Masonería e impedimento para recibir el Orden Sagrado de Lienart
Por  EICCIEI (Nueva incorporación de varios columnistas católicos a esta web,
  que trabajan conjuntamente, de distintas naciones,
bajo un mismo nombre,  EICCIEI,  para denunciar a los enemigos de la Iglesia.
Esta es su 1ª aportación a nuestra web, la cual, en substancia, suscribimos.)
El juramento masónico contra la Iglesia, simbolizada en una calavera con la tiara papal, a la que se amenaza matar.
 
Un artículo, publicado en el blog Amor a la Verdad, ha suscitado de inmediato la reacción de los lefebvrianos, que no han dudado de echar mano para ello de los más célebres defensores de la rabínica y absurda tesis del papa materialiter. Es imposible que cuando se enciende la luz que incomoda, no intenten apagarla, así que parecen ordinarias y esperables las reacciones de las fuerzas al servicio de la herejía de Lefebvre, de la cual también los de la filosóficamente absurda tesis, son sus seguidores e hijos “sacramentales” y por lo tanto, parte afectada e interesada, lo que pone en duda su objetividad.[leer la Revelación Perdida].
No pretendemos escribir sobre intenciones del corazón, las cuales sólo a Dios le corresponde conocer, fijándonos únicamente en los hechos moralmente probados y en las leyes de la Iglesia.


“La afiliación masónica de Lienart fue  documentada por Andre Henri Jean Marqués de la Franquerie, (entre otros más)  un Chamberlain secreto papal que vivía en Lucon, Vendée, Francia, “reconocido historiador con conocimientos especiales en el campo de la penetración en la jerarquía católica de  la masonería, en Francia. y de las actividades masónicas del cardenal Rampolla ”. Estas pruebas se encuentran en las páginas 80 y 81 del libro de Franquerie, L ‘Infallibilite Pontificale [Infalibilidad papal]. Kellner nota que Lefebvre dentro de su impostura “Tradicionalista” “inspirada por Satanás, admite que Lienart era un Francmasón ” en  su The Final Unmasking of “Archbishop” Lefebvre’s Satan Inspired “Traditionalist” Imposture by the Detection of the Invalidity of His Own Orders. [El Desenmascaramiento Final de Ia impostura Tradicionalista inspirada por Satán del “Arzobispo” Lefebvre a través de la Detección de la Invalidez de Sus Propias Órdenes]”(Fuente: Amor a la Verdad, post del 10/06/201) .

Además, la pertenencia a la masonería de Lienart fue documentada en la lista original de Mino  Peccorrelli, asesinado ritualmente por esa causa poco después de ser publicada dicha lista que incluía a varios eclesiásticos. También fue documentado, con  inclusión de fotografías de sus diversos pasos por los grados masónicos, incluido el grado 30º,   vestido con las ropas ceremoniales masónicas,  por la revista Chiesa Viva del P. Luigi Villa, nº 51; sacerdote que dedicó toda su larga vida a la investigación y denuncia de la infiltración masónica en la jerarquía de la Iglesia. El reconocimiento de la pertenencia de Lienart a la masonería fue hecho por el propio Lefbvre en dos conferencias. En la diócesis de Lille era un hecho público su participación en la logia, y también reconocido por Williamson en sus «Eleison».

He aquí el testimonio del propio Lefebvre, reconociendo que el “obispo” que le confirió el “orden sacerdotal” era masón : Ahora, hace dos meses, en Roma, la revista tradicionalista Chiesa Viva [Iglesia viva] publicó (lo he visto en Roma con mis propios ojos), en la parte posterior de la portada, la fotografía del cardenal Lienart con toda su parafernalia masónica; el día de la fecha de su inscripción en Masonería … luego una fotografía en la fecha en que ascendió hasta el grado 20, luego al grado 30 de la Masonería” ( Charla de Lefebvre grabada en Canadá, el 27 de mayo de 1976).

Los juramentos luciferinos de los grados 29 y 30 de la masonería se pueden ver aquí

El currículo de Lienart a los efectos que nos interesan :

  • Nació en Lille, Francia …………………… ..2-7-1884 
  • Sacerdote ordenado. ………………………. 29 – 6 -1907 
  • Ingresó a la logia masónica en Cambrai  el 15 de octubre 1912 ( momento de su excomunión)
  • Se convirtió en «Visitante» en la masonería del siglo XVIII. Cav. Rosa + Cruz, .. …. 1919, con lo cual se reitera la excomunión latae sentenciae
  • Llegó al grado 30. Caballero Kadosh ……………… 1924 ( ver en qué consiste este grado de la masonería aquí)
  • “Obispo” consagrado  12/ 8/1928 ( Llevaba ya 4 años de masón luciferino grado 30º, caballero Kadosh, estando excomulgado latae sententiae; y además, con una irregularidad para recibir el episcopado que sólo puede levantar especialmente el Papa, si el irregular estuviera arrepentido y lo pidiera; pero ni se arrepintió, como demuestra su insubordinación y golpe en la 1ª sesión del último «concilio» en 1962, ni lo solicitó. ).

La importancia de entender la cuestión  que debatimos

Para entender  correctamente este debate, hemos de considerar la esencia del mismo: No se trata aquí de discutir sobre si un obispo deviniendo más tarde a ser masón, «cardenal» Lienart, puede conferir el orden sacerdotal a Lefebvre. Se trata de si un masón grado luciferino, Lienart, puede tener la intención de recibir, él mismo, el episcopado. Nosotros consideramos con la Iglesia que es necesaria no sólo la intención del ministro que confecciona el sacramento, sino también la intención del receptor. Si el que recibe el sacramento tiene una intención contraria a la Iglesia no recibe el sacramento; Dios a nadie fuerza; así pensamos y lo demostramos con un ejemplo muy común, desgraciadamente, del cual casi todo el mundo, a poco que sepa de Derecho Canónico, puede entender:

Sabemos que los ministros del sacramento del matrimonio son los mismos contrayentes, y a la vez receptores del sacramento por un contrato matrimonial, donde el párroco es sólo testigo de la Iglesia, que bendice a los cónyuges en nombre de ésta, una vez se ha confeccionado el sacramento. Pongamos el ejemplo de unos novios que se casan delante de un párroco en 1955. Pero uno de ellos en su fuero interno, en secreto, ha decidido no tener ningún hijo, y ser adultero, infiel, en cuanta ocasión se presente siempre que su cónyuge no se entere. La pregunta siguiente surge así: ¿Es válido ese matrimonio? No, dice el Derecho Canónico, ya que ha puesto una intención esencialmente contraria a la Iglesia para ese  sacramento. Y en la Rota existen multitud de casos en que la Iglesia ha manifestado la nulidad de ese contrato matrimonial; nulo de pleno derecho y de hecho- la Iglesia sólo se limita a «certificar» la nulidad que ya existía desde el mismo acto sacrílego-. Todos los actos del matrimonio para la sedación de la concupiscencia no son tales actos matrimoniales propios del sacramento, sino actos fornicarios, aunque a la parte inocente no se la puede acusar formalmente de pecado ¿Se puede subsanar ese defecto que hace nulo el matrimonio? Sí, ese y otros por distintas causas, bien mediante la subsanación in radice, bien en el fuero interno bien en el fuero externo, etc.; pero cualquier forma de subsanación incluye la retractación de la voluntad corrompida, arrepentimiento  y la aceptación en el fuero interno de la intención de la Iglesia.«Si en uno, u otro de los cónyuges, hay, en el momento en que contraen matrimonio, la voluntad de excluir uno solo de los bienes- el bien de la prole, el bien del sacramento, y el bien de la fidelidad-, se realiza un matrimonio nulo, ya que no se expresa el consentimiento preciso y necesario para el contrato» ( Dr. Fernando de la Rocca, abogado de la Rota, nombrado en 1939 «Libero docente» de la Universidad de Roma). ¿pero no habíamos quedado que ciertos teólogos consideraban válido el matrimonio de un hombre y una mujer mayores de edad y libres en su consentimiento? Pues, nosotros no; eso lo dicen quienes leen la teología con examen libre cual protestantes, y toman citas de aquí y de acullá, y los árboles no les dejan ver el bosque. Distinguir es un principio del recto conocimiento. Porque se eche un vistazo superficial a Tanquerey, no quiere decir que se haya comprendido algo de teología

Pues bien, las intenciones de los masones son inconciliables esencialmente con las de la Iglesia, dice el Papa León XIII, el Vicario de Cristo (no el «papa» Ricossa en su revistilla plagada de la herejía del «papa materialiter» y de otras más graves, que defiende el «sacerdocio» que recibió del linaje Lienart por Lefebvre ¿qué se podría esperar? no le queda más remedio, porque es parte interesada).

La intención interior es necesaria de medio absoluto, como se ve en el magisterio de la Iglesia, por ejemplo en Denzinger, 1318. Sabemos que Lienart era masón grado 30 en 1924, antes de ser «obispo», y no consta que se arrepintiera nunca, y a tenor de las declaraciones del sacerdote cercano a su lecho de muerte, ni siquiera en sus últimos días, ya que se jactó de que habían acabado humanamente con la Iglesia. Luego ni siquiera se puede aplicar la doctrina de la subsanación del sacramento a su caso; jamás fue obispo.

Lo mismo ocurre con los demás sacramentos: el bautismo, la confirmación, o la penitencia, o ¿Acaso me son perdonados los pecados, aunque el sacerdote me de la absolución, sino no tengo contrición, aunque sea imperfecta o el propósito de enmienda, y estoy dispuesto a seguir pecando en cuanto me levante del confesonario? No; de ninguna manera; esa confesión es inválida, aunque hay absolución del confesor. Que en algunos sacramentos, no en todos, se puede subsanar esa ineptitud sin recibir de nuevo el sacramento, lo aceptan la mayoría de los teólogos, por ejemplo en la confirmación. Pero siempre supone remover la intención interior y poner en su lugar la de la Iglesia, o sea, retractar la intención corrupta anterior; y eso sin excepción

Entonces, la cuestión es que hay una duda positiva- más abajo explicamos este criterio moral- sobre si el «cardenal» Lienart recibió el episcopado cuando ya llevaba siendo masón luciferino, grado 30, desde, al menos, 4 años antes de ser «consagrado» obispo . Y si no era obispo, jamás pudo ordenar sacerdote a Lefebvre, y la consecuencia es que Lefebvre nunca pudo ser obispo válido, ya que el episcopado por salto, o sea, sin ser sacerdote previamente es nulo, según el Doctor de la Iglesia -no me refiero al «doctor» Ricossa-  Santo Tomás de Aquino.

La objeción de que eso «suscitaría dudas en el sacerdocio católico después de dos mil años de existencia de la Iglesia en los que podría haber pasado de todo» no se puede sostener y es pueril, porque acaso ¿No fue más grave la absoluta invalidez de las «ordenaciones y consagraciones» anglicanas que afectan a varias decenas de millones de personas y decenas de miles de «sacerdotes», que la invalidez de las procedentes de Lienart que afectan a sólo unos pocos cientos de «sacerdotes», la mayoría herejes y cismáticos como los anglicanos,  y ni siquiera a medio millón de personas? Objetivamente sí, aquella fue más grave.  ¿Podría permitir esta confusión Dios? Sí, y hasta podría permitir la condenación de todos, menos ocho, como en el Diluvio. «¡Pero es que nosotros estamos confundidos, no nos aclaramos, vamos de una posición a otra, y así de pronto decimos que la consagración episcopal de Lienart es válida, y al rato siguiente que no, para entre medio caer en el asacramentalismo y negar la existencia de los sacramentos actualmente», dirán algunos. La respuesta es que debido a nuestros pecados, nosotros no tenemos derecho ninguno sobre Dios, ni a exigir la gracia que tantas veces nos dio y perdimos por nuestra desobediencia. ¿O acaso no hemos pecado todos? ¿Acaso nos creemos nosotros o ustedes mejores que los herejes modernistas? Al que ama la verdad, de verdad y con el corazón y no con la boca, y la sigue aunque tenga que renunciar a todo, incluso amistades y fama, Dios no le negará su luz. Pero a muchos le ha quitado la luz, como parece evidente, porque amaron más sus opiniones, sus intereses, sus gustos, su fama, sus amistades, sus familiares, sus «sacerdotes» herejes de «papitos colorados»…, que a Dios. Habrá un Papa legítimo un día, si cumplimos nuestro deber al respecto, y sancionará, no nos cabe duda, la invalidez de todas las órdenes que proceden de Lienart, porque su intención no pudo ser la de la Iglesia al recibir su propio episcopado.

