ejecutado Mor Roig
(Imagen: "La Nación")

Guillermo Rubén Pérez (nombre de guerra “Benja”) acató la orden y esperó con las manos apoyadas en el volante. Los efectivos policiales se les acercaron cautelosamente, apuntándoles con sus ametralladoras. Uno de ellos se ubicó a cierta distancia, cubriendo a sus compañeros mientras se seguían aproximando.
El oficial a cargo les ordenó a los cuatro pasajeros descender y colocar las manos sobre el techo. El efectivo hizo una minuciosa inspección del interior y con la ayuda del tercer agente procedió a palparlos de armas. Cuando le ordenó al conductor abrir el baúl, Pérez introdujo medio cuerpo en el vehículo, quitó la llave del contacto y se dirigió a la parte posterior para abril la portezuela.
Lo hizo muy despacio, demostrando un asombroso dominio de sí mismo pero en determinado momento lanzó un alarido y echó a correr seguido por sus compañeros que lo hicieron en diferentes direcciones.
Los agentes impartieron la voz de alto pero al ver que los fugitivos extraían sus armas, abrieron fuego.
“Benja” apuntó con su pistola y mientras corría buscando alejarse, accionó un par de veces el gatillo, sin dar en el blanco.
El cabo que cubría a sus compañeros, lo abatió con una ráfaga corta en tanto los otros dos agentes reducían a Jorge José Quintero quien al verse encañonado alzó los brazos sin ofrecer resistencia
Cuando los vecinos se asomaban para ver que ocurría, el oficial a cargo le daba aviso al Comando Radioeléctrico solicitando refuerzos. El cuerpo de Pérez yacía tirado en la calle en tanto Quinteros era esposado y conducido al interior del patrullero.
En esas se encontraban cuando llegaron a toda prisa, más móviles policiales con efectivos fuertemente armados.
En la cajuela del Fiat fueron encontradas dos ametralladoras Uzi, una Halcón y una pistola calibre 7,65 con sus correspondientes cargadores, los cuales fueron decomisados y trasladados junto al detenido hasta la comisaría de Haedo. Una ambulancia recogió al subversivo muerto y lo condujo al Instituto de Cirugía de la Provincia de Buenos Aires, en esa localidad, a donde llegó escoltada por una unidad policial.
Mientras tanto, la Unidad Regional de Morón montaba un dispositivo cerrojo con el objeto de dar con el Torino gris y capturar a los prófugos que huyeron a pie.
En el restaurant “Rincón de Italia”, mientras tanto, la policía efectuaba los peritajes de rigor. El cuerpo de Mor Roig seguía tirado en medio de un descomunal desorden, cubierto por un mantel blanco que a esa altura se hallaba empapado en sangre.
Cerca de las 4 de la tarde apareció la ambulancia para retirar el cadáver. El personal procedió a quitarle la improvisada cobertura, lo colocó sobre la camilla y después de cubrirlo con una sábana, procedió a levantarlo. Fue conducido a la morgue del Instituto de Cirugía y tras la autopsia de rigor, enviado a la seccional de Haedo, frente a la Plaza San Martín, donde permaneció depositado hasta horas de la noche.
Ni bien se conoció la noticia, se dieron a conocer las primeras condenas y expresiones de repudio.
Para entonces, el Ministerio del Interior había emitido el decreto de honores, cuyo texto establecía:

Habiendo fallecido en el día de la fecha el Dr. Don Arturo Mor Roig, de destacada actuación política, que prestara importantes servicios al país como legislador y ministro del Interior, la presidente de la Nación Argentina decreta:
Artículo 1º: La bandera nacional permanecerá izada a media asta, en señal de duelo, hasta el día del sepelio, en todas las unidades de las Fuerzas Armadas y edificios públicos.
Artículo 2º: Por el Ministerio del Interior se enviará nota de pésame a la familia del extinto.
Firmado: María Estela Martínez de Perón.
Como hemos dicho, en horas de la noche, el cuerpo del Dr. Mor Roig fue retirado de la comisaría para ser conducido hasta la casa mortuoria que atendía en Raúl Scalabrini Ortiz 900, Capital Federal.
La firma funeraria montó la capilla ardiente en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación hacia donde pasadas las 22, fue conducido el cuerpo.
El cuerpo del Dr. Mor Roig es retirado de la morgue del Instituto de Cirugía
de la Provincia de Buenos Aires y conducido a la seccional de Haedo
(Imágen: "La Razón")
El velatorio fue un incesante desfile de personas, la mayoría políticos y representantes del sector empresarial. Durante el mismo, hicieron uso de la palabra el jefe del bloque de diputados del FREJULI, Ferdinando Pedrini y el presidente de la Unión Cívica Radical de la Provincia de Buenos Aires, Juan Carlos Pugliese. Entre quienes se hicieron presentes para dar el pésame a los deudos y despedir al ex funcionario destacaron principalmente el ministro de Economí José Ber Gelbard, el Dr. Alfredo Gómez Morales, el ex ministro de Trabajo Rubens San Sebastián, el ex secretario de Prensa y Difusión Eduardo Sajón, el general (RE) Raúl Poggi, monseñor Caggiano, el teniente general (RE) Alejandro Agustín Lanusse, el Dr. Ricardo Balbín, Antonio Tróccoli, Américo Ghioldi, el general (RE) Alcides López Aufranc y Raúl Alfonsín, que se negó a hacer declaraciones a la prensa.
A las 11:15 del día siguiente, hicieron acto de presencia Raúl Lastiri y el ministro del Interior, Benito Llambí.
López Rega condenó el atentado durante la reunión inaugural del Plan de Justicia Social por una Comunidad Organizada que se llevó a cabo en el auditorio del Ministerio de Bienestar Social, el 16 por la tarde. Balbín lo hizo a través de una nota del Comité Nacional de la UCR, del que acababa de ser reelecto por amplia mayoría y así sucesivamente se fueron manifestando desde distintos sectores, Juan Carlos Pugliese y José H. Zamanillo por la UCR, Salvador Busaca, vicepresidente de la Cámara de Diputados, el Partido Federal, Acción Chubutense, Vanguardia Federal y hasta el Partido Comunista cuyo representante en la cámara baja, Juan Carlos Domínguez declaró que el crimen de Mor Roig llevaba el sello de la provocación.
No se equivocaba el legislador ultraizquierdista. A poco de perpetrado el atentado, los montoneros se adjudicaron el hecho a través de un parte en el cual explicaban que Mor Roig había sido ejecutado para advertirle al gobierno y la oposición, representada en la figura de Ricardo Balbín, que la organización debía ser tenida en cuenta al momento de adoptar decisiones políticas y entablar negociaciones. Una locura que ni en la más afiebrada cabeza podía caber.
Según explica Rogelio Alaniz en un artículo publicado en septiembre de 2008, “No se mataba ni por amor ni por odio, se mataba por cálculo. Los muchachos arrojaban un cadáver en la mesa de negociaciones como quien arroja un ramo de flores. A Perón le tiraron los restos de Rucci; a Balbín le recordaron quiénes eran los interlocutores a tener en cuenta7.
En un primer momento, muchos dudaron que los montoneros hubiesen sido los autores del magnicidio pero esa sensación se disipó cuando en la edición Nº 37 de “Estrella Roja”, el ERP se desligó completamente de él:

EL 15 de julio un Comando no perteneciente al ERP ejecutó al siniestro Ministro de la Dictadura Militar: Arturo Mor Roig8. 
Otra prueba palpable fueron los cánticos coreados por dirigentes estudiantiles de la Tendencia en las asambleas universitarias que se llevaron a cabo en Buenos Aires inmediatamente después:
-¡¡ Hoy, hoy, hoy... hoy, hoy, hoy, que contento estoy, que vivan los Montoneros que mataron a Mor Roig!!
Como explica Alaniz, los asistentes creían que al aplaudir la muerte seguían una de las máximas del Che Guevara ignorando que en realidad pertenecía a Mussolini, lo mismo la consigna esgrimida por el PRT: “Los muertos no se lloran, se reemplazan”9.
En una nota publicada en “Perfil”, el 14 de julio de 2012, Robert Potasch confirma la autoría de la organización extremista.

