miércoles, 5 de junio de 2019

PRESENCIA ARGENTINA EN LOS MARES DEL SUR

El faro del fin del mundo, obra de Julio Verne
ambientada en el Atlántico Sur

A mediados del siglo XIX Julio Verne publicó una novela titulada El Faro del Fin del Mundo, apasionante relato ambientado en la Isla de los Estados, promontorio rocoso en el extremo sur argentino separado de la península oriental de Tierra del Fuego por el estrecho de Le Maire, nombre de su descubridor.
En su libro, Verne narra las aventuras de tres marinos argentinos, Vázquez (el personaje central), Felipe y Moriz, torreros a cargo del faro que las autoridades nacionales habían erigido en el lugar para facilitar la navegación de las embarcaciones que se aventuraban más allá del Estrecho de Magallanes, en dirección al Cabo de Hornos.
Los marinos son atacados por una banda de piratas que desde hacía tiempo se hallaban varados en la isla y vivían del saqueo de los barcos que hacían encallar contra sus costas durante las noches de tempestad. Esos piratas eran una peligrosa banda de delincuentes, la mayoría oriundos del litoral patagónico, cuyo jefe era un forajido llamado Kongre, al que secundaba un chileno llamado Carcante.
 
Los piratas matan a Moriz y Felipe, se apoderan del faro, lo apagan y mientras esperan embarcaciones para estrellar contra los arrecifes, comienzan una verdadera cacería humana. Vázquez se refugia en el interior de la isla y se refugia entre los riscos, escapando así a la muerte.
Dueños de la situación, los piratas capturan el “Maule”, un barco chileno proveniente de Valparaíso con el que pensaban pasar al Pacífico para piratear y casi enseguida hacen encallar en los acantilados a una nave norteamericana, el “Century Mobile”. Pasaje y tripulación perecen ahogados o asesinados a excepción de John Davis, segundo de a bordo, a quien Vázquez rescata y esconde en su refugio.
A todo esto, los piratas se hallan empeñados en reparar el buque chileno, cuya tripulación también había perecido. Percatados de sus intenciones, Vázquez y Davis planean retrasar a toda costa su partida hasta la llegada del “Santa Fe”, navío argentino que al mando de su comandante, el capitán Lafayette, debía traer el relevo desde Buenos Aires.
Finalmente los dos náufragos logran averiar seriamente a la “Maule”, rebautizada por los filibusteros con el nombre de “Carcante” y corriendo grave peligro, encienden nuevamente el faro. De esa manera logran orientar al “Santa Fe”, cuyos marinos desembarcan y persiguen a los piratas hasta el interior de la isla donde acaban con ellos a excepción de Kongre, que logra escabullirse. Pero viéndose acosado por sus perseguidores, se arroja al vacío desde un acantilado y así acaba con su vida.
Este relato, apasionante desde el comienzo hasta el final, no hace más que demostrar que ya desde el siglo XIX se tenía conocimiento en Europa de la presencia argentina en los lejanos mares del sur.
En los primeros años de aquella centuria, mucho antes de que el irlandés Edward Bansfield descubriera el continente blanco (enero de 1820), marinos de Buenos Aires, cazadores de focas y lobos marinos la mayoría, desembarcaron en las Islas Shetland para explorarla y hacer de ella su centro de actividad. El 27 de enero de 1820, el lituano Fabian Gottlieb von Bellinghausen circunnavegó el continente helado al servicio del zar de Rusia, campaña de tres años en la que exploró las Georgias del Sur y halló las islas Pedro I y Alejandro I. En noviembre el norteamericano Nathaniel Palmer dio con las Orcadas del Sur; al año siguiente John Davis volvió a avistar esos parajes dos años después James Wedell, oficial belga de la armada británica, recorrió y exploró el mar que hoy lleva su nombre. Sin embargo, según consta en antiguos relatos de viaje, es posible que navegantes españoles hayan descubierto la Antártida en el siglo XVII.
En este punto reparamos nuevamente en la figura de Luis Piedrabuena, intrépido navegante de nuestro extremo sur, quien a bordo de su no muy sólido cutter "Luisito", exploró las costas patagónicas y fueguinas, estableciendo el dominio argentino en aquellas latitudes.
