sábado, 17 de agosto de 2019

CONTRAOFENSIVA SUBVERSIVA


TOSCO PASA A LA CLANDESTINIDAD




El 1 de octubre por la mañana, se produjo en Córdoba un duro enfrentamiento entre fuerzas policiales y elementos del ERP que terminó con tres subversivos abatidos y dos agentes heridos.
Aun no había amanecido cuando dos hombres y una mujer detuvieron en el centro de la ciudad al Ford Falcon taxi patente X-246977 conducido por Segundo Trovatto. Después de indicarle una dirección, el rodado echó a andar pero al llegar a la Av. Sagrada Familia, frente al Parque Autóctono, uno de los pasajeros extrajo un arma y se la colocó al conductor a la altura de las costillas.

-Pará acá – le dijo al llegar al 400 de la mencionada arteria.

Obedeciendo la directiva el atribulado chofer arrimó al coche al cordón y se detuvo sin pronunciar palabra.
Allí se encontraban los cuatro cuando un vecino reparó en su presencia. En un primer momento no les prestó atención pero al ver que el tiempo pasaba y nadie se movía del taxi, comprendió que algo raro sucedía y llamó a la seccional 14ª para reportar el hecho.

El Ford Falcon se había detenido frente al domicilio del ingeniero José Eliseo Díaz, secretario del departamento de Asuntos Estudiantiles de la Universidad Nacional de Córdoba y sus ocupantes parecían en actitud de espera, como aguardando la aparición de alguien.
Informado el Comando Radioeléctrico, se despachó inmediatamente el patrullero Nº 283 con tres efectivos a bordo, seguido a los pocos minutos por el Nº 31 a efectos de prestar apoyo.
Al llegar al lugar, los ocupantes del primer móvil corroboraron que efectivamente, al 400 de la citada avenida se encontraba detenido un taxi con cuatro ocupantes en su interior. Los policías pasaron lentamente a su lado y 20 metros más adelante se detuvieron con la intención de descender y acercarse a indagar.
Al ver el movimiento, comprendiendo que habían sido descubiertos, Ricardo Rustán bajó del vehículo y apuntando con su ametralladora abrió fuego, perforando el casco del patrullero e hiriendo al agente Ricardo Montero, uno de sus ocupantes.
Los uniformados saltaron prácticamente fuera y se parapetaron detrás del automotor en tanto Luis Alberto Márquez y Hebe Sol Real de Daura hacían lo propio decididos a repeler el ataque.
Al verse en medio de la balacera, Trovatto se tiró sobre el asiento y ahí quedó inmóvil en tanto las balas repicaban a su alrededor impactando en diferentes puntos de la carrocería. 
Concentrados en el enfrentamiento, los insurgentes no repararon en el segundo patrullero, el cual detuvo su marcha 30 metros detrás del taxi atrapándolos entre dos fuegos.
Aun acorralados, los terroristas demostraron gran determinación, incluyendo a Hebe de Daura que como era habitual entre las mujeres de la guerrilla, no se amedrentó en ningún momento.
El primero en ser abatido fue Rustán. Una bala le dio directo en el pecho matándolo instantáneamente. El combatiente cayó sobre la vereda y allí quedó inmóvil, manando sangre por la herida. En ese preciso instante otro proyectil alcanzó al taxista en el brazo izquierdo y otros hirieron de de consideración al agente Héctor Luis García, llegado en el patrullero Nº 31, quien fue retirado a la rastra hasta la parte posterior y Eduardo Pedernera, el más serio, quien sufrió siete perforaciones en el intestino.
Al ver ese movimiento, Hebe Real de Daura se irguió un tanto para alcanzar a los policías pero al hacerlo recibió un tiro en la cabeza y otro en el hombro. La mujer se desplomó sobre la acera, apenas un instante antes de que los policías abatiesen a Márquez.
Ana Mariani y Alejo Gómez Jacob, autores del libro La Perla. Historia y testimonio de un campo de concentración de (editorial Aguilar) los hacen figurar como “ejecutados en el Parque Autóctono” pero eso es mentira, una afirmación inexacta que pone de manifiesto una vez más la deshonestidad de los autores argentinos, sean de derecha, centro o izquierda, civiles o militares, altos o bajos, gordos o flacos, negros, blancos, buenos o malo. 
Los combatientes cayeron luchando en un enfrentamiento abierto con las fuerzas regulares e incluso hirieron a dos de sus efectivos, algo muy diferente a una ejecución.
Los cuerpos fueron retirados por dos ambulancias y conducidos a la morgue judicial; los agentes de policía derivados a una clínica particular para ser atendidos y el taxista al hospital regional aunque quedó imputado en la investigación hasta poder determinar su grado de participación1.
Presente el cuerpo de peritos, fueron incautadas tres pistolas calibre 11,25, un revolver 38, una ametralladora Halcón calibre 9 mm y gran número de municiones2.
(Imagen: "La Razón")

Si bien en un primer momento la policía pensó que la intención de los subversivos era secuestrar al ingeniero Díaz, se supo a posteriori que su objetivo era un alto oficial de la Fuerza Aérea que vivía en los alrededores.
Antes de ser retirados los cuerpos y derivados los heridos, se hizo presente el jefe de policía de la provincia de Córdoba, comisario (RE) Héctor Luis García Rey, quien felicitó al personal por su desempeño y le comunicó que sería ascendidos al grado inmediato, eso mientras supervisaba personalmente su traslado.
En horas de la tarde García Rey dirigió personalmente el operativo tendiente a esclarecer el suceso. En un vasto operativo fue allanado el local 23 de la Galería Libertad en el centro de la ciudad (Vélez Sársfield 70) así como el domicilio particular de Hebe Sol Real en Av. Rafael Núñez 895, Cerro de las Rosas.
El primero era un comercio dedicado a la compra-venta de artículos regionales que en realidad servía de fachada a actividades ilegales. En la trastienda del negocio las fuerzas del orden encontraron panfletos del PRT, bibliografía subversiva y un plano realizado a mano del Cerro de las Rosas, más precisamente el espacio comprendido entre las calles 8 y 9, la Avenida San Martín y la mencionada Rafael Núñez, donde destacaba la palabra “milico” sobre una de las cuadras, así como dos cruces en otros puntos diferentes.
Lo más significativo fue el hallazgo de una carta arrugada en un cesto de papeles en la que se leía: “Va paquete de explosivos. Vencer o morir” con el logotipo del ERP en la parte inferior. Una segunda misiva fue hallada en un cajón. Estaba fechada en Río Hondo, el 24 de abril de ese año y llevaba la firma de una tal “Alba”.
El material fue confiscado y quedó a cargo del juez Adolfo Zamboni Ledesma que entendía en la causa en tanto las autoridades policiales trabajaban intensamente en la identificación de los dos masculinos.
Según declaraciones del comisario García Rey, dos vehículos que actuaban de apoyo se dieron a la fuga una vez iniciado el combate pero la versión fue desestimada aun cuando el funcionario aseguró tener las características de los mismos. Horas después, la policía liberó a tres personas detenidas a poco de finalizado el enfrentamiento, a saberse, un profesor y dos estudiantes universitarios que atinaron a pasar por el lugar a bordo de un Fiat 600.
El patrullero Nº 31 del Comando Radioeléctrico de la ciudad de Córdoba
muestra señales del enfrentamiento contra los subversivos. la luneta trasera
ha estallado y numerosas balas perforaron su casco
(Imagen: "La Prensa")

