PSICOLOGÍA EMPÍRICA. La Frenología. 13/13
Por la doctrina psicológica hasta aquí consignada podemos formar y emitir un juicio fundado acerca de lo que hoy se llama frenología, así como también acerca de la posibilidad y condiciones de esta doctrina considerada en sí misma.
§ I La frenología moderna.
Observaciones preliminares.
1ª
Entiendo por frenología moderna, la frenología según la exponen
ordinariamente sus adeptos y defensores hoy día; la cual no es otras
cosa que un sistema dinamilógico o fisiológico según el cual todas
las facultades, aptitudes e inclinaciones se hallan localizadas en
determinadas partes del cerebro como en sus órganos propios y
especiales, de cuyo desarrollo material depende la energía mayor o menor
de aquellas facultades, aptitudes e inclinaciones.
2ª De
aquí infieren algunos frenólogos con Gall, que la existencia y energía
relativa de todas las facultades e inclinaciones del hombre, pueden
distinguirse y apreciarse por determinadas protuberancias y depresiones
del cráneo. Algunos, sin embargo, opinan que esta apreciación debe
fundarse, no en las protuberancias y depresiones externas, sino más bien
en las internas, por medio de la inspección de la masa cerebral y de
sus circunvoluciones. No falta quien hace depender las apreciaciones
frenológicas de los datos suminstrados por la fisiología general del
cuerpo, siendo varias y contradictorias las opiniones de los modernos
frenólogos sobre esta materia, como lo son también acerca del número y
naturaleza de las facultades, aptitudes y propensiones que [315] existen
en el hombre, puntos acerca de los cuales apenas se hallarán dos
frenólogos que convengan entre sí.
3ª En
medio de esta variedad y oposición de opiniones y sistemas entre los
modernos frenólogos, hay ciertas afirmaciones y doctrinas enseñadas de
una manera más o menos explícita en la mayor parte de sus obras,
afirmaciones y doctrinas que constituyen el fondo común y como el
carácter general de la frenología moderna. Las principales son los
siguientes:
a) Todas las facultades existentes en el hombre, ya sean intelectuales, ya sean morales, ya sean sensibles, se hallan sujetas a localización orgánica, es decir, residen en alguna parte determinada del cuerpo como en su órgano propio.
b) El sitio o asiento general de estos órganos especiales es
el cerebro, cuyo desarrollo y cuyas circunstancias, según que se
manifiestan y revelan en las protuberancias y depresiones externas y
correlativas del cráneo, sirven para reconocer y apreciar la intensidad
de cada facultad.
c) La
fuerza y vigor de las inclinaciones morales o de las propensiones
afectivas, lo mismo que la energía de las pasiones y la realización de
sus actos, se hallan en relación, o mejor dicho, dependen de la magnitud
y desarrollo material del órgano correspondiente, desarrollo que viene a
ser la medida y como la razón suficiente de la intensidad de las
inclinaciones morales, de las pasiones y de sus actos.
d) La
fuerza de la pasión y la intensidad de las inclinaciones o propensiones
morales consiguientes al desarrollo material del órgano respectivo,
pueden ser tales que el hombre se halle necesitado a ejecutar estos o
aquellos actos determinados.
e) La
voluntad se halla sujeta a localización orgánica, y reside en una parte
determinada del cerebro, lo mismo que las demás facultades. De aquí es
que si su órgano propio se halla bastante desarrollado, podrá disponer
de sus actos y de los de aquellas facultades e inclinaciones que no sean
muy intensas y enérgicas, y por consiguiente poseerá la libertad con
respecto a algunas operaciones. Empero si su órgano se [316]
halla deprimido o poco desarrollado, su fuerza o energía será
insuficiente para regir, ordenar, cohibir o suspender los actos de otras
facultades e inclinaciones afectivas, y principalmente de aquellas que
alcanzan cierto grado de intensidad y fuerza.
Contra la frenología que admite y profesa, o todas, o la mayor parte de las precedentes afirmaciones procede la siguiente
Tesis La frenología moderna debe ser rechazada como contraria a la moral y religión, y también a la razón y la experiencia.
Pruébase la 1ª parte.