Piedrabuena, quien fuera grumete de David Jewett, corsario al servicio de Buenos Aires, tomó parte en la toma de las Malvinas cuando en 1820 el marino norteamericano llegó en nombre del gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Estuvo también en el Canal de Beagle, hizo pie en la Isla de los Estados, navegó el Estrecho de Magallanes y recorrió el Cabo de Hornos para convertirse en uno de los primeros hombres en habitar la Antártida por un período más o menos prolongado. Eso fue en 1852 cuando el ballenero norteamericano “John Davidson” se vio obligado a desembarcar su tripulación en Bahía Margarita (68º de latitud sur), por espacio de un mes.
Numerosas expediciones de diversas nacionalidades tuvieron lugar a partir del siglo XX, una de ellas la del noruego Roald Amundsen, en diciembre de 1911 y la del británico Robert F. Scott, en enero del año siguiente. Sin embargo, con anterioridad, el 31 de diciembre de 1901, tocó costas aquellas costas el "Antarctic", al mando sueco del explorador sueco Otto Nordenskjöld, quien llevaba como oficial a José María Sobral, por aquellos tiempos alférez de fragata.
A su pasó por Puerto Stanley, el joven marino argentino apuntó en su diario el desagrado que le produjo ver el archipiélago en manos británicas1.
En febrero de 1904, después de una breve escala en las Malvinas, el buque escocés “Scotia” ancló en la isla Laurie, desolado páramo antártico del grupo de las Orcadas del Sur, donde el escocés William S. Bruce había levantado la base Omond House, después de quedar varado en el hielo.
Por iniciativa del Dr. Wenceslao Escalante, ministro de Agricultura y Ganadería de la Nación, se decidió instalar una base en aquellas latitudes y para ello fue emitido un decreto, publicado en el Boletín Oficial con fecha 2 de enero de 1904.
Aquella base dispondría de un observatorio meteorológico y magnético, una oficina de correo (la primera que funcionó en el continente antártico), las habitaciones para el personal y un depósito, designándose jefe de la misma al señor Hugo Acuña, todo ello después de recibida Omond House de manos de su fundador, el Sr. Bruce.
Los argentinos llegaron a las Orcadas a bordo del “Scotia”, encabezados por Edgar C. Szmula, encargado de la oficina meteorológica, el mencionado Sr. Acuña y Luciano H. Valette, uruguayo, empleado de la Oficina de Zoología del Ministerio de Agricultura.
Así fue como la bandera argentina comenzó a flamear en el continente blanco, dando comienzo a una presencia que se extiende hasta el día de hoy.
En 1913, el gobierno británico hizo llegar al Ministerio de Relaciones Exteriores de nuestro país un memorando firmado por su canciller. Hacía saber que Su Majestad Británica cedía a la República Argentina su soberanía en las Orcadas del Sur en tanto el gobierno de Buenos Aires se comprometiese a garantizar a los súbditos británicos los derechos de pesca en la región. La propuesta fue rechazada por considerar que de esa forma se reconocía la soberanía británica sobre tierras argentinas, ocupadas desde 1904 y porque a cambio de ella se debían hacer concesiones.
Entre 1941 y 1942 tuvo lugar la expedición del capitán de fragata Alberto J. Oddera quien, el 8 de febrero de aquel último año tomó posesión formal del sector comprendido entre los meridianos 74º O y 25º O, el paralelo 60º S y el Polo Sur, ello después de izar la bandera celeste y blanca en las islas Melchior y Decepción.
En 1948 la Argentina inauguró el Destacamento Naval Decepción y en 1951 las bases “Almirante Brown” y “General San Martín”, esta última perteneciente al Ejército, ubicada por debajo del Círculo Polar Antártico. Le siguieron la base Esperanza y el destacamento naval Bahía Luna, rebautizado “Teniente Cámara”, ambas en 1953. En 1955, se hizo lo propio con la base “General Belgrano”, la más austral del mundo hasta ese momento.
El 28 de enero de 1957, los argentinos crearon por decreto el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, que comprendía en su jurisdicción zonas en litigio como Malvinas, Georgias, Sándwich y espacios sin delimitar en la región antártica. Meses después, la Fuerza Aérea Argentina inauguró un servicio en tanto un grupo de turistas emprendían un crucero a esas latitudes organizado por el Comando de Transportes Navales.
