sábado, 14 de diciembre de 2019

20-SEGUNDA PARTE DEL PREFACIO PERSONAL DEL SEÑOR HENRY FORD

20-SEGUNDA PARTE  DEL PREFACIO PERSONAL DEL SEÑOR HENRY FORD


XX LOS VIVEROS DEL BOLCHEVIQUISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS

Trabaja el bolcheviquismo en Norteamérica exactamente con los mismos métodos, y a veces con los mismos agentes que en Rusia. Cuando Marens, el titulado embajador ruso, vióse obligado a abandonar el territorio de los Estados Unidos, dejo aquí a su lugarteniente. Karl Recht, abogado hebreo neoyorquino. Su estudio es el centro de reunión de los funcionarios socialistas de esta ciudad y de provincias, y a veces de los funcionarios de Estado yanquis que simpatizan con tales tendencias. Lo que sucede en Nueva York, es de importancia general, pues salen desde allí los hilos para todo el país. Nueva York es la escuela donde aprenden su faena los discípulos de la revolución. Se amplían sus conocimientos por los consejos y las experiencias de delegados que van y vienen de Rusia constantemente.
El norteamericano genuino no puede imaginarse que las alteraciones del orden, de las que lee detalles en su diario, lo sean al azar, sino que son premeditados indicios de personas que saben perfectamente lo que desean y lo que hacen. La ultima revolución (tal como la del 48) en Alemania, la francesa en 1789, y la rusa bolchevique, fueron obra de hombres de los cuales cada uno conocida de antemano y perfectamente el puesto a ocupar, y hasta la fecha no se aflojo la garra de estos revolucionarios, clavada en la garganta de los pueblos que eligieron ser victimas, sino que Francia se halla exactamente tan sojuzgada al dominio hebreo como la misma Rusia. Y en cuanto a Alemania, no obstante su violento antisemitismo, intenta en vano librarse de la mano férrea que la ahoga. 
A fin de demostrar la forma en que las organizaciones hebreas en Norteamérica vienen propagando la revolución y el bolcheviquismo, es preciso echar un vistazo sobre el movimiento obrero judío. 
Fue, la "Quinta Avenida" de Nueva York, hasta hace unos quince años, el centro de la vida comercial norteamericana de renombre. Dicha Avenida y sus barrios adyacentes son hoy un enorme recipiente de judíos polacos y rusos, cuyas ocupaciones son aquellas que se refieren al comercio de ropas o confección. El antiguo comerciante se iba retirando, bajaban los valores de las fincas y los hebreos las adquirían a bajo precio. 
Pululan hoy por allí miles de noctámbulos, tornando intransitable la calle para las personas honestas: se respira una atmósfera eslavo-oriental. Es mantenido este barrio tan firme y tenazmente, como si lo hubieran conquistado a punta de bayoneta. 
Nada seria si se pudiese creer lo que vemos en las películas, en las que nos quiere demostrar el ardiente amor con que estos recién llegados abrazan nuestro país y sus instituciones. Mas sus propios hechos y las frases de sus voceros desmienten tan hermosa apariencia. No consisten como debiera su anhelo en asimilarse a nuestro país y sus modalidades, sino en hebraizar a nuestro pueblo. Consideran a Norteamérica como una masa de arcilla que puede moldear a su guisa, pero no como a la madre amante, dispuesta siempre a admitir a nuevos hijos como suyos propios. 
Cuando sintetizó Zangwill a Norteamérica como "el crisol de razas", ese concepto no caracterizo cabalmente el proceso que aquí se desarrolla, pues el crisol contiene substancias que no desean fundirse y tienden más bien a fundir el crisol. Sea como fuere, en la "Quinta Avenida" el crisol ya se agrieto. Los rascacielos están repletos de talleres de todos los ramos de la confección de ropas y modas, industria que en los Estados Unidos se convirtió en un absoluto monopolio. 
