sábado, 17 de agosto de 2019

EL GOBIERNO REVOLUCIONARIO

23 de enero de 1959. Fidel Castro llega a Caracas en su primer viaje oficial

Tras el triunfo de la revolución, llegó la algarabía popular. Los cubanos, sintiéndose libres, se lanzaron a las calles a festejar y todo fue jolgorio y entusiasmo a partir de entonces. 
Tal como había sucedido en la Rusia comunista, la Italia fascista, la Alemania nazi y la Argentina peronista, la sociedad cubana se politizó en extremo y toda su actividad se centró en ella.
Como era de esperar, en aquellos primeros días, se produjeron algunos hechos de violencia que tuvieron a instituciones y personalidades del depuesto régimen como blanco.
En la capital fueron muchas las personas que salieron a destruir los parquímetros para el estacionamiento, símbolo del enriquecimiento ilícito de Batista, se echaron abajo algunos carteles de compañías extranjeras y resultaron aporreados varios “esbirros” de segundo y tercer orden que a gatas pudieron escapar de la furia popular.
Es exacto lo que sostiene Sergio Guerra Vilaboy en su tesis Etapas y procesos en la historia de América Latina1, cuando afirma que el triunfo de la revolución cubana constituyó un giro decisivo en la historia de América Latina, pero rechazamos de plano su afirmación de que su profundo alcance social le permitió superar, acoso norteamericano de por medio, las metas antidictatoriales, democráticas y antiimperialistas junto a la plena recuperación de la soberanía nacional, para erradicar de raíz la explotación del hombre por el hombre y construir una sociedad más justa2
 
De haber sido así, que explique como es que en la isla caribeña nunca hubo llamado a elecciones, ni pluralidad partidaria, ni prensa libre.
Constituiría un viraje, sí, pero en otro sentido, un viraje que llevaría a Cuba a convertirse, en una nación agresora, conflictiva y en extremo problemática para la región.
Un indicio de ello nos lo ofrece la conversación que Fidel Castro mantuvo con Huber Matos en Camagüey, a fines de enero, cuando le habló de ciertos problemas que estaba teniendo con la jerarquía revolucionaria. Pero nos estamos adelantando.
Ni bien se solucionó la cuestión con el Directorio, el gobierno de Urrutia quedó afianzado y pudo empezar a “gobernar”. De ese modo, quedó constituido el nuevo gabinete.
Por sugerencia de Castro, fue designado para el puesto de primer ministro el Dr. José Miró Cardona, reconocido abogado que hasta ese momento, se había desempeñado como secretario del Frente Cívico de Oposición; el filósofo y sociólogo Roberto Agramonte Pichardo pasó a desempeñar el cargo de ministro de Estado, el Dr. Ángel Fernández Rodríguez, ministro de Justicia, Faustino Pérez, ministro de Recuperación de Bienes Malversados3, el periodista Luis Orlando Rodríguez Rodríguez, ministro de Gobierno, Manuel Ray Rivero se hizo cargo de la cartera de Obras Públicas, Humberto Sorí Marín de Agricultura, Raúl Capero Bonilla de Comercio, Armando Hart Dávalos de Educación, Manuel Fernández García de Trabajo, Rufo López Fresquet de Hacienda, Enrique Oltuski de Comunicaciones, Augusto Martínez Sánchez de Defensa, Elena Mederos Cabañas de Bienestar Social, Luis Busch Rodríguez ministro de la Presidencia, Osvaldo Dorticós ministro encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias, Juan Camacho Aguilera de Transporte y Regino Boti León del Consejo Nacional de Economía.
El presidente Manuel Urrutia y su gabinete