El 4 de noviembre de 1965, una escuadrilla integrada por un bimotor Douglas C-47 y dos monomotores Beaver de de la Aeronáutica, al mando del comandante Mario L. Olezza2, realizó el primer vuelo transpolar de la historia, aterrizando en la base norteamericana McMurdo, Antártida Oriental, el día 11. El 10 de diciembre, la expedición del coronel Jorge Leal alcanzó el Polo Sur tras una agotadora marcha desde la Base “General Belgrano”, a través de 2500 kilómetros, soportando vientos gélidos y temperaturas de hasta 90º bajo cero. Cumplió su objetivo en 66 días a razón de 44 kms diarios, una proeza de la que se hizo eco la prensa internacional.
En octubre de 1969 la Fuerza Aérea inauguró la Base “Vicecomodoro Marambio” sobre una extensa meseta situada a 64º de latitud sur, incluyendo una pista de aterrizaje de 1500 metros de extensión, situada a solo 200 de la costa.
Empeñada seriamente en la carrera espacial, en 1965 la Argentina disparó desde la Base Matienzo, en el extremo norte de la península antártica, dos cohetes Gamma Centauro de fabricación nacional, convirtiéndose en la tercera nación después de EE.UU. y Rusia, en efectuar lanzamientos desde el continente blanco. Diez años después, el 30 de septiembre de 1975, hizo lo propio con un cohete Castor, vector de gran envergadura (dos etapas), cuya carga útil debía realizar el estudio de los campos eléctricos y magnéticos en altura, los puntos neutros, la temperatura y el perfil de electrones. Siete días después (30 de octubre), le siguió otro de iguales características.
En diciembre de 1973, la Aeronáutica llevó a cabo otra proeza cuando el brigadier general Héctor Fautario, al comando de otro Hércules C-130, concretó el primer vuelo transpolar intercontinental de la historia, uniendo Buenos Aires con Canberra (Australia) y Christchurch (Nueva Zelanda).
El avión despegó del Aeroparque Metropolitano el jueves 4 a las 21.15 hs. y tras hacer escala en la Base Marambio (madrugada del 5 de diciembre), siguió viaje hacia Oceanía, atravesando el gran desierto blanco hasta el Polo Sur mientras seguía una ruta similar a la de Mario Luis Olezza.
A las 03.46Z del día 6, la nave argentina aterrizó en Canberra y el 8 despegó hacia la base Christchurch de Nueva Zelanda, primera escala en su triunfal retorno a la patria.
En 1980, dos años antes de la guerra de las Malvinas, se inauguró una línea comercial transpolar con aquellos dos países y otros puntos de Asia y Oceanía, interrumpida posteriormente a raíz del conflicto.
En cuanto a los archipiélagos del Atlántico Sur, en 1904 se estableció en la Isla San Pedro, sobre la Bahía Cumberland, una factoría ballenera perteneciente a la Compañía Argentina de Pesca cuyo gerente era un extraordinario marino noruego, Karl S. Larsen, veterano cazador de ballenas e intrépido viajero, fundador de Grytviken en 1904.
Vale recordar que en 1892 Larsen exploró el Mar de Wedell y que regresó a aquellas regiones con la expedición sueca del “Antarctic” de donde fue rescatado tras el hundimiento del buque, por la corbeta argentina “Uruguay” (1903). En nuestra capital fundó la mencionada empresa, de la que fueron accionistas y presidentes Pedro Christophersen, casado con una nieta del general Carlos María de Alvear y Ernesto Tornquist.
A esa factoría ballenera, que contaba con dos veleros y un ballenero a vapor, le siguieron en las Georgias otras de diversos orígenes, tres noruegas, dos inglesas y una sudafricana.
