Los políticos están más preocupados en ganar elecciones que en construir un país. Por Roberto Cachanosky
Típica pregunta que me formulan en
alguna entrevista periodística o en alguna conferencia sobre la
situación económica: ¿cuáles serían a su juicio las dos o tres medidas
que debería tomar el gobierno para que Argentina pueda volver a crecer?
Obviamente, la pregunta viene luego de haber hecho una pormenorizada
descripción de la situación económica heredada del kirchnerismo, de
nuestra larga decadencia y de los problemas que le agregó Cambiemos a la
herencia k. En otras palabras, a pesar de ver lo profundo de nuestros
problemas económicos, mucha gente sigue creyendo que con dos o tres
medidas concretas salimos eyectados al progreso, lo cual indica que no
se termina de conocer la real dimensión de nuestra larga decadencia y
que, en definitiva, no pasa por la economía solamente.
De todas maneras, ante esa pregunta
suelo contestar diciendo que las medidas necesarias para salir adelante
son: 1) la reforma del estado con baja del gasto público en los tres
niveles de gobierno, 2) una profunda reforma tributaria, 3) una
modernización de la legislación laboral y 4) incorporar la economía
argentina al mundo.
Si en las décadas del 80 y 90 el gasto
público consolidado representaba el 30% del PBI y actualmente está en el
47% del PBI, reducir esos 17 puntos porcentuales implica bajar el gasto
público consolidado en U$S 85.000 millones para volver a los niveles
pre k. Eso significa que las provincias tendrían que reducir el empleo
público en un 70% promedio que fue lo que aumentó entre 2003 y 2017,
cuando el kirchnerismo escondió la desocupación en el empleo público
provincial, municipal y nacional.
Significa comenzar a recortar y ponerle
un límite de tiempo a la interminable lista de planes “sociales” que
está repartidos en el Ministerio de Salud y Desarrollo Social, la ANSES y
demás organismos estatales. Estimar los millones de personas que se
benefician con esos planes “sociales” requiere de un gran esfuerzo de
revisar el presupuesto nacional punto por punto, porque los planes están
repartidos en diferentes áreas del gobierno. No todos los planes
sociales están en el ministerio que maneja Stanley, aunque sí la
mayoría. Pensiones no contributivas como pensiones por invalidez, cuyos
beneficiarios aumentaron en 1.000.000 de personas durante la era k,
tiene un presupuesto para este año de $ 1140.000 millones. Habrá que
revisar en que se gastan $ 21.800 millones en Apoyo al Empleo. $ 17.400
millones en Proyectos Productivos Comunitarios. $ 1.564 millones en
Abordaje Territorial. $ 7.436 millones en Pensiones otorgadas a piacere
por legisladores. $ 1.600 millones a Ex – Presos Políticos. $ 2.400
millones en Acciones de Capacitación Laboral. $ 4.900 millones en Seguro
de Desempleo y el listado sigue. Acá se reparten miles de millones de
pesos en planes “sociales” para terminar con la pobreza y la
desocupación, y cada vez tenemos más pobres y desocupados. Evidentemente
el camino no es por acá.
Bajar
el gasto público, significa imaginar qué se va a hacer con el sistema
previsional ya que el kirchnerismo le metió 3,7 millones de jubilados y
pensionados que nunca había aportado al sistema previsional, con lo cual
más que duplicó la cantidad de beneficiarios de pensiones y
jubilaciones y este año se destinarán recursos por $ 525.000 millones
para pagarle jubilaciones a quienes nunca aportaron.
Los “sensibles” me dicen: ¿y qué hace el
estado con esa gente, la deja morir de hambre? Mi respuesta es que el
estado no tiene plata propia para financiar todos esos planes, en todo
caso lo paga el contribuyente. La existencia de ese gasto público
implica altos impuestos que espantan las inversiones, endeudamiento que
dispara la tasa de interés a niveles insólitos y una recesión que dejó
sin trabajo, entre marzo de 2018 y marzo de este año, a 161.000
empleados del sector privado que trabajan en relación de dependencia
mientras que el empleo público nacional, provincial y municipal aumentó
en 4.000 puestos. En otras palabras, en nombre de la solidaridad, le
transfirieron todo el costo del ajuste al sector privado y parece que a
nadie le importa toda esa gente del sector privado que queda en la
calle. Es más, pareciera ser que los únicos que tienen derechos son los
piqueteros que cortan la 9 de julio todo el tiempo para reclamar más
plata que sale de los bolsillos de la gente que va a trabajar y los
mantiene. Es decir, no solo la gente tiene que mantenerlos con el fruto
de su trabajo, sino que encima los piqueteros le hacen la vida imposible
a los que van a trabajar para mantenerlos a ellos.
