PSICOLOGÍA EMPÍRICA. El entendimiento agente y el entendimiento posible. 12/13
Hablar de entendimiento agente y posible a los filósofos de nuestros días, es provocar en ellos desdeñosa sonrisa, acostumbrados como se hallan a no ver en estos nombres sino sutilezas e invenciones gratuitas de los Escolásticos. Sin embargo, los que tal hacen debieran tener presente: 1º que la teoría del entendimiento agente y posible, pertenece a Aristóteles y no a los Escolásticos, los cuales, al adoptarla, la completaron y desenvolvieron, poniéndola en relación y armonía con las enseñanzas de la filosofía cristiana: 2º que el fondo de esta teoría y lo que en ella es esencial y verdaderamente importante, debe ser admitido en realidad por todo filósofo que no sea partidario de las ideas innatas, o del sensualismo puro.
La
exposición completa de esta teoría exige prolijas y multiplicadas
investigaciones. Nosotros nos vemos precisados en gracia de la brevedad,
a condensarlas en las siguientes reflexiones relativamente
compendiosas:
§ I Teoría del entendimiento agente.
1ª La
experiencia y la observación interna demuestran claramente que nuestro
espíritu percibe y conoce bajo la forma de la universalidad, y por
consiguiente bajo condiciones necesarias, científicas e intelectuales,
los mismos objetos que antes percibiera por medio de los sentidos bajo
la forma de singularidad, y por consiguiente bajo condiciones sensibles,
pasajeras y contingentes. Yo percibo primero con los sentidos y
represento en mi imaginación este hombre con este color, con esta figura, con esta extensión, &c. Después prescindo de este hombre, de este color, de esta extensión, &c., y formo concepciones, juicios, raciocinios universales acerca del hombre, del color, de la extensión. [307]
2ª Luego
en el espíritu humano se ha realizado una verdadera transformación
objetiva, mediante la cual el objeto que antes solo era inteligible en potencia, se ha hecho inteligible en acto, es
decir, se presenta y se une al entendimiento, como facultad
cognoscente, despojado de las condiciones de contingencia y
singularidad, y revestido de las de necesidad y universalidad, por razón
de las cuales el objeto adquiere la inteligibilidad actual, o sea la capacidad y aptitud completa para ser conocido por la inteligencia como facultad superior a los sentidos.
3ª Luego
si todo efecto real supone y exige una causa real y proporcionada a su
naturaleza, es preciso admitir en el espíritu humano una causa, un
agente, una fuerza, una actividad, o llámese como se quiera, capaz de
realizar esa transformación objetiva y de presentar al entendimiento, o
sea de representar como universal, lo que los sentidos y la imaginación
perciben y representan como singular.
4ª Ese
agente, pues, esa fuerza intelectual, esa actividad que realiza esa
transformación y elevación objetiva, es lo que nosotros llamamos entendimiento agente, y lo que constituye la idea capital y el fondo de esta teoría adoptada por los Escolásticos.
Tomado el
entendimiento agente en este sentido, solo puede ser rechazado
lógicamente por los partidarios del sensualismo puro y de las ideas
innatas. Porque la verdad es que en toda buena filosofía, los
universales constituyen el objeto propio de nuestro entendimiento. La
verdad científica, la verdad propiamente dicha, solo tiene lugar en las
nociones e ideas universales, las cuales se hallan fuera del alcance de
los sentidos. Si se tiene ahora en cuanta otro hecho no menos
incontestable, a saber, que los objetos según existen en sí mismos y en
los sentidos, siempre van acompañados de singularidad y
consiguientemente de contingencia y mutabilidad, se verá claramente que
es absolutamente necesario admitir la existencia de alguna fuerza o
agente superior a la sensibilidad, fuerza que obrando sobre las
representaciones sensibles de los objetos singulares, determine su
tránsito y elevación [308] del orden sensible al orden inteligible, del
orden no científico al orden científico, del orden contingente al orden
necesario, del orden singular al orden universal.
