Los santacruceños y la parábola del elefante y la estaca

18:00 – (Por Rubén Lasagno) – Hay un cuento para
niños que resume con un simbolismo contundente el fenómeno social por el cual
hace 28 años el santacruceño sigue votando a los mismos.
Cuando aún los circos poseían animales amaestrados para sus
espectáculos, la cría de la gran elefante estrella, encargada de brindar el
espectáculo más impresionante en cada jornada, como era tan pequeño que no
podía ser amaestrado aún, pasaba sus largos y aburridos días atado con una soga
a una estaca la cual, enterrada, era casi de su altura.
El joven animalito, claro está, hacía denodados esfuerzos
para liberarse de la atadura que le impedía ir junto a su madre; pero la estaca
era lo suficientemente fuerte para resistir sus embates. A cada minuto, todas
las horas y cada día, el joven elefante tiraba, embestía y empujaba la estaca,
para desenterrarla y lograr su liberación; pero no podía lograrlo.
Y así pasaron los días y los meses, tratando de liberarse y
enfrentando la resistencia de aquella estaca de madera que lo mantenía
confinado en ese lugar. Con el correr de los meses, el elefantito fue
intentando de manera más espaciada liberarse del yugo, hasta que, cansado y
rendido a las circunstancias de ver lo vano de su esfuerzo, se entregó a la cruda
realidad la cual le demostraba que no podría zafar del cautiverio.
Pasó el tiempo y el pequeño elefante se hizo un elefante
adulto. Y todos los días dos hombres lo quitaban de su atadura para llevarlo a
la pista y someterlo al mismo amaestramiento que a los otros animales,
incluyendo su madre. Después de cada jornada, el elefante volvía a ser atado en
su estaca, pero claro, él había crecido descomunalmente y la estaca seguía
siendo la misma de cuando era un elefante bebé.
Si el joven elefante quería, bastaba solo un tirón para
liberarse y poner fin a su cautiverio. ¿Y por qué no lo hacía, entonces?.
La respuesta es tan sencilla como tremenda: el pobre animal
se resignó hace mucho tiempo a su destino y esa resignación, le hizo perder de
vista su poder físico para cambiar las cosas y en su lugar, la mente le bloqueó
su voluntad de liberarse y a pesar de ser un mastodonte, él nunca creyó que
podría.
A la sociedad de Santa Cruz le pasa más o menos lo mismo. La
estaca clavada hace 28 años, le ha hecho perder al votante la voluntad de
cambiar y a pesar de la enorme fuerza del voto, muchos aún siguen creyendo que
no pueden hacerlo.
El lunes veremos si la parábola del elefante y la estaca sigue
vigente en la provincia y si hay cada vez más gente (o no) que se haya
dado cuenta del poder que tiene el voto en sus manos. (Agencia OPI Santa
Cruz)