1º La
frenología moderna es un sistema esencialmente sensualista, y que
además, o echa por tierra, o por lo menos pone en peligro la
espiritualidad e inmortalidad del alma humana: luego se opone a la moral
y a la religión, incompatibles con las doctrinas sensualistas, y que no
pueden existir ni concebirse siquiera sin la espiritualidad e
inmortalidad del alma.
Prueba.
el ant. Negar la existencia de una diferencia esencial, radical y
primitiva entre las facultades del orden sensible y las puramente
intelectuales, como son el entendimiento y la voluntad, es profesar el
sensualismo y poner en peligro, o mejor dicho, echar por tierra la
espiritualidad e inmortalidad del alma racional, toda vez que nosotros
no tenemos intuición, ni siquiera conocimiento inmediato del alma en sí
misma o en su sustancia, sino que venimos en conocimiento de su
naturaleza y atributos por medio de sus actos y facultades: luego la
frenología moderna que no establece diversidad esencial entre éstas, que
las localiza todas y las hace depender del órgano material respectivo,
que no admite, finalmente, distinción esencial entre las facultades
sensibles y las puramente intelectuales, no puede librarse de la nota de
doctrina sensualista, y pone en peligro la espiritualidad e
inmortalidad del alma humana. Y a la verdad; si las facultades todas del
hombre, lo mismo que las de los animales; si el [317] entendimiento y
la voluntad son facultades localizadas y ligadas a órganos determinados,
como los sentidos, y se hallan sujetas a las leyes necesarias de la
materia y del desarrollo orgánico como aquellos, imposible nos será
demostrar la superioridad esencial de la inteligencia sobre los
sentidos, la inmaterialidad e inmortalidad del alma humana, ni siquiera
su superioridad y elevación esencial sobre el alma de los brutos (1).
{(1)
La legitimidad de estas deducciones y la solidez de esta demostración
contra la moderna frenología, se hallan además confirmadas por doctrinas
y afirmaciones evidentemente sensualistas y hasta materialistas que se
observan a cada paso en los principales representantes de la misma.
«L’homme, escribe Gall, ne doit pas etrê isolé des animaux, car il n’est
que la continuacion de la chaine animeé.» «Les phrenologistes, añade
Broussais, ont refussé d’accorder les qualités superieures á certains
quadrupédes, les reservant exclusivement pour l’homme: je m’inscris
formellement contre cette distinction.»}
2ª La
localización frenológica o material de la voluntad, y lo que arriba
dejamos consignado acerca del modo con que la moderna frenología concibe
y explica la libertad, prueban claramente que la libertad humana no
existe en realidad para los frenólogos, o que es una palabra vacía de
sentido real y filosófico, toda veaz que la fuerza y energía de la
voluntad depende del mayor o menor desarrollo de su órgano (2). Luego la
frenología moderna es incompatible con la moral y la religión, las
cuales presuponen como base natural y necesaria y como condición sine qua non la existencia de la libertad en el hombre.
{(2)
«En el sistema frenológico, observa con razón Cerise, el hombre es una
pasividad; no se mueve sino en virtud de algunos impulsos orgánicos… La
voluntad humana es una palabra vacía de sentido, porque según este
sistema, no debe haber en el hombre voluntad real, libre, así como no la
hay en un molino de viento, en un reloj, ni en un animal, cuya
condición es obedecer a las excitaciones de un organismo.»}
La 2ª
parte de la tesis está fuera de duda y no necesita [318] de prueba con
respecto a los que hayan leído las obras de los modernos frenólogos, en
las cuales abundan las afirmaciones en abierta contradicción con las
apreciaciones científicas de la psicología y de la fisiología, y sobre
todo contrarias a la observación y experiencia. Los que no hayan
manejado dichas obras, bastará que tengan presentes las reflexiones
siguientes:
1ª Sin
contar otros muchos puntos de importancia, obsérvase entre los
frenólogos modernos notable discordancia y oposición, aun con respecto
al número, naturaleza y órgano o sitio de las facultades y propensiones,
a pesar de la importancia capital de la materia en la frenología. Gall
señala 27 facultades y órganos, Spurzheim 35, 37 Broussais, y Vimont 42.