Montoneros pensó que la indignación generada por un acto de este tipo podría intimidar aún más al tambaleante gobierno de Isabel Perón. El asesinato de Mor Roig, apenas dos semanas después de la asunción de Isabel Perón, puede ser visto como parte de un plan para demostrar su poder y extorsionar al gobierno.
La policía se abocó de lleno a la pesquisa, intentando cercar a los asesinos antes de que pudiesen dispersarse
El 16 de julio se produjeron enfrentamientos en la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Durante los mismos, fueron abatidos tres hombres y una mujer, todos ellos vinculados al asesinato de Mor Roig.
El general Lanusse y su esposa presentes durante el cortejo
(Imagen: "La Razón")
En horas de la mañana, Eduardo Villaverde, ex empleado de una carpintería, arrojó un bolso lleno de armas en la caja de un camión robado y una vez al volante, escapó sin dirección determinada. Al llegar a Beccar la policía intentó detenerlo, pero el joven de 22 años, cuyo nombre de guerra era “Negro Hugo”, trató de abrirse camino a los tiros acelerando el vehículo a máxima velocidad. Un certero disparo en la cabeza acabó con su vida y su desesperado intento de fuga. Al ser requisado, fueron halladas entre sus pertenencias armas sustraídas tiempo atrás a un oficial de la Prefectura Naval de Zárate. 
Bien entrada la noche, cerca de las 23:00, un móvil de la seccional 5ª de Beccar interceptó un Fiat 125 rojo que se desplazaba por la calle Uruguay, límite entre los partidos de San Fernando y San Isidro.
Cuando el vehículo cruzó la intersección con Av. Sucre, los agentes le hicieron señas para que se detuviese pero lejos de acatar la orden, el conductor oprimió con fuerza el acelerador y escapó hacia el Río de la Plata, iniciando una persecución de varias cuadras que finalizó más allá del las vías del Ferrocarril Mitre, en la intersección de Av. 11 de Septiembre10 y Kennedy.
Una vez allí, el vehículo se detuvo bruscamente y de él descendieron el hombre que viajaba en el asiento del acompañante se bajó y la mujer que iba detrás. Una vez fuera, corrieron hacia una vivienda situada en Kennedy 1100 y después de introducirse en su jardín, se parapetaron tras una cerca. Al ver llegar al móvil, abrieron fuego nutrido en tanto el conductor del Fiat se daba a la fuga en dirección Av. Libertador.
Elena María Da Silva Parreira de Antelo disparaba detrás de unas matas cuando recibió un disparo en el tórax. La subversiva, implicada en el secuestro y asesinato de Sallustro, se había visto beneficiada por el indulto camporista del 25 de mayo y desde entonces integraba la Regional Sur del ERP. Sin embargo, desde hacía pocas semanas se le había asignado la responsabilidad de la Regional Norte y como enfermera, tenía a su cargo la sección sanitaria.
Oculta en el jardín de la vivienda tiraba con determinación hasta que una bala acabó con su vida. La mujer de 29 años cayó hacia adelante y quedó tendida sobre el césped, con el arma a su lado.
Dos de los terroristas implicados en el asesinato
de Mor Roig, Guillermo Rubén Pérez ("Benja") 
y Elena María Da Silva Parreira de Antelo, los dos abatidos en Victoria el 16 de julio de 1974 (Imagen: "La Razón")