Al ser inspeccionada la vivienda de Hebe Sol Real, fue arrestada una persona de sexo femenino al tiempo que se incautaba más material bibliográfico y panfletos partidarios.
Para entonces, las autoridades buscaban intensamente a su marido, por entonces desparecido y detenían a la esposa de Márquez, Mónica Figueiras, en averiguación de antecedentes.
En relación con ese hecho, la noche del 2 de octubre (9 p.m.) el comisario García Rey llevó a cabo un nuevo procedimiento en el barrio Colinas de Vélez Sársfield, muy cerca del domicilio del comandante mayor de Gendarmería Jorge Nasif, secuestrado en abril y liberado en junio. En la ocasión fue descubierta una nueva cárcel del pueblo, más precisamente en la finca ubicada en Finochietto 476, propiedad del esposo de Hebe Sol Real.
Tras recorrer detenidamente los siete ambientes del inmueble, las fuerzas del orden dieron con el escondite, el cual se hallaba disimulado tras un placard. Según pudo establecerse, allí estuvieron cautivos el coronel Larrabure y posiblemente algún prisionero más.
La policía incautó equipo y armamento, destacando especialmente dos radiotransmisores, un RTRC1 del Ejército, sustraído durante la incursión en la Fábrica Militar de Villa María y otro de uso particular, secuestrado al agregado cultural de los Estados Unidos Alfred Albert Laun, durante la incursión en su domicilio. Con ese material se confiscaron 600 detonadores eléctricos, panes de gelamón y trotyl, una escopeta y volantes de propaganda extremista.
Casi al mismo tiempo, personal del Comando Radioeléctrico detuvo a dos mujeres y un hombre que se desplazaban en un taxi cerca del Cerro de las Rosas, conduciéndolos al Departamento Central de Policía en averiguación de antecedentes.


La mañana del 2 de octubre el ERP asesinó al capitán Miguel Ángel Paiva cuando se dirigía a la Escuela Superior de Guerra, donde desempeñaba funciones.
Paiva, hijo del coronel del mismo nombre, salió de su domicilio en Av. Córdoba 4665, compró el diario en el kiosco de la esquina, ingresó en el bar "ABC", donde consumió un café y al salir se dirigió a la parada de colectivos ubicada en Scalabrini Ortiz 1085 dispuesto a abordar una unidad de la línea 15.
Capitán Paiva
("La Razón")
El hecho tuvo lugar a las 07:25, cuando tres personas jóvenes que se desplazaban en un Fiat 128 color verde (según otras fuentes era blanco) descendieron en la esquina y se acercaron cautelosamente por detrás, llevando sus armas escondidas entre las prendas de vestir que colgaban de sus brazos. 
Hallándose a apenas un metro de distancia los desconocidos se detuvieron y dispararon. Jorge Carlos Molina lo hizo con una ametralladora, alcanzando a Paiva por la espalda. Ni bien el oficial cayó, Mario Eduardo Favario se le acercó y le descerrajó tres tiros en la cabeza lo mismo el tercer atacante.
Con los pasajeros que esperaban los autobuses escapando a la carrera, los asesinos enfilaron hacia el Fiat que avanzaba desde Av. Córdoba y luego de abordarlo escaparon, con la esposa de Favario al volante. Según versiones, un Fiat 1600 que actuaba como apoyo huyó detrás.
Al menos seis disparos de 9 mm y otros tantos de 38 acabaron con la vida del militar. Paiva tenía 33 años, estaba casado con Raquel Elvira Villegas y tenía cuatro hijos, tres varones de 10, 7 y 6 años y una mujer de 9. Era porteño y en esos momentos realizaba el curso básico de comando en la Escuela Superior de Guerra. Había egresado del Colegio Militar de la Nación el 19 de diciembre de 1961 y realizado cursos de instrucción de infantería en el centro correspondiente a esa especialidad, así como el de tropas aerotransportadas de Córdoba.
En 1964 fue destinado al Regimiento de Infantería Paracaidista 2, ascendiendo a teniente a fin de ese año. Como teniente primero fue asignado al Regimiento de Infantería de Montaña 11, y en ese destino ascendiendo al grado que ostentaba al momento de ser asesinado. Su padre, el coronel (RE) Miguel Ángel Paiva se retiró del Ejército en 1961 y en tiempos de Onganía se desempeñó como director de Institutos Penales.
Paiva fue velado en el Regimiento de Infantería 1 “Patricios” hasta donde se corrió una verdadera multitud para ofrecer sus respetos y despedir sus restos. Al día siguiente fue enterrado en el Panteón Militar, en el cementerio de la Chacarita, frente al cual hicieron uso de la palabra el capitán Carlos Alberto Díaz, compañero de promoción; el general Horacio Rivera, comandante de Institutos Militares; el teniente general Leandro Anaya y el general René Aspitiarte, director de la Escuela Superior de Guerra.
En horas de la tarde, la cúpula militar se reunió en el Ministerio de Defensa para definir con su titular la posible creación de un Comité de Seguridad.
Durante el velatorio se hizo presente la presidente de la Nación, quien llegó acompañada por José López Rega y el capitán de fragata Fernández Sanjurjo, su edecán naval. También asistieron el ministro de Trabajo Ricardo Otero, el veterano general Miguel Ángel Iñíguez, el Dr. José Mariano Astigueta, ex ministro de Educación, el coronel Vicente Damasco, secretario general de la Presidencia de la Nación, el teniente general (RE) Julio Alzogaray y el diputado nacional José Luis Lazzarini, presidente de la Comisión de Defensa de la cámara baja.
El cortejo partió a las 10 a.m., con el féretro cubierto por la bandera argentina. Ese mismo día se dieron a conocer los nombres de tres de los cuatro asesinos del militar, Mario Eduardo Favario, jefe de la regional rosarina del ERP, Jorge Carlos Molina, hermano de uno de los atacantes del regimiento de Catamarca y Sara Albertina López Dupuy de Favario, esposa del primero, quien como se ha dicho, se hallaba a cargo del vehículo en el que los insurgentes huyeron.
La información la aportaron los comisarios Alberto Villar y Luis Margaride, jefe y subjefe de la Policía Federal, en una rueda de prensa que se organizó en el Departamento Central, sobre la Av. Belgrano. Según el primero, las identificaciones se lograron gracias a la colaboración de testigos y vecinos, quienes aportaron descripciones de suma utilidad con las cuales fue posible reconstruir los identikits3.
El mismo día del asesinato, el ERP emitió un nuevo parte de guerra, dando a conocer el hecho:

Buenos Aires,
2 de octubre de 1974

AL PUEBLO

Comunicamos que en el día de la fecha, el comando “HORACIO EFRON-EZEQUIEL CETRANGOLO” de la Compañía “HEROES DE TRELEW”, procedió a la ejecución del capitán Miguel Angel Paiva del Ejército Contrarrevolucionario.
Esta ejecución es parte de la respuesta que nuestro Ejército da a las Fuerzas Armadas opresoras, por la masacre de Catamarca, donde se puso en evidencia otra vez el carácter asesino y represor  de la oficialidad de este Ejército.
De esta manera la justicia popular no permitirá que se torture y masacre a los combatientes del pueblo., con total impunidad e incluso con el expreso aval del gobierno peronista, manifestado en las manifestaciones y condecoraciones que recibieron los asesinos de Catamarca de manos de la misma Presidente de la Nación.
Advertimos nuevamente que nuestro Ejército revolucionario no permitirá ningún tipo de agresión contra nuestro pueblo.
El largo brazo de la justicia popular llegará a nuestros enemigos estén donde estén.

