Los elementos religiosos del peronismo (10a. parte)
"La mística de los movimientos totalitarios"
No se trataba, por lo dicho, sólo de una fe
candorosa y elemental en una figura fuertemente paternal que dio a todo
un estrato de la sociedad una personalidad y un peso político en la vida
institucional del país. No estamos por lo tanto ante el caso de una
relación exclusivamente sensible que se concreta en una subyugación
mítica, sino que hay en ese vínculo un elemento que va más allá del
plano sensitivo y al que le corresponde otra naturaleza: la conciencia
de persona, de clase o de pueblo, según se ha considerado desde
distintas perspectivas.
Por ello mismo, bien se ha señalado que el
liderazgo no es intrínsecamente alienante, en oposición a lo sostenido
por la típica visión antiperonista.
El sustento del liderazgo estaba conformado
por la personalidad de Juan Domingo Perón, en la que brillaba un poder
de seducción sobre las personas verdaderamente llamativo, registrado no
ya por las gentes del pueblo llano, sino también por personalidades
políticas de relieve, que no fueron inmunes a ese atractivo tan fuerte y
difícilmente resistible.
Es propia de las ideologías una concepción
totalizante de la vida social que contiene elementos ajenos a una visión
puramente racional de la realidad. Toda
una especie de "mística" acompaña la irrupción y el desarrollo de los
movimientos totalitarios en la segunda mitad de nuestro siglo. Un
testimonio de ese sentido religioso contenido en la intensa y
característica seducción del líder carismático se recoge en la
declaración de quien ha atravesado una experiencia mística.
La palabra "carisma" se refiere en la
teología católica al don gratuito de Dios, y en un sentido más técnico y
particular a las especiales manifestaciones del Espíritu Santo que
caracterizan de modo específico al desarrollo de la comunidad cristiana.
En sentido general los carismas significan todos los dones que Dios
concede en Cristo a los fieles cristianos. En los últimos años se ha
suscitado un renovado interés del elemento carismático en la praxis
eclesial y en las investigaciones teológica, sociológica y
antropológica.
Pero es con Max Weber que el estudio del
carisma como una cualidad del poder adquiere carta de ciudadanía en las
ciencias sociales en general y en la ciencia política en particular.
Según el sociólogo germánico, debe entenderse por "carisma" la cualidad
que pasa por extraordinaria de una personalidad, por cuya virtud se la
considera en posesión de fuerzas sobrenaturales. El carisma aparece como
un don divino, que se concede a personas singulares sin que se requiera
para su existencia un fundamento racional: se posee como algo dado y no
adquirido.