Al verse solo y rodeado, Pedro Martín Uriz se incorporó e intentó evadirse pero ni bien asomó el cuerpo también cayó abatido. Pensaba huir hacia una calle transversal, siguiendo los pasos del conductor, pero sus esfuerzos resultaron vanos.
Según informó el ministro Llambí, el miércoles 17 la cantidad de detenidos por el asesinato del ex ministro era de 28 y continuaban las pesquisas para esclarecer el caso.
Sin embargo, hay algo que no cuaja en la versión oficial. Según se informara oportunamente, durante los enfrentamientos que tuvieron lugar inmediatamente después del asesinato de Mor Roig, la policía abatió a varios implicados en el hecho. Sin embargo, ni “Benja” Pérez, ni Elena María Parreira ni los muertos restantes pertenecían a Montoneros sino al ERP. Evidentemente las autoridades intentaban vincular esos nombres al atentado para mostrar que la investigación estaba bien encauzada aunque también pudo tratarse de un operativo conjunto, es decir, perpetrado por ambas organizaciones, aunque esto último nos parece poco probable.
Tres días después se produjo un nuevo enfrentamiento en Virreyes, partido de San Fernando, donde perecieron Hugo Ricardo Drangosch y Miguel Ángel Villa, éste último oriundo de Chascomús.
El hecho se produjo el 19 de julio en horas de la tarde y en el intercambio de disparos, los dos subversivos resultaron heridos. El primero quedó tendido en el pavimento, desangrándose y falleció cuando era trasladado al hospital, en tanto el segundo, alcanzado en una pierna, fue subido a un patrullero y murió en la comisaría, en circunstancias sospechosa.
El mismo 15 de julio la señora Visitación P. de Bonavía, una española de 68 años que tenía su domicilio a pocas cuadras del lugar (Larrea 491), pasaba frente al local de la Unión Tranviaria Automotor, en el barrio de Once, cuando un objeto extraño ubicado en la puerta le llamó la atención. Se trataba de un extraño envoltorio del cual sobresalía un reloj. Creyéndolo todavía en uso, lo tomó en sus manos, lo guardó en el bolso y se lo llevó a su casa, donde la aguardaba su esposo, Francisco Bonavía, de 72 años.
Hugo Ricardo Drangosch
("Estrella Roja")
Alrededor de las 17:00, un llamado efectuado a la Brigada de Explosivos de la Policía Federal, dio cuenta de un bulto sospechoso en el acceso a la sede sindical, por lo cual, de manera inmediata, se despachó una unidad para que procediese a su retiro.
Los agentes se hicieron presentes y procedieron a inspeccionar el envoltorio, el cual resultó ser un poderoso aparato explosivo al cual se le había quitado el fulminante, es decir, el mecanismo que debía hacerlo accionar. Con suma precaución procedieron a removerlo y una vez en el camión, se lo llevaron a la dependencia para someterlo al correspondiente análisis.
Mientras tenía lugar el procedimiento, la señora Bonavía le enseñó el reloj a su marido y este procedió a revisarlo para constatar si todavía funcionaba. Lo colocó sobre un mantel en la mesa del comedor y procedió a desarmarlo, utilizando el juego de herramientas con el que solía reparar las cosas. En plena faena, mientras lo revisaba y retiraba las primeras piezas, el mecanismo estalló, provocándole serias heridas a él y a su mujer.
Alertadas las autoridades, se hizo presente una ambulancia que de manera inmediata los condujo al Hospital Italiano donde se los sometió a una intervención quirúrgica en tanto la policía labrara el acta correspondiente.
La madrugada del 16, a las 01:45 a.m., explotó otro artefacto en la librería “López” de Junín 901. Mucho más poderosa, la detonación produjo destrozos en vidrios y mampostería así como heridas a algunos transeúntes, entre ellos Germán Aguirre, joven de 23 años que pasaba ocasionalmente por el lugar.
Recogido por una ambulancia que llegó casi detrás de la policía, fue llevado al Hospital de Clínicas donde quedó internado.
Ese mismo día, un destacamento del ERP atacó el barrio Villa del Plata en Punta Lara, donde residía el personal jerárquico de la Planta Propulsora Siderúrgica de Ensenada.
El objetivo eran las viviendas de tres directivos situadas a una distancia de 500 metros del acceso al balneario regional, prolongación de la diagonal 74 y a otros tantos del Río de la Plata.
El 28 de junio a las 13:30, la Compañía “Héroes de Trelew” había copado la localidad de Gral. Mansilla en el partido de Magdalena, bloqueando los accesos y cortando toda comunicación con el exterior.
Luego de establecer puestos de vigilancia en diferentes puntos y efectuar patrullas de un extremo a otro de la población, los combatientes ocuparon la subcomisaría, la delegación municipal, la central telefónica, la estación ferroviaria, la sucursal del banco regional, la oficina de correos y la subusina eléctrica de SEGBA.
Durante el procedimiento, en el que nos e produjeron muertos ni heridos, se apoderaron de cuatro subametralladoras UZI calibre 9 mm con ocho cargadores, una subametralladora Halcón del mismo calibre, dos pistolas Browning 9 mm, una pistola Colt 11,25 todas con sus correspondientes cargadores, cinco granadas de gases lacrimógenos, una escopeta de caza calibre 12, tres equipos de radiocomunicaciones de Banda Ciudadana, un sistema de alarma, seis esposas, nueve correajes completos, indumentaria policial (dos camisas, cuatro pantalones, siete chaquetas, diez gorras, tres abrigos y una capa), cuatro bastones de goma, dos máquinas de escribir y dinero por un valor de $13.244.000 en billetes chicos. 
A diferencia de aquella acción, la del 16 de julio, en Punta Lara, fue un ataque directo a un objetivo predeterminado.
El croquis señala la ubicación de Gral Mansilla, la localidad copada
por al Compañía "Héroes de Trelew" el 28 de junio de 1974
(Imagen: "La Nación")