¡GLORIA A LOS COMBATIENTES CAIDOS!
¡NINGUNA TREGUA AL EJERCITO OPRESOR!
¡A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA!

                  ERP
                 Estado Mayor Regular Buenos Aires
EJERCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO


El mayor bioquímico Jaime Gimeno tenía 53 años, estaba casado con María Rosa Bassi y tenía dos hijos, Silvia Rosa de 20 años y Guillermo Jaime de 19. Desde fines del año anterior se desempeñaba como jefe del Depósito de Material de Sanidad 601 del I Cuerpo de Ejército y ejercía como farmacéutico en el Hospital Militar Central.
Había ingresado en el Ejército como cabo preparador de tercera (1 de julio de 1944) y dentro de su especialidad, tuvo diferentes destinos tanto en Buenos Aires como en el interior, entre ellos el Hospital Militar de Salta. El 31 de diciembre de 1967 fue ascendido a mayor farmacéutico siendo destinado al Comando de Sanidad para pasar luego a su destino actual.
La mañana del 7 de octubre, luego del fin de semana, se levantó muy temprano, como era su costumbre, para dirigirse a sus labores en el centro de la Capital.
Cnel. Jaime Gimeno
("La Razón")
Se bañó, se vistió, desayunó junto a su esposa y a las 07:30 salió a la calle para sacar el auto del garaje, ubicado en Av. Hipólito Yrigoyen 6976, contiguo a su vivienda (planta alta del inmueble), a la que se accedía por el número 6972. Gimeno abrió el portón, se subió al Ford Falcon celeste patente B-595630 y después de encender el motor, esperó un par de minutos para que se calentase.
Justo cuando ganaba la calle, apareció una pick-up Ford F-100, patente B-1111638 llevando cuatro hombres a bordo -dos de ellos en la cajuela-, seguida por otra de tonalidad rojiza con ocho personas más, todas ellas fuertemente armadas.
La primera se detuvo frente al garaje, obligando al automóvil a frenar bruscamente para no embestirla.
La segunda pasó de largo y paró en la esquina de Aráoz, distante a 30 metros del domicilio del oficial, en dirección sur.
En ese preciso instante, tres de los desconocidos que viajaban en la Ford F-100 abrieron fuego, perforando los vidrios y la carrocería del Falcon. Gimeno trató de adelantarse, eludiendo la camioneta, pero quedó detenido al 6938 de la avenida, recibiendo numerosos proyectiles que lo hirieron de gravedad. Pero si los terroristas creían que el militar iba a ser presa fácil, se equivocaron completamente.
Al verse blanco de la agresión, Gimeno extrajo su arma reglamentaria y con total determinación repelió el ataque, abatiendo a dos de los subversivos e hiriendo de gravedad a un tercero.
Arístides “Indio” Benjamín Suárez (nombre de guerra “Héctor), había saltado de la pick-up para tirar desde el pavimento pero apenas hizo pie en tierra una bala se le incrustó en el pecho. Cayó cuan largo era a la izquierda del Ford Falcon y ahí quedó tendido, manando abundante sangre.
Jacinto “Gallego” Alonso Saborido (nombre de guerra “Aníbal”) dio sobre el pavimento con la cabeza perforada. Su compañero, Eduardo Ernihold (nombre de guerra “Hugo”) cayó de la camioneta luego de recibir un tiro en el cuello y otro en el abdomen. En su desesperación, extrajo una granada de entre sus ropas y la lanzó contra el Falcon del militar, tan mal, que el artefacto pasó por encima del capot y fue a dar sobre la vereda, destrozando varias baldosas y dañando el frente de un inmueble cuyos vidrios se resquebrajaron por efecto de la onda expansiva.
Al sentir la balacera, el hijo de Gimeno se asomó por el balcón, situado encima de un negocio de matafuegos que atendía en la planta baja y con el rifle que portaba efectuó varios disparos, poniendo en fuga al conductor de la camioneta gris quien descendió presurosamente y corrió hacia el vehículo que aguardaba detenido en Aráoz.
La tenaz resistencia de Gimeno y su hijo disuadieron a sus ocupantes de comprometerse en el enfrentamiento. En lugar de ello, huyeron hacia las vías del Ferrocarril Gral. Roca, imprimiendo gran velocidad al rodado. En el cruce de Urquiza con José Ingenieros embistieron un camión estacionado y se subieron a la vereda para continuar por en dirección oeste. Al producirse la colisión, uno de los subversivos perdió su ametralladora, razón por la cual debieron detenerse para recogerla.
Ni bien los atacantes desaparecieron, varias personas se acercaron al auto de Gimeno con intenciones de socorrerlo, entre ellas los miembros de su familia. Los vidrios habían estallado, la carrocería se hallaba perforada en varios sectores y el asiento delantero estaba cubierto de sangre.
El Ford Falcon del coronel Gimeno acribillado
(Imagen: "La Razón")

Numerosos patrulleros se hicieron presentes en el lugar, lo mismo una ambulancia de la Compañía 101 de Sanidad y otra del Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora, además de una dotación del cuerpo de bomberos regional.
Los primeros peritajes revelaron que los atacantes tenían cinta adhesiva en los dedos para no dejar huellas. Uno de ellos yacía sin vida y los otros dos en gravísimo estado, necesitados de urgente atención.
Cuando los paramédicos retiraron al oficial de su auto, éste había dejado de existir. Lo colocaron sobre una camilla, lo cubrieron con una sábana y lo introdujeron en la ambulancia para trasladarlo al Hospital Militar Central. La segunda unidad recogió a los subversivos heridos y los condujo rápidamente al Hospital Gandulfo pero en el trayecto, uno de ellos falleció. El tercero, Ernihold, lo hizo a poco de ingresar en Emergencias, elevando el número de abatidos a tres. El mayor Gimeno había vendido cara su vida.
El asesinato provocó gran conmoción, tanto en los medios castrenses como en el gobierno. Sus restos fueron velados en el Hall “San Martín” del Hospital Militar Central y sepultados en el cementerio de la Chacarita la mañana del martes 8 de octubre a las 10:30 a.m. 
Durante el sepelio, hizo uso de la palabra el general Alberto Numa Laplane, quien entre otras cosas expresó:

Una vez más, en breve lapso, quienes tenemos el honor de vestir el uniforme del Ejército Argentino concurrimos con pesadumbre pero decididos, a despedir a un camarada caído.
Como dijera en ocasión similar SE el Comandante General del Ejército, venimos acompañados por el sentimiento del pueblo que nos nutre y que servimos y con la comprensión del país entero y de sus autoridades e instituciones.
Reconforta el espíritu ver un Ejército presente que, leal a su trayectoria de servicio a la realidad nacional es capaz de ofrecer no sólo héroes sino también mártires en holocausto de un país institucionalizado, con auténtica representatividad popular y con vocación de grandeza.
En esa vocación no tienen cabida los importadores de ideologías ajenas, por eso, no nos extraña lo solapado e inmoral de sus procedimientos. Obcecados por aquellas ideologías y trastornados por su propio desvarío no pueden sino producir otro fruto que una violencia ciega, obsesiva e irracional.
No siempre un acrecentamiento de la violencia significa que la subversión va escalando nuevos niveles. Cuando esa violencia se enfrenta con hombres e instituciones genuinas del quehacer nacional, conscientes del juego al que se los pretende llevar, que están e vuelta de muchas cosas y que dominan por vocación sus propias emociones y los secretos de los medios y procedimientos que se esgrimen contra ellos, una tal violencia no es sino un signo de represión de la subversión, cuyo objetivo final se le aleja día a día, episodio tras episodio inexorablemente.
Ese objetivo en lo inmediato es el Ejército por no haber reparado en sacrificios para llegar a nuestra actual realidad y que no reparará en realizar todos los que sean necesarios para asegurar la vigencia plena y el perfeccionamiento de su ideal institucionalizado. Pero el objetivo final de la subversión es la Nación toda, es la toma del poder. Su irracionalidad no le permite comprender que para alcanzarlo deberá lograr antes una utopía; confundir a todo el pueblo argentino que tanta firmeza y claridad de ideas ha demostrado a lo largo de su historia […].

