lunes, 12 de agosto de 2019

Los santacruceños y la parábola del elefante y la estaca




Los santacruceños y la parábola del elefante y la estaca


18:00 – (Por Rubén Lasagno) – Hay un cuento para niños que resume con un simbolismo contundente el fenómeno social por el cual hace 28 años el santacruceño sigue votando a los mismos.
Cuando aún los circos poseían animales amaestrados para sus espectáculos, la cría de la gran elefante estrella, encargada de brindar el espectáculo más impresionante en cada jornada, como era tan pequeño que no podía ser amaestrado aún, pasaba sus largos y aburridos días atado con una soga a una estaca la cual, enterrada, era casi de su altura.

El joven animalito, claro está, hacía denodados esfuerzos para liberarse de la atadura que le impedía ir junto a su madre; pero la estaca era lo suficientemente fuerte para resistir sus embates. A cada minuto, todas las horas y cada día, el joven elefante tiraba, embestía y empujaba la estaca, para desenterrarla y lograr su liberación; pero no podía lograrlo.
Y así pasaron los días y los meses, tratando de liberarse y enfrentando la resistencia de aquella estaca de madera que lo mantenía confinado en ese lugar. Con el correr de los meses, el elefantito fue intentando de manera más espaciada liberarse del yugo, hasta que, cansado y rendido a las circunstancias de ver lo vano de su esfuerzo, se entregó a la cruda realidad la cual le demostraba que no podría zafar del cautiverio.
Pasó el tiempo y el pequeño elefante se hizo un elefante adulto. Y todos los días dos hombres lo quitaban de su atadura para llevarlo a la pista y someterlo al mismo amaestramiento que a los otros animales, incluyendo su madre. Después de cada jornada, el elefante volvía a ser atado en su estaca, pero claro, él había crecido descomunalmente y la estaca seguía siendo la misma de cuando era un elefante bebé.
Si el joven elefante quería, bastaba solo un tirón para liberarse y poner fin a su cautiverio. ¿Y por qué no lo  hacía, entonces?.
La respuesta es tan sencilla como tremenda: el pobre animal se resignó hace mucho tiempo a su destino y esa resignación, le hizo perder de vista su poder físico para cambiar las cosas y en su lugar, la mente le bloqueó su voluntad de liberarse y a pesar de ser un mastodonte, él nunca creyó que podría.
A la sociedad de Santa Cruz le pasa más o menos lo mismo. La estaca clavada hace 28 años, le ha hecho perder al votante la voluntad de cambiar y a pesar de la enorme fuerza del voto, muchos aún siguen creyendo que no pueden hacerlo.
El lunes veremos si la parábola del elefante y la estaca sigue vigente en la provincia y si hay cada vez más gente (o no) que se haya dado cuenta del poder que tiene el voto en sus manos. (Agencia OPI Santa Cruz)