Sepan que hay «sacerdotes» y hasta «obispos» que, habiendo recibido el «orden sacerdotal» de Lefebvre, no ejercen el ministerio porque no se consideran sacerdotes; eligieron a Dios, y tuvieron el desprecio de sus compañeros lefebvristas y de otros. ¡Eso es amar a Dios más que a nosotros mismo! Nos alegramos nosotros de tener una amistad con estos elegidos de Dios, intelectual y espiritualmente honestos.

LA DOCTRINA DE LA IGLESIA

Archivo:Masons baphomet.jpg
Baphomet en una sesión masónica, al que se pide su entrada en el mundo en el grado 29 . Imagen de un libro de Leo Taxil

El Canon 2335 del Código de Derecho Canónico que tiene fuerza de ley para toda la Iglesia desde el 19 de mayo de 1918 y que hasta la fecha no ha sufrido, en tal disposición, ninguna modificación. Su texto es el siguiente: «Los que dan su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo género – (que, según las canonistas, serían los anarquistas, socialistas, comunistas, etc.)-incurren, ipso facto, en excomunión simplemente reservada a la Santa Sede.»

Quedan excomulgados los que se afilian a la masonería porque el hecho de pertenecer a ella constituye un peligro próximo para la fe, su secreto y juramento son inmorales y de su objeto y fines se deriva un grandísimo daño para el verdadero bien de la sociedad humana.

Fines de la Masonería.

El 24 de abril, de 1738 (21 años después de la fundación de la Masonería) Clemente XII escribió IN EMINENTI, la primera encíclica contra la Masonería. Desde entonces ha estado prohibido para los católicos entrar en la Masonería.

  • El fin de la Masonería es derrocar todo el orden religioso y político del mundo que ha producido la enseñanza cristiana y sustituirlo por un nuevo orden de acuerdo a sus ideas.
  • Sus ideas proceden de un mero «naturalismo». La doctrina fundamental del naturalismo es que la naturaleza y la razón humana deben ser dueñas y guías de todo.
  • La Masonería reclama ser la religión «natural» del hombre. Por eso dice tener su origen en el comienzo de la historia.
  • El concepto masón de Dios es opuesto al de la Iglesia Católica. No aceptan de Dios sino un conocimiento puramente filosófico y natural. (Dios es entonces imagen del hombre. Por eso no tienen una clara distinción entre el espíritu inmortal del hombre y Dios)
  • Niegan que Dios haya enseñado algo.
  • No aceptan los dogmas de la religión ni la verdad que no puede ser entendida por la inteligencia humana.
  • Poco les importa los deberes para con Dios. Los pervierten con opiniones erradas y vagas.
  • La Masonería promulga un sincretismo que mezcla desde los misterios de la cábala del antiguo oriente hasta las manipulaciones tecnológicas del modernismo occidental.
  • El emblema masónico del compás y el cuadrante son símbolos de un racionalismo que pretende identificarse con todo lo que es «natural».
  • Su calendario numera los «Años de Luz» (del primer día de la creación o «Años del Mundo»).
  • Enseña que la Iglesia católica es una secta.
  • Su oposición a la Iglesia Católica antecede a la oposición de la Iglesia contra ella.

¿Qué dice la Iglesia Católica sobre la Masonería?

Achille Liénart. Gran Maestro masón de alto grado. Obispo de Lille, Francia. Encargado de reclutar nuevos masones. Fue el jefe de las fuerzas “progresistas” en el Concilio Vaticano II (Comentario inscrito en la lista).

«Recordemos que cristianismo y masonería son esencialmente inconciliables hasta el punto de que inscribirse en una significa separarse del otro». (Papa León XIII).

Si son “inconciliables” se debe reconocer en los afiliados a la secta una intención opuesta a la de la Iglesia, ya que sus fines son contrarios. Y si esta afiliación separa del Cuerpo Místico al bautizado que de su nombre a la secta y queda excomulgado con pena “latae sententiae” reservada al Papa, por lo mismo se ve que es algo muy grave si merece tal pena. Ahora bien, ¿un bautizado que entra a la secta, y que por ello queda excluido de la Iglesia, y por lo tanto hasta que el Papa no le levante la pena está impedido de recibir los Sacramentos, pues “no hay que darles las cosas santas a los cerdos” como dice el Evangelio, si recibiera –manteniendo su filiación a la secta de manera oculta- lo recibiría válidamente el Sacramento del Orden Sagrado? Nosotros sostenemos que de ninguna manera podría recibirlo, y esto por dos razones:

1era: Porque en un mismo sujeto no pueden caber dos intenciones simultaneas y opuestas. O es masón o es católico, no hay término medio. Inconciliables esencialmente, dice el Papa León XIII.

2da: Al estar excomulgado no pertenece a la Iglesia, y los Sacramentos son para los fieles, no para los infieles. Aquí no vale el caso del Bautismo que se da a los infieles para que se conviertan en fieles cristianos. Se trata de alguien que era cristiano y apostató de la Fe haciéndose masón, y que por tanto pesa sobre él una pena que puede levantarla solamente el Papa, si se convirtiera. Está separado, como dice el Papa León XIII.

Aplicando lo que venimos diciendo al masón Achiles Lienart que dio su nombre a la secta antes de recibir el Orden Sagrado y continuó en ella hasta su muerte teniendo el grado más alto, ¿podría haber “ordenado y consagrado” válidamente a Marcel Lefebvre como sacerdote y luego como obispo, siendo que él mismo era inepto, por excomunión, de recibir su propia ordenación sacerdotal y su consagración episcopal, teniendo una intención inconciliable con la intención de la Iglesia? Evidentemente no.

Por tanto ¿Marcel Lefebvre –a pesar de su buena fe e intención de recibir el Orden Sagrado- recibió el Sacramento lícita y válidamente de manos del masón Lienart? Imposible, porque nadie da lo que no tiene, y Lienart no tenía poder para hacerlo, puesto que no había sido consagrado válidamente obispo.