En su edición Nº 42, correspondiente al lunes 21 de octubre de 1974, “Estrella Roja” publicó el parte de guerra emitido inmediatamente después de la acción, seguido por una reseña de los tres combatientes caídos.
Decía el primero:

Buenos Aires
7 de octubre de 1974

AL PUEBLO

En el día de la fecha, a las 7.30, el comando “GUILLERMO PASCUAL ALTERA” de la compañía “HEROES DE TRELEW” de nuestro EJERCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO, procedió a ejecutar al Mayor Jaime Gimeno, oficial de las Fuerzas Armadas contrarrevolucionarias.
En el transcurso de la acción perdieron la vida nuestros queridos compañeros JACINTO ALONSO SABORIDO “ANIBAL” Y ARISTIDES BENJAMIN SUAREZ “HECTOR”, quedando herido EDUARDO ERNIHOLD4.
En esta acción se dio cumplimiento a la resolución adoptada por el Comité Central del Partido Revolucionario de los Trabajadores, dirección político-militar del ERP, interpretando el sentimiento unánime del pueblo trabajador argentino, tomando una grave determinación ante el asesinato indiscriminado de nuestros compañeros: nuestra organización decidió emplear la represalia; mientras el ejército opresor no tome guerrilleros prisioneros., el ERP no tomará oficiales prisioneros y cada asesinato responderá con una ejecución de oficiales indiscriminada. Es la única forma de obligar a una oficialidad cebada en el asesinato y la tortura, a respetar las leyes de la guerra.

¡NINGUNA TREGUA AL EJERCITO OPRESOR!
¡GLORIA A JACINTO ALONSO SABORIDO Y ARISTIDES BENJAMIN SUAREZ!
¡A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA!


                                                                              ERP
                                          Comando GUILLERMO PASCUAL ALTERA
                     EJERCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO



En ese clima de guerra, con la violencia interna arreciando, asumió como nuevo director del Colegio Militar de la Nación el general de brigada José Antonio Vaquero.
El alto oficial, cuya figura será clave en los años venideros, se hizo cargo el 7 de octubre en una concurrida ceremonia que tuvo lugar en horas del mediodía, a la que se dio cita numerosa concurrencia.
En la oportunidad, hizo uso de la palabra el comandante de Institutos Militares, general de brigada Horacio A. Rivera, quien se refirió al funcionario entrante con conceptos elogiosos. Le siguió el general Vaquero después de recibir el establecimiento de manos de su subdirector, coronel Arturo Corbalán5, poniendo énfasis en la consigna de trabajar de manera mancomunada en bien del Ejército, especialmente en esa hora, cuando el país atravesaba uno de sus momentos más difíciles.
Acto seguido, Vaquero, Rivera y Corbalán pasaron revista a las tropas y estas desfilaron frente al público presente.
El 8 por la tarde, el gobierno organizó una gran asamblea en la Casa de Gobierno, cuya finalidad era analizar la situación nacional en busca de alternativas que permitiesen paliar la crisis. A pedido de la presidente de la Nación, se convocó a todos los sectores a través de notas cursadas por el ministro del Interior, Alberto L. Rocamora, obteniéndose una respuesta mayor de la esperada.
El total de los presentes se manifestó contra la violencia y se comprometió a poner todo su empeño en la pacificación y el reencauzamiento de la vida pública.
La camioneta Ford F-100 utilizada por los asesinos de Gimeno quedó abandonada en el lugar de los hechos
(Imagen: "La Razón")

El mismo día en que fue asesinado el coronel Gimeno, dos patrulleros del Comando Radioeléctrico de la ciudad de Córdoba se detuvieron frente a la vivienda ubicada en Cerro Corá 1738, entre Lanín y Mercedario, con intenciones de efectuar una inspección en el lugar. Denuncias efectuadas por los vecinos daban cuenta de movimientos extraños y por esa razón se intentaba determinar que estaba sucediendo.
Eran las 22:00 horas de aquel martes 8 cuando los efectivos descendieron de los vehículos y caminaron resueltamente hacia el portón de acceso. Se trataba de una casa sencilla, de una sola planta, con un pequeño patio delantero cerrado por una reja.
Según la información recabada, el solar se hallaba habitado por un matrimonio joven con un hijo pequeño, pero era frecuentado por numerosas personas que entraban y salían a diario.
Lo que llamó la atención de los lugareños fue el constante retiro de tierra, movimiento que sus moradores justificaron con la construcción de un nuevo pozo ciego.
Los agentes se detuvieron frente a la entrada del inmueble y tocaron el timbre. Al sentir el llamado, Pedro Antonio Quiroga tomó una pistola 9 mm y se asomó por la ventana para abrir fuego indiscriminadamente.
Elena Harriague
(Diario "Córdoba"
26/5/1975)
Tomados por sorpresa, los efectivos buscaron desesperadamente ponerse a cubierto, uno de ellos tras el pilar de la luz y el resto detrás los patrulleros, respondiendo desde ahí la agresión.
Ernesto Rolando Rojas y Roberto Eduardo Díaz acudieron en apoyo de Quiroga pero al verlo caer entraron en pánico y trataron de huir seguidos por Elena María Harriague, esposa del occiso, quien llevaba en sus brazos a su hijo.
El grupo formaba parte de una célula montonera encargada de vigilar la cárcel del pueblo en la que se hallaba secuestrado desde el mes de agosto el empresario Mauricio Kembler, presidente de INTI S.A., embotelladora de Coca Cola en la capital provincial.
El enfrentamiento fue breve pero intenso. Con Quiroga muerto la policía irrumpió en el interior de la finca y apresó a dos de sus ocupantes, de ahí que los apologistas no puedan hablar hoy en día de torturas y ejecuciones. Elena Harriague y Rojas alcanzaron a ser detenidos, no así Díaz que logró darse a la fuga por la parte posterior.
Durante la inspección del inmueble, la policía descubrió una tapa bajo la ducha del baño y al abrirla un sótano al que se accedía por una incómoda escalera de pintor. Los efectivos descendieron hacia una suerte de pasillo al que daba una celda en cuyo interior fue hallado Kembler en un estado calamitoso. El hombre se encontraba extremadamente delgado, con los cabellos largos, la barba crecida y en estado de shock. Los guardias del orden lo ayudaron a salir y luego de una rápida revisión lo condujeron a un centro asistencial donde fue sometido a chequeo6.
A poco de finalizado el combate, mientras los investigadores trasladaban el material confiscado (armas, proyectiles, capuchas, brazaletes con las siglas JTP y JP, panfletos, revistas, libros), se hizo presente el jefe de policía, comisario Héctor Luis García Rey, acompañado por el interventor provincial, brigadier mayor (RE) Raúl Oscar Lacabanne, quienes inspeccionaron personalmente el interior de la vivienda y la cárcel del pueblo.
Al día siguiente, pasadas las 12 a.m., las autoridades informaron sobre el enfrentamiento y dieron a conocer la identidad de los subversivos.
Pedro Antonio Quiroga tenía 26 años, era oriundo de San Juan y se desempeñaba como empleado administrativo de la Escuela “Amado Olmos”, de San Francisco, Córdoba, donde había pedido licencia médica. Elena María Harriague de 22, había nacido en Mercedes, provincia de San Luis estuvo presa en la cárcel del Buen Pastor, de donde se fugó y era hermana de otros dos subversivos, Federico Juan y Jorge Rodolfo, cuadros montoneros ambos. Ernesto Rolando Rojas era de Cruz del Eje, tenía 21 años y se domiciliaba en Hipólito Yirigoyen 417 de esa localidad; Roberto Eduardo Díaz se desempeñaba como técnico mecánico y Juan Sánchez (22 años), provenía de la Capital Federal, donde había nacido7. Los dos últimos resultaron apresados a las pocas horas del enfrentamiento 