2ª Según
observaciones y experimentos de Cabanis, Richerand, Flourens y otros
médicos y anatomistas notables, es cosa averiguada que puede existir
lesión de las circunvoluciones y partes determinadas del cerebro, sin
que por esto desaparezcan las facultades y propensiones que les
corresponden, según los frenólogos. Más todavía: Flourens refiere y
testifica haber observado en varios animales la permanencia de las
mismas facultades, después de haberles quitado partes notables
anteriores y posteriores de la masa cerebral.
3ª Es sabido que en la cabeza del carnero se ha descubierto el órgano que en el cráneo del hombre señala Gall para la teosofía, o sea la religión y culto de Dios.
4ª Sabido es también que en el cráneo del sabio Laplace se halló el órgano señalado por los frenólogos para la estupidez. En cambio, estos no pudieron descubrir en el cráneo del homicida Fieschi el órgano frenológico de la destructividad.
Examinando frenológicamente el cráneo de Lacenaire, poseía los órganos de la benvolencia y de la teosofía o religión, careciendo a la vez completamente del correspondiente al robo o acquisividad (1). [319]
{(1)
Fue Lacenaire un famoso ladrón, autor o cómplice de siete asesinatos
seguidos de robo, y que profesaba especulativa y [319] prácticamente el
ateísmo. Solía decir que «el matar sin remordimiento es en la tierra el soberano bien que tan en vano buscan los filósofos.» Revista médica,1836.}
5ª Aun en
la hipótesis inadmisible de que fuera verdadera la doctrina de los
frenólogos acerca de la relación y dependencia necesaria entre las
facultades y las circunvoluciones y órganos cerebrales, nada se podría
afirmar con certeza en orden a la existencia o intensidad de dichas
facultades; constando, como consta por repetidas observaciones, que las
protuberancias y depresiones externas del cráneo, no siempre responden a
las internas de la masa cerebral. No es raro, además, observar íntegras
y normales las facultades intelectuales y morales, en individuos cuyo
cráneo presenta una configuración anormal y hasta raya en monstruosa.
Objeciones
Obj. 1ª
Consta que en muchos casos las apreciaciones frenológicas fundadas sobre
la inspección del cráneo, acerca de las facultades, aptitudes y
pasiones de un individuo, se han hallado conformes con la realidad:
luego la experiencia abona las afirmaciones y doctrina de la frenología
moderna.
Resp. Aun
admitida la verdad histórica de los hechos a que alude la objeción,
nada se puede inferir de ellos lógicamente en favor de las pretensiones
exageradas de la frenología, ni menos para echar por tierra o desvirtuar
las pruebas y de experiencia contra ellas aducidas. Por de pronto, es
contra toda razón y contra las nociones más elementales de la lógica,
deducir una afirmación o doctrina general de algunos hechos aislados.
Por otra parte, es probable que en la mayor parte de esos hechos no se
tuvieran en cuenta para los juicios y apreciaciones la sola inspección
del cráneo, o los datos puramente frenológicos, sino en combinación con
los datos pertenecientes a la fisonomía y a la fisiología. [320] En
tercer lugar, sería necesario comparar esos casos en que las
apreciaciones frenológicas han resultado exactas, con aquellos en que
han resultado falaces.
Por
último, los hechos, datos y experimentos mencionados en las pruebas,
demuestran hasta la evidencia que, aun prescindiendo de las reflexiones
anteriores, la frenología moderna carece de todo derecho a las
pretensiones científicas que se arroga, toda vez que considerada
puramente en el terreno experimental, y abstracción hecha de su
incompatibilidad con la religión y la moral, nunca puede traspasar los
límites de la probabilidad y la conjetura, como veremos después.
Obj. 2ª
La experiencia demuestra que dañado o destruido el cerebro en el hombre,
desaparecen o se perturban las funciones de la inteligencia y de la
voluntad: luego con razón suponen los frenólogos modernos que estas
facultades se hallan ligadas, localizadas y sujetas a órganos corporales
determinados y especiales, lo mismo que las facultades sensitivas.
Resp.
Negando la consecuencia, que es tan legítima como la siguiente: «Sin la
sangre el hombre no puede funcionar con el entendimiento y la voluntad:
luego el entendimiento y la voluntad dependen de la sangre y funcionan
por medio de ella.»