A partir de este punto, hay obligación moral de extraer las consecuencias, respecto a Lefebvre y a los que han sido “ordenados por él o por los “obispos” que él “consagró”, y eso, aunque hoy algunos separados del lefebvrismo simulen el episcopado; la razón es que el episcopado no se recibe por salto; si alguien no es sacerdote previamente, la consagración episcopal es inválida, absolutamente nula, como lo manifiesta Santo Tomás de Aquino (Summa Suppl Q. 40 art. 5 Resp a Obj. 2, que establece claramente que la elevación episcopal no coloca un carácter en el alma , simplemente proporciona más gracia para ayudar al obispo en sus responsabilidades, y que el candidato episcopal debe tener una ordenación válida anterior); o como explica el canonista de nota Vermerersch: habiendo saltado la ordenación sacerdotal, sería conferida la consagración episcopal  inválidamente…” (A. Vermeersch, S.J). Adviértase que no dice ilícitamente, sino inválidamente, nulo de pleno derecho.

Cada vez que persiste una duda prudente basada en razones probables- la pertenencia de Lienart al grado más alto de la masonería es una convicción moralmente cierta- sobre la validez de un Sacramento, el mismo puede ser repetido (c. 732.2), y se debe observar que cuando está en juego el bien de los demás o concierne la ansiedad espiritual del que lo recibe, la repetición se puede conceder más fácilmente. La repetición del Sacramento se debe hacer cuando se duda sobre su validez – o más bien, cuando su validez no sea moralmente cierta – en los casos cuando el Sacramento es necesario, sea absolutamente y por su propia naturaleza, como el bautismo, o relativamente y con respecto al bien de los demás, como en la Ordenación, absolución, Extremaunción. Por lo tanto es obligatorio repetir cuando existen dudas sobre la validez del Bautismo, Orden, absolución de los moribundos, Extremaunción de los inconscientes, y consagración de las hostias.

Por lo tanto,  es impertinente la “risita” y la negativa de Lefebvre a ordenarse y consagrarse cuando Mons. Thuc le dijo que estaba dispuesto a consagrarlo en secreto, porque también Mons. Thuc  dudaba de lo “conferido” por Lienart [ ver copia de la carta manuscrita de Mons. Thuc a Lefebvre ofreciéndose a consagrarle en secreto]. De uno y de otro (Lienart y Lefebvre) hay que decir: “nihil est”.

La sucesión apostólica desciende de Mons. Thuc, y no de  Lefebvre y su obra herética: los “sacerdotes” tanto dentro de la fraternidad como fuera de ella,  son humo y forman parte de la Gran Tribulación.

Contra la falsa tesis del Instituto M.B.C. de Ricossa., interesados en defender la validez del orden sacerdotal de Lefebvre contra cualquier evidencia en contra, porque ellos recibieron las “órdenes sacerdotales” de Lefebvre, se opone  y la desmonta el Papa Alejandro VIII, quien condenó la siguiente proposición:

«Es válido el bautismo que confiere un ministro que observa todo el rito externo y la forma de bautizar, pero dentro de su corazón resuelve: “No pretendo lo que hace la Iglesia'» (Denzinger, 1318).

Y como se ha señalado más arriba por boca de los Vicarios de Cristo,  los fines de la Iglesia y la masonería son contrarios; imposible que sea el fin de la masonería el mismo fin de la Iglesia.

Luego los fines de Lienart al simular recibir el episcopado son contrarios a los de la Iglesia; ergo no fue jamás obispo, siendo la razón que rea masón grado 30 antes de recibir el episcopado, y por ello no pudo conferir el orden sacerdotal válidamente a nadie; al igual que una mujer o un demente no puede recibir jamás el episcopado, ni dar el orden sacerdotal válidamente a nadie por mucho que lo simule, y eso, aunque lo haga con el rito tradicional de ordenación sacerdotal; simplemente, en tales casos, no existe aptitud; el sujeto no es apto para recibir.
La Moral Católica.

La Teología Sacramental prohíbe actuar mientras haya duda grave y positiva, cometiéndose pecado grave o leve, según la materia, si se produce la acción; y en este caso la materia es grave: simulación de sacramentos, sacrilegio, invalidez de todos los sacramentos que dependen del orden sacerdotal: Eucaristía y confesión, extremaunción, orden y confirmación.

Veamos, al efecto, lo que nos dice Royo Marín; lo que va entre llaves es nuestro para ilustrar con el ejemplo la doctrina del dominico:

 «No es lícito jamás obrar con duda positiva práctica de la licitud de la acción.

Nótese bien el sentido del principio. Se trata de una duda positiva [ Está probada moralmente la pertenencia a la masonería de Lienart antes de recibir el “episcopado”, y por tanto hay duda si fue consagrado obispo válidamente, de lo que se desprende que si su consagración fue inválida no pudo ordenar sacerdote a nadie, incluido Lefebvre] , o sea apoyada en graves razones *; y práctica, o sea, que se refiere al hecho concreto que se va a realizar [ ejemplo: asistir a la “Misa” o confesar con un “sacerdote” que haya sido ordenado por Lefebvre o algunos de los “obispos que él “consagró”, o éstos “consagraron: Williamson: Faure, Zendejas, “Tomás de Aquino”; estén en la Fraternidad que fundó, o ya fuera de ella, para los cuales usamos la precisa terminología del C.I. C de 1917: clericus vagus; en este caso simuladores de clericus vagus] . En estas condiciones jamás es lícito realizar ese acto

_______________ Sigue Royo Marín: « La duda meramente negativa que no se apoya en razón ninguna o en razones muy ligeras e inconsistentes puede y debe despreciarse en la práctica, por ser una duda imprudente. Lo contrario nos haría la vida imposible, llenándonos continuamente de inquietud y de angustia, ya que sólo en muy contadas ocasiones se puede llegar a una certeza tan clara y evidente que excluya en absoluto la posibilidad de toda duda incluso imprudente.» [Ejemplo de duda negativa: “la supuesta locura de Mons. Thuc”, que ciertos lefebvrianos le achacan. Es una duda negativa porque ¿Existe algún testimonio médico, squiatrico, de psicólogos o de personal sanitario al respecto? La repuesta es no; jamás nadie ha presentado un papel al respecto, y eso ni aunque hubiera sido falsificado. ¿Existe algún testimonio de personal sanitario, asistente social, atención domiciliaria, persona de compañíar, aunque sea de alguna consulta o diagnóstico temporal? La respuesta es no. ¿Existe algún testimonio de familiares o personal doméstico que atestigüe algún signo de locura? La respuesta es no. Sólo existe la difamación de los lefebvristas sobre su persona para tratar de destruir la validez de las consagraciones y ordenaciones conferidas por Mons. Thuc, pero ni una sola prueba que acrediten las palabras infames con que lo tratan de desprestigiar, luego hay una duda negativa; el resultado de no aceptar los sacramentos por duda negativa es imprudencia; y quien obstinadamente divulga esta duda negativa es un o una  “terrorista moral”, infama y peca gravemente, cuantas veces lo haga, y ese pecado exige la restitución para ser perdonado ante un sacerdote válido.]