El 1 de febrero de 1905 arribó a Gritvyken el buque argentino ARA “Guardia Nacional”, para descargar durante 14 días consecutivos 1000 toneladas de carbón y otros insumos. Su comandante, el capitán Alfredo P. Lamas, llevó a cabo la balización de la rada, asistido por el “Fortuna”, navío de la Compañía Argentina de Pesca gentilmente cedido por el Sr. Larsen. Tomaron parte en aquella actividad los oficiales 
La veterana “Uruguay” efectuó viajes a las Georgias, haciendo escala en su ruta a las Orcadas del Sur, siempre comandada por el teniente de navío Carlos Somoza. El 24 de febrero de 1909, recaló en Bahía Moltke (Isla San Pedro), para efectuar reparaciones, pasando luego a Gritvyken, donde los recibió el propio Larsen, quien antes de que partieran hacia Buenos Aires los proveyó de carbón. Desde 1906 los ingleses tenían allí un destacamento cuyo comandante fue oficializado por el gobierno de Londres dos años después.
Otro argentino que pasó por la zona fue el teniente de navío Ricardo Vago, quien ancló en Gritvyken el 29 de enero de 1923 en espera del ballenero “Rosita” que, de acuerdo al contrato que había firmado previamente con la Armada, iba a hacer el relevo anual en las Orcadas. Efectuado éste, la embarcación emprendió el regreso tocando previamente la Isla de los Estados y otros puertos australes.
Entre los años 1926 y 1933, el velero “Tijuca” de la Compañía Argentina de Pesca hizo numerosos viajes a las Georgias llevando a bordo oficiales de la Prefectura Naval.
Desmantelada la factoría ballenera, no hubo presencia argentina en la región hasta 1982.
En 1908 el buque "Ondine", propiedad de la mencionada Compañía, llevó por primera vez la bandera nacional a las Sandwich del Sur. El remoto archipiélago había sido visitado por expediciones anteriormente desde la de su descubridor, James Cook (1775), hasta la delos buques rusos “Vostok” y “Mirny”, comandados por Fabian Gittlieb Von Bellinghausen y Miguel Lazarev respectivamente. Habían zarpado de San Petersburgo el 17 de junio de 1819 y después de explorar esas aguas bautizaron a tres islas con los nombres de oficiales de la expedición, a saberse, Zavodovski, Torson3 y Leskov.
En 1830 se detuvo en Puerto Stanley el norteamericano James Brown con su goleta “Pacific”, lo mismo el explorador John Biscoe que recorrió el área efectuando un relevamiento. Balleneros noruegos se hicieron presentes a partir de 1905 y en 1908 hizo lo propio Larsen llevando consigo la enseña argentina.
En 1911 el buque alemán “Deutchland” llegó a las Sandwich luego de una escala en Buenos Aires y otra en las Georgias. Ancló frente a Gritvyken el 21 de octubre y estuvo allí hasta el 1 de noviembre cuando emprendió el regreso a su patria. En el trayecto, un violento temporal lo arrojó hacia las Sandwich, avistando el día 4 la isla Leskov. Volvió inmediatamente al puerto de Husvik, en la Isla San Pedro y ese mismo mes enfiló hacia el continente.
El marino irlandés Ernest Shackleton también pasó por la región. Lo hizo el 7 de noviembre de 1914 cuando se dirigía al Mar de Wedell en el “Endurance”. Luego de naufragar logró rescatar a sus hombres y regresó a Gran Bretaña a bordo del "Qest", tres años después de su partida. Volvió a las Georgias el 4 de febrero de 1922 en un nuevo viaje hacia la Antártida pero falleció a poco de llegar a Grytviken, donde fue sepultado el 5 de enero de 1922. Lo sucedió Frank Wild, quien antes de seguir, hizo un exhaustivo recorrido en las Thule.
Una nueva expedición llegó al remoto archipiélago en 1930, la del “Discovery”, al mando del capitán N. M. Carey, seguido en 1937 por el “William Scorasby” que hizo marcación de ballenas para conocer sus rutas.
La Segunda Guerra Mundial interrumpió las expediciones británicas hasta 1953 y las soviéticas hasta 1957. Por esos tiempos, la nave científica norteamericana “Eltanin” estudió las colonias de pingüinos de la isla Zavodovski y realizó otras observaciones.
Los ingleses, que reclamaban esos territorios como propios, arribaron a la Isla Candelaria el 6 de marzo de 1964, a bordo del HMS “Protector”. Dejaron científicos e infantes de marina que permanecieron en el lugar hasta el siguiente 22 de marzo y condujeron el helicóptero de la nave hasta el islote Freezeland, donde se posaron sin inconvenientes.