Un gabinete integrado por abogados, periodistas, profesionales y políticos moderados, algunos de ellos graduados en los Estados Unidos, que agradó y tranquilizó al Departamento de Estado norteamericano que, como primera medida, se apresuró a reconocer al nuevo gobierno y cambió su embajador4.
La primera tarea a la que se abocó el flamante régimen fue la reforma de la constitución. A ello le siguió una limpieza de elementos corruptos de las funciones de estado y un proyecto de ley de reforma agraria, tema realmente urticante, que generó mucha preocupación dentro y fuera del país.
Al mismo tiempo, Fidel Castro anunció reformas en las fuerzas armadas, incluyendo las de seguridad y para ello designó a su antiguo condiscípulo, el mayor José Quevedo Pérez, para encabezar el departamento de logística y al coronel Ramón Barquín, hacer lo propio con las instituciones militares. Por su parte, Camilo Cienfuegos fue nombrado gobernador militar de la provincia de La Habana, Efigenio Ameijeira pasó a ser el nuevo jefe de Policía y Pedro Díaz Lanz comandante de la Fuerza Aérea. Del Che Guevara, mientras tanto, nada se decía. Solo retenía su cargo de comandante de La Cabaña y a esas funciones parecía limitarse, sin esperar otra cosa.
Ni bien llegó de Pinar del Río, cómodamente instalado en su lujosa suite del piso 23 del Hotel Hilton, Fidel5, que como bien dice Anderson, parecía estar en todas partes, anunció un viaje oficial a Venezuela, en retribución a la ayuda moral y material que aquel país había prestado durante la guerra civil.
De acuerdo al autor norteamericano, a partir de ese momento, el máximo líder de la revolución mantendría con sus lugartenientes y altos dirigentes comunistas, una serie de reuniones destinadas a forjar una alianza secreta entre el M-26 y el PSP y conformar un partido único6. Eso parece contradecir la tan mentada necesidad de mantener alejados al Che y su hermano, a efectos de no inquietar al poderoso vecino del norte. Veremos más adelante como se desarrollaron esos acontecimientos y cuáles fueron sus consecuencias.
De momento, detengámonos unos instantes en el viaje de Castro a Venezuela, el primero que haría el mandatario cubano tras el triunfo de la revolución.
Para ello, Fidel organizó una comitiva que estaría integrada por la inseparable Celia Sánchez -quien desde hacía dos años fungía como su amante predilecta- el otrora cuestionado Pedro Miret, Paco Cabrera, Violeta Casals, Luis Orlando Rodríguez, Jorge Enrique Mendoza, Orestes Valera y el periodista e historiador Luis Báez.
El 23 de enero por la mañana, el séquito cubano abordó dos aviones que aguardaban en la pista de Campo Columbia, un Bristol-Britannia de la Compañía Cubana de Aviación y el Super Constellation de la Aeroposta Venezolana que la Junta Patriótica había enviado especialmente para él7y como la delegación superaba la cantidad de asientos, Castro ordenó la incorporación de una tercera aeronave de la Fuerza Aérea nacional. En el primero, subieron los periodistas que debían cubrir las incidencias del viaje, Luis Báez entre ellos. Previamente, el capitán Enrique Jiménez Moya, les entregó los pases de abordo8. Castro y su comitiva abordaron la nave venezolana, comandada por el capitán Julio Araque y finalmente, custodios y funcionarios menores lo hicieron en el avión de la Fuerza Aérea9.
¿Cuál era el motivo de aquel tour?, simplemente, agradecer a Venezuela su apoyo moral y material durante la guerra contra Batista. El pretexto, responder a la invitación efectuada por el régimen de Caracas con motivo de cumplirse el aniversario del derrocamiento del general Marcos Pérez Jiménez, acaecido un año atrás10.

El Super Constellation de la línea nacional venezolana que trajo a parte de la delegación cubana

El 7 de diciembre de 1958 Rómulo Betancourt, dirigente del Partido Acción Democrática, había ganado las elecciones y el clima de asonada dominaba la tierra de Miranda, Bolívar y Sucre.
El 23 de enero de 1958, una insurrección popular depuso a Pérez Jiménez y lo reemplazó por una junta provisoria presidida por el contraalmirante Wolfgang Larrazábal, que todavía gobernaba cuando Fidel Castro emprendió su viaje.
Por razones de seguridad, el vuelo debió hacerse a través de rutas alternativas. Los aparatos partieron del aeropuerto de Campo Columbia y después de atravesar Cuba de norte a sur, pusieron proa a la isla Gran Caimán.
A la altura del límite entre Honduras y Nicaragua, el capitán Araque viró un tanto hacia el este y desde allí se dirigió directamente a Colombia, hasta alcanzar sus costas. Desde ese punto, siempre bordeando el litoral, sobrevoló Cartagena, Barranquilla y Santa Marta para luego cruzar la frontera con Venezuela y enfilar directamente hacia a Caracas, traspasando el golfo de Maracaibo y Puerto Cabello. Se temía alguna acción por parte del gobierno de Dominicana y en ese sentido, los pilotos extremaron todas las medidas para evitar inconvenientes.
Siguiendo el relato de Luis Báez, a poco de atravesar el límite entre ambas naciones, Castro se dirigió a la cabina del piloto y contemplando los imponentes macizos andinos, exclamó:

-¡Ah!  Si La Habana hubiera estado rodeada de esas montañas la guerra no hubiera durado tanto tiempo.