«La razón la hemos indicado ya varias veces en otros artículos. El que obra con conciencia dudosa acepta la posibilidad de la ofensa de Dios y, por lo mismo, peca tanto si en el orden real y objetivo aquella acción es realmente mala como si es inocente y buena. El pecado cometido es el mismo que constituye el objeto de la duda, revestido con todas sus circunstancias especiales: mortal o venial, de esta especie o de la otra, según se le previó en la duda».

«¿Qué debe hacer, pues, el que se encuentra con duda positiva y práctica de la licitud de una acción? Una de dos: o elegir la parte más segura, que es la favorable a la ley (en cuyo caso no necesita hacer ninguna investigación para salir de la duda, porque ciertamente excluye la posibilidad de pecar), o debe llegar a una certeza práctica sobre la moralidad de la acción.»

Se advierten la posibilidad de dos posiciones correctas pero de una misma consecuencia práctica. Unos resuelven la cuestión llegando a la seguridad de que Lefebvre no fue sacerdote, ni por lo tanto obispo, con lo cual los sacerdotes que dependen de su linaje no son sacerdotes, sino laicos y concluyen coherentemente que no son válidos sus “sacramentos», por lo que buscan éstos en el linaje puro de Mons. Thuc. Otros persisten en la duda positiva, y  práctica, sin poder salir de ella,  por lo cual siguen  la parte más segura, cual enseña la moral católica. Ya hemos explicado este principio al hablar de la ilicitud de obrar con duda práctica; sobre eso hay artículos puestos en la sección de Moral de esta web. Si después de haberlo intentado por todos los medios a nuestro alcance (reflexión, consultas, etc.) permanece en pie nuestra duda práctica, es obligatorio seguir la parte más segura, o sea, omitiendo el acto de cuya licitud seguimos dudando, o practicando el que seguimos creyendo que quizás nos obligue. De lo contrario, aceptaríamos prácticamente la posibilidad de quebrantar la ley y pecaríamos de hecho por esta torcida disposición; por tal razón acuden a recibir sacramentos, al igual que los anteriores, a sacerdotes y obispos del linaje puro de mons. Thuc.

En conclusión:

Deben los fieles informarse, si de quien reciben los sacramentos proviene del linaje Lienart- Lefebvre, porque pudiera haber en algún eslabón de la cadena la pertenencia de alguno a ese linaje, para unos inválido para otros dudoso. Lo que obliga  aplicar lo que se llama en moral el principio reflejo de elegir, en la duda, la parte segura.

Deben los seminaristas que están esperando recibir el orden sacerdotal  informarse del linaje de quienes pretenden recibir el orden sacerdotal, tanto de dónde han recibido el episcopado como de dónde recibieron el sacerdocio los obispos que van a ser consagrantes y auxiliares, porque pudiera haber en algún eslabón del linaje la pertenencia de alguno al de Lienart, para unos inválido, para otros dudoso, lo que obliga  aplicar lo que se llama en moral el principio reflejo de elegir, en la duda, la parte segura. De hecho hay obispos que han recibido el episcopado del linaje de Mons. Thuc, pero fueron “ordenados” sacerdotes por Lefebvre; y como sabemos, el episcopado no se da por salto, por lo que no son válidos obispos, aunque militen en el denominado campo «sedevacantista».

ANEXO PARA SABER MÁS:

DOCTRINA DE LA IGLESIA SOBRE LA MASONERÍA

Son más de doscientas las intervenciones pontificias referentes a la masonería, y a las sociedades secretas. (1) Clemente XII (en el recuadro), en su encíclica «In eminénti» del 28 de abril de 1738, a los veinte años de fundada oficialmente la secta, condenó y prohibió para siempre a las sociedades masónicas, como «perniciosas para la seguridad de los Estados y la salvación de las almas»; fulminando contra ellas la excomunión mayor, y ordenando a los obispos que procediesen contra sus adeptos como si se tratase de verdaderos herejes, «enemigos de la seguridad pública», pues «corrompen los corazones de los hombres sencillos y los traspasan con dardos envenenados (…) Después de haber reflexionado con madurez y de haber adquirido en este punto una completa certeza -añade el Papa- hemos decidido, por justos y razonables motivos, condenar y prohibir las dichas sociedades, reuniones y asociaciones constituidas con el nombre de francmasonería o con cualquier otra denominación». «Bajo las afectadas apariencias de una natural probidad, que se exige a los masones y con la cual se contentan -continúa Clemente XII- han establecido ciertas leyes y estatutos que los atan mutuamente; pero como el crimen se descubre, por sí mismo, estas reuniones se han hecho sospechosas para los fieles. Y así todo hombre honrado considera el hecho de estar afiliado a ellas, como un signo inequívoco de perversión (…) Si sus principios fuesen puros no buscarían con tanto cuidado la sombra y el misterio.» La mentira es su norma, Satanás su dios y la ignominia su culto Las autoridades civiles de Holanda proscribieron a la masonería en 1735; las de Hamburgo, Suecia y Ginebra ese mismo año, y las de Zurich, Berna, España, Portugal, Italia y Polonia, apenas apareció la condenación pontificia; haciéndolo, años después, Baviera, Rusia, Austria y Turquía. Benedicto XIV (a la izquierda), en su encíclica Apostólici Próvidas del 18 de mayo de 1751, confirmó tales penas de excomunión; condenando el materialismo, el carácter secreto, el juramento y las tendencias revolucionarias de la masonería. Citando la frase del apologista del Siglo III, Minucio Félix, dice: «Las cosas buenas aman siempre la publicidad; los crímenes, en cambio, se cubren con el secreto». Pío VII (recuadro), en su constitución Ecclesiam a Jesu Christo del 13 de septiembre de 1821, renueva las condenaciones y señala el fin y objeto de las sociedades secretas, masónicas y carbonarias. Las denuncia como la causa de las revueltas de Europa y estigmatiza la hipocresía de los carbonarios que llegan hasta “fingir el mayor celo por la iglesia de Cristo». En la bula de excomunión contra Napoleón en 1809 había acusado ya a las sectas, «conjuradas contra la Silla de Pedro», como «instigadoras del usurpador». León XII, en su constitución apostólica Quo graviora del 13 de marzo de 1825, insiste en las condenaciones anteriores, y añade que la masonería -«enemiga capital de la Iglesia Católica»- ataca con audacia sin límites los dogmas y los preceptos más sagrados de la Iglesia. Señala los estragos causados por la masonería «en los centros de estudios, donde introduce maestros de perdición»; suplica a los gobernantes que combatan a tales conspiradores, que «no son menos enemigos del Estado que de la Iglesia»; y recomienda a los fieles el huir de tales hombres que -«como hijos primogénitos del demonio»- son «las tinieblas de la luz y la luz de las tinieblas». «Son diferentes sociedades –añade- que aún aun llevando distintos nombres, están aliadas entre sí por el lazo criminal de sus proyectos infames». Pío VIII, en su encíclica Tráditi, del 24 de mayo de 1829, dice que los masones, «por los maestros que introducen en los colegios y liceos, forman una juventud a la que se aplican las palabras del papa San León Magno: «La mentira es su norma, Satanás su dios y la ignominia su culto»; que, «rompiendo el freno de la verdadera fe, abren el camino a todos los crímenes». Digna hija de Satanás Gregorio XVI, en su encíclica Mirari vos del 15 de agosto de 1832, compara a las sociedades secretas a una «cloaca en la cual —son sus palabras— se acumulan y aglutinan las inmundicias de todo lo que a ha habido de sacrílego, de infame y de blasfemo en las herejías y en las sectas más perversas y nefastas que han existido en la historia de la humanidad». (2) Pío IX (recuadro) -de, cuyo retrato tuvieron la osadía de recortar la cabeza y pegarla en la fotografía de un masón, revestido con todos, los atributos de la secta y, reproducida, esparcirla profusamente por toda Italia- condenó formalmente más de veinte veces a la masonería: en la encíclica Qui plúribus del 9 de noviembre de 1846, donde habla de la «terrible guerra que mueven contra la Iglesia estos hombres despreciadores de la verdad y conjurados en impía unión de sectas brotadas de las tinieblas para destruir la Iglesia y el Estado»; (3) en sus alocuciones a los obispos: Singulari, quídam del 9 de diciembre de 1854, Ad gravíssirnum del 20 de junio de 1859 y Máxima quidem Lætitia del 9 de junio dé 1862; en el breve Ex epístola del 26 de octubre de 1865, dirigido al arzobispo de París, monseñor Darboy; en la encíclica Etsi multa del 21 de noviembre de 1873, en que la llama «Sinagoga de Satanás»; en su alocución a los cardenales en el consistorio del 25 de septiembre de 1865; y en la constitución Apostólicas Sedis del 12 de octubre de 1869, donde impuso excomunión reservada al Papa “a los que se inscriben en la masonería, u otras sectas que maquinan pública o clandestinamente contra la Iglesia o las potestades legítimas; o a los que de cualquier modo favorecen a las mismas; y a los que no denuncian a sus jefes y directores ocultos, hasta tanto no los denuncien». En su célebre alocución de 1865, dijo Pío IX: «Estas sectas coaligadas forman la Sinagoga de Satanás; y, en posesión de la fuerza y de la autoridad, dirigen audazmente sus esfuerzos a reducir a la Iglesia de Dios a la más dura esclavitud. Ellas querrían, si fuera posible, hacerla desaparecer del universo. Esta perversa sociedad —llamada vulgarmente masonería— debe ser impía y criminal, puesto que huye de la luz; y, según el Apóstol, «él que obra mal aborrece la luz» (…) Nos, reprobamos y condenamos dicha sociedad masónica y, las sociedades del mismo género que, aunque distintas en apariencia, conspiran contra la Iglesia. Tales sociedades tienen un solo pensamiento y marchan hacia un solo fin, a saber: anonadar todos los derechos divinos y humanos». El 9 de noviembre de 1846 había llamado a la masonería: «Secta secreta salida del seno de las tinieblas para la ruina de la Religión y de los Estados». En su alocución del 20 de abril de 1849 debió desbaratar la versión calumniosa que se hizo circular de haber pertenecido en su juventud a la masonería. El 29 de abril de 1876 declaró que las condenas pontificias de la masonería eran extensivas «a las logias del Brasil y a las de cualquier lugar de la tierra». El mismo pontífice escribía el 7 de enero de 1875: «Esta digna hija de Satanás, haciendo del hombre un Dios y constituyéndole juez supremo de su propia conducta, rechaza, por este simple hecho, toda autoridad divina y humana y destruye las bases de toda sociedad. ES preciso, pues, para arrancar esta venenosa raíz de los males que afligen a las naciones, acudir al Omnipotente; porque sólo Aquél que