5ª
Resulta de las reflexiones que anteceden: 1ª que la facultad intelectual
o sea la inteligencia humana, en cuanto que posee la virtud o fuerza de
trasformar las representaciones sensibles, y de elevarlas de la
representación singular del objeto a la representación universal, puede y debe llamarse con razón entendimiento agente:
2º que la misma inteligencia en cuanto que por medio de simples
percepciones, de juicios, de raciocinios, reflexiones, comparaciones,
análisis, &c., conoce esos objetos que se le presentan bajo la forma
de universalidad, condición necesaria para la posesión de la verdad y
para la constitución de la ciencia, se pude llamar entendimiento posible:
3º que tomados el entendimiento agente y el posible en el sentido
indicado, con abstracción de las cuestiones relativas a la distinción
entre los dos, al modo de obrar del entendimiento agente sobre las
representaciones imaginarias, a la existencia y naturaleza de las
especies inteligibles, con otras cuestiones análogas y secundarias, debe
ser reconocida su necesidad y existencia, y por consiguiente el fondo y
lo esencial de esta teoría, por toda filosofía cristiana que no admita
ideas innatas.
6ª Si se nos pregunta ahora cuál es la función propia y peculiar del entendimiento agente, diremos que es abstraer de las representaciones sensibles especies o ideas que representan los objetos como universales. El fenómeno de la intelección o conocimiento intelectual no puede realizarse sin la unión previa del objeto inteligible con la potencia inteligente. Es así que el objeto, en tanto se dice y es inteligible, en
cuanto reviste la forma de universalidad, toda vez que mientras se
presenta bajo la forma de singularidad no traspasa el orden sensible ni
se eleva sobre el conocimiento de los sentidos: luego es preciso admitir
que a la intelección o conocimiento intelectual del objeto A precede,
no en orden de tiempo, sino en orden o con prioridad de naturaleza, la
producción y existencia de alguna forma, especie, idea, representación, o
[309] llámese como se quiera, que establezca la unión necesaria entre
la inteligencia y el objeto A como inteligible, o sea presentado
bajo la forma de universalidad. La producción o elaboración de esas
formas intelectuales, representativas del objeto como universal,
constituye la función propia del entendimiento agente, considerado como
distinto del posible, o si se quiere, como manifestación parcial y
primera de la potencia intelectual del hombre.
Estas
formas o representaciones universales de los objetos, elaboradas y
abstraídas por el entendimiento agente de las representaciones sensibles
existentes en la imaginación, son las mismas que los Escolásticos
solían llamar especies inteligibles, porque representan los objetos como inteligibles, en el hecho mismo de representarlos como universales; y también ideas impresas, para distinguirlas de las expresas, que son las nociones o conceptos de los objetos como conocidos ya por el entendimiento.
7ª Si se quiere ahora profundizar más la materia, e investigar el origen filosófico y la razón a priori de
esa fuerza poderosa que posee el entendimiento agente para abstraer y
sacar de las representaciones sensibles y singulares, representaciones o
ideas inteligibles y universales de los objetos, para poner en contacto
y unión íntima con la inteligencia humana, fuerza espiritual e
inmaterial, los objetos singulares y materiales, comunicándoles la
universalidad, la inmaterialidad y consiguientemente la inteligibilidad
inmediata, directa y actual, que ni por sí mismos, ni en las
representaciones sensibles poseen, preciso es recurrir a la profunda
teoría de santo Tomás, según la cual el entendimiento agente es una
derivación y una participación del Entendimiento Divino: una semejanza
de la Luz increada en la cual se contienen las razones o ideas eternas:
una luz producida o impresa en el alma por el mismo Dios inmediatamente
(1). [310]
{(1) «Virtus derivata a superiori intellectu.» Sum. Theol.
«Virtus quae a Supremo Intellectu participatur.» Ibid.