Los aparatos aterrizaron en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía dos horas después, a la vista de las 30.000 personas que se habían congregado para recibir al líder cubano. Antes de posarse, la flotilla recibió un mensaje de bienvenida desde un avión de la compañía Aeropostal (matrícula 254), que comandaba el capitán René Arreza11.
Al pie de la escalerilla, aguardaban el contraalmirante Larrazábal, Jovito Villalba de Unión Republicana Democrática (URD), Fabricio Ojeda, presidente de la Junta Patriótica (principal gestora del alzamiento popular contra Pérez Jiménez), Luis Beltrán Prieto de Acción Democrática (AD) y otros notables. Castro les estrechó la mano a todos y después de las presentaciones de rigor, se dirigió hacia los automóviles que aguardaban en la plataforma, para trasladarlos a la capital.
Comenzaba una movida estadía de cinco días, con un recorrido por las calles de la moderna Caracas, que en mucho recordó a la Caravana de la Libertad.
Llegada a Maiquetia
El trayecto entre el aeropuerto y la localidad de La Guaira se hizo extremadamente lento debido al congestionamiento vehicular y la cantidad de gente que intentaba acercarse al recién llegado. Miles de personas saludaban su paso arrojando flores, pronunciando su nombre y agitando banderas con los colores de ambos países. Se llegó a ver, incluso, a gente llorando por la emoción.
Finalmente se detuvieron en el restaurant “El Pinar”, donde las autoridades de gobierno habían organizado un banquete de bienvenida. Castro ocupó el sitial de honor, flanqueado por el ministro del Interior, Augusto Márquez Cañizares y el de Relaciones Exteriores, René de Sola, que pronunció las palabras de recepción. Estaban presentes también Gonzalo Barrios de Acción Democrática, Miguel Otero Silva, director del periódico “El Nacional” y Gustavo Machado, secretario general del Partido Comunista.
En la Plaza Aérea del Silencio -moderno barrio de la capital-, una multitud calculada en 300.000 almas aguardaba para escuchar a Castro. Eran alrededor de las 18.00 cuando el mandatario cubano se hizo presente, sin sospechar que varias manos lo cargarían sobre sus hombros y lo llevarían en andas hasta la tarima especialmente armada para el evento.
Primero hablaron el presidente provisorio Larrazábal, Machado, Villalba, los dirigentes sindicales José González Navarro y Jesús Carmona, luego los combatientes cubanos Jorge Enrique Mendoza, Orestes Valera y Luis Orlando Rodríguez y finalmente el invitado de honor12. Aquí también, como el 8 de enero en Campo Columbia, dio la sensación de que un volcán entraba en erupción.
Testigo de aquella concentración fue Alejo Carpentier, el célebre escritor suizo nacionalizado cubano, que quedó profundamente impactado con las palabras del recién llegado.