pudo arrojar del cielo al verdadero padre de ésta, podrá hacerla desaparecer de la tierra». El abultado fardo de los errores masónicos integra, casi por completo, el Syllabus, publicado el 8 de diciembre de 1864; y, “en la condenación de sus proposiciones, está encerrada la solemne condenación de la masonería en cuerpo y alma». (4) Cuando Bismarck desató su persecución en Alemania, coincidente con las de Italia, España, Francia y otras naciones, el papa Pío IX en la ya citada encíclica Etsi multa del 21 de noviembre d 1873, dijo: «Admirará la amplitud de horizontes que ha tomado una guerra que en nuestros tiempos se lleva contra la Iglesia Católica. Pero, a la verdad, si alguno con detención examina la finalidad de las sectas, ya sea que se llamen masónicas, ya con cualquier otro nombre se distingan, no le quedará la menor duda que todas las presentes perturbaciones se deben, en gran parte, a los embustes y maquinaciones de unas mismas sectas. Entre estas se distingue la Sinagoga de Satanás, que contra la Iglesia lanza su ataque y la cierra en combate (…). ¡Ojalá se hubiera prestado mayor fe a los pastores de la Iglesia por parte de aquéllos que podían haber apartado una peste tan perniciosa»! (5) Pío IX, animando a los obispos del Brasil, que sufrían cárceles por su lucha antimasónica, en la persecución encabezada por el Ministro de Gobierno del emperador Pedro II, vizconde de Río Branco, Gran Maestre de la Masonería y sirviente de los ingleses, les decía en carta del 18 de mayo de 1874: «Os exhortamos para que en esta acérrima persecución que el masonismo ha levantado en todas partes contra la Iglesia, deis siempre muestras de firmeza, no dejándoos jamás vencer (…) ni por las amenazas, ni por el destierro, la cárcel u otros trabajos (…). Todo esto, así como venció a la idolatría en los primeros siglos de la Iglesia, echará también por tierra el masonismo y demás errores por él acumulados (…).» Ya en su carta anterior, dirigida al Obispo de Recife en el Brasil, el 24 de mayo de 1873, condenaba nuevamente la masonería con estas palabras; «Después de la orden expresa de la Iglesia tantas veces repetida y acompañada de severas sanciones, después de la divulgación de los actos de la impía secta que ponen en descubierto sus verdaderos designios, después de las perturbaciones, las calamidades y las innumerables ruinas provocadas por ella y de las cuales no se avergüenzan de gloriarse insolentemente en públicos escritos, no existe más excusa alguna para aquellos que en ella se inscriben.» León XIII (recuadro derecha), en la encíclica Quod apostólici múneris del 28 de diciembre de 1878, y en la Humanum Genus, del 20 de abril de 1884 (lama a la masonería – como culpable del socialismo y del comunismo- «veneno mortal que circula por las venas de la sociedad humana». (6) Y en otros numerosos documentos, desde 1878 a 1903, indica que son de inspiración masónica los males de la época y desenmascara en ellos a los verdaderos enemigos de la religión y de la patria, sus perversos designios, los funestos efecto de su acción, especialmente la propagación de la inmoralidad, de la incredulidad y del indiferentismo religioso, fruto del naturalismo y del racionalismo profesados por la secta. Decía a los obispos en su carta del 19 de marzo de 1902 en ocasión del jubileo de bodas de plata de su pontificado: «La masonería, abarcando casi todas las naciones en sus gigantescas garras, se une con todas las sectas, de las cuales es la real inspiradora y el móvil oculto de su poder. Atrae y retiene a sus miembros con el cebo de ventajas temporales; sujeta a los gobernantes, ora con promesas, ora con amenazas; se halla en todas las clases sociales y constituye un poder invisible como si fuera un gobierno independiente dentro del cuerpo del Estado legal. Llena del espíritu de Satanás, que sabe cómo transformarse en ángel de luz, la masonería coloca ante sí, como su fin, el bien de la humanidad; pero, mientras declara no tener fines políticos, ejerce, no obstante, profunda influencia sobre las leyes y la administración de los estados. Aparentando respetar la autoridad de la ley y aun las obligaciones para con la religión, busca en realidad la destrucción de la autoridad civil y de la jerarquía eclesiástica, a las que mira como enemigas de la libertad humana.» (7) San Pío X, en el consistorio del 20 de noviembre de 1911 -al tratar de la revolución de Portugalcondenó a la masonería, presentándola corno que «tiene por objeto el oprimir al catolicismo»; y ya en su primera encíclica, E suprermi apostolatus, del 4 de octubre de 1903, había dicho con claras referencias a la secta diabólica: “Es tal la perversión de los espíritus, que bien podemos prever que esto sea el comienzo de los males anunciados para el fin de los tiempos; y que el Hijo de Perdición (o sea, el Anticristo) -del cual nos habla el Apóstol- está ya sobre la tierra». (8) Y en otra ocasión, después de anatematizarla diciendo que «nada hay más detestable, ante Dios y frente al orden cristiano, que esta secta malvada», afirmaba: «Estoy convencido que cuanto se ha publicado con respecto a esta asociación infernal no ha revelado toda la verdad». (9) La Santa Sede, el 21 de setiembre de 1850, había declarado ya –para resolver dudas de concienciaque “las sociedades que dicen no complotar contra la Religión y el Estado, pero que forman una sociedad oculta confirmada con el juramento, están comprendidas dentro de las bulas condenatorias de los papas». Condena de las sociedades secretas La Congregación del Santo Oficio, el 18 de mayo de 1884 emitió un decretó que dice así: «Los católicos no sólo deben en apartarse de las sectas masónicas, sino también de todas las sociedades que exijan a sus adeptos un secreto que no puedan revelar a nadie, o una obediencia absoluta a sus jefes ocultos (…) Según el derecho natural y el revelado, no existen más que dos sociedades independientes y perfectas: la Iglesia y el Estado. Por lo tanto, una sociedad secreta, cualquiera ella sea, por el hecho mismo de su secreto, se hace independiente de la Iglesia y del Estado, que no poseen medio alguno de fiscalización con respecto a su fin y a su acción. Es, por consiguiente, ilegítima”. Y el Concilio Plenario Americano, del año 1899, declaraba que «incurren en las censuras pontificias también las logias masónicas de América latina; porque el suponer que la masonería no es la misma en todas las naciones es error pernicioso y pretensión audaz, dado que los pontífices entienden obligar a todos y a cada uno de los fíeles de Cristo sin distinción de lugar, tiempo, nación o rito». Tales interpretaciones se confirman con la promulgación del Canon 2335 del Código de Derecho Canónico que tiene fuerza de ley para toda la Iglesia desde el 19 de mayo de 1918 y que hasta la fecha no ha sufrido, en tal disposición, ninguna modificación. Su texto es el siguiente: «Los que dan su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo genero -(que, según las canonistas, serían los anarquistas, socialistas, comunistas, etc.)-incurren, ipso facto, en excomunión simplemente reservada a la Santa Sede.» Quedan excomulgados los que se afilian a la masonería porque el hecho de pertenecer a ella constituye un peligro próximo para la fe, su secreto y juramento son inmorales y de su objeto y fines se deriva un grandísimo daño para el verdadero bien de la sociedad humana.”