Un país en el que el 50% de su
presupuesto pasa por el ministerio de Salud y Desarrollo Social, muestra
un país que ha fracasado en generar las inversiones necesarias para que
la gente pueda vivir del fruto de su trabajo, pagar su propia medicina y
ahorrar para cuando llega el momento de su retiro. Esa relación, lejos
de mostrar un estado solidario, refleja un país fracasado.
En materia impositiva, hay doble
imposición en varios niveles. Ejemplo, el impuesto a los débitos
bancarios se paga incluso para pagar impuestos. Es decir, hay que pagar
impuestos para pagar impuestos. Cuando una persona o empresa paga el
impuesto a las ganancias, paga el impuesto a los débitos bancarios para
pagar el impuesto a las ganancias. El nefato SIRCREB mete la mano en las
cuentas bancarias de la gente sin pedir permiso. Asumen que cualquier
ingreso que tengo en mi cuenta bancaria es fruto de una venta y por lo
tanto hay que pagar ingresos brutos. Si una de mis hijas me transfiere
dinero para que pague la extensión de su tarjeta de crédito, SIRCREB
considera que es un ingreso por ventas que hice y mete la mano cobrando
ingresos brutos.
Los
municipios cobran una tasa de higiene a las empresas que están
instaladas en sus municipios que no es otra cosa que una tasa sobre lo
que factura la empresa, con lo cual se superpone con ingresos brutos.
¡Una verdadera locura!
En materia laboral sabemos que la
industria del juicio hace que las empresas tengan pánico de contratar
personal, porque en Argentina, contratar a una persona es sinónimo de
adoptarla de por vida.
En definitiva, cuando uno explica solo
algunos de estos puntos inmediatamente surge el problema de fondo:
¿quién está en condiciones de hacer todos estos cambios? Y la respuesta
es que hoy no hay nadie en el mundo de la política que se anime a
impulsar cambios en esta dirección. Más bien todos compiten para ver
quién es más solidario con la plata ajena, terminando en una competencia
populista donde el que más promete revolear el trabajo ajeno, más votos
parece obtener.
Ni siquiera los políticos tienen el
espíritu de estadístas marcando el camino. Todos se limitan a ver qué
dicen las encuestas y hablar de esos temas, porque lo importante es
ganar las elecciones. Luego se verá qué se hace si se ganan las
elecciones.
Argentina carece de una dirigencia
política que marque una agenda de cambió de valores. Se limita a repetir
el discurso sentimental de ayudar a los que menos tienen, con el
problema que a esos terminan hundiéndolos más por las políticas anti
inversiones que llevan a cabo destrozando a la gente con impuestos.
Finalmente los 6,5 millones de personas que trabajamos en blanco para
mantener a los 21 millones de personas que todos los meses pasan por la
ventanilla del estado a buscar su cheque, nos cansamos de producir para
mantener a planeros, empleados públicos en todos los niveles, asesores
de legisladores, ñoquis en las provincias, municipios y nación. En
definitiva, son muchos los que consumen sin producir y cada vez menos
los que producimos para mantener a los primeros.
Con ese mecanismo, la pobreza y la
indigencia están garantizadas. Ahora bien, de todo lo anterior se
desprende que este monumental problema económico no lo podemos resolver
los economistas solamente. Solo podemos decir qué hay que hacer. La
palabra final la tienen los políticos, que son los que tienen que llevar
adelante las reformas necesarias, pero los políticos están más
preocupados en ganar las próximas elecciones que en construir un país.
Así se hace muy difícil salir de nuestra larga decadencia.
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