¿Como explicar esta predilección hebrea por el oficio de la aguja? Es posible explicarla por la innata aversión del judío hacia todo trabajo corporal pesado, hacia la agricultura, y por su vehemente deseo de independencia. Cuando el judío se estableció en una ciudad, la cambia sólo por otra ciudad. Existe cierta sociedad hebrea que tiene por objeto "poblar el campo con judíos", pero sus resultados prácticos son nulos, y cada día con mayor intensidad, habitan solo las grandes urbes, en las que se sienten más a gusto. Son el principio unos pocos precursores, pero al cabo de cierto tiempo, se va formando una colonia de mayor importancia, que muy pronto domina la ciudad. No todo esto ocurre al azar. El judío nada tiene de aventurero que busca fortuna a su propio riesgo, sino que todos los movimientos hebreos se apoyan sobre una base común, y se desarrollan premeditadamente. Es Nueva York la escuela profesional donde el recién llegado reciben la educación adecuada sobre la forma en que debe tratar a los "goyim". 
El ramo de la confección, como negocio hebreo, nada tiene que ver con el oficio, desde el arte ni de la habilidad personal, sino que exclusivamente se ocupa de la fabricación en serie, a base de una amplísima subdivisión en sectores del trabajo humano. A fin de ganar todo el tiempo posible, prefiere el suficiente ocio para participar en asambleas revolucionarias, consejos, mítines y redacción o lectura de artículos de tendencia izquierdista en los diarios. 
Vivió Trotzky en Nueva York en esta forma, ocupando sus momentos de ocio en fraguar planes para la destrucción de Rusia, su "patria". Todos los personajes hebreos del Este neoyorquino sabían perfectamente que se hallaba en todo momento listo para destruir el Imperio de los zares. Fue un plan perfectamente premeditado. Hecha la señal, todos los designados de antemano se ubicaron en sus respectivos puestos. También hoy tiene preparados en el Este neoyorquino sus personajes pretéritos, y viven estos en medio del "honrado" gremio sastrería.  
Siendo este gremio como lo es, totalmente judío, también deben serlo sus derivaciones. Algunos afirman que el bolcheviquismo ruso fue la venganza de "pobres rusos" por los miles que deben sufrir en Norteamérica. Por lo pronto, estos "rusos" no son rusos, sino hebreos, y luego, el bolcheviquismo tampoco es ruso, sino judío. Finalmente, los patrones de los pobres sastres hebreos neoyorquinos son judíos, y el propietario de la casa, que les impone alquileres prohibitivos, es también israelita. Resulta aquella defensa, entonces, una ofensiva contra los Estados Unidos, con el único objeto de encubrir el bolcheviquismo judío latente en Norteamérica. 
Las entidades obreras del ramo de la confección son enteramente judíos, ya que lo es todo el oficio. Es preciso no olvidarlo, para explicarse las numerosas huelgas en este ramo y el extraordinario encarecimiento de todos los artículos procedentes de dicha industria. Cien millones de yanquis tienen que pagar muy caras estas frecuentes huelgas y las usurarias ganancias obtenidas en este oficio completamente monopolizado por los judíos. Se triplicaron durante la guerra los precios vigentes en el ramo de la confección, y esto ocurrió a pesar de la pública declaración de los fabricantes de tejidos, de que todo este superávit de ganancias afluía a las faltriqueras de los obreros de la aguja. 
Hay dos campamentos centrales de la riqueza y del poderío hebreo, que tienen su punto de gravitación en Nueva York. Es germano-judío el uno, representado por los Schiff, Speyer, Warburg, Lewisohn y Guggenheim y hacen su juego con el dinero que les facilitan los no-judíos. El segundo centro esta integrado por hebreos de procedencia rusa y polaca, que monopolizan el negocio de ropas, vestidos, sombreros, peletería y quincalla. El trust de la confección, formado exclusivamente por aquellos hebreos que figuraron en las filas de los más violentos propugnadores contra determinadas dinastías europeas, representa hoy el alma de un movimiento, que si triunfa, no dejara ni rastros de nuestra Republica y sus instituciones, ni respetara sus libertades. 
Son más o menos cincuenta las organizaciones patronales en el ramo de la confección. Es del caso que la mayor parte del trabajo se efectúa con mujeres. Empero, no es así, sino que la mayoría de los obreros son varones. 