¿Por qué vine a Venezuela? Vine a Venezuela, en primer lugar, por un sentimiento de gratitud; en segundo lugar, por un deber elemental de reciprocidad para todas las instituciones que tan generosamente me invitaron a participar de la alegría de Venezuela este día glorioso del 23 de enero (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES), pero también por otra razón: porque el pueblo de Cuba necesita la ayuda del pueblo de Venezuela, porque el pueblo de Cuba, en este minuto difícil, aunque glorioso de su historia, necesita el respaldo moral del pueblo de Venezuela (APLAUSOS). Porque nuestra patria está sufriendo hoy la campaña más criminal, canallesca y cobarde que se ha lanzado contra pueblo alguno, porque los eternos enemigos de los pueblos de América, los eternos enemigos de nuestras libertades, los eternos enemigos de nuestra independencia política y económica, los eternos aliados de las dictaduras, no se resignan tranquilamente a presenciar la formidable y extraordinaria victoria del pueblo de Cuba que, sin más ayuda que la simpatía y la solidaridad de los pueblos hermanos del continente, sin más armas que las que supo arrebatar al enemigo en cada combate, libró durante dos años una guerra cruenta contra un ejército numeroso, bien armado, que contaba con tanques, con cañones, con aviones y con armas de todo tipo, armas modernas, las que se decía que eran invencibles, y nuestro pueblo, que estaba desarmado, que no tenía tanques, ni cañones, ni bombas de 500 libras, ni aviones, que no tenía entrenamiento militar, un pueblo inerme, sin entrenamiento, sin prácticas de guerra, pudo derrocar, en dos años de lucha frontal, a las fuerzas armadas de una dictadura que contaba con 60 000 hombres sobre las armas13.

El sábado por la mañana, Castro visitó el Consejo Municipal de Caracas, que en sesión solemne, lo declaró Huésped de Honor. Luis Báez recoge el momento en que, al ingresar al salón, se detuvo ante un óleo allí expuesto, el del solemne acto de la firma de la Independencia venezolana, que le llamó poderosamente la atención.

-Imaginen aquel 5 de julio de 1811, aquellos héroes se sintieron felices ese día, porque creyeron haber conquistado la libertad definitiva del pueblo. Y, sin embargo, cuánto ha tenido que luchar Venezuela después de esa fecha. ¡Es que la historia de América se ha escrito con dolor, con sudor, con lágrimas, con sangre!

La fiebre por los autógrafos fue una verdadera odisea a lo largo de la estadía, pues todo el mundo quería uno. “¿Ustedes quieren que me dedique a la Revolución o a firmar autógrafos? Soy revolucionario, no artista.
Los relojes señalaban las 12.00 cuando Castro se presentó en el Parlamento, para pronunciar un largo discurso en el que habló de paz, democracia y respecto por las instituciones democráticas. Antes de que eso suceda, el presidente de la Cámara, Rafael Caldera, declaró abierta la sesión y enseguida le concedió la palabra al diputado Domingo Alberto Rangel, de Acción Democrática, para que le diese la bienvenida al visitante.
Inmediatamente después, Castro ocupó la palestra y comenzó a hablar:

Hablan del hombre, de la constitución, de la democracia, pero una de las cosas que más hace sufrir al pueblo es escuchar esas palabras en bocas de los tiranos, y cómo comienzan todo a disfrazarlo y todo a adaptarlo a aquella situación, que no es más que una situación de fuerza, ¡de fuerza! Es que no pueden gobernar de otra manera, sino suprimiendo todos los derechos, suprimiendo la Cámara que representa al pueblo, suprimiendo la libertad de prensa, suprimiendo la libertad de reunión, suprimiendo la libertad de expresión, todas las libertades, porque es que cuando se toma el poder por la fuerza no se puede gobernar de otra manera.
Nosotros, por ejemplo, en Cuba hoy tenemos la experiencia de cómo hay paz, hay orden. Porque hablan de paz y de orden; bueno, pues nunca en Cuba ha habido más paz y más orden que los que hay hoy sin policía y sin fuerza (APLAUSOS), porque es la paz que el pueblo quiere y el pueblo mantiene, y es el orden que el pueblo necesita y el pueblo mantiene. Pero es que se cuenta con todo el pueblo. Cuando se tiene en contra a todo el pueblo —y siempre estará el pueblo en contra de todo golpe militar reaccionario que se apodere del poder por la fuerza (APLAUSOS)—, viene a resultar que es imposible, que la cámara de tortura, el exilio, las cárceles, los presidios, la policía represiva, el asesinato en la calle es consustancial de toda tiranía.
No es que quieran, es que no puede ser de otra manera, o, de lo contrario, no pueden permanecer en el poder. Y por eso lo primero que hacen las dictaduras es suprimir las cámaras, todo lo que represente la voluntad del pueblo, y tratar de sustituirlo por otros organismos que resultan tan odiosos al pueblo, aunque no es lo mismo, naturalmente, después de una revolución como la que ha ocurrido en Venezuela, cuando ya se han establecido los organismos constitucionales del país, hacer las medidas con la prontitud con que se hacen bajo un gobierno provisional revolucionario, porque tienen que ajustarse a los procedimientos más lentos, a la discusión más detallada. Yo creo, sinceramente, que un gobierno constitucional puede hacer muchas leyes revolucionarias14.