«Lumen intellectus agentis non causatur in anima ab aliqua alia [310] substantia separata, sed immediate a Deo.» Quaest. Dispae. De Verit.
«Quaedam participata similitudo Luminis Increati, in quo continentur rationes aeternae.» Sum. Theol.
«Quasi quaedam similitudo Increate Veritatis in nobis resultatis.» De Verit.
Estos y otros pasajes análogos revelan
que el poder, la elevación y nobleza que admiramos en la inteligencia
humana, se hallan muy en armonía con la concepción que acerca de su
naturaleza y origen presenta la doctrina de santo Tomás. —La importancia
y aplicaciones de esta profunda y vasta teoría se hallan expuestas en
el libro V de nuestros Estudios sobre la filosofía de santo Tomás, especialmente en los capítulos 5º, 6º, 7º, 8º, 9º y 12º.}
He aquí el origen y la razón a priori más
que suficiente de esa fuerza maravillosa que posee nuestra inteligencia
de convertir en representaciones universales las representaciones
singulares de la sensibilidad. Desde el momento que vemos en el
entendimiento agente una participación de la inteligencia divina, una
impresión de las ideas divinas y de la Verdad Increada: una luz
producida inmediatamente por Dios; un reflejo o destello inmediato de la
Inteligencia suprema, ninguna dificultad podemos hallar ya en conceder a
nuestra alma la fuerza y el poder necesarios para formar y abstraer
ideas o representaciones intelectuales de los materiales suministrados
por la sensibilidad: desde ese momento nada hay que pueda impedirnos
reconocer en el entendimiento agente una actividad capaz de trasformar y
convertir las representaciones sensibles en representaciones
inteligibles. Destello admirable e inmediato de la Inteligencia divina, a
la vez que participación y derivación de la causalidad y actividad
suprema, el entendimiento agente lleva en su seno el germen de las ideas
divinas, razones eternas, necesarias e inmutables de las cosas como
esencias inteligibles. ¿Por qué admirarnos, pues, de su fuerza
prodigiosa y eficacísima en orden a la formación de las ideas o
especies inteligibles, como representaciones universales a la vez que
intelectuales de los objetos? Por nuestra parte creemos que se halla más
en armonía con [311] las elevadas concepciones de la filosofía
cristiana admitir que esta derivación de la Inteligencia divina, que esta semejanza de la Verdad increada, en
razón y a causa de la nobleza de su origen y de la elevación de su
naturaleza propia, se halla dotada de una energía superior a la que
hallarse puede en todos los seres materiales y sensibles, de una
poderosa fuerza de asimilación capaz de hacer pasar los objetos del
orden material y singular al orden inmaterial y universal. Por eso sin
duda la apellida también santo Tomás «una virtud o fuerza inmaterial y
activa, capaz de asimilarse otras cosas haciéndolas inmateriales:» quaedam virtus immaterialis activa, potens alia similia sibi facere, scilicet, immaterialia.
§ II El entendimiento posible.
Una vez
conocida la teoría del entendimiento agente, no es difícil reconocer la
naturaleza y propiedades del entendimiento posible, para lo cual bastará
tener presentes las siguientes observaciones:
1ª Para
los que no admitan la existencia de las ideas innatas, es indudable que
el entendimiento humano, considerado en sí mismo y originariamente, no
ejerce sus funciones, o lo que es lo mismo, se halla en potencia en
orden al ejercicio y desenvolvimiento actual de su actividad; y que por
otra parte carece por sí mismo de objetos actualmente inteligibles, o
sea de ideas y representaciones que le pongan en contacto y unión con su
objeto propio, que es el universal. Por esta razón y en este sentido
llama santo Tomás al entendimiento del hombre pura potentia in ordine intelligibili. Y
en efecto; sin ponerse en abierta contradicción con el testimonio de la
conciencia, no se puede poner en duda que nuestra inteligencia se halla
al principio privada de toda función actual y como adormecida,
necesitando cierto grado de desarrollo por parte de los órganos del
cuerpo, no menos que el ejercicio y excitación de las facultades
sensibles para ponerse en acción y [312] ejercer sus funciones propias
de percibir, juzgar, reflexionar, comparar, raciocinar, &c.