Las entidades hebreas de patronos y obreros, respectivamente, que monopolizan la totalidad del ramo de las confecciones en los Estados Unidos, forman un ala extrema del ejercito hebreo destinado a la revolución política. Forman el ala opuesta la Kehilla neoyorquina y el Comité judeonorteamericano mancomunado. 
Existen, en realidad más bolcheviques en los Estados Unidos que en Rusia misma. Su finalidad y su carácter de raza son iguales aquí y allá. Si no consiguieron aquí tanto como en Rusia, es porque en Norteamérica ya se halla algo mas divulgado el conocimiento de esa raza, y, además, por el promedio mas elevado de cultura popular, y la sólida autoridad del gobierno.
Constituyen baluarte de la influencia y actividad de los bolcheviques en los Estados Unidos, las asociaciones obreras hebreas. Profesan estas, casi sin excepción, un programa plenamente bolchevique, y no tanto esto frente a las industrias, como frente al país entero. El que se haya conocido este detalle, resulta en extremo molesto a los prohombres hebreos. Les fastidia que se haya demostrado el carácter judío del bolcheviquismo ruso, pero que se llegue a comprender que existe otro tanto en los Estados Unidos resulta para ellos una terrible acusación que, muy difícilmente, podrían desvirtuar. 
El bolcheviquismo ruso se desarrollo en los barrios del Este neoyorquino, animado y propulsado religiosa, moral y financieramente por altos personajes judíos. Procedía Leon Trotzky del este neoyorquino, teniendo las energías que apoyaron su centro en la Kehilla. Esta y el Comité judeonorteamericano estuvieron interesados en la obra de destrucción de un Estado que durante aquella misma guerra fue amigo y aliado de los Estados Unidos. El bolcheviquismo ruso fue apoyado por el oro hebreo procedente de Norteamérica. 
Gran extrañeza debe causar la paciencia de nuestro país, que permitió al comunismo judío desplegarse tan francamente a la vista de todos. Puede consistir la única explicación verosímil de tan raro hecho, en que los judíos creyeron, que el pueblo yanqui jamás llegaría a despertar a la comprensión de estos hechos, ni a oponer una resistencia. Les ha disgustado visiblemente la amplia divulgación de la táctica hebrea y de sus portavoces. Resulta de ahí, por el momento, y si se puede creer las afirmaciones judías, que se va aplacando un tanto el entusiasmo revolucionario entre los judíos norteamericanos. 
Entre los que más protestan se cuenta Benjamín Schlensinger, presidente de la Unión Internacional de obreros de la confección, con 150.000 miembros, y que constituye una entidad revolucionaria tendiente a destruir la economía y el Estado actuales. Se queja este de que últimamente los jueces hebreos fallaron condenando algunas huelgas judías. "Dícese que actúan así para salvaguardar el buen nombre judío, y para que no se diga que todos los hebreos son bolcheviques". 
Otra gran organización obrera perteneciente a la Kehilla, es la Unión de Confeccionistas de Norteamérica, que agrupa con toda desfachatez propagan ideas bolcheviques. Es su presidente Sidney Jillmann, comunista reconocido oriundo de Rusia. Sus secretarios, Schlossberg y Abraham Schiplakoff, anuncian como objetivo de su propaganda la violenta expulsión de los fabricantes, según los precedentes de Rusia y Turín, donde, como se sabe, penetraron los obreros con música y banderas desplegadas en las fábricas como dueños. Solo omiten decir que, poco después, aquellas fábricas quedaron paradas. 
Es preciso hacer constar que todos estos miembros de las entidades obreras revolucionarias son también adherentes de la Kehilla neoyorquina, estando supeditados a la dirección general del Comité judeo-norteamericano. 
Se comprenderá cuan norteamericanas son estas organizaciones, al tener en cuenta que su finalidad no consiste, precisamente, en americanizar a los judíos, sino en comunizar a Norteamérica. 