El predio en el cual se alzaban las viviendas se hallaba custodiado por personal de civil cuyo puesto de vigilancia se encontraba en un terreno de árboles ubicado frente a la primera manzana, donde se alzaba la vivienda del ingeniero Zeljko Rozankovic, jefe de la planta. En el terreno contiguo vivía el ingeniero Ernesto Cosavella y en el de enfrente su colega Carlos San Martín (h), ambos personal directivo de la compañía.
Se trataba de un barrio residencial, sobre la Ruta 11, de calles amplias y tupida arboleda donde cada casa se ocupaba una extensa parcela, separada de su vecina por un magnífico jardín.
Cerca de las 7 a.m., cuando aún era de noche, llegaron al lugar dos automóviles Peugeot llevando a bordo cinco desconocidos cada uno. El primero, color claro, tenía una patente que comenzaba con la letra K y el segundo, de tonalidad azul, otra con la letra E.
Los desconocidos se desplegaron por el terreno y cubriéndose detrás de unos troncos recientemente talados, apuntaron hacia las tres propiedades y abrieron fuego.
Los policías de guardia, que mataban el frío en torno a una fogata, cruzaron la calle a la carrera y se cubrieron detrás del paredón que rodeaba el domicilio del ingeniero Rozankovic, para responder el ataque.
En el interior, sus moradores se arrojaron al piso buscando protección al tiempo que numerosos proyectiles impactaron contra los frentes, perforando la mampostería, las puertas y las ventanas.
Para su fortuna y el de su familia, el ingeniero San Martín se hallaba ausente y eso los salvó de semejante trance.
Pudo comprobarse que en apoyo de los agresores actuaba un francotirador. El sujeto se había posicionado a una distancia de 200 metros y desde ahí cubría a sus compañeros, inmovilizando al personal de seguridad.
El ataque se prolongó varios minutos y finalizó con la retirada de los agresores.
Como el alumbrado público iluminaba claramente la posición donde se hallaban parapetados los custodios, el francotirador los mantuvo inmovilizados, dando tiempo a los suyos de abordar los autos y alejarse del lugar. En su retirada, arrojaron clavos “miguelitos” para impedir una posible persecución y de acuerdo a lo establecido durante la planificación del operativo, al llegar a la posición que ocupaba el francotirador, el segundo rodado se detuvo unos breves segundos para darle tiempo a subir. Recién entonces los policías pudieron abandonar su posición pero cuando ganaron la calle, los atacantes huían por la Ruta 11 y se perdían en la obscuridad.
Afortunadamente no se registraron víctimas, algo que llamó la atención dada la intensidad del tiroteo. Las huellas del enfrentamiento eran visibles en los frentes de las viviendas y en los troncos de los árboles, sobre todo el domicilio del ingeniero Rozankovic que fue el que más impacto recibió. Una rápida inspección por los alrededores permitió determinar que ninguno de los agresores había sido alcanzado.