El 7 de octubre se produjo una fuerte explosión en las costas del río Paraná que conmocionó a buena parte de la ciudad de Rosario. Ese día, una sección de la disidente columna “Descamisados de la Patria”, recientemente escindida de Montoneros, desembarcó en la isla La Paloma, frente a Entre Ríos7 y comenzó a descargar equipo, grandes bultos y cajas de madera.
Hombres y mujeres trabajaron febrilmente, yendo y viniendo desde las embarcaciones para acumular todo ese material en la parte central del arrecife. Se trataba de 4 ametralladoras pesadas, 2 morteros, 42 fusiles FAL, 80.000 proyectiles, 53 kilogramos de gelinita y 40 barras de trotyl que formaban parte de su arsenal.
Finalizada la tarea, rociaron el montículo con pólvora y retrocedieron hacia la orilla, desparramando el fulminante con extrema precaución. Cuando se encontraban a distancia prudencial lo encendieron y se pusieron a cubierto en tanto el fuego y las chispas corrían por el reguero en dirección al armamento. Eran las 10:30 de una mañana despejada, con algo de viento y muy poco oleaje.
Se produjo entonces un gran estallido, seguido por detonaciones menores que se percibieron claramente en ambas orillas.
De manera inmediata, las autoridades provinciales despacharon un helicóptero de la Prefectura Naval así como varias embarcaciones, a efectos de investigar lo que había ocurrido. Una densa columna de humo se alzaba en el horizonte pero cuando los efectivos llegaron al lugar nada quedaba más que unos hierros chamuscados.
Pasado el mediodía del 8 de octubre (2 p.m.), un llamado anónimo alertó sobre un comunicado dejado por la agrupación subversiva en el baño de hombres del bar “Odeón”, situado en la intersección de Santa Fe y Mitre de la mencionada ciudad.
Cuando las fuerzas del orden se hicieron presentes, hallaron un volante casero en donde se hacía referencia a la ruptura de esa fracción con el ejército guerrillero.

Rosario
8 de octubre de 1974

Al pueblo de la Nación.

La organización Montoneros de Perón procedió a volar en la isla la Paloma, a las 10.30 horas, el arsenal de la columna Descamisados de la Patria.
El material volado comprendía 2 morteros, 42 fusiles FAL, 80.000 proyectiles, 53 kilogramos de gelinita y 40 barras de trotyl. De esta manera, la agrupación Montoneros cumple la decisión de acatar el llamado de la verticalidad y volver al seno del partido Peronista, para continuar junto al pueblo argentino […]. Desde la fusión de Montoneros-FAR, nuestra posición fue de permanente cuestionamiento a la creciente influencia que en las decisiones de la organización ejercía la conducción marxista de Roberto Quieto y sus secuaces mercenarios. Hoy, ante el acuerdo que pone bajo la dirección operativa del Ejército Revolucionario del Pueblo a nuestra agrupación, adoptamos la decisión irrevocable de no prestarnos al juego de los enemigos de la Patria y anular así nuestra capacidad ofensiva […]. Estamos dispuestos a morir por Perón y por la Patria, como lo proclamamos siempre, antes de servir a los designios de la IV Internacional y a los intereses golpistas alentados por la inmunda CIA. 

¿Qué estaba sucediendo? ¿Se estaba fracturando la conducción de Montoneros? ¿Había estallado la lucha interna? ¿Estaban siendo absorbidos por el ERP? De momento nada se sabía pero la alianza de ambas fuerzas para combatir en Tucumán al año siguiente parece apuntar a esa hipótesis.
Menos de 24 horas después, el Destacamento “17 de Octubre” de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) llevó a cabo un operativo comando en el puerto de Mar del Plata, que terminó con el hundimiento parcial del pesquero factoría “Mykinay”, propiedad de la empresa Mediterránea Austral S.A.
Aprovechando la obscuridad, un pelotón de la organización se infiltró en los muelles, abordó la embarcación y después de reducir al sereno, descendió hasta la sala de máquinas donde colocó una bomba, la cual hicieron estallar a la distancia, una vez finalizado el operativo.
La detonación dañó la planta motriz, los generadores, las calderas, las bombas de lubricación, cañerías y tubos, provocando graves filtraciones que motivaron su escoramiento hacia estribor y con ello su hundimiento parcial.
En previsión de un nuevo ataque, las autoridades portuarias acordaron con la empresa retirar al gemelo “Knossos” en dirección a Montevideo, llevando a bordo una fuerte guardia armada8.

El pesquero "Mykinai" semihundido en el puerto de Mar del Plata
luego del ataque de las FAP
(Imagen: Histarmar. Historia y Arqueología Marítima)

El miércoles 9 fue asesinado José Oscar Bordón, secretario general de la Asociación de Capataces Estibadores Portuarios.
El hecho se registró en la sede de la entidad, Carlos Calvo 736, cuando un Peugeot 504 de tonalidad clara se detuvo frente a la puerta y de él bajaron dos individuos jóvenes de fuerte contextura física. Eran las 09:30 a.m. y había mucho movimiento en la calle por lo que nadie pudo imaginar el desenlace que tendría lugar.
Los desconocidos ingresaron al local dejando a un tercer hombre en la entrada y otros dos en el interior del rodado. Una vez dentro, pidieron hablar con Bordón y cuando éste apareció en el hall del inmueble comenzaron a discutir.
Se produjo entonces un forcejeo y mientras se escuchaban gritos e insultos sonaron varios disparos que dieron con la humanidad del dirigente por el suelo. Los atacantes ganaron el exterior y huyeron en el Peugeot en tanto los empleados corrían presurosos hasta donde yacía la víctima para prestarle auxilio.
Radicada la denuncia una ambulancia se hizo presente para trasladar a Bordón hasta el Hospital Argerich del barrio de Constitución donde falleció a las 3 p.m. mientras convalecía de una intervención quirúrgica.
Las investigaciones no arrojaron resultados aunque en base al testimonio aportado por los testigos, los atacantes habían intentado secuestrar al sindicalista. Su cuerpo presentaba varios orificios de bala, uno de ellos en la cabeza, el cual resultó fatal