A partir de 1952, la Armada Argentina comenzó a potenciar su presencia efectuando los primeros balizamientos y construyendo un refugio en la isla Morrell de las Thule del Sur. Las dos primeras embarcaciones en llegar al lugar fueron las fragatas ARA “Sarandí” y ARA “Hércules” a las órdenes de los capitanes Domingo C. Luis y Carlos A. Viñuales.  Cumpliendo con el cronograma de actividades, efectuaron observaciones y practicaron un desembarco en la isla Vosokoi, a cargo de una sección de infantes de marina encabezados por el capitán Jorge A. Castiñeiras Falcón. Un nuevo desembarco tuvo lugar en la Bahía Cordelia, isla Saunders, el día 3 de marzo, misión encabezada por el mismo el comandante; su sección quedó varada a causa del mal tiempo y fue necesario rescatarla. La tarea le fue encomendada a un segundo pelotón guiado por el capitán de corbeta José C. T. Carbone.
El 18 de enero de 1955 llegó al archipiélago, proveniente del Mar de Wedell, el rompehielos “General San Martín” al comando de Luis Tristán Villalobos y Alicio Ogara. Fondeó en la Bahía FergusonIsla Morell para construir el refugio “Teniente Esquivel” y colocar la baliza “Gobernación Marítima de Tierra del Fuego”. La expedición siguió viaje a las Orcadas y regresó nuevamente a las Sandwich (diciembre de 1955) donde instaló una nueva baliza en Punta Hewison, denominada “Teniente Sahores”, en honor del oficial Alejandro Sahores, muerto durante los enfrentamientos armados que tuvieron lugar entre junio y septiembre de ese año. En ese punto bajaron a tierra el guardiamarina Ricardo Hermelo, hijo y nieto de exploradores antárticos y dos radio-operadores civiles, Juan Villareal y Manuel Ahumada, quienes permanecerían en el lugar hasta su relevo, varios meses después. El rompehielos zarpó el 14 de diciembre rumbo a las Orcadas, en el marco de la campaña antártica de aquel año y volvería en 1958 para investigar un posible desembarco ruso en la isla Zavodovski,.
La nave arribó el 25 de enero de 1958, al mando del capitán Helvio Guosden, pero no encontró indicios de esa presencia. Aprovechando la oportunidad, colocó una tercera baliza, denominada “Guardiamarina José D. Lemas”, en memoria de una de las víctimas del Fournier4 y poco después, emprendió el regreso, sin avistar buques británicos.
Así llegamos a 1976 cuando la Argentina decidió ocupar permanentemente el archipiélago, hecho que trataremos en capítulo aparte.

Notas
1 Reproducido, años después, en su libro de memorias.
2 Aviador militar argentino nacido en Buenos Aires el 25 de febrero de 1929, realizó el primer vuelo transpolar transcontinental sobre la Antártida, el 3 de noviembre de 1965. Efectuó otros vuelos de importancia sobre el continente blanco en misiones de exploración, búsqueda y rescate. Durante uno de ellos, su avión se estrelló a poco de despegar de la estación científica norteamericana Ellsworth, siendo rescatando a sus compañeros de entre las llamas y los hierros retorcidos. Por ese hecho fue condecorado por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (1962). Retirado con el grado de vicecomodoro, Olezza murió el 3 de junio de 1977 al caer su avión en la localidad de Virreyes, partido de San Fernando. Fue autor de una novela titulada Lejos del sol que narra la historia de un piloto que se accidenta en la Antártida y que el cabo de un tiempo regresa a Buenos Aires, cuando todo el mundo lo daba por perdido, .
3 Torson tomó parte en una revolución contra el régimen zarista por lo que su nombre fue remplazado por el de Visokoi, que significa “Tierras Altas”.
4 Dragaminas argentino construido en los Astilleros Sánchez & Cía de la localidad de Tigre, fue botado el 5 de agosto de 1939 e incorporado a la Armada el 3 de octubre del año siguiente, para ser destinado a la Escuadrilla de Rastreo y Minado. La nave estalló y se hundió en aguas jurisdiccionales chilenas (isla Dawson) al embestir una piedra submarina en septiembre de 1949, pereciendo toda su tripulación.