Lejos de allí, en Campo de Mayo, se produjo otro ataque que tuvo como blanco un móvil militar.
Balcón arrancado de cuajo en el edificio de Esmeralda 510 después del atentado (Imagen: "La Razón")
En horas de la mañana una camioneta del Ejército fue tiroteada desde un vehículo en marcha cuando abandonaba la guarnición por la puerta 8. Un oficial que viajaba a bordo resultó herido en tanto los agresores se dieron a la fuga aprovechando el congestionamiento de tránsito que se observaba a esa hora sobre la Ruta 8.
En horas de la tarde, el juez federal de Córdoba, Adolfo Zamboni Ledesma, dictó procesamiento y prisión preventiva contra Juan Martín Guevara Lynch De la Serna, hermano menor el Che Guevara, a quien acusaba de tenencia ilegal de material subversivo y asociación ilícita en los términos del artículo 213 bis del Código Penal.
Al momento de ser arrestado, Guevara tenía en su poder un ejemplar de “Estrella Roja” así como documentación falsa. Su hermano Roberto que para más, oficiaba como abogado, manifestó a la prensa que la detención de Juan Martín no se debía a razones de índole jurídica sino familiar, por el simple hecho de su parentesco con el líder revolucionario.
El miércoles 17, a las 19:55, el Dr. Alejandro Teitelbaum de disponía a cerrar el local de la Asociación Gremial de Abogados, en el 4º piso, segundo cuerpo de Esmeralda 578-582, cuando una poderosa explosión sacudió violentamente el edificio, conmocionando un amplio sector de la zona céntrica de la ciudad. Cinco niveles más arriba, Joaquín Banal, jubilado de 70 años, cayó pesadamente al suelo, golpeándose con fuerza el rostro. Varios trozos de revoque impactaron sobre él hiriéndolo en diferentes partes del cuerpo, en especial su ojo derecho, que estuvo a punto de perder.
Numerosos apartamentos padecieron las consecuencias del atentado, en especial la caída de escombros, persianas arrancadas, vidrios quebrados y objetos de diversa procedencia. Muchos volaron hacia el exterior para caer sobre la calle, en especial un bloque de cemento de considerable tamaño que dañó un automóvil que circulaba por Esmeralda. Pese a los daños que sufrió, su conductor resultó ileso.
Junto con las ambulancias, se hicieron presentes los bomberos, equipos de auxilio de Gas del Estado y unidades de mantenimiento de la Municipalidad de Buenos Aires los cuales procedieron a acordonar el área y apuntalar el edificio, recorriendo ambos cuerpos, desde el subsuelo hasta la azotea11.
Las ambulancias procedieron a retirar a los heridos, entre ellos, el mencionado Banal, Alfonso Brawes de 78 años y la señora Eferis de Wesler, quienes debieron ser conducidos al Hospital Rawson para su atención.
Según explicó el Dr. Teitelbaum al periodismo, la entidad venía recibiendo amenazas desde hacía tiempo y ya había sufrido un atentado similar en 1972, cuando funcionaba en sus antiguas oficinas de Suipacha al 400.