La lesión del cerebro determina, o mejor dicho, ocasiona la
perturbación de las funciones intelectuales y voluntarias, no porque
estas funciones se realicen por medio de órganos materiales como las
sensaciones, ni porque estas facultades residan en el cerebro como en su
órgano propio, sino porque en el cerebro residen los órganos propios de
las facultades sensibles y principalmente de la imaginación, cuya
perturbación de funciones lleva consigo ex consequenti la
perturbación de las funciones puramente intelectuales; porque estas, en
el presente estado de unión del alma con el cuerpo, no pueden funcionar
actualmente sino a condición de funcionar previamente y simultáneamente los sentidos, y con particularidad la imaginación: previamente, excitando
la actividad [321] intelectual y suministrándole materia para la
abstracción de las ideas o especies que han de representar los objetos
como universales, a fin de que puedan ser conocidos por la
inteligencia: simultáneamente, porque la observación psicológica
demuestra que, en el estado presente de unión, siempre que funciona el
entendimiento funciona a la vez la imaginación, formando y presentando
imágenes en relación con el objeto inteligible, siquiera este sea
universal y espiritual.
En
términos de escuela se puede responder distinguiendo: El entendimiento y
la voluntad dependen del cerebro y de órganos materiales mediate et indirecte, conc. inmediate et directe, neg.
§ II Posibilidad y condiciones de la verdadera frenología.
Las
reflexiones consignadas en el párrafo anterior y la doctrina expuesta en
los capítulos precedentes acerca de las relaciones que existen entre
las facultades sensibles y las puramente intelectuales, y acerca de la
dependencia de las primeras de determinados órganos o partes del cuerpo,
revelan que en el fondo de la moderna frenología hay algo de verdad, y
que por consiguiente es posible en principio una frenología, o sea el estudio y conocimiento de las facultades e inclinaciones del hombre por medio de la organización del cuerpo.
Para que
esta frenología sea verdaderamente un estudio y conocimiento racional,
debe comenzar por rechazar aquellas afirmaciones de la frenología
moderna que, según hemos visto en el párrafo anterior, se hallan en
contradicción con la religión, la moral y la experiencia, sujetándose
después a las siguientes condiciones, que deben ser consideradas como
las bases generales de toda frenología racional y cristiana.
1ª Es
preciso establecer una distinción absoluta, esencial y primitiva entre
las facultades del orden sensible por [322] una parte, ya sean
cognoscitivas, como los sentidos externos e internos, ya sea efectivas,
como las pasiones; y por otra, las facultades del orden intelectual que
pueden reducirse al entendimiento y voluntad libre. Las primeras
funcionan mediante órganos determinados, y residen en partes
determinadas del cuerpo: así es que pueden apellidarse facultades orgánicas, al
menos en cuanto residen y funcionan en partes y órganos determinados
del cuerpo: las puramente intelectuales, ni residen en parte alguna
determinada del cuerpo, ni funcionan por medio de órganos, debiendo en
consecuencia apellidarse inorgánicas, o puramente espirituales.
2ª Deben
reducirse a menor número las facultades e inclinaciones designadas por
los frenólogos modernos, cuyas clasificaciones, sobre ser ocasionadas a
confusión, son poco racionales y filosóficas, multiplicando
indefinidamente el número de facultades, porque consideran como tales
las que son funciones y manifestaciones varias de una misma facultad. La
clasificación frenológica de las facultades e inclinaciones humanas
debe estar en relación con la naturaleza y diversidad de actos y
objetos, los cuales constituyen el elemento principal para descubrir y
determinar la naturaleza y diversidad de las potencias.