Las entidades obreras dependen directamente del "kahal" ruso, cuyos miembros luego de fracasada la revolución rusa de 1905, inundaron a Norteamérica, dando a las sociedades obreras judías un carácter bolchevique. Su idioma es una corrupción del alemán, y forman la vanguardia de la revolución mundial propagada desde Moscú. Si los jefes del bolcheviquismo hebreo en Rusia hubiesen invertido únicamente una décima parte de lo que gastaron en propaganda bolchevique en todos los países del mundo, en administrar y alimentar como se debe a Rusia, se hallaría ciertamente hoy día este país en una situación menos deplorable de lo que realmente se encuentra. Es la propaganda disolvente, el único arte en el que los bolcheviques hebr eos alcanzaron maestría suma. 
La Embajada de Rusia soviética en los Estados Unidos, debe considerarse como la vanguardia de la revolución mundial, la cual se hace por todos los iniciados. De ahí la remoción del embajador ruso Martens. Este, en apariencia, tenía que reanudar las relaciones comerciales entre los dos países, cuyo objeto explicaría el uso de las fuertes sumas de oro de que disponía. El gobierno de los Estados Unidos, en cambio, comprendió mejor el objeto verdadero de su estancia en Norteamérica, que no era otro que la propagación de la revolución mundial. Martens desapareció, mas la Embajada soviética perduro. Es hoy atendida por Recht, un judío ruso de treinta y siete años de edad. En el mismo edificio esta el estudio del abogado hebreo Isaac A. Hourwich, a quien se considera el jefe principal del bolcheviquismo judío en Norteamérica. Pertenece a la clientela que frecuenta dicho estudio, Judah. L. Magnes,  jefe de la Kehilla neoyorquina. Es este un rabino sin sinagoga, un ultra-extremista, maestro en fraseología revolucionaria, protector del comunismo con sus propias ideas y sus múltiples relaciones. Se le conceptúa el mediador entre los hebreos ricos y los radicales, cuando estos precisan dinero. Explico a la prensa lo endeble e inocua que seria la actuación de la Kehilla, si no sirviera más que a fines educativos y benéficos. Mas conste que la Kehilla lo es todo menos una institución educativa o benéfica. No es otra cosa que el centro nervioso de todo el poderío hebreo. Si así no fuera, no se ocuparía de la política y el nacionalismo hebreos, ni los personajes a quienes tiene por jefes se ocuparían de ella. Es la Kehilla lo que el mismo nombre significa: la comunidad israelita reunida para la acción. 
A los despachos de Recht y Hourwich, concurren, además, los citados Schlesinger, Hillmann y Schlossberg y también algunos inspectores de la isla Ellis, todos judíos. También a veces "correos" de Rusia, que llegan para determinado objeto secreto o para recibir despachos de Recht y Hourwich y transmitirlos a los hermanos rusos. 
Se visan en el estudio de Recht los pasaportes norteamericanos y este se halla constantemente en contacto con Moscú, conociendo a fondo todas las intenciones soviéticas con respecto a Norteamérica. El principal objeto de las conferencias en el bufete de Recht es la propaganda bolchevique en América. Personas como los Hillmann, Schlossberg Schlesinger, etc., son únicamente agentes de enlace entre los soviets rusos y las asociaciones judías de obreros. Las órdenes impartidas en Moscú son transmitidas de este modo a los judíos residentes en Norteamérica para ser puestas en práctica. , 
Lógico es que el rabi Magnes tenga cabal conocimiento de todo cuanto a la Kehilla se refiere, siendo el la cabeza visible de la mayor entidad política de razas existente en el mundo, con leyes y métodos propios para alcanzar sus fines. 
Pero los Schlossberg y compañía, no son, empero, los jefes principales, sino que se hallan en las alturas donde residen los que dominan las Finanzas del país, y ejercen una ilimitada influencia sobre el gobierno de los Estados Unidos. Estos hebreos son muy conservadores; pero apoyan financieramente la acción izquierdista. Constituyen la respuesta viva a la pregunta, de ¿que ventaja podrían estos esperar del bolcheviquismo? Judíos, además, que en los correspondientes departamentos oficiales logran que traidores y revolucionarios manifiestos se zafen del condigno castigo, y que siempre, de nuevo, saben colmar los bolsillos vacíos de individuos dudosos. 
Pretender afirmar la inocencia de la Kehilla sería, tal vez, la más torpe de las jugadas por parte de los dirigentes judíos.