Imágenes



Croquis que muestra el secuestro de Kraiselburd
(Imagen: "La Razón")



En este lugar fue secuestrado Kraiselburd el 25 de junio de 1974
(Imagen: "La Razón")



Balbín es reelecto por el Comité Nacional de la UCR
(Imagen: "La Nación")

El Dr. Arturo Mor Roig
en sus días de ministro
(Imagen: "La Razón")

El cuerpo del Dr. Mor Roig llega a la morgue del Instituto
de Cirugía de la Provincia de Buenos Aires en Haedo
(Imagen: "La Nación")

Fiat 128 rojo encontrado por la policía en La Tablada (Deán Funes y
Av. Crovara. ¿Se trata de un señuelo como manifestó la prensa o es el
vehículo en el que huyeron los asesinos? De ser así, ¿quienes eran los
subversivos interceptados en Haedo a bordo de un rodado similar?
(Imagen: "La Nación")
Los restos de Mor Roig llegan al Congreso para ser velados
(Imagen: "La Nación")


Velatorio de Mor Roig en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso
(Imagen: "La Razón")

El cortejo se pone en marcha hacia San Nicolás de los Arroyos en cuya
necrópolis serán depositados los restos del ex ministro acribillado
(Imagen: "La Razón")

El Dr. Juan Carlos Pugliese hace uso de la palabra en nombre de la UCR.
En la foto, entre otras personalidades, Ricardo Balbín, Raúl Lastiri
y Antonio Tróccoli
(Imagen: "La Nación")

El Dr. Mor Roig en familia
(Imagen: "La Razón")

María Estela Martínez de Perón recibe al ministro de Asuntos Extranjeros de
Vietnam del Sur quien le transmite sus condolencias. A su lado, funcionarios
de la embajada y traductores
(Imagen: "La Razón")






Otra vista del restaurant "Rincón de Italia" en San Justo (Imagen: "La Razón")




La policía se dispone a ingresar en la subcomisaría de Gral. Mansilla para liberar a
los agentes encerrados en las celdas por los atacantes. En la pared lateral se lee
"Muera la represión" y debajo la estrella roja del ERP
(Imagen: "La Nación")


La sucursal el Banco Río de la Plata en Gral. Mansilla
también fue ocupada. Obsérvense las leyendas pintadas
en su frente por los insurgentes
(Imagen: "La Nación")


Bartolomé Bavio. Inscripciones en la estación ferroviaria.
Los subversivos también coparon esa localidad
(Imagen: "La Nación")


Gral. Mansilla. Por falta de combustible no de los vehículos utilizados por
la guerrilla es abandonado por los subversivos frente a la oficina de ENTEL
(Imagen: "La Nación")
Antes de retirarse, los terroristas destrozaron
el equipo telefónico de la estación B. Bavio
(Imagen: "La Nación")


Atentado contra la asociación Gremial de Abogados en Esmeralda 510
Escombros y objetos caen a la calle
(Imagen: "La Razón")




Joaquín Banal, jubilado de 70 años, es retirado gravemente herido del edificio
de Esmeralda 510 luego del atentado a la Asociación Gremial de Abogados
(Imagen: "La Razón")
Notas
1 Publio Elio Sejano (en algunas fuentes Lucio Elio), comandante de la guardia pretoriana en tiempos de Tiberio, es el típico ejemplo del político trepador. Se convirtió en secretario, consejero y confidente del emperador y trató de influenciar en él para escalar posiciones. Sin embargo, no tuvo el control total de la situación dado que cuando se lo proponía, el César tomaba las riendas y obrara a su antojo. Descubierta una conspiración destinada a hacerse del trono en connivencia con Livila, sobrina del emperador, fue ajusticiado junto con su familia y sus partidarios.
2 Titulo anacrónico que la historiografía moderna concede al principal consejero del faraón. En realidad los visires fueron los ministros de los califas árabes y sultanes turcos.
3 Los otros dos vehículos eran un Peugeot y un taxi Ford Falcon. 4 Según relataron los vecinos a la policía, la noche anterior varios desconocidos se presentaron en el domicilio de la víctima y al no encontrarla, se retiraron. 5 La suma exigida por  los captores fue de $1.500.000. 6 El equipo médico que intervino en la operación estuvo encabezado por el Dr. Juan Manuel Campana y lo integraban el Dr. Jaime Chimielnisky, director del nosocomio y sus colegas Rodólfo López, Claudio Iglesias, José Cartón, Néstor Santucho (sin parentesco con el subversivo), Carlos Burión, Silvia Poblet, Carlos Osa y Roberto González.

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