3ª Aun
con respecto a las facultades sensibles u orgánicas que están sujetas,
por decirlo así, a observación frenológica directa, no se debe formar
juicio acerca de la intensidad o energía de una facultad o inclinación
por la inspección aislada de la parte del cuerpo en que reside, o por el
desarrollo externo del órgano, sino que es preciso tomar en cuenta las
indicaciones orgánicas correspondientes a otras facultades o
propensiones, las cuales pueden neutralizar en parte la indicación de
otro órgano. Además es preciso tomar en consideración las indicaciones
fisionómicas, y acaso más todavía las condiciones del temperamento o
complexión, las cuales pueden modificar profundamente las indicaciones
frenológicas apoyadas sobre la magnitud o desarrollo de uno o más
órganos. [323]
4ª De aquí es que el juicio frenológico es esencialmente complejo, y necesariamente inseguro. Complejo, porque
exige el concurso y conveniente apreciación y combinación de datos
craneoscópicos u organológicos, de datos fisionómicos, y de datos
fisiológicos, o relativos a la complexión y organización general. Inseguro, porque
además de la dificultad de combinar y apreciar convenientemente todos
estos datos, es posible: 1º que el desarrollo interno y la disposición
de la masa cerebral no corresponda con exactitud al desarrollo externo y
a la disposición del cráneo: 2º que la intensidad y energía que
corresponden a las facultades o inclinaciones frenológicamente
consideradas, hayan sido modificadas, disminuidas o aumentadas, en
virtud de ciertas circunstancias de clima, sociedad, educación, &c.,
y sobre todo en virtud de la fuerza de voluntad y de la repetición de
actos contrarios.
5ª La
observación frenológica, tomada en el sentido complejo indicado, puede
extenderse y aplicarse a las facultades puramente intelectuales, no
porque estas sean orgánicas, o funcionen por medio de órganos o
partes determinadas del cuerpo, sino porque dependen y se hallan
relacionadas en su ejercicio y desarrollo con las facultades y
propensiones del orden sensible; de donde resulta necesariamente que las
condiciones especiales de éstas y de sus órganos propios influyen
indirectamente o ex consecuenti en las facultades y propensiones
del orden intelectual. Aquí es donde debe buscarse la razón suficiente
de la diversidad de aptitudes que se observan en los hombres con
respecto a las ciencias y artes.
6ª Todo
juicio frenológico, es decir, basado sobre datos suministrados por la
frenología, debe sujetarse a estas dos condiciones: 1ª que no salga de
los límites de la conjetura y probabilidad, sin pretender jamás una
certeza absoluta, ni menos científica, al menos en el estado actual de
esta clase de conocimientos: 2ª que se circunscriba a las facultades e
inclinaciones en sí mismas, sin pasar al orden de los hechos; porque
cualesquiera que sean la intensidad y energía de las facultades y
pasiones, sus actos se hallan siempre sujetos al imperio de la voluntad y
de la razón, las cuales ya con su [324] fuerza nativa, ya con la que
recibir pueden de la gracia, la oración, los hábitos contrarios,
&c., pueden modificar profundamente y dominar las manifestaciones y
actos de las demás facultades e inclinaciones, con rarísimas excepciones
relativas a algún caso concreto y circunstanciado.
Bajo las
bases y condiciones expuestas, no hay inconveniente alguno en admitir la
posibilidad, existencia y utilidad de la frenología, si no como
verdadera ciencia, como una ampliación y perfección racional de la
misma. Bajo este punto de vista pudiera definirse la Frenología: El
conocimiento probable y conjetural de las facultades y propensiones del
hombre, basado sobre el examen de la complexión especial del individuo,
combinado con la observación de las indicaciones fisionómicas y
craneoscópicas del mismo (1).
{(1) Sobre esta materia pueden leerse los capítulos 14, 15 y 16 del lib. I de los citados Estudios sobre la Filosofía de santo Tomás.}
Escolio
Aunque
las pasiones, y en general las facultades afectivas de la sensibilidad,
como facultades orgánicas que son, residen y funcionan en partes
determinadas del cuerpo, las cuales vienen a ser como sus órganos
propios, no es fácil determinar lo que constituye el órgano especial de
cada facultad afectiva y de cada pasión, ni siquiera las partes en que
residen, según lo demuestra la misma diversidad de opiniones sobre la
materia. Algunos fisiólogos y frenólogos señalan como órgano y asiento
de dichas facultades y pasiones el corazón; otros el hígado y los
pulmones; quién señala la médula espinal y el cerebelo; quién las
distribuye entre varias de estas vísceras. Santo Tomás parece inclinarse
a que el órgano y asiento propio de las pasiones es el corazón.
