sábado, 14 de diciembre de 2019

7-SEGUNDA PARTE DEL PREFACIO PERSONAL DEL SEÑOR HENRY FORD

7-SEGUNDA PARTE  DEL PREFACIO PERSONAL DEL SEÑOR HENRY FORD




VII EL PRIMER TRUST TEATRAL ISRAELITA

La importancia que tuvo antiguamente en los escenarios alemanes el drama Natan el Sabio , la representa en las naciones anglo-sajonas el conocido Ben-Hur . Demostró esta obra ser la mas eficaz pieza escénica a favor del judaísmo, aunque no fuera esta la intención de su autor, Lew Wallace. 
Parece como si el arte y el destino se declarase al unísono contra las obras tendenciosas, ya que de otra forma no es posible explicar el repetido fracaso de obras escénicas francamente filosemitas. Nunca como hoy fue dable observar tendencia mas activa en obligar al teatro dominado por los hebreos a servir de instrumento para la apoteosis del judaísmo. Pero estos intentos todos, con una sola excepción, fracasaron a pesar de la mas ruidosa publicidad, de las mas favorables criticas periodísticas y de la alta protección de ciertos personajes oficiales. Hasta cierto número de hebreos protestaron contra este intento de querer transformar el teatro en un lugar de propaganda para enaltecer sin razón a la harto simpática raza judía. 
No ofrecería de por si grandes motivos de queja el predominio hebreo en la vida teatral. El hecho de que ciertos judíos, ricos, aisladamente o en grupos, lograran arrebatar tan rica fuente de ingresos de manos de sus antiguos dueños no-judíos, será, tal vez, cuestión de mejores facultades comerciales, gajes del "negocio". Mas lo primordial del asunto radica en saber por qué medios se logro tal predominio y como y con que fines se le utiliza . 
Por lo pronto, es un hecho evidente que los anteriores empresarios no-judíos murieron pobres, siendo su principal tarea la de favorecer al arte y a sus interpretes, y no la de lograr ganancias. En cambio, los empresarios y realquiladores de locales judíos, suelen enriquecerse desmedidamente, dándole al teatro un carácter de empresa puramente comercial. Conste que ya existían los trusts teatrales cuando el concepto "trust" en las industrias se hallaba aun en sus principios. En 1896 el Trust teatral controlaba 37 teatros en las diversas capitales yanquis. Los dirigentes de este trust eran Klaw y Erlanger, Nixon y Zimmermann, Haymann y Frohmann ; todos judíos, salvo Zimmermann , cuya procedencia aun se desconoce. Se unieron a ellos mas tarde Rich, Harris y Brookes , judíos los tres. Merced a su control, pudo el Trust garantizar a sus compañías trabajo suficiente durante largas temporadas. Ante esta competencia, y en especial ante el sistema de alquiler de locales, no pudieron sostenerse las compañías independientes. Y su desaparición sirvió al objetivo hebreo de favorecer el desarrollo de la industria del "film", que desde sus comienzos se presento como empresa puramente judía, no siendo necesario eliminar al elemento no-judío, porque este jamás participo en aquella. En los teatros arruinados por el judío, y por lo tanto vacíos, entraron las películas triunfalmente, y, como siempre, el israelita "mató dos pájaros de un tiro".  
Empero, este desarrollo no pudo verificarse sin hallar resistencia. Actores, críticos teatrales y un sector dilecto de opinión se alzaron en contra de ello. El fin de esta lucha es evidente; desde comienzos del siglo actual, el Trust teatral hebreo triunfa en toda la línea. Este trust semita convirtió el arte en simple cuestión de dinero, funcionando con la mecánica exactitud de una empresa fabril perfectamente dirigida. Anuló este trust toda iniciativa artística, eliminó sin piedad toda competencia, anuló sin tregua a empresarios y actores de valor, encarpetó obras de reconocida importancia, favoreciendo en cambio la popularidad de dudosas eminencias, hebreas en su mayoría. Intento conquistar a los críticos teatrales. Obras dramáticas, teatros y actores fueron negociados como vulgares mercancías. Todo cuanto se refiere al trust judío adquirió inmediatamente el espíritu mezquino y estrecho que solo el semita puede alentar. 
¿Que significa esto? El teatro es en la actualidad el lugar vitando de educación para más de la mitad de nuestro pueblo. Lo que el joven observa y oye en el escenario, lo admite inconscientemente como elemento educativo de su vida, adaptando el ceremonial, el modo de hablar y hasta las modas, usos y costumbres de otros pueblos, como asimismo sus conceptos de derecho y religión. Escenario y pantalla son las fuentes en que bebe la masa popular sus conocimientos acerca del modo de vivir y pensar de las clases acomodadas. Todo lo que de esta suerte y de intencionadamente falso y perverso va infiltrando el hebreo a la masa popular, no puede apreciarse ni de lejos. Asombra muchas veces lo estólido y confuso de nuestra adolescente generación: hallamos la razón en lo anteriormente esbozado. 
Pudo escucharse a veces en público el eco de la titánica lucha sostenida por críticos honrados, contra el soborno brutal primero, y más tarde contra su aniquilación definitiva por el trust hebreo. Francamente amable en un principio, mostró el trust su insolvencia contra los empresarios, actores, autores y críticos, una vez alcanzado el poder. Puesto que afluyeron a el millones y publico en masas ¿de que ni de quien debió preocuparse? Cuando algún critico opúsose a sus métodos, o señalaba el carácter vulgar, indecente e inferior en lo ofrecido, excluyósele de los teatros del Trust, y se "ordenó" su despido a los propietarios del periódico. La advertencia era escuchada en la mayoría de los casos, porque tras ella iba la amenaza de supresión de pingües anuncios teatrales. Últimamente el Trust teatral hebreo llevaba "listas negras" de periodistas "indeseables" para evitar su empleo en editoriales o redacciones. 
No solamente las obras, sino también el edificio es hoy lo primordial en los teatros. De entre los literatos modernos, apenas dos o tres sobresalen. En cambio, se construyen actualmente, únicamente en Nueva York, doce nuevos palacios teatrales. Las butacas se arriendan por hora, al precios de 1 a 3 dólares. Es el dólar el alma de todo. El palco escénico no es sino el cebo. 
El negocio teatral sufrió en octubre de 1920 un rudo revés, y en la misma Nueva York los teatros arrojaron ínfimas ganancias. Quedaron sin ocupación más de 3.000 actores. En plena crisis hicieron anunciar los especuladores teatrales Schubert - hebreos de Siracusa, pero con un pomposo apellido germano, que de humildes porteros y vendedores ambulantes se habían elevado a la dignidad de "Reyes del teatro" - que en Nueva York solo edificarían seis nuevos teatros, y que habían encomendado ¡40 nuevos dramas! De estas obras, tres poseían cierto valor artístico que no preocupaba a los Schubert. El éxito artístico no les importaba. Estribaba su cálculo en mandar a "fabricar" nuevas obras, y en construir teatros, que por su inversión en capital en los respectivos edificios y obras, les garantizasen la mayor renta. Paso inadvertida una resistencia contra tal proceder. Únicamente los círculos dramáticos y los teatros de aficionados esparcidos por los Estados Unidos, dan fe de un movimiento "antisemita" en este terreno.