El 9 de octubre se llevó a cabo en Córdoba un vasto operativo antisubversivo, destinado a capturar a Agustín Tosco y René Salamanca e intervenir los sindicatos de Luz y Fuerza y SMATA.
El procedimiento comenzó en las primeras horas de la tarde y se prolongó hasta la madrugada del día siguiente con enfrentamientos, allanamientos, tiroteos y emboscadas. 
Las primeras acciones tuvieron lugar pasado el mediodía en inmediaciones del Paseo Sobremonte, frente al edificio de los Tribunales y la Municipalidad, cuando varios desconocidos que se desplazaban a bordo de un Citroën 3CV dispararon contra efectivos policiales que circulaban en un patrullero.
A la misma hora, muy cerca de allí, más precisamente en 27 de Abril y Bolívar, varios agentes procedieron a la detención de las primeras personas -entre ellas una mujer-, quienes utilizando un aparato de radio, se comunicaban con otras, dando y recibiendo instrucciones. Al verse cercados por los móviles policiales, los manifestantes reaccionaron, provocando un choque armado que finalizó con la captura de los ocupantes del Citroën y los equipos de radio que llevaban con ellos.
Comisario
Héctor García Rey
Para ese momento, el comisario Héctor García Rey se encontraba en la zona en compañía del interventor provincial Raúl Lacabanne.
Luego de disparar contra la policía los revoltosos corrieron hasta la sede de Luz y Fuerza (Deán Funes al 600) y se refugiaron en su interior recibiendo a balazos al jefe de policía y el titular del Poder Ejecutivo. La reacción de los gremialistas disparando desde ventanas y azoteas obligó a los agentes a pedir refuerzos.
A efectos de impedir la huida de los revoltosos, fueron bloqueadas las principales arterias céntricas y cerradas las rutas de acceso a la ciudad, al tiempo que se instalaban piquetes de vigilancia en diferentes puntos para mantener cercado el sector central.
El asalto a la filial obrera fue en extremo violento; hubo disparos, golpes y forcejeos hasta que se logró el objetivo, reduciendo a por lo menos sesenta del centenar de personas que ocupaban el edificio.
Copado el mismo, lo primero que se advirtió fue una soga pendiendo de la pared trasera, por la que Tosco y algunos cómplices habrían escapado. Pero lo más significativo fue el plan de acción subversiva hallado en una de las dependencias. El mismo incluía planos de oficinas públicas, entre ellos la Casa de Gobierno, la central de Policía y una unidad militar de los alrededores, instrucciones emitidas por la JTP, una bandera del ERP, fotocopias de documentos oficiales, una nómina de autoridades con sus correspondientes domicilios, destinos, recorridos, horarios y referencias directas a un organismo nacional en la capital provincial. Junto a ese material había también una libreta con los números de patentes de diversos automóviles y una estrella grabada a fuego sobre cuero.
En una propiedad cercana, las autoridades encontraron un fusil automático liviano con cápsulas recientemente servidas y en un local del Partido Socialista, armamento de grueso calibre.
La policía allana la sede de Luz y Fuerza en Córdoba
(Imagen: "La Razón")

El arsenal incautado en la sede de Luz y Fuerza constaba de cuatro escopetas ITAKA de caño recortado -una de ellas con caños superpuestos-, tres pistolas calibre 12 mm, siete calibre 11,25 arrebatadas al Ejército y la policía, un fusil FAL propiedad del Ejército, un cañón desarmable calibre 9 mm con su sistema de tiro, cuatro kilos de trotyl, cargadores de distinto tipo, municiones del más variado diámetro, dos equipos de radio portátiles, uno de ellos marca “Solid State”, un transformador, una fuente de alimentación, seis equipos de comunicaciones, dos de ellos con fuente de alimentación incluida, uniformes color caqui, una gorra policial, borceguíes, cartucheras, cinturones, gabardinas, baquetas, cepillos, elementos quirúrgicos y de primeros auxilios, antibióticos, anticoagulantes, mantas, una bomba de estruendo, banderas de diversos países, otra con las siglas CFC, un grupo electrógeno ubicado en la terraza del edificio y una bomba “cazabobos” que fue desactivada por la Brigada de Explosivos.
¿Para qué querían ese arsenal el señor Tosco y el sindicato que representaba? Tras el allanamiento siguieron escuchándose disparos aislados en las inmediaciones, prueba fehaciente de la existencia de francotiradores. Al caer la noche, se llevaron a cabo nuevos procedimientos previa adopción de rigurosas medidas de seguridad.
Pasadas las 7 p.m. la policía ocupó varias sedes del Partido Socialista de los Trabajadores, una de ellas en Humberto Primo esquina Avellaneda y otra en Obispo Trejo al 200, donde el personal actuante fue recibido con disparos de armas de fuego. Reducidos los sediciosos, se detuvieron a numerosas personas las cuales quedaron a disposición de la justicia10.
Las fuerzas policiales también requisaron la casa de Miguel Ángel Mosse, secretario general de la Regional 2ª de la JP así como la finca que este poseía en Villa Giardino, departamento de Punilla, sin dar con él. Aun así, procedieron a secuestrar material subversivo y dos revólveres calibre 38.
La cantidad de detenidos rondó el centenar, todas ellas alojadas en diferentes unidades hasta que el juez actuante decidiese sobre su situación. Entre las mismas se encontraba una joven que registraba el accionar policial con una cámara fotográfica, cuidándose muy bien de no captar los desmanes cometidos por los manifestantes. Al requerírsele el medio periodístico al cual pertenecía no supo dar respuestas satisfactorias y por esa razón terminó por ser arrestada.
Numerosos manifestantes son detenidos

Al día siguiente, en horas de la madrugada, aterrizó en el aeropuerto provincial un contingente de 50 efectivos de refuerzo enviado desde Buenos Aires por la Policía Federal. 
Los uniformados llegaron en un avión Hércules C-130 que partió a última hora de la base militar de El Palomar en tanto un número igual hizo lo propio en un convoy especialmente fletado desde la estación terminal de Retiro (Ferrocarril Mitre). Transportaban equipo de última generación y hasta algunas tanquetas en los vagones de carga.
En las últimas horas de la tarde, García Rey improvisó una rueda de prensa para informar sobre lo ocurrido, recalcando especialmente que buena parte del arsenal capturado había sido sustraído del Batallón de Comunicaciones 161 del Ejército durante el asalto perpetrado en febrero de 1973.
Para entonces, circulaba la noticia de que Andrés Murúa, miembro de la mesa directiva de SMATA, se había entregado en Río Segundo luego de enterarse que el juez actuante acababa de ordenar la detención de toda la conducción.
Tosco debió pasar a la clandestinidad
A la mañana siguiente, como no podía ser de otro modo, el personal de las plantas automotrices Thompson-Ramco Grandes Motores Diesel, PVC, Ilasa y Transax adoptó medidas de fuerza en solidaridad con René Salamanca y los dirigentes prófugos. Acatando directivas de los delegados, se dispuso el abandono de sus tareas en diferentes horarios, lo mismo la organización de asambleas y el trabajo a reglamento. No ocurrió lo mismo en IKA-Renault donde la jornada transcurrió de manera normal.
Luz y Fuerza terminó intervenido; Tosco pasó a la clandestinidad y con su desaparición, el sindicalismo izquierdista vio mermar considerablemente su poder
Juan Carlos Cena nos explica lo que sucedió con Tosco ni bien pasó a la clandestinidad. En una entrevista que le realizó Mario Hernández con motivo de su biografía sobre el líder sindical cuenta que perseguido por Perón a través de la Triple A y la intervención provincial, se mantuvo en escena hasta los sucesos de octubre, cuando se vio forzado a fugarse. Fueron los curas tercermundistas, con el padre José Nasser a la cabeza, quienes le brindaron protección, primero enviándolo a las sierras al cuidado de una monja catequista y después allanándole el camino para su salida de la provincia.
Dado su estado de salud, la gente del gremio sabía que no sería fácil sacarlo y por eso convino con sus pares ferroviarios un operativo conjunto. Acordaron esconderlo en una casa cercana a la estación y la terminal de ómnibus, provocar un apagón en aquel sector de la ciudad y en medio de la obscuridad llevarlo hasta el andén para introducirlo en un vagón-dormitorio donde habría apalabrado un camarero que debería estar atento a sus necesidades.
Así se hizo, Tosco llegó a la finca acompañado por su asistente Magni y varios trabajadores más, allí esperó la señal y una vez cortado el suministro, fue trasladado hasta la estación eludiendo el estricto cerco policial. Había controles de tránsito, piquetes y agentes apostados en todas las esquinas, así como patrulleros recorriendo las calles. Aun así, oculto por la penumbra, logró alcanzar el andén y abordar el coche correspondiente.
La policía irrumpe en las oficinas de Tosco