En poco tiempo, el mundo sería testigo del drástico cambio que en materia de democracia, paz y respeto por las libertades y las instituciones, experimentarían Castro y su régimen.
Horas después se presentó en el Aula Magna de la Universidad Central para asistir al masivo acto estudiantil que tuvo a Pablo Neruda como uno de sus principales invitados. Fue allí donde, acosado por los pedidos de autógrafos, el líder cubano manifestó a los presentes que no era artista sino revolucionario.
El rector de la alta casa de estudios, Dr. Francisco De Venanzi, le dio la bienvenida, acompañado por la totalidad del Consejo Universitario, catedráticos y delegados estudiantiles. Aquí también el rugir de la audiencia hizo temblar las paredes del recinto.

- Esto me recuerda las reuniones en la  plaza Cadenas en la Universidad de La Habana- dijo Fidel sonriente.

En ese marco, el Dr. De Venanzi anunció la creación del Comité por la Liberación de Santo Domingo, del que Castro fue primer contribuyente con cinco bolívares. “Así se inicia la ‘Marcha del Bolívar por la Libertad de la República Dominicana’”, exclamó y luego cedió la palabra al  contralmirante Larrazábal, quien también hizo su aporte.
Poco después, llegó el turno del otro invitado de honor, Pablo Neruda, que si bien quedó opacado por la figura del mandatario cubano, también despertó aplausos y ovaciones, sobre todo, tras dar lectura a su Canto a Bolívar.

En la Universidad de Caracas

A manera de prólogo, el poeta chileno dijo: “En esta hora dolorosa y victoriosa que viven los pueblos de América, mi poema con cambios de lugar, puede entenderse dirigido a Fidel Castro, porque en las luchas por la libertad cada vez surge el destino de un hombre para dar confianza al espíritu de grandeza en la historia de nuestros pueblos”.
Ni bien terminó de leer, Neruda descendió de la cátedra que ocupaba, caminó hasta el sitial de la presidencia y extendiéndole la mano a Fidel Castro expresó:

- Sí algún día se escribe la historia de este poeta quiero que se diga que una vez vio, habló y estrechó la mano del genuino libertador de Cuba15.

Ignoraba entonces que catorce años después, sicarios enviados a Chile por ese “libertador” al que adulaba, ejecutarían al presidente de izquierda que iba a gobernar su tierra. 
En sus declaraciones, Castro prometió a los alumnos venezolanos becas para estudiar en Cuba y la construcción de numerosos centros universitarios.

Me despido de ustedes con un pensamiento, con un deseo que quiero que todos lo hagan suyo, y es que en un día no muy lejano podamos reunirnos en otras universidades del continente. No voy a decir Cuba, Cuba es de ustedes; no tenemos como ustedes una ciudad universitaria, pero la vamos a hacer (APLAUSOS) y vamos a conceder becas —pero becas numerosas, no esas becas reducidísimas que con tanta avaricia se conceden a los estudiantes de América Latina—, por supuesto, a los venezolanos (APLAUSOS).
El deseo que quiero que todos sintamos sinceramente hoy, la promesa que todos debemos hacernos, es que —este año, o el otro, o el otro; no vamos a comprometernos a fecha fija de cuándo va a terminar, lo que sí sabemos es cuándo va a empezar, y empezar es lo que importa, porque cuando se empieza se termina—, nos veamos algún día reunidos una representación de los estudiantes cubanos, de los estudiantes de Venezuela y de los estudiantes de todo el continente americano en la universidad de Santo Domingo (APLAUSOS), reunidos allí con un pueblo libre, con un estudiantado libre.
Y ustedes los estudiantes, que han sido los defensores de todas las causas justas, que han sido la vanguardia de la libertad en nuestro continente; ustedes, que inspiraron esta idea, los estudiantes venezolanos, no deben descansar ni un minuto en el esfuerzo por ayudar a que se convierta en realidad este sueño de poder reunirnos algún día en la universidad de Santo Domingo, en la universidad de Nicaragua y en la universidad de Paraguay (APLAUSOS), con la ayuda de los pueblos, con la ayuda de los estudiantes16.