  •     El Catolicismo es una religión revelada y esencialmente sobrenatural. Por eso la Iglesia debe enseñar con autoridad la doctrina revelada.
  •    La Masonería promete la perfección por medio solo del orden natural y ve el orden natural como el mas alto destino.
  •     De lo anterior se concluye que el Catolicismo y la Masonería son esencialmente opuestas. Si una desistiera de su oposición a la otra, dejaría de ser lo que es.
  •     La encíclica hace una reflexión basada en las «dos ciudades» de San Agustín que representan dos reinos opuestos en guerra. En un lado Jesucristo, en el otro está Satanás. La fuerza detrás de la Masonería, causante de sus engaños y su odio a la verdad de Jesús no puede ser sino Satanás, el príncipe de la mentira.

FE CRISTIANA Y MASONERÍA SON INCONCILIABLES

Desde que la Iglesia comenzó a pronunciarse sobre la masonería; su juicio se ha basado en muchas razones prácticas y doctrinales. No la ha juzgado responsable sólo de actividades contrarias a ella, sino que desde los primeros documentos pontificios sobre el tema, y especialmente desde la Encíclica Humanum genus de León XIII (20 de abril de 1884), el Magisterio de la Iglesia denunció en la masonería ideas filosóficas y conceptos morales opuestos a la doctrina católica. Para León XIII consistían esencialmente en un naturalismo racionalista que inspiraba sus planes y actividades contra la Iglesia. En su Carta al Pueblo Italiano Custodi (8 de diciembre de 1892) escribió: «Recordemos que cristianismo y masonería son esencialmente inconciliables hasta el punto de que inscribirse en una significa separarse del otro».

Qué dice la Iglesia de la Masonería

La oposición de la Iglesia a la Masonería se fundamenta en:

  • Su violación del Primer Mandamiento. Los masones tienen un concepto de la divinidad opuesto al de la revelación judeo-cristiana. No aceptan al Dios Trino, único y verdadero. Su deidad es impersonal. El falso dios de la razón.
  • Su violación del Segundo Mandamiento. El grave abuso de los juramentos en nombre de Dios. Formalmente invocan la deidad en sus ritos de iniciación para sujetar al hombre, bajo sanciones directas, a objetivos contrarios a la voluntad divina.
  • Su rechazo a la Iglesia Católica, la cual intenta destruir. (Su objetivo de destruir la Iglesia está ampliamente documentado).
  • El Gran Arquitecto del Universo es un concepto abstracto no un Ser personal.
  •  La moral masona no está ligada a ninguna creencia religiosa en particular; se trata de una moral subjetiva.
  • El antropocentrismo propio del humanismo masón choca con el teocentrismo cristiano.
  • La doble moral masona que pregona la libertad absoluta pero exige juramentos iniciáticos e impone normas tremendamente estrictas a sus miembros.
  •  La autonomía de la razón masona frente a la relación fe-razón de la Iglesia.
  •  El esoterismo y el sincretismo masón que pretende nivelar todas las religiones dándole a Jesucristo el papel de gran maestro al mismo nivel que Buda, Mahoma, Zoroastro, etc. pero eliminando su divinidad.
  • La ambiguëdad masona que implica que no es posible conocer la verdad, frente a la revelación cristiana.
  •  El 24 de abril, de 1738 (21 años después de la fundación de la Masonería) Clemente XII escribió IN EMINENTI, la primera encíclica contra la Masonería. Desde entonces ha estado prohibido para los católicos entrar en la Masonería. (Los ortodoxos y algunos grupos protestantes también han prohibido en diversas ocasiones la entrada de sus miembros en la Masonería).

Otros documentos papales que exponen el error de la Masonería:

  • Benedicto XIV, Providas, 18 mayo, 1751.
  • Pío VII, Ecclesiam a Jesu Christo, 13 sept., 1821.
  • León XII, Quo Graviora, 13 marzo, 1825.
  • Pío VIII, Traditi Humilitati, encíclica, 24 mayo, 1829.
  • Gregorio XVI, Mirari Vos, encíclica, 15 agosto, 1832.
  • Pío IX, Qui Pluribus, encíclica. 9 nov., 1846.
  • León XIII, Humanum Genus, encíclica, 20 abril, 1884.
  • León XIII, Dall´alto dell´Apostolico Seggio, encíclica,15 de octubre1890.
  • León XIII, Inimica Vos, encíclica 8 diciembre, 1892.
  • León XIII, Custodi Di Quella Fede, encíclica 8 diciembre, 1892.

Algunos puntos de la encíclica Humanum Genus, escrita por León XIII en 1884. Esta es la mas extensa y reveladora de las encíclicas que exponen la Masonería. Desvela el engaño masónico y sus verdaderos objetivos:

  • El fin de la Masonería es derrocar todo el orden religioso y político del mundo que ha producido la enseñanza cristiana y sustituirlo por un nuevo orden de acuerdo a sus ideas.
  • Sus ideas proceden de un mero «naturalismo». La doctrina fundamental del naturalismo es que la naturaleza y la razón humana deben ser dueñas y guías de todo.
  • La Masonería reclama ser la religión «natural» del hombre. Por eso dice tener su origen en el comienzo de la historia.
  • El concepto masón de Dios es opuesto al de la Iglesia Católica. No aceptan de Dios sino un conocimiento puramente filosófico y natural. (Dios es entonces imagen del hombre. Por eso no tienen una clara distinción entre el espíritu inmortal del hombre y Dios)
  • Niegan que Dios haya enseñado algo.
  • No aceptan los dogmas de la religión ni la verdad que no puede ser entendida por la inteligencia humana.
  • Poco les importa los deberes para con Dios. Los pervierten con opiniones erradas y vagas.
  • La Masonería promulga un sincretismo que mezcla desde los misterios de la cábala del antiguo oriente hasta las manipulaciones tecnológicas del modernismo occidental.
  • El emblema masónico del compás y el cuadrante son símbolos de un racionalismo que pretende identificarse con todo lo que es «natural».
  • Su calendario numera los «Años de Luz» (del primer día de la creación o «Años del Mundo»).
  • Enseña que la Iglesia católica es una secta.
  • Su oposición a la Iglesia Católica antecede a la oposición de la Iglesia contra ella.

 Por EICCIEI