La espera se hizo eterna, fueron los cinco minutos más largos de su vida, lo mismo para Magni y el otro compañero que viajaba con ellos.
Finalmente la campana sonó, se escuchó el silbato del guarda y el convoy arrancó, cobrando velocidad a medida que se desplazaba. Dice Cena que cuando comenzó el traqueteo, fue una sinfonía de liberación para ellos.
En Ferreyra ganaron velocidad, se detuvieron unos minutos en Villa María para recoger más pasajeros (eso generó algo de nerviosismo) y en Rosario, como era habitual, se hizo el correspondiente cambio de personal.
El largo trayecto hasta Buenos Aires se realizo sin inconvenientes. En José León Suárez la formación volvió a detenerse. Tosco descendió allí y abordó un tren de línea que lo condujo hasta Retiro11.
Sobre lo que ocurrió después mucho se ha especulado y escrito. Al parecer, Tosco se reunió con varias personalidades, entre ellas Alicia Moreau de Justo y salvo esta última nadie le prestó oídos con respecto al peligro de un golpe de Estado, ni el ambivalente Partido Comunista, ni Raúl Alfonsín ni los máximos exponentes de la democracia de turno. 
Con el paso del tiempo su salud se fue deteriorando y al cumplirse el año del asalto a la filial cordobesa de Luz y Fuerza fue internado en una clínica y en ella murió el 5 de noviembre de 1975, bajo el régimen constitucional que lo había perseguido.
Por supuesto, como siempre sucede en la Argentina, hay quienes niegan la existencia del arsenal militar y los hechos de violencia que se registraron antes de la captura del sindicato y quienes sostienen que todo aquello realmente ocurrió. Lo que se sabe es que Tosco murió en la pobreza, perseguido y en situación deplorable luego de una vida dedicada a las luchas gremiales y la difusión del ideal marxista. Podrán decirse muchas cosas de él, podremos no estar de acuerdo con sus procedimientos e ideales, pero fue un hombre recto, honesto, sincero y constante con sus ideales.
Su sepelio fue multitudinario. El cuerpo fue trasladado hasta Córdoba en una camioneta, más precisamente hasta el Club Redes Cordobesas, donde la conducción sindical había montado la capilla ardiente.
En el artículo de Mario Hernández, Cena es confuso en sus declaraciones. Según sus palabras: “…lo quieren velar en el club Redes Cordobesas. Tenían el cuerpo en una camioneta y cuando lo descargan no permitieron hacer el velorio porque no tenía certificado de defunción, entonces lo llevan a pulso directamente hasta el cementerio San Jerónimo, un día lluvioso. La multitud era infernal”, sin embargo, las imágenes que se registraron muestran claramente el cajón en el salón principal de la institución, bajo un gran crucifijo y a la gente desfilando frente a él.

Pistola en mano, hablando por walkie-talkie, el comisario
Héctor García Rey dirige personalmente el procedimiento

El 7 de noviembre Tosco fue conducido a la necrópolis. Ni la lluvia ni el impresionante dispositivo policial impidieron a las 20.000 personas que se habían congregado seguir el féretro por las calles, cincuenta cuadras hasta el cementerio San Jerónimo en las que se entonaron consignas de todo tipo12.
Efectivos policiales y civiles armados vigilaron el lento desplazamiento, incluso desde el aire pues media docena de helicópteros sobrevolaron la columna durante todo el recorrido. Fue, sin ninguna duda, el funeral más grande de la historia de Córdoba.
Pero la cosa no podía terminar bien. Entre las pancartas y las insignias que portaban los manifestantes, destacaban principalmente banderas del ERP y de la Juventud Comunista. Por esa razón, una vez en la entrada, donde se pensaba llevar a cabo un acto, la policía encabezada una vez más por el comisario García Rey, cargó sobre la gente provocando las primeras corridas. Las fuerzas del orden intentaban llegar hasta donde se encontraban los militantes del ERP y fue entonces que se produjeron los primeros enfrentamientos.
Volaron piedras, botellas y perdigones en tanto caían bombas de gases lacrimógenos y sonaban constantemente disparos de armas de fuego mientras la muchedumbre se dispersaba buscando ponerse a cubierto.
Antes ese panorama, los sindicalistas sacaron el cajón del coche fúnebre y lo escondieron en un panteón donde permaneció escondido por mucho tiempo, sin que el gobierno y la policía dieran con él13.
René Salamanca también se profugó, no así Roque Romero, secretario adjunto de SMATA, quien fue detenido y encerrado en prisión.
Desde hacía tiempo pesaba una condena de muerte sobre Tosco y Salamanca. Semanas antes del asalto a Luz y Fuerza el Comando Libertadores de América, uno de los brazos de la Triple A en Córdoba, había emitido un comunicado donde mencionaba las personas que iban a ser ejecutadas y entre ellas figuraban los nombres de ambos sindicalistas14




Imágenes




Mario Eduardo Favario (izq.) y Jorge Carlos Molina
dos de los asesinos del capitán Miguel Ángel Paiva
(Imagen: "La Razón")


Esquina de Scalabrini Ortiz y Av. Córdoba, el lugar donde fue asesinado el capitán Paiva
(Imagen: "La Prensa")


Sepelio del capitán Paiva en el Panteón Militar. A la derecha, la esposa y dos de sus hijos
(Imagen: "La Razón")


Otra vista de la concurrencia frente al Panteón Militar
(Imagen: "La Prensa")




La vivienda del coronel Gimeno sobre Av. Hipólito Yrigoyen al 6900, Banfield
frente a la cual tuvo lugar el ataque subversiv
(Imagen: "La Razón")



Otra vista del domicilio de Gimeno a poco de producido el hecho
(Imagen: "La Prensa")


Lugar donde se produjo el atentado
(Imagen: "La Prensa")



Impactos de bala en el Ford Falcon del coronel Gimeno
(Imagen: "La Prensa")


El general Alberto Numa Laplane
hace uso de la palabra durante el
sepelio del coronel Gimeno
(Imagen: "La Razón")