De la Ciudad Universitaria, la comitiva pasó al Palacio de Miraflores, donde aguardaba la Junta Provisoria de Gobierno y ya entrada la noche, se dirigió a la embajada de Cuba, donde su titular, Francisco Pividal, ofreció un banquete en su honor. Antes de eso, Castro brindó una conferencia de prensa en las azoteas de la legación, donde se había dado cita medio centenar de representantes de la prensa, entre periodistas locales y corresponsales extranjeros
.
Castro llega al Parlamento venezolano
Al momento en que Fidel Castro llegó a Caracas, el presidente electo Rómulo Betancourt visitaba las unidades militares de su país, de ahí su llamativa ausencia en el aeropuerto y en los actos que tuvieron lugar los días 24 y 25. Si se trató de un acto deliberado, la conversación que tuvo con Fidel Castro al día siguiente, parecería confirmarlo; si fue “por razones de fuerza mayor” se trató de un grave error de protocolo, dada la comunión ideológica entre ambos movimientos y la magnitud del personaje que visitaba el país.
Los dos dirigentes se encontraron recién el domingo por la noche -25 de enero- en la residencia que Betancourt tenía en Marítmar, municipio de Baruta, en las afueras de Caracas, y pese a que el encuentro fue de carácter privado, el electo mandatario convocó a los medios de prensa para que cubriesen el acontecimiento.
Ese día, por la mañana, Castro había subido hasta el Hotel Humboldt, en la cima del cerro El Ávila, utilizando el novedoso servicio del teleférico. Aprovechando la ocasión, recorrió a pie las montañas y luego regresó a su alojamiento con la intención de prepararse para el gran encuentro.
El nuevo hombre fuerte de Cuba llegó a la residencia en un automóvil oficial. Betancourt lo esperaba en la puerta y tras los saludos, lo hizo pasar a una terraza cerrada, ubicada en la parte posterior de la residencia.
La cantidad de reporteros presentes llamó la atención de la delegación cubana y despertó algunas suspicacias. “¿Que es lo que busca Rómulo, una entrevista o un show?”17, le preguntó Celia Sánchez al embajador Pividal, indirecta que aquel respondió con una leve sonrisa.
El encuentro no fue lo que se esperaba. Resultó tenso y complejo porque el mandatario venezolano no pudo ocultar la animadversión que sentía por su par cubano. Entre las pocas cosas que se filtraron de aquella charla de dos horas y diez minutos de duración, destacó únicamente la manifestación Betancourt en cuanto a la imposibilidad de otorgarle a Cuba un crédito para la compra de petróleo, porque los controles de los Estados Unidos sobre la producción y su comercialización por las corporaciones transnacionales lo hacía imposible. Era evidente que el mandatario venezolano intentaba mantener buenas relaciones con Washington y pese al clima de carnaval revolucionario que imperaba en su país, no estaba dispuesto a perderlas por culpa de aquel incómodo huésped.
Junto al presidente provisional Larrazábal

La visita finalizó el lunes 26 por la noche. A las 01.00 del 27 de enero, la comitiva cubana se encontraba reunida en el Aeropuerto de Maiquetía, lista para abordar las aeronaves que la llevaría de regreso a su tierra. Se habían congregado en el lugar, autoridades y representantes de las diferentes fuerzas políticas, sindicales y estudiantiles, todos ansiosos por estrechar en un fuerte abrazo a los viajeros.
Un o a uno, los cubanos fueron abordando el Bristol-Britannia en el que habían llegado cinco días atrás, acomodándose en sus asientos a medida que ingresaban. De repente, Paco Cabrera recordó que en Super Constellation venezolano habían quedado las armas de sus escoltas y por esa razón, antes de que la tripulación cerrase la compuerta, se incorporó y descendió velozmente la escalerilla para recuperarlas. Fue entonces que ocurrió el desastre18.
Sin percatarse que por la pista avanzaba un Douglas DC-4, el veterano combatiente del cuartel Moncada y Sierra Maestra siguió su andar, ajeno a lo que estaba sucediendo.

-¡¡Cuidado!! – se escuchó gritar una voz.