Tampoco
puede ponerse en duda que estos actos y funciones intelectuales no
pueden ejercerse, sino a condición de que los objetos a los cuales se
refieren y sobre los cuales recaen, se unan y se presenten a la
inteligencia en condiciones de inteligibilidad, o sea bajo la forma de
universalidad, lo cual pertenece, como acabamos de ver, al entendimiento
agente por medio de la abstracción y producción de las ideas impresas, o especies inteligibles.
2ª Luego al entendimiento posible, como manifestación parcial de la inteligencia humana, pertenece: 1º recibir las representaciones o ideas universales de los objetos abstraídas por el entendimiento agente de las representaciones sensibles: 2º conocer intelectualmente, es decir, percibiendo, comparando, juzgando, raciocinando, analizando, &c., estos objetos: 3º formar ideas o nociones que representan el objeto como conocido, las cuales se llaman también conceptos, noticias, palabra interior, verbum mentis, razones objetivas, y entre los Escolásticos además, ideas expresas, para distinguirlas de las impresas producidas por el entendimiento agente.
3ª
Infiérese de lo dicho que el entendimiento posible, aun considerado como
manifestación parcial y especial de la inteligencia o razón humana, y
como distinto del entendimiento agente tiene más de facultad o
potencia activa que de pasiva, puesto que si esta denominación le
conviene porque necesita recibir de los sentidos por medio del
entendimiento agente los objetos inteligibles, la de potencia activa le
corresponde también en todo rigor, siendo, como es, principio y causa
de las operaciones o funciones eminentemente activas de percibir,
raciocinar, juzgar, &c. También le compete la denominación de
potencia activa, en cuanto que produce las ideas o
nociones que representan los objetos como conocidos y que constituyen la
ciencia. En realidad, el entendimiento posible es a la vez pasivo y
activo: pasivo, en cuanto que su actividad o fuerza permanece
adormecida y en potencia, hasta que es excitada y fecundizada, por
decirlo así, con las especies [313] o ideas abstraídas e impresas en él
por el entendimiento agente: es activo, en cuanto que una vez
excitado y fecundizado con la acción e influjo del entendimiento agente,
percibe, juzga, raciocina y ejerce toda clase de actos acerca de los
objetos, produciendo a la vez el verbum mentis, que expresa y representa los objetos como conocidos.
4ª Cuando santo Tomás y otros filósofos antiguos decían que el entendimiento posible es pura potencia, no
pretendían negar que fuera una verdadera actividad o fuerza activa, y
sí solo significar, que considerado en sí mismo, con precisión del
entendimiento agente y originariamente, no posee ningún objeto ni idea
actualmente inteligible, sino la facultad pura de entender.
Por lo demás la denominación de posible es
muy exacta y filosófica, y más bien indica cierta elevación y
superioridad, que imperfección: porque, en efecto, el entendimiento
posible se llama posible, porque puede recibir toda clase
de ideas y conocer toda clase de objetos, sean materiales o
espirituales, sustancias o accidentes, naturales o sobrenaturales,
finitos o infinitos, en atención a que todos se hallan incluidos en la
razón universalísima de ente, la cual constituye la noción fundamental y
el objeto extensivo y adecuado del entendimiento humano (1). [314]
{(1) Téngase presente que no es lo mismo entendimiento posible que entendimiento pasivo:
1º porque la denominación absoluta de pasivo excluiría del
entendimiento posible la razón de verdadera potencia activa, contra lo
que se ha dicho: 2º porque los antiguos solían dar el nombre de entendimiento pasivo a la estimativa del hombre, que es una facultad sensible, esencialmente diferente del entendimiento.}