Los restos del coronel Jaime Gimeno son conducidos hasta el lugar
de su postrer reposo en el Panteón Militar
(Imagen: "La Razón")





El general José Antonio Vaquero asume como director del Colegio Militar
(Imagen: "La Razón")



La esposa y los hijos del asesinado dirigente Bordón de los
estibadores, llegan a  la seccional policial para reconocer el cuerpo
(Imagen: "La Razón")


La policía interroga a transeúntes durante el operativo
contra la filial cordobesa de Luz y Fuerza
(Imagen: "La Razón")



El comisario García Rey encabeza la toma de Luz y Fuerza



Sindicalistas detenidos



Rigurosos controles policiales durante el asalto a Luz y Fuerza en Córdoba



Córdoba sitiada durante el allanamiento a la sede sindical


El interventor Raúl Lacabanne encabezó el operativo junto
al comisario García Rey



El cortejo de Tosco cruza el río Suquía. Mas de 20.000 personas
acompañaron sus restos hasta el cementerio san Jerónimo




Los restos de Tosco llegan a la necrópolis

Notas
1 Comprobada su inocencia, a las pocas horas quedó en libertad.
2 La ametralladora había sido sustraída durante el copamiento de la seccional 17ª de Córdoba; una de las pistolas calibre 11,25 pertenecía al agente de policía Luis Cardozo, a quien  se la arrebataron la mañana del día anterior en la estación terminal de ómnibus, varios de los cargadores provenían de la Fábrica de Armas de Villa María y una segunda 11,25 del Batallón de Comunicaciones 141, atacado en febrero de 1973.
3 Favario era productor del documental Tucumán  arde que se había estado exhibiendo de manera clandestina con fines ideológicos. El 19 de septiembre de 1972 participó en el asalto al Banco Internacional de Rosario integrando una sección de 11 efectivos, apoderándose y al Registro Nacional de las Personas de la misma ciudad. Durante la primera acción fueron sustraídos $130.000.000 Ley 18.188. Había sido detenido ese mismo año cuando circulaba en una moto por las calles rosarinas y amnistiado por Cámpora el 25 de mayo de 1973.
4 Ernihold falleció después de emitido el parte.
5 Vaquero sucedió al general Antonio Facundo Serrano, suegro del entonces mayor Martín A. Balza.
6 Tras efectuársele un chequeo general se le dio el alta y se lo envió a su domicilio donde el encuentro con sus seres queridos fue altamente emotivo.
7 Elena María Harriague siguió en las andanzas; a fines de mayo de 1975 volvió a evadirse del Buen Pastor junto a otras 25 reclusas; en diciembre de 1976 fue detenida en La Plata y hoy se encuentra desaparecida; en junio del siguiente año su hermano Federico corrió la misma suerte, lo mismo Jorge en el mes de diciembre. En Villa Mercedes una plaza perpetúa sus nombres.
8 No confundir con la isla homónima ubicada en el Ibicuy, departamento de Villa Paranacito.
9 Encontramos una referencia a estos buques en “El Descamisado” Nº 18 (Año I), edición correspondiente al 18 de septiembre de 1973, p. 7. La misma nos brinda una idea de los motivos del ataque. En una nota titulada “Vaciamiento de la industria pesquera”, se lee bajo el subtítulo ¿Flotas foráneas bajo bandera nacional?: “Las violaciones a nuestra soberanía en el mar fueron perpetradas del modo más impune. Un caso notable lo constituyó el de los buques griegos ‘Knosos’ [sic] y ‘Mikinay’. Ambos buques habían actuado en nuestro medio bajo el anterior régimen de pago de tasas ínfimas, capturando y exportando grandes cantidades de merluza procesada (eviscerada y congelada) a su país de origen, sin que ningún beneficio quedara para argentina.
Al prohibirse a todo buque de bandera extranjera la pesca en nuestras aguas, quedaron amarrados en Mar del Plata, aguardando una ficticia ‘nacionalización’.
El 24 de mayo de 1973 –un día antes de que concluyera su mandato- el entonces director del Servicio de Pesca aprobó la actuación de ambos buques bajo pabellón nacional.
El tipo de entidad con ‘mayoría nacional’ que respalda a esta empresa es más que sugestiva: se han formado dos sociedades con un capital de $ 100.000 cada una, que ‘compran’ cada cual una unidad en la suma de 3.500.000 dólares. El capital se integró de este modo:

‘Mayoría Nacional’            5.100         10        51.000          12.750
‘Minoría griega’                 4.900         10        49.000          12.750
        Totales                    10.000                   100.000          25.000

Según se evidencia, en ambos casos figura un pago al contado de $ 25.000, equivalente al 25 % del capital social, con el saldo a integrar en dos años. La firma que aparece como vendedora, se asegura la operación mediante hipotecas de 3.800.000 dólares por cada buque.
Es decir, que según su propia evaluación, entre ambas sociedades disponen de un capital de bienes de uso de aproximadamente sesenta millones de pesos –que al estar hipotecados no corren para ellos ningún riesgo- y que la ‘mayoría societaria nacional’ se integrado mediante un aporte declarado de $ 12.750.
En síntesis, la presunta ‘sociedad argentina’ figura comprando con un capital ínfimo dos buques obviamente sobrevaluados, a quienes, evidentemente, continúan siendo sus verdaderos propietarios”.
Según el sitio Histarmar. Historia y Arqueología Marítima, el “Mykinai” era un pesquero a motor de bandera argentina, propiedad de la empresa Mediterránea Austral S.A. Había sido botado el 24 de abril de 1951 como petrolero clase EDDY. Construido en los astilleros Caledon Shipbuilding & Engineering Co. de Dundee, Escocia (Casco Nº 474) fue entregado a la Royal Navy con el nombre “EDDYBEACH”. Sus dimensiones eran: 287,7 x 44,2 x 18,6 (87,60  x 13 x 50 metros) y un registro grueso de 2696 toneladas. Su planta propulsora original era una máquina alternativa a vapor de triple expansión Lobnitz & Co. Ltda. En 1969 fue convertido en buque factoría y para ello se le remplazó el motor por un diesel Stork Werkspoor 2T SA de  8 cilindros (450 x 700) N.V. Werkspoorde Amsterdam, cambiándosele el nombre por “Mykinai” con el cual comenzó a navegar bajo bandera griega. Años después fue adquirido por la Mediterránea Austral S.A. Tras el ataque subversivo fue reflotado pero se volvió a hundir en el mismo puerto el 2 de septiembre de 1979. Datos extraídos de Histarmar. Historia y Arqueología Marítima.
10 Entre las personas arrestadas se encontraban tres estudiantes puntanos, José María Guillén, de 22 años; José Alberto Domenicone, de 21 y Orestes Omar Chabasa, de 23, quienes se alojaban en una finca de Pascual Echagüe 2862, barrio San Fernando.
11 Mario Hernández, “Mientras el comisario García Rey lo buscaba desesperado por toda Córdoba, el ‘Gringo’ se le había escapado en un tren”, Topia, un sitio de psicoanálisis, sociedad y cultura, febrero de 2013
12 Ídem.
13 Ídem.
14 Salamanca reaparecerá tiempo después y asumirá la conducción de SMATA hasta el 24 de marzo de 1976, cuando se produjo el golpe de Estado que derrocó a la viuda de Perón. Ese día fue secuestrado por un grupo de tareas y conducido al centro clandestino de detención La Perla, donde desapareció sin dejar rastros.