Pero ya era tarde. Al girar su cabeza, Cabrera vio al aparato prácticamente encima suyo sin atinar a hacer nada, se quedó ahí parado. Una de las hélices le dio de lleno, matándolo en el acto. Los testigos lo vieron encogerse en un gesto distintivo y después volar por el aire, para caer mutilado unos metros más allá.
Un médico de la Marina revolucionaria corrió hasta el avión en el que se encontraba Castro y al ver a Celia parada junto a la puerta, le contó lo que acababa de suceder. Le dijo que Paco Cabrera había tenido un accidente y que era imperioso que Fidel descendiese del avión.
Informado el líder cubano, bajó junto a su pareja, dos de sus lugartenientes y el facultativo, con quienes llegó hasta donde se encontraba tirado Cabrera, sin vida. Unos metros a la derecha, se distinguía su brazo y parte de la masa encefálica.
La reacción de Castro fue increíble:

-Que muerte mas ridícula –dijo con voz pausada- eso le pasa a los imbéciles y a los idiotas19.

Es de imaginar que tan duras expresiones debieron conmover a quienes les rodeaban, incluyendo la fiel Celia.
Sin inmutarse demasiado, Fidel ordenó a dos de los integrantes de la delegación que permaneciesen en el lugar para ocuparse del traslado de los restos (lo que ocurriría al día siguiente) y sin decir más, regresó al avión, en espera de la partida, como si nada hubiese ocurrido20.
El infortunado Paco Cabrera
La historiografía revolucionaria ofrece otra versión de lo sucedido. Veamos lo que apunta Juan Morales Agüero en su artículo “Medio siglo sin Paco Cabrera”, al poner en boca de Celia las siguientes palabras: Todos llevaban horas sin dormir o durmiendo poco. Parece que las luces lo encandilaron, no vio ni oyó las propelas, el ruido del avión del que se bajó tampoco lo dejaba oír. Las propelas no se veían por la velocidad que habían alcanzado. Le partió de frente y al pasar por debajo de la propela, un aspa le dio un golpe en la frente y le cercenó la nariz. Todos echaron a correr a donde cayó el cuerpo. Fidel se arrodilló junto a él: “Paco, háblame, Paco...”21. Y luego, las de Fidel, quien según la versión oficial, tomó un teléfono y llamó a La Habana para dar la triste noticia: Paco Cabrera murió en Caracas. Lo mató un avión. No un avión enemigo, sino un avión amigo. Cosa horrible. La guerra ha terminado, pero la muerte no. Cuba y la Revolución han perdido a un hombre extraordinario y a uno de nuestros más sólidos valores22. Aunque tales palabras suenen demasiado preparadas, es nuestra obligación reproducirlas para que el lector saque sus conclusiones.
Pese a las muestras de fervor y entusiasmo por parte de la población, aquel primer viaje al exterior fue un rotundo fracaso. No se alcanzó ningún acuerdo y, lo que era peor, quedó flotando la sensación de que se había ganado un enemigo. Así lo dejó entrever Fidel durante el vuelo de regreso, mientras charlaba animadamente con los miembros de su comitiva. Según su decir la entrevista con Betancourt lo había defraudado.
Durante ese viaje Castro habló hasta por los codos, abordando diversos temas, pero de Paco Cabrera, no dijo una sola palabra.

Notas
1 Sergio Guerra Vilaboy, Etapas y procesos en la historia de América Latina, Cuadernos de Trabajo Nº 2, Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz, noviembre de 1997, p. 48.
2 Ídem, pp. 48-49.
3 Un organismo mucho más complejo que la Intervención Custodia de Bienes y la Junta Nacional de Recuperación Patrimonial que creó la Revolución Libertadora tras la caída de Perón.
4 Earl T. Smith se hallaba muy identificado con el régimen depuesto.
5 También compartía el apartamento de Celia Sánchez y una casa en la aldea de Cojimar, sita a 30 minutos al este de La Habana. Ver Jon Lee Anderson, p. 367. 6 Jon Lee Anderson, op. Cit, p. 367-368.
7 Luis Báez, “A 45 años del primer viaje al exterior del Jefe de la Revolución cubana: Fidel tomó a Caracas”, CubaDebate, Sección Opinión, 25 de enero de 2004
(http://www.cubadebate.cu/opinion/2004/01/25/a-45-anos-del-primer-viaje-al-exterior-del-jefe-de-la-revolucion-cubana-fidel-tomo-a-caracas/#.VR1FpfyG_Ss). 8 Jiménez Moya, combatiente dominicano, 47 años.  Llegó a la Sierra Maestra el 7 de diciembre de 1958, procedente de Venezuela. El avión aterrizó en Cienaguilla llevando consigo a Manuel Urrutia, Luis Bush, Luis Orlando Rodríguez  y Willy Figueroa.
La nave un C-46 piloteada por José R. Segredo  transportaba una importante  ayuda en armamento y pertrechos, enviados por el contralmirante Wolfgang  Larrazábal. A su vez el teniente de navío Carlos Alberto Taylhardt, jefe del apostadero naval de la Guaira, le envió a Fidel Castro un flamante rifle FAL, en reconocimiento a su hombría y valor.   
Jiménez Moya portaba un mensaje de la Unión Patriótica Dominicana de Venezuela para Fidel, donde se le comunicaba su nombramiento –el de Jiménez- como representante y entrenador de un grupo de jóvenes dominicanos que deberían llegar a la Sierra Maestra para apoyar la lucha guerrillera. Tomó parte en el combate de Maffo, donde una esquirla mortero le atravesó un riñón. Luego de ser operado sobre el banco de un parque, fue enviado a la retaguardia.  Terminó la guerra  con grados de capitán.El 14 de junio de 1959 marchó a su patria al frente de los  expedicionarios de Constanza, Maimón y  Estero Hondo con el objetivo de derrocar a Rafael Leónidas Trujillo. Moriría a poco de desembarcar en Constanza, según algunas versiones, combatiendo contra el ejército, según otras en prisión, luego de ser detenido y torturado.
9 Luis Báez, artículo citado.
10 Marcos Pérez Jiménez, militar y político venezolano nacido en Michelena (estado de Tachira), el 24 de abril de 1914. Siendo general de división, fue designado presidente de su país por una junta provisoria que reemplazó a Germán Suárez Flamerich, el 2 de diciembre de 1952. Luego de que la Asamblea Nacional Constituyente lo designase presidente constitucional (19 de abril de 1953), fue destituido por un golpe de Estado apoyado por amplios sectores populares, el 23 de enero de 1958. Huyó primeramente a la República Dominicana y luego a España, donde vivía cuando en 1968 fue electo senador, cargo que no pudo asumir por ser inhabilitado para ejercerlo. Falleció en La Moraleja, España, a los 87 años de edad, luego de un apacible exilio.
11 Luis Báez, ídem.
12 Ídem.
13 Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en la Plaza Aérea del Silencio, en Caracas, Venezuela, el 23 de enero de 1959 (Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro).
14 Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en el Parlamento de Caracas, Venezuela, el 24 de enero de 1959 (Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro).
15 Luis Báez, artículo citado.
16 Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro en la Universidad Central de Venezuela el 24 de Enero de 1959, Fidel Ernesto Vázquez, “Patria es Humanidad”, 24 de enero de 2014, (https://fidelernestovasquez.wordpress.com/2014/01/24/discurso- pronunciado-por-el-comandante-fidel-castro-en-la-ucv-el-24-de-enero-de-1959/).
17 Luis Báez, artículo citado.
18 Según Celia Sánchez, fue Fidel Castro quien lo mandó a buscar las armas. Armando Fleites, “Viaje a Venezuela y muerte del comandante Paco Cabrera”, Apicalternativa – La Decana, Agencia de Periodismo Independiente Continental, viernes, 14 de octubre de 2011 (http://apicladecana.blogspot.com.ar/2011/10/viaje-venezuela-y-muerte-del-comandante.html).
19 Armando Fleites, artículo citado. El cadáver del malogrado Paco fue conducido a Cuba y llevado a Puerto Padre, su lugar de nacimiento, donde se le rindieron homenajes militares.
20 Ídem.
21 Juan Morales Agüero, “Medio siglo sin Paco Cabrera”, Juventud Rebelde, Diario de la Juventud Cubana, 27 de Enero del 2009, http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2009-01-27/medio-siglo-sin-paco-cabrera/